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domingo, 17 de febrero de 2013

Cordata


“Merece pena de traidor
quien deja errar al rey a sabiendas”.
(Alfonso X el Sabio)

 

 

Aquellos que gozan de una posición relevante, de un puesto que proteger y salvaguardar, mantienen trás de sí una sólida red de apoyo, un grupo afín que los sostiene. Los advenedizos sin pedigrí, en cambio, serán perseverantemente erosionados por querellas e infamias soto vocce, por hostilidades y signos de rechazo tejidos mediante sutiles y aparentemente insignificantes gestos que lastran día a día cualquier atisbo de posibilidad.
 

Pequeñas muertes que en modo alguno defraudan a sus consolidados artífices, bregados en al arte de sobrellevar la intriga, la perversión polimorfa, la traición y el latrocinio con total virtud.

 
¿Tolerarán una huida que no conlleve ostracismo? Al enemigo ni agua, cuanto menos darle ocasión hedonista de gozar la inspiración, la duda creativa, la sinfonía sensorial, el misterioso arte de vivir y morir como ser humano. Merece empero la acogida que se reserva al intruso.



miércoles, 14 de noviembre de 2012

Delenda paradiso


“Show must go on.”
(Fredy Saturny)

 

 
 

La vida se ha convertido en un reality-show en el que, por exigencias de la Producción, ya no caben ni lo natural, ni lo humano, ni lo trascendente cotidiano. Dónde sólo lo tecnológico, lo brutal y lo espectacular tienen posibilidad y lugar. Brillo sin contenido, mercado. El exitoso fin de convertirlo todo en medio, instrumento, ha ganado la partida a lo humano. Y tal victoria requiere de su necesaria ostentación, exige su triunfal escaparate.

 
La brutal inversión, alienación y desacralización de lo real, ha desvirtuado cualquier posible oportunidad de reacción. No hay escapatoria más allá de la rabieta testimonial que precede a la dócil resignación. Los signos ya han sido ocultados. El mundo se ha vuelto opaco a su creador.
 
 
 
Blog como este, a un año escaso de su creación, admiten su derrota bajo los sambenitos de anacrónicos, sentimentales, irracionales, espurios, marginales, periclitados. Y sin embargo nos gustaría creer que hemos resistido a la apisonadora que trata de boicotear en el ser humano toda posibilidad de autoconocimiento y transformación personal real, frente vacuo y fútil enmascaramiento neo- pseudo-espiritual que nos inunda. Al menos, al calor de las prodigiosas vitrinas internaúticas, lo intentamos.  Sin éxito. Touché. ¡Vaya sin nos ganamos la expulsión! ¿Quién quedará con ánimo de contar la verdadera historia del neo-techno-diluvio inminente? ¿Quién estará a cargo del agiornamiento infra-humano? ¿Quién diseñará la próxima religión institucionalizada con pago Pay-pal y a través de e-pad? ¿Quizá Satán? ¡Vaya novedad!

 
Pobre usurero diablo. Se te acaban las ideas para reinventarte a ti mismo y salir de tu milenario aburrimiento. Maestro del entretenimiento, te falta –sobre todo y como siempre-, patético imitador, algo de creatividad. Tus “apocalipsis” no sorprenden a la saturada audiencia. Tus adocenados fans esperan, refugiados en su despersonalizado e inocuo panal, mucho más. ¿Les vas a defraudar?
 
 
 
 

jueves, 11 de octubre de 2012

Élite


“Todo el árbol
ya se encuentra en la semilla.”
(Eliyohu Ben Shlomó Zalman, el Comerciante)

“Una tierra informe, vacía
y en la que una gran oscuridad
cubre el abismo.”
(Génesis 1,2)

 

 
Cada vez son menos las ocasiones en que un texto nos invita a pensar, reflexionar y a poner en duda lo que consideramos cierto. Hoy en día, ya nadie quiere granjearse enemigos, optando por refugiarse en los dogmas de lo populísticamente correcto. Pocos son los que aún cuentan con la sensibilidad suficiente para detectar aquellas palabras que, nacidas desde y para el corazón, gozan así de una libertad exquisita. Logran conectar almas en ausencia de lo sagrado.


La sabiduría primordial es un antídoto eficaz capaz de contrarrestar la locura del mundo actual y evitar que esta empañe la mirada lo menos posible. Allí donde muchos vivencian lo espiritual como la más acomodaticia renuncia a la cordura, pocas cosas hay tan verdaderamente revolucionarias y trasgresoras como el anhelo de trascender las cotas de lo inhumano. Aquel que busca lo espiritual hace frente a las necesarias adversidades con un tesón tan radical y obstinado como salvaje.
 


 
 
Allí donde la máscara globalizadora no puede secuestrar la auténtica búsqueda de lo real, es donde tiene lugar la inmersión vivificadora en la Tradición. Una inmersión que no conoce sucedáneos sociológicos ni cae seducida bajo la potente maquinaria del márketing espiritual. En vocación de minoría, prefiere a los menos, gusta de los pocos, aborrece el tropel de la cantidad frente a la exquisita calidad.

 
Tiempos informes, vacíos en su multiplicidad, confusos y oscuros pese a los esfuerzos ingentes del brillar profano, incapaces de mitigar el abismo del alma separada de su fuente, proclives a la convivencia del puritano exacerbado con el degenerado, satánica mezcla en la que todo cabe puesto que nada vale, toda vez que hábilmente se deconstruye su artificio: impostura de la moderna postmodernidad. Lo auténtico resiste, incardinado al espíritu. Que no caben distracciones con las que enmascarar la fractura del abismo sino construyendo puentes. Un arte al que se atreven pocos y triunfan menos, atrapados en el magma incandescente de los intereses propios. El creciente lunar augura el desarrollo pleno de lo aquello que, vía recta, obedece al peregrinar certero de su propia naturaleza. Sólo el peregrino sabe lo que busca.