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martes, 9 de junio de 2015

Sangriento duelo interminable


¿No sabes qué leer este verano?


"Pobres esclavos que cubren, con sus cansados pasos, la trillada senda de quienes regresan a su hogar entre los muertos, acompañados, quizá, de la tristeza del amigo y del recelo enemigo, que tornan más penoso, monótono y largo, el viaje hacia una superflua epifanía.

Así apresados, desgastados en una lucha tan incómoda como interminable, en una suerte de ficción casuística, malviven sin astucia quienes desconocen el verdadero sentido de su vida. Cautivos en el mismo agotador torbellino de soberbia anidada en que incurre la luz, tratando de atrapar la sombra que genera tratando de atrapar su sombra.

Basta un instante para desmantelar lo obvio."



Léelo gratis


Nada como una buena lectura tras el chapuzón...


sábado, 17 de agosto de 2013

Sibila contrariada


“Inhumano suele ser
el hombre para el hombre.”
(Plauto, Asinaria)

“Fuentes silentes,
apolíneo susurro acallado,
sin cobijo ni laurel.”
(Ultima sibila délfica a Adriano)






Quiso la pereza instituir la mayor parte de los días como nefastos, para que el funcionariado mántico adscrito al trípode no tuviera que trabajar día si día también, como ahora le ocurre al pobre buscador de Google, sin menoscabo alguno de la actividad del tesoro de Apolo. La fuente Castalia manaba limpia y generosa, garantizando la producción diaria de laurel, el aseo lustral de Femonoe y el conveniente estertor de las ofrendas destinado a apaciguar a la pitón guardián del Mantheion Delphi y mantener así el negocio. Se corrompe Apolo en el Parnaso, de febrero a octubre.


La construcción y destrucción de imperios requiere siempre de ingentes recursos, los cuales no siempre son entregados voluntariamente al fisco por los contrariados dioses, que observan molestos no solo ver arrebatado el fruto de su devoción sino también truncado su onfálico arbitrio por la fuerza mayor de la avaricia profana, capaz de sobornar a conveniencia, ayer como hoy, al mediático oráculo que usurpa la voz de Apolo, polarizándola. ¿Por quién se decantarán esta vez los vapores? Mejor dicho, ¿quién da más? De noviembre a enero, tocará corromper sin mayor esfuerzo a Dionisos: en la encrucijada, mantén a salvo la miel y el granero y… ¡no te fíes ni un pelo de las águilas vaticanas!



domingo, 2 de diciembre de 2012

Lógica sagrada



“La palabra que del corazón sale al corazón llega.
El resto no pasa de las orejas.
(Al-Suhrawardi)

 

 

 

Frente al symposio, en el que necesariamente ha de tener lugar una comunión de Cuerpos, Almas y Espíritu, el diálogo resulta un proceso divergente y delusorio, acuerdo o desacuerdo, en todo caso nunca concordia. La aparente diversidad del simposio, oculta una unidad que se da en un grado más elevado e íntimo, la de conspirar, ser “una misma respiración”.

 

Cuando Parménides, en su calidad de sacerdote de Apolo, entregó la lógica divina a los hombres lo hizo para que ésta sirviera de escalera operativa al Cielo Olímpico. Esta lógica sagrada no habla sobre la realidad, sino desde ella, buscando transparentarla, no sustituirla. Una palabra que no disfraza sino, desde su poder, revela lo inefable. Quien domina esa palabra era y es quien merece el nombre de mago, una palabra que se abre a lo inesperado y lo desconocido.

 
 
 

La lingüística moderna nos ha acostumbrado a reducir la mecánica del habla en términos de verbos, sustantivos, adjetivos y pronombres, ocultándonos la verdadera dimensión sagrada de la comunicación, su irreductible misterio, levadura tan sutil como imparable. Aquel, y no esta mueca hiper-tecnológica que pretende hacerse pasar por desarrollo y progreso, sí que era un mundo verdaderamente global, mucho antes incluso de que hollara la tierra Bucéfalo, dócil bajo Alejandro.

 

No eran necesarios satélites de comunicaciones, bastaba compartir un único mundo imaginal y conocer el modo de llegar a él, para después partir. Otro tiempo, otro espacio y, en buena lógica, otras leyes nuevas. Comerciar así con lo sagrado y el don de su lógica. Un verdadero arte fenicio, no del todo olvidado, desde P’eime Nte-Ré, sobre la necesidad de hacerse así joven al envejecer, conservando empero un alma antigua: sabia.