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jueves, 3 de octubre de 2013

Intima amistad

“La esfera de mi alma, encerrada bajo la del cielo,
la del mundo a su vez guarda.”
(Salomón ben Gabirol, La Fuente de la Vida)
 
“Lo esencial es que quién alcanzó el poder
demuestre que merecía ejercerlo.”
(Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano)

 


 
 
¿Qué necesidad hay de querer volar hacia las esferas? Basta quizá con dejarse encontrar por el alma de un maestro en la Ciencia del Amor, capaz de alejarnos de nosotros mismos, de vaciarnos de nosotros mismos y llenarnos así del Amado. Alguien humilde como el polvo, fluyente como el agua, con la virtud de iluminar nuestra alma hasta hacerla resplandecer de Su luz.
 
Quizá solo se trate de un compañero de ruta, un testigo, un amigo cuyo reflejo nos permite adentrarnos en el propio interior si cabe un poco más adentro, avivando en nosotros la llama del Amor y liberando los necesarios obstáculos que preceden al íntimo Encuentro. Entre la contracción del alma a su expansión, un largo trecho te lleva del desfallecimiento in Absentia al gozo in Presentia. El silencioso aliento de la intimidad real. El sendero.
 
 
 

martes, 3 de septiembre de 2013

Acecho a Damasco

“El alma es el rey de la ciudad del hombre.
El intelecto su primer ministro.
El honor y la paciencia sus embajadores.
El amor y el perdón sus generales.”
(Ibn Arabí, Divino Gobierno)

“Cualquier idioma sirve. Cualquier amor.”
(Antonio Gala)



La palabra está reñida con el secreto, así como la erudición con la vivencia. La experiencia intelectual nunca puede ser sustituta del saboreo directo de los misterios. Desde la premisa de la Unidad del Ser resulta pues necesario prevenir sobre el abuso de las prácticas rituales y la estrechez en la interpretación de los distintos textos sagrados que desoyen y desprecian el sentido último tras la letra. Allí donde nuestra tecla impregna la red global y nuestros dones no son sino herramientas para que el conocimiento de la divinidad alcance sin distinción todos los corazones en esta incierta época tecnocrática, para que cualquiera pueda, incluso hoy, amar al Eterno en el otro, a través de una vida errante y desprendida que se consagra a la amada, socorriendo a viudas, desfaciendo entuertos.




Nada comunica tanto como el amor, no hay ley ni tiranía superior a ésta. No cabe coacción alguna en religión. Ante el incrédulo o el escéptico, sólo el Eterno responde. No resulta admisible ninguna otra voz. Prepotente guardián, do quiera que vuelvas la mirada no hallarás otro rostro más integrador que Su Rostro. Reconoce pues, de una vez por todas, la proximidad a tu Maestro y entrega tu vida a la causa suprema, toda vez que liberado, y sólo entonces, seas verdadero dueño de ella. Damasco, ahora que los herejes, aquellos que en el odio equivocaron el camino, acechan tus sagradas puertas, ¿está quizá preparado tu corazón para asimilar en intimidad la poesía de ese bocado de luz pura? Do quiera te lleven, nunca abandones sus cabalgaduras.