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domingo, 19 de octubre de 2014
Un Halloween alternativo...
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martes, 20 de agosto de 2013
Tarde o temprano
“No
mintáis ni hagáis lo que aborrecéis...”
(Dídimo
Judas Tomás, 5)
Cuando
un grupo humano, sociedad o civilización planetaria subsiste asentada sobre un
compendio institucionalizado de mentiras, mantenido a la fuerza por un complejo
sistema de adoctrinación y dominación industrial-militar, lo más temible para todos
aquellos quienes se encuentran a la cabeza de dichos sistemas es la verdad. Una
verdad que no puede ser patentada ni oficializada, pero tampoco escondida eternamente
ni mucho menos destruida. Todo aquello construido sobre la mentira, por más que
ostente el marchamo de ciencia (sin serlo) amenaza ser truncado y “puesto en
evidencia”, tarde o temprano, por la verdad.
La historia “oficial” del devenir humano no tiene reparos en reconocer los denodados esfuerzos de aquellos pasados grupos humanos, sociedades o civilizaciones planetarias asentadas sobre un compendio institucionalizado de mentiras por corromper y diluir la verdad, pues, de cuando en cuando, esta tiene la impertinente tozudez de aflorar una y otra vez, allende la ruina dolorosa de los imperios y tantas vidas segadas en nombre de la “mentira oficial” y sus “canónicos textos”.
Tozuda es la verdad, que, siempre (desde el origen de los tiempos) tradicional, se abre camino y preferencia genes sobre memes, descubriendo en los primeros un potencial espiritual capaz de trocar personas corrientes, del montón, por el cultivo del alma, en ángeles y “angelesas”, contrarrestando el hipnótico virus de la “normalidad”. Más, ¿cómo cultivar aquello que, siempre desde la “ciencia oficial”, resulta una perversa entelequia? ¿Quién miente? Dejemos que, como siempre, decida la verdad. ¿Algún candidato a ángel o “angelesa” a la vista, para refutar el dogma?
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lunes, 5 de agosto de 2013
Existir esencial
“¿Me amará?”
(El Eterno, previo a insuflar
Su aliento sobre Adam)
“Ser capaz de no ser
es el modo auténtico de ser.”
(Abdelmumin Aya)
¿Qué necesidad tiene el puro
vacío posibilitador, capaz de soportar en sí, por sí y desde sí cualquier
atributo imaginado e incluso inimaginable, de negarse a sí mismo y poseer característica
alguna? Igual que el útero genera, desde su fértil ocupabilidad, un espacio
óptimo para la vida, así la vacuidad misma genera a cada instante la
posibilidad del mundo. Puesto que no se da escisión alguna en este fundamental e
interminable proceso, no cabe pues aceptar una esencia sin la posibilidad de
existir, ni cabe entender una existencia que no sea siempre (desde lo)
esencial. Lo entendamos o no, allá cada cual, si viene, conviene. Lo Eterno se
vacía de sí mismo, dándolo todo a cambio de nada, sin guardar recibí de lo
dado, sin reclamar la deuda, sin entrar en el juego del trueque. Amor, el misericordioso
de siempre y Sus cosas.
Desde su insondable vacuidad intrínseca, lo Eterno
genera a cada instante la totalidad de los multiversos, en la inequívoca y
amorosa certeza de que todo (corresponder Su Amor) dependerá ya (si queremos) de
nosotros. Estamos condenados a amar Su libre Voluntad desde la nuestra. El
encuentro no está así garantizado, ya que el Amor, que espera ser amado, permanece
en vilo, se la juega en nosotros a cada instante. El amor no es sino voluntaria
tensión hacia lo nuevo, tensión que sólo es posible desde la total auto
negación del que ama. El eterno puede verse defraudado y perderlo todo en cada
uno de nosotros, es un cofre vacío que espera ser llenado. Allí donde el árbol no es sino esfuerzo de
permanente gratitud hacia la semilla ¿qué vamos nosotros a aportar? ¿Amaremos?.
Cafres, los ingratos de siempre y las nuestras.
sábado, 6 de julio de 2013
Sueño letal
“En la Eternidad Todo es Visión.”
(William Blake, Ierusalem)
Debo a la razón serena el férreo
rechazo de las trampas del racionalismo recalcitrante que, lejos de ser una inofensiva
moda pasajera, se ha convertido en un letal lecho de Procusto, en el que ya no
tienen cabida ni lo humano ni el alma. Reposo en una razón mucho más dulce, consciente
de sus propios límites, enamorada de aquellos ámbitos ignotos más allá de sus
fronteras. Defiendo una razón bien antigua, que sabe de las sutiles fibras que
tejen el aparentemente sólido tapiz del mundo, que así conoce cómo el alma del
observador construye el espejismo de lo real a su imagen y semejanza. ¿Qué
importa que otros traten de destruir en vano aquello que su ceguera niega ver o que su
soberbia ignorancia no entiende? Quien escruta el futuro, ha de ser necesariamente
bueno. Allí donde la oración es escucha, el arte es alabanza. Siempre ha sido
así. Alas que aquellos que envejecieron al ritmo de su ignorancia ni siquiera
imaginan.
miércoles, 3 de julio de 2013
Nom de plume
“Aquello de lo que cabe desviarse
no es el verdadero Tao.”
(Ken Wilber)
“Aurum nostrum
non est aurum vulgi.”
(Tradicional alquímico)
Quien alguna vez ha sentido su plúmbeo
cuerpo transmutado por la gracia del amor, sabe de lo que aquel es capaz. A través
de su secreto, en permanente muerte y renovación, cualquiera puede así transformar su alma en un radiante sol, e iluminar con ella el mundo.
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sábado, 29 de junio de 2013
Pardesh
“No
odiéis ni deseéis nada:
éste
no es vuestro mundo, extranjeros.”
(Basilides)
La
brutal maniobra distractora que asedia por doquier el corazón humano con un
sinfín de aterradores miedos y la promesa de los más variopintos placeres, no
ha sido capaz empero de lograr acallar, allende milenios y siglos, el estremecimiento
metafísico que, de cuando en cuando, sacude misteriosa e ineludiblemente el
alma de ciertos seres humanos. Allí donde y cuando el Espíritu sopla, caprichoso,
nada ni nadie puede acallar su llamada, poderosa fuerza dinamizadora de aquello
que es, por encima del afán de tronos, potestades y dominaciones, esencialmente
humano: la fascinación de la carne y la sangre por lo sagrado.
Espíritu,
siempre tan libre y liberador que, gracias a Dios, se resiste y resistirá a ser
monopolizado por ninguna de las cientos de miles de religiones curiales u
obediencias pasadas, presentes y aquellas otras que aún nos están por sobrevenir. Experiencia transhumana
plena y gratuita que, venciendo cualquier tipo de abusos, cercos, límites, métodos,
esquemas, banderas, barreras, leyes y fronteras neo-inquisitoriales, aún nos
refina, cualifica y hermana en el más puro conocimiento de la verdad. Pese a
quien pese (dioses), caiga quien caiga (tronos, torres y autoengaños), eterno paráclito y
creador, ven (si quieres, claro) e infunde en nuestra alma permanente virtud.
viernes, 14 de junio de 2013
Voraces dominaciones
"Limitado es tu poder, ya que,
aunque puedes hacer lo que quieres,
no puedes no querer lo que quieres."
(Arthur Shopenhauer)
Cercados.
Sin salida. Agotados a volver sobre el mismo punto de partida, sin el menor
progreso. Detenidos. ¿Qué ganamos, entonces, al ampliar siquiera un tanto la
consciencia? Trascender nuestra limitada y rancia visión del aquí y ahora,
recuperar la visión fresca del presente. Estar ahí. Darse cuenta de lo idiota
que somos e inmediatamente comenzar a reír. Salir de la propia trampa del
ensimismamiento.
Independientemente de la etiqueta con la que tratemos de cercar lo eterno, allí donde lo secular ha tratado de confundir la devoción con la superchería, es necesario reformular (o rescatar) el símbolo misterioso frente a las discursivas palabras que pretenden agotarlo. Es posible aún mostrar devoción por un amor transhumano que, pese a los ingentes esfuerzos de teólogos y escépticos, no ha muerto, ni puede morir porque en sí mismo conlleva la potencia transformadora de la vida.
Allí
donde intuimos nuestro potencial humano, el perfeccionamiento de uno mismo, el
interés por perfeccionar la propia alma, es quizá la más bella forma de
devoción que cabe imaginar y realizar. La semilla despliega todo su potencial
paso a paso, a tientas, pero intuyendo de alguna forma su estado pleno.
Revolución silenciosa que sucede en nuestra conciencia, morir y renacer, sin
apenas darnos cuenta. Transformación que, gracias a Dios y quizá a nuestro
pesar, ocurre sola. Toda vez que llegamos a ser lo que somos, somos entonces el
mismo camino, la verdad y la vida.
jueves, 13 de junio de 2013
Aquí. Ahora.
Yo estaba equivocado, más
equivocado aún quizá que ahora. Mi vida estaba dirigida mucho más por las apariencias
de un ideal heterónomo que por el reconocimiento de la verdad; por la búsqueda
de dinero más que por la búsqueda del verdadero sentido. Vivía dirigido por
todo tipo de presiones externas, desoyendo los deseos íntimos de mi corazón.
Incapaz de ver las cosas como son, como siguen siendo, sufría porque ignoraba e
ignoraba por qué sufría. Tuve avidez y falsifiqué el amor como el que más.
Detenido en los pormenores del
tronco, ignoraba así el milagro del árbol; atrapado en la hermosura del árbol,
desapercibía el cántico del bosque; ensimismado en la sinfonía de ser uno en la
magia de la caminata, olvidaba arroparme en el silencio. Perdía lo más
importante, al mismo tiempo que caía en el espejismo de que sentir, pensar y
creer que progresaba. Yo también era, aún sigo siéndolo, quizá un tanto menos,
una isla arrogante. En pos de ser más y más estratégico, renuncié al proyecto de
alcanzar ser humano. Vendí de saldo mi alma al diablo.
Mucho me costó comprender la necesidad
de conformarme con mucho menos, lo importante que es saber quedarse quieto, allí
donde encuentres tu casa provisional. Decepcionado, muy tarde descubrí que el
vertiginoso asalto de nuevos deseos no es sino parte de un distractor carrusel del mundo.
Fracaso tras fracaso, adquirí la neutra distancia de Apolo, conocí el efecto
reparador de la conciencia presente, purificando el espejo de mi alma. Sabio
dolor así transmutado, eco que aún reverbera, dulce Beatriz, en distancia. Quizá. Tal vez. No
sé.
miércoles, 12 de junio de 2013
Escondida senda
“Para
sanar,
nada
como la conciencia
de
haber enfermado.”
(Paracelso)
Obstinarse
en no ver las cosas tal cual son -y no tal cual nos interesa hacerlas parecer
en público- constituye la forma más explicita de todo autoengaño, avocado a
generar en nosotros y a nuestro alrededor, altas dosis de sufrimiento. Nadie es
completamente sabio sin su lado ciego, so pena de confundir cultura y barniz.
Hay un largo trecho –inexcusable- de Troya a Ítaca.
Nuestra
esencial corporeidad sabe mejor que nadie cuando nos hallamos detenidos,
estancados, distraídos en círculos viciosos que nos impiden dar el salto hacia
el propio progreso, hacia la escalera del círculo virtuoso de la realización
personal. ¿Conformarse en la enfermedad de la mediocridad?
Hay otros caminos
que son mucho más dignos de ese nombre, por más que nunca –por profilaxis- aparezcan descritos
de un modo explícito. Quienes optaron por conformarse a los dones de la vía iluminativa, no
sabrán nunca a lo qué renunciaron, evitando ser incubados en la noche oscura del alma.
lunes, 20 de mayo de 2013
Un renacer inexplicable
“Cuando
un secreto es verdadero,
resulta
imposible revelarlo.”
(Carl
Gustav Jung)
“Es
tu intento de arreglar las cosas
lo
que acaba por empeorarlas.”
(Alan
Watts)
Cada
uno de nosotros ha de aceptar –sean buenas o malas- sus experiencias vitales,
procurando por todos los medios a su alcance no identificarse con ninguna de
ellas. La plenipotencialidad del alma, al igual que le “ocurre” al no ser, en
su genuina vacuidad, todos los posibles pares de opuestos imaginados e imaginables
dócilmente en sí abraza y reúne. Tal es la dulce recompensa que le cabe a toda
aquella persona que descubre la lana áurea del Vellocino de Oro, espejo
inasible y cambiante, en su más central, profundo e íntimo seno.
Sólo
a quién descubre y conoce así su alma, le cabe entender por qué tuvo alguna
vez, en alguna parte, la necesaria ocasión de haber vivido. Saborear el precioso
don del incesante dynamis arquetípico, tan arrolladora y sutil potencia
transformadora y creadora, del propio e inexplicable escrutinio donde todo se
descubre prueba, guía, tentación, destino que ha de ser rendido e integrado en
una suerte consciencia cada vez más amplia.
Aventura
fascinante y tremenda la de atreverse a internarse en la oscuridad e incertidumbre de la
propia tiniebla, enfrentar lo numinoso para lograr al fin, tras ser incubados, renacer
sin dejar de reconocernos. Quizá el mayor pecado –si no el único- sea la
inconsciencia de la propia inconsciencia, aquella que convierte la posibilidad
real de redención heroica y apoteosis en el sórdido, consentido, predecible y
superficial simulacro del cotidiano autoengaño, tan propio de nuestros
tecnocráticos tiempos.
jueves, 21 de febrero de 2013
La promesa del Kauzar
“La meditación
posibilita el trato
con la fuente de la
enfermedad,
haciendo posible la
cura”.
(Hisham Kabbani,
Vademecun)
“El médico entretiene
al paciente,
mientras la propia vida
le cura”.
(Paracelso)
En la espiral del dolor, que no
es otra cosa quizá que nuestra necia resistencia al natural devenir, se encuentra la
gradiente física, emocional, mental y espiritual, estas tres últimas, comúnmente
identificadas bajo la etiqueta de “sufrimiento”.
Basta pues con alinear nuestro focos
energéticos (lata’if, chakras, seffirot) en conciencia, desde la misma corriente del
ser, recordando que nuestra propia vida (préstamo), por más que nos distraiga la analgesia de la inconsciencia, no es sino una prolongada enfermedad con muy mal
pronóstico.
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jueves, 3 de enero de 2013
Silsilat al-Dhahab
“La mejor manera de encontrar un tesoro escondido
es recordar dónde fue escondido previamente.”
(Inmanuel
Kant, Ein Handbuch zu Vorlesungen)
El niño auto engañado, que aún se
resiste a morir en mí, todavía siente una especial fascinación por la misteriosa Epifanía
(reconocimiento divino), por sus misteriosos actores y los misteriosos dones que
celosamente supieron guardar en su travesía por el desierto. Algo oculto
(divino) es reconocido de forma explicita (operativa) y exteriorizado por los
que saben (conocen su don) al mundo, así transformándolo.
Quién conoce las potencias en su alma, aquellas que la mayoría desprecia porque las ignora, es ya mago y capaz, por ello, de reinar en lo oculto, vero deus absconditus, porque domina el secreto lenguaje angélico de las dunas y las estrellas, marchando al lomo certero de tan amorosas cabalgaduras. Tres: más que suficiente. ¿Vendrán?
martes, 1 de enero de 2013
Soberbia y entrega
“Sólo quienes amaestran su alma,
mañana, tarde y noche sin
descanso
habrán de cobrar la egoica presa.”
(Ibn Ayiba, Sarh al-Hikam)
No puede haber alegría allí donde
impone su dominio la soberbia ciega. La alegría nace del que ve el destino
previsto a su alma y precede a su dócil entrega. El alma no actúa más que
cuando se somete, frente a los espejismos egoicos que simulan llevar las
riendas. Quien conoce su mal desde ese mismo momento lo extingue porque se
extingue. La soberbia impera allí donde quién dice conocer su mal sólo finge
hacerlo. Bienaventurados los alegres, que conocen la fuente de su alegría.
domingo, 23 de diciembre de 2012
Chiquirritín
Por más que lo pretenda, la vorágine consumista, brutalmente mermada por la
caterva de malintencionados ajustes presupuestarios y psicopáticos recortes, se
muestra incapaz de falsificar o mitigar el misterio del alma humana en (a pesar
de) un mundo deshumanizado.
Allí donde las posadas “racionales” no tenían sitio, la tiniebla del
ruinoso pesebre es el marco armonioso donde duales emociones y duales
pensamientos aunados asisten al alumbramiento de la grácil posibilidad de lo
sagrado.
Lo sagrado asiste a la maravilla del mundo con dolores, miedos y un hambre
que aún no sabe expresar, pero también con una ingenuidad y una sonrisa
inefables que son don, y no un mezquino intercambio desconfiado. Un mundo armonioso,
paz en la tierra, gloria en los cielos, que no requiere de tecnócratas sino sólo
de una vera humilitas, bien adorable no por ser fruto de la victoria prepotente sino
de la más serena justicia.
martes, 13 de noviembre de 2012
Alma desafinada
“Dame una cuerda
y te explicaré el universo.”
(Pitágoras de Samos)
“Sé que tengo secretos…
pero no sé cómo enseñarlos.”
(David Oistrach)
Resulta menos complicado
argumentar sobre el origen de nuestro olvido, que desde el olvido de nuestro
origen, vibración ingrata que todavía se resiste a descubrir por qué aún respira o regresar adonde surgió aquel primer
latido del que ahora el suyo tan sólo es eco. Se desvanece toda esperanza, alma
desafinada, incapaz de retener la eternidad a su paso, de acompasarse al coro
de la creación entera, desanimada. Inmóvil ante la urgente llamada: música,
Maestro.
sábado, 3 de noviembre de 2012
La tabernera del puerto
“Disfruta de cada día, de cada noche,
come, bebe, ama, festeja, goza, danza, juega, vive así la vida,
sucumbe a cada instante de un nuevo placer sensorial,
disfruta de tu pequeño, del amor de tu bella esposa mientras aún puedas…
Desiste pues, abandona tu búsqueda inmortal.”
(Eclesiastés 9, 7-10)
“Norte y sur,
trama y urdimbre,
los egipcios ya sabían
cómo las estrellan nos tejen el alma,
de cómo la atan y desatan al cuerpo mortal.”
(Iamblico de Calcis)
En su búsqueda de la inmortalidad de Noé, Gilgamesh se fue a hablar con Siduri Sabitu, la dulce tabernera del puerto, señora de la encrucijada entre mundos, del umbral que separa la vida de la vivificación, haciendo posible la liberadora muerte, quien le desanimó a proseguir su obstinada búsqueda.
Tras su amañado encuentro con Circe, la ruda silvestre que utilizó Ulises por mediación de Hermes no pudo remediar, empero, lo inevitable, la muerte a manos de "su propio Edipo". Somos hijos, pues, de nuestros padres, atados como estamos a nuestros ignorantes, aunque placenteros, actos. ¿Aún sigues distraído en el Carpe diem? Ingenuo.
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sábado, 27 de octubre de 2012
Los difuntos y los santos
“El drama de nuestro mundo
surge de nuestro Espíritu
y en él vuelve a hundirse.”
(Milarepa)
“No os entreguéis a vuestra imaginación.”
(Nagarjuna)
“Nuestras huellas llegaron hasta la misma orilla.
Más allá, desaparece todo rastro.”
(Rumi)
Por lo general, llamamos "vida" a la experiencia anímica (del alma) de regreso a su Fuente, a través de un vehículo corporal de obsolescencia programada, por expreso deseo de ésta. Lo eterno desea ser re-encontrado, la Realidad quiere ser conocida. Somos viajeros trasportados en un cuerpo mortal por una angosta senda repleta de claroscuros, cuya meta es la luz, una luz que nos atraviesa y que, extraviados tanto de nuestro destino como de nuestro origen, atravesamos casi sin darnos cuenta. Este grado de auto-conciencia anímica (del alma) es el que verdaderamente nos diferencia.
La calidad (auto-conciencia) del alma se mantiene a través de un denodado esfuerzo de vigilancia sostenida. Lo contrario es alienación, transitar sumido en la ilusoria burbuja de una pseudo-realidad tan distorsionada como aparente que atrapa al alma, cuando sólo el sueño nos permite sobrevolar y escapar de las garras distractoras del sueño. Poner cada cosa en su sitio, desde el centro anímico (del alma) nos torna amables. Amable es aquel que verdaderamente saborea el tránsito entre zombis –profana compaña- porque verdaderamente sabe. ¿Quiénes son, pues, los santos, entre tanto muerto ambulante?
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sábado, 20 de octubre de 2012
Ars Distractoria
"Entretener: acción de distraer a
alguien
para impedirle llegar a hacer algo."
(Real Academia Española de la Lengua)
"Atrofiar: acción de privar a un organismo o célula
de su alimento fundamental
para inhabilitarle de cumplir adecuadamente
aquella función potencial a la que estaba
destinado."
(Real Academia Española de la Lengua)
"Después halló Jesús a aquel hombre paralítico
que había aguardado durante 38 años el descenso
del angel
sobre las aguas del estanque de Betesda
y su batir de alas junto sus cinco pórticos,
pero esta vez ya dentro del Templo, y le dijo:
Mira, ahora al fin ves por tí mismo que has sido sanado;
no peques más, para que no te venga alguna cosa
peor."
(Juan 5, 14)
Cuando uno tiene la suerte de visitar el museo
municipal de Saint-Germain-en-Laye, puede apreciar en vivo y en directo una de
las obras que mejor describen la historia del género humano y que, pese a su
elaboración a principios del siglo XVI, aún conserva intacta su vigencia
temática. Se trata de “El prestidigitador”, del maestro Ieronimus Bosch.
En ella se aprecia como la religión
institucionalizada, en este caso representada por el dominico ratero que alza
sus ojos al cielo, aunque sus diestra mano muestra el rostro de sus verdaderas
intenciones, extrae su fuerza vital al iniciado (inclinado y tocado con gorro
frigio), hábilmente distraído por las sociedades secretas (lechuza en la
cesta). Un perfecto entramado de distracción que sucede a este lado del muro.
La autocomplacida dama exotérica creé no distraerse, confundiendo su
total extravío de sentimentalismo con una honesta mirada al cielo, forma sutil
pero real de distracción. Y los demás se distraen con el espectáculo de la
distracción. Solamente dos curiosos personajes -ambos situados en la proximidad
al muro- parecen no distraerse, reclamando para sí nuestra atenta mirada: el
hombre de negro que destaca tras el autorretrato del pintor -incluso por encima
del pretencioso copete del trilero- y el aparentemente bonachón hombrecillo
verde, que parece (finge) proteger al único verdaderamente NO distraído de la
composición (cuando en realidad le señala y traiciona), y cuyo gesto meditativo
lo sitúa del otro lado de la escena: en el Templo recóndito, aquel que, sin
duda, conocía de primera mano nuestro boscoso pintor. Esa es la pieza a batir.
Desde el origen de los tiempos (del mismo Tiempo) la
historia de la humanidad parece ser una historia macabra fruto tenaz de una
tentadora distracción.Una distracción de la que, siempre que nos demos
cuenta (tal es el pacto), podemos recuperarnos, retornando a lo que es
verdaderamente esencial, volviéndonos hacia el interior, regresando al silencio
primordial, al no lugar, allí donde lo Real se oculta y aparece Eterno, para
que lo reconozcamos.
Los distractores profesionales no han descuidado la
oportunidad de pervertir y contaminar este esfuerzo por disolver la cotidiana
distracción que nos aleja de lo Real. Así, en nuestros agitados días, la
"meditación" se ha pervertido en una práctica que se aleja de la
Tradición, convertida y encarcelada en el campo semántico de la
"autoayuda" y el “coaching pseudo-espiritual”.
Por doquier se insta al buscador a que renuncie a la
posibilidad de toparse con algo sagrado trascendente, so pena de caer en la
manipulación "religiosa", instándole a esforzarse -eso sí- por
encontrar en vano, en su interior, una forma inmanente de lo sagrado que le resulte más
gustosa y diseñada a la medida de su egoico capricho y vanidad: nirvana,
éxtasis, conciencia cósmica, liberación...
Sabia maniobra satánica de pervertir la puerta de la
meditación trastocándola en distracción, para que así el buscador se aburra y
busque "nuevas distracciones" dentro y fuera de sí, pero ¡alejadas de
la puerta! Nos vemos, como le ocurría al paralítico del estanque de Betsaida,
esperando en vano el batir de alas del ángel para sanarnos: pero sin obtener resultados.
Se constata así el amargo descubrimiento de que -Extra
Vera Eclessia nulla Salus est- también somos incapaces de apreciar el tejido
mágico del emperador. Desesperados, contemplamos indignados como el Eterno
desdeña una vez tras otra el esfuerzo de nuestra ofrenda sincera, mientras
otros presumen del don de ser elegidos o iniciados. Un Dios así de injusto
exige nuestro total escepticismo o, mejor aún, nuestra justa rebelión y
venganza: Iustum Necar Reges Impios.
Parece que esto de distraerse no es nuevo. Aunque los
antiguos no tenían los supremos medios tecnológicos que tenemos ahora, a ellos
no les acuciaba el cambio climático, los extraterrestres, el fin del mundo o
-peor aún- el temor a padecer los sinsabores de estar inmersos en una crisis
eterna. Distracción, distracción, distracción. Entretenimiento. Atrofia...
Vera Ecclesia. Está en tus manos. No lo consientas. Todos los días. A penas veinte
minutos. Medita y persevera. No te distraigas. Ese es el pacto. Ese es el
pacto... Salus. Hygieia.
Hygieia.
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sábado, 13 de octubre de 2012
Susurro otoñal
“En cada respiración se muestra
el camino de regreso.
Protege ese tesoro de
distracciones
en la guarida de tu corazón.”
(Ibn Arabí, Al-Futuhatu`l-Makkiyya)
La llegada del suave aliento otoñal
supone una ocasión privilegiada para tomar conciencia del sutil Aliento Sagrado que
impregna la total provisionalidad de nuestro efímero ser, el pulso vital que
entregamos con la misma docilidad que le recibimos en cada respiración.
Conviene recordar que el don de la vida –como todo lo demás- no nos pertenece. Tiene propietario.
Caminar sobre el crugir de las hojas rendidas
al impulso del aliento otoñal es un ejercicio estupendo para contemplar en
silencio nuestro reflejo en el espejo del alma, allí donde el paseo interior se
entrega dócil a la magia del paseo exterior. Tiene lugar el prodigio del
escandallo reflexivo, allí donde se pasa revista a nuestras acciones y
omisiones cotidianas, a lo que dijimos o dejamos de decir, a los potentes pensamientos
que en vano se esconden tras cada inhibición o
acto. Allí donde sabemos y reconocemos nuestro abandono a la maldad, el olvido siempre transgresor.
En ese beso sutil, preciso y
precioso, el aliento otoñal se torna don, instante de gratitud. Sabor y
presencia. Recuerdo de por qué y para qué seguimos vivos.
Germen de luz y temor.
Urgencia…
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domingo, 23 de septiembre de 2012
Caravana invisible
“Algunos no llaman vida sino
al disfrutar engañoso de cuanto acaba.”
(Qurân 3, 185)
A juzgar por las tozudas y arenosas
apariencias, nadie diría que en pleno desierto interminable cabe posibilidad alguna
de oasis. Los menos escépticos, aún otorgan alguna probabilidad a su espejismo.
Sólo quién atravesó esta infinita tierra sin caminos y calmó su sed bebiendo de
él, verdaderamente puede decir que sabe y lo conoce. Para el resto, sólo cabe caminar
a duras penas entre la sequía y el letargo, año tras año. El peso de la carga,
la soledad y el desánimo, así como las desavenencias que nos importunan, la sed
y el calor, se acrecientan con los días.
La noche que nos devuelve intenso
el cansancio, al mismo tiempo, nos abriga y reconforta. Su cielo estrellado,
preludio infinito del sueño, nos recuerda nuestra obligada condición viajera,
toda vez que se reanude un nuevo y agotador día, soñando imposibles oasis,
cuando estemos por fin despiertos. Interminable desierto, inacabable caravana
de sueños. En una árida tierra sin caminos, prosigue –viajero- tu espejismo de
vida, un viaje sin nadie, sin rumbo, ya sin tiempo y hacia ninguna parte.
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