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miércoles, 19 de junio de 2013

Delirio disidente

“El deseo prometeico de suplantar a Dios
es totalmente inherente al ser humano.”
(Jean Paul Sartre)




En mayor o menor grado, todo ser humano siente un cierto grado de fascinación hacia el sistema operativo en el que se haya inscrito y del que él/ella mismo/a forma parte reguladora. Su esencia creadora le insta a observar un orden que, por natural, presume divino, mediante un distanciamiento reflexivo que le permita (la posibilidad) de hackear al mismo Dios. Tratar de adueñarse así de su propio misterio, reconstruir su propio código, ampliar los límites del tiempo (inmortalidad), del espacio (ubicuidad) y del sentido (autoconocimiento). Cumplir el ansiado deseo de la auto-re-programación divina en nosotros, que termine por burlar el abismo de la disolución a la que necesariamente parecemos abocados como creaturas. Volver a la usurpada condición paradisiaca a golpe de tecnología (fisio, bió, info). Dios debe haber dejado las contraseñas de acceso a sus secretos por alguna parte.




Poco a poco hemos ido empleando el tiempo que hurtábamos a sudar el pan, a encontrar el modo de que (primero) lo suden otros por nosotros y (segundo) que lo suden las máquinas, suplantando la “condena natural” por la “liberación técnica”. Hemos suplantado, orgullosos, al tecnócrata máximo, el supremo artífice del universo. Hemos desvelado la trama y urdimbre que celosamente protegía el demiurgo en su afán por garantizar nuestro dócil (sudoroso) sometimiento a la supervivencia. Ello explica la proliferación de puestos de mercadillo que gritan a los cuatro vientos “compro y vendo oro”. La pericia alquímica se adquiere en talleres de fin de semana. En cada pequeño gesto, creamos –doméstico y cotidiano big-bang- de nuevo el universo, una y otra vez, el universo. Bien mirado, prodigiosos poderes se ocultan en la eternamente tuneada soberbia de la manzana.



domingo, 23 de septiembre de 2012

Amor y negocios

“Cuando tus palabras son amables crean confidencia.
Cuando tus pensamientos son amables crean altura.
Cuando tu dar es amable crea amor.”
(Lao Tsé)
 
“En efecto, se comienza por amar,
aunque el final del camino es invisible.
Dejas de pensar en el final,
toda vez que tuviste un inicio tan grato.”
(Faruq Farolzad)

 

 

 

Resulta imposible encontrar a Dios, si Él no te encuentra antes. Ceja en esforzarte en vano. Detente entre la danza de los mundos e irradia toda la belleza que encuentres a tu paso. No guardes ni retengas nada. La niebla otoñal saldrá a tu paso y te rodeará en un abrazo silente, mientras buscas donde podrán reposar tus huesos. Todas tus dudas y preguntas quedarán sin respuesta de un modo irremediable. Nada hay que puedas hacer o dejar de hacer. El Eterno ha tomado hace tiempo su imparable, irrevocable y definitiva resolución. Tiemblas escondido tras un ego incapaz de protegerte por más tiempo de la oscuridad. Tu vida es un permanente dar tumbos. Y lo sabes.

 

Da un paso más allá de ti. Basta un solo paso. Cuando uno lo ha aprendido todo –has leído bien, dice todo- y aún se siente insatisfecho, es hora de ponerse en el camino de un modo decidido  y echarse a andar. Al menos, esa es una forma de ver las cosas. Algo de cordura hay en esto de reconocerse irremediablemente loco. Desde luego, nadie duda de que el camino del amor es mucho más arduo e ingrato de recorrer que el de los negocios. En cualquier caso, eso no es culpa mía. No elegí ser traficante de palabras. Beber su vacío fue tu elección. Ahora estás perdido para siempre. Ya es algo definitivo. Te deseo, pues, buena suerte en tu mala suerte. ¡Se te acabaron las excusas! En este negocio, sobran todas las palabras.



jueves, 21 de junio de 2012

Reiteración y Calidad Humana


“El asunto de rectificar las malas cualidades (midot raot)
es aún más grave que las mismas transgresiones de los preceptos.”
(Rab Jaim Vital, Shalei Kadusha 1, 2º portal)


“No se entiende (Binah) al maestro
sino hasta el cuadragésimo año.”
(Maimónides, Guía de Perplejos)









El talón es la zona más baja de nuestro cuerpo. Allí es donde se acumula, sin que nos demos casi cuenta, un alto porcentaje de piel muerta. Descuidados, de un modo autocomplaciente, solemos prestar casi ninguna atención primaria (sensorial) a nuestros usos y vicios cotidianos, minimizándoles, restándoles importancia. Asumimos como “natural” nuestra propia falta total de modales. Creemos que no cabe gravedad en nuestra facilidad de enojo, en nuestra recurrente insolencia, soberbia, altanería, envidia, maledicencia… Que no es para tanto. Vasijas resquebrajadas, devaluados en lo humano, hemos perdido toda sensibilidad, verdadero talón de Aquiles, a nuestras malas cualidades.  No damos el mínimo. Sordos para escuchar, ciegos para ver, paralíticos para actuar: muertos, sin calidad.


¿Qué necesidad existe de volver a repetir lo dicho? Los cuarenta años de travesía del desierto no fueron en vano. Fueron necesarios para preparar al pueblo para recibir ¡por primera vez! la enseñanza. La vasija necesita madurar, restaurar sus fisuras, vaciarse, para ser adecuada. Se riega un árbol con la toda la paciencia requerida, hasta que llega el ansiado día en que la fruta cae “a punto” y por su propio peso. Implorar en justicia, agotadas las fuerzas, cuando todo mérito está perdido, lo que no es sino gratuito.  Israel sediento, ¿cabe mayor recompensa? Ya ves que te traje el agua de la que te hablé. ¿Qué esperas tú para beber hoy? ¿No ves ahora mismo el Sinaí ardiendo?


Solsticio de Verano. Alza su inquieto vuelo la abubilla. Salomón, ¿acaso sabes tú si volverá? Disfruta hoy la bendición de cumplir la responsabilidad de vivir (cumplir) hoy tu propia vida, si no quieres ahogarte en la maldición de dilapidarla hoy en la ebriedad y el entusiasmo de vanos espejismos ajenos, encendiendo fuegos extraños. Eterno significa también ahora, ahora, ahora…