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domingo, 31 de mayo de 2015

Algo está ocurriendo bajo la Bóveda



Ante el canalla envalentonado, la gente decente sobrevive perpleja, porque no quieren ser comidos pero tampoco  tener que verse así obligados a comerse a otros, tal y como siempre se hizo. Por otro lado, si tu modo de subsistencia es precario, deberás estar necesariamente asustado,  que solo el miedo mantiene la hegemonía del poder económico, coartando así las posibilidades de insurgencia que ofrece un autónomo libre albedrío.
Estamos en un momento crucial, de crisis civilizatoria, en el que tendremos que volver a replantear el mundo del trabajo, repensar el decrecimiento y enfrentarnos a una partitocracia que sólo defiende sus intereses particulares.

 ¿Quién se hará cargo entonces de los tuyos?



Léelo gratis aquí 

martes, 24 de septiembre de 2013

Levanah


“Oh Fortuna, cambiante Luna!
Siempre creces o menguas.
Odiosa vida, tan pronto dura
como luego favoreces al tahúr.
Pobreza y poder, todo fundes cual hielo.”
(Carmina Burana)
 
“Hasta el más puro de corazón
que en la noche susurra piadoso sus oraciones,
florecido el acónito, radiante la Luna,
puede tornarse destructor Lobo
de todo cuanto ama.”
(Tradicional gitano)

 


Cuando traspasamos nuestra zona de confort y nos adentramos en la de aprendizaje, nunca sabemos lo que vamos a encontrar. Nuestro propósito es deficiente; nuestra intención vaga, a la espera de ilusorias recompensas que nunca llegarán sin el pago de nuestro esfuerzo constante.


Aprendemos así, poco a poco, lentamente, a trompicones, cada vez un poco y otro poco más. Nunca es como al principio habíamos imaginado, por lo que sentimos un miedo tan real como indescriptible, en la certeza de que algo está muriendo –quizá de manera irreparable- en nosotros.

 
 
Cada progreso se transforma así en una trampa, un crucial atolladero, una batalla interminable dentro de nosotros que inmisericorde nos reclama: “Con lo bien que estabas, ¿quién te mandaría adentrarte en semejantes berenjenales? (Con lo bien que estabas)”.

 
El miedo, siempre el miedo, nos enreda el alma a cada paso, zancadillea cada latido, ensombrece cada esperanza. Nos desanima, nos paraliza, nos detiene. Nos asusta, nos derrota e incansable al desaliento termina por  vencernos. Al menos, eso es lo que busca, lo que da sentido a su afán.

 
Podemos estar bañados en el miedo, sin que por ello debamos en ningún caso de finalizar nuestro aprendizaje, aquel que nos conduce a la zona ignota que anhelamos, nos adentra en el misterio. Vencido el miedo nos atenaza aún un enemigo mayor, la ilusión de claridad, el espejismo de apresurarnos tras una certeza irreal. Quien venció su miedo debe ahora desafiar su prisa, esperar con paciencia y medir con discernimiento cada nuevo paso. Quien sabe que no sabe, todo lo puede a su antojo. Su deseo es ley.


Es el poder el mayor enemigo. Así, quien vence su miedo y comienza a dar pasos calculados, termina promulgando leyes. Alguien tan poderoso, que se ha rendido al poder, es más esclavo que dueño de su destino. Y aún queda un enemigo más, quizá el más cruel, ya que, invencible, sólo puede ser ahuyentado un instante: el tiempo.


Cuando ya no tienes miedo, tu claridad es paciente y ya todo tu poder se encuentra bajo control, sentirás deseos de descansar y tirar la toalla desde un alma envejecida. ¡Sacude tu cansancio y vive tu misión hasta el último de tus días, hasta el último aliento! Sólo entonces habrás honrado el don de conocer y habrás sabido merecerlo.
 
 
 

domingo, 28 de julio de 2013

Sine vera ecclesia

“Mejórate a ti mismo
y habrá un granuja menos en el mundo.”
(Thomas Carlyle)

“Empeñados en ser valiosos a nuestro prójimo,
basta con iniciarse en la larga y solitaria empresa
de perfeccionarnos a nosotros mismos.”
(Robertson Davies)




Prisioneros del espejismo de un desarrollo y progreso infinitos, solemos imaginarnos el futuro viviendo entre mágicos y sofisticados electrodomésticos que nos hagan la vida más fácil, en lugar de conviviendo en una comunidad de seres humanos mejores. Y en la cómoda espera de ese futuro tecnológico pluscuamperfecto, no conformamos en sobrevivir zombificados en una compulsión de consumo ostentoso, espiritualmente atolondrados y atrofiados en nuestro propio ensimismamiento alimentario, productivo, reproductivo y restaurativo, vegetando en manzanas de colmenas urbanas, salpicadas de iglesias y bares donde encontrar algún consuelo espiritual al absurdo vital asumido y un cómodo simulacro de comunidad.


Encorsetada, esclerotizada, abandonada a sí misma, entregada a una inercia avariciosa y explotadora que socava los fundamentos de su propia humanidad, ahora que es más necesario que nunca, nuestra sociedad se resiste a evolucionar y crecer hacia algo mejor. Nadie quiere abandonar sus objetivos e intereses personales en aras al bien común. Desde la conformidad, hemos aceptado la intromisión del caos que nos mantiene aislados, hemos cedido a las fuerzas de la disolución. Bastará de nuevo con que una pequeña minoría creativa de individuos auto-mejorados vuelva a organizarse y comulgar en secreto, semillas de eternidad de las que brotan imperios y los mantienen mientras no olvidan. La élite comienza siempre desde lo más bajo. Sólo desde el abismo del alma se comprende que “sine vera ecclesia, nulla salus est”.




jueves, 11 de octubre de 2012

Élite


“Todo el árbol
ya se encuentra en la semilla.”
(Eliyohu Ben Shlomó Zalman, el Comerciante)

“Una tierra informe, vacía
y en la que una gran oscuridad
cubre el abismo.”
(Génesis 1,2)

 

 
Cada vez son menos las ocasiones en que un texto nos invita a pensar, reflexionar y a poner en duda lo que consideramos cierto. Hoy en día, ya nadie quiere granjearse enemigos, optando por refugiarse en los dogmas de lo populísticamente correcto. Pocos son los que aún cuentan con la sensibilidad suficiente para detectar aquellas palabras que, nacidas desde y para el corazón, gozan así de una libertad exquisita. Logran conectar almas en ausencia de lo sagrado.


La sabiduría primordial es un antídoto eficaz capaz de contrarrestar la locura del mundo actual y evitar que esta empañe la mirada lo menos posible. Allí donde muchos vivencian lo espiritual como la más acomodaticia renuncia a la cordura, pocas cosas hay tan verdaderamente revolucionarias y trasgresoras como el anhelo de trascender las cotas de lo inhumano. Aquel que busca lo espiritual hace frente a las necesarias adversidades con un tesón tan radical y obstinado como salvaje.
 


 
 
Allí donde la máscara globalizadora no puede secuestrar la auténtica búsqueda de lo real, es donde tiene lugar la inmersión vivificadora en la Tradición. Una inmersión que no conoce sucedáneos sociológicos ni cae seducida bajo la potente maquinaria del márketing espiritual. En vocación de minoría, prefiere a los menos, gusta de los pocos, aborrece el tropel de la cantidad frente a la exquisita calidad.

 
Tiempos informes, vacíos en su multiplicidad, confusos y oscuros pese a los esfuerzos ingentes del brillar profano, incapaces de mitigar el abismo del alma separada de su fuente, proclives a la convivencia del puritano exacerbado con el degenerado, satánica mezcla en la que todo cabe puesto que nada vale, toda vez que hábilmente se deconstruye su artificio: impostura de la moderna postmodernidad. Lo auténtico resiste, incardinado al espíritu. Que no caben distracciones con las que enmascarar la fractura del abismo sino construyendo puentes. Un arte al que se atreven pocos y triunfan menos, atrapados en el magma incandescente de los intereses propios. El creciente lunar augura el desarrollo pleno de lo aquello que, vía recta, obedece al peregrinar certero de su propia naturaleza. Sólo el peregrino sabe lo que busca.




sábado, 1 de septiembre de 2012

Mussafir odassi

“Sorprende la hospitalidad oriental.
No hay aldea cuyas casas no dispongan de habitación del huésped,
en donde todo peregrino encuentra su abrigo gratuito,
sin decir quién es o cuáles son sus opiniones.”
(Vicente Blasco Ibáñez, Oriente, 1907)
 
“El paraíso está a la sombra de las espadas.”
(Hadiz islámico)

 

 

 

La memoria sucumbe a la pereza intelectual. Allí donde uno cree haber llegado a algún sitio, ni siquiera ha comenzado a empezar. No ha habido “inicio” alguno. Por más pasos que se hayan dado, ninguno de ellos ha conseguido traspasar el umbral. Creyendo que avanzamos, damos vueltas y vueltas sobre el mismo punto, sin llegar a ningún lugar, inmovilizados en un interminable espejismo de progreso.
 

La palabra elocuente, abre el entendimiento, zarandea el alma, corta sus ataduras como una espada y la libera. Heredera del relámpago, hiende las tinieblas. Discrimina entre la verdad y la mentira, cercenando así la existencia atrapada en lo ilusorio.

 
Adentrarse en lo nuevo comporta desterrar viejos hábitos, cuestionar normas rígidas, retar y desafiar por propia iniciativa las mordazas, el sometimiento y atadura a falsos ídolos, por bellos que aparenten ser: la virtud siempre elige el camino interior de la verdad y a él siempre permanece fiel. En la fidelidad a la verdad reside la verdadera liberación, aquella capaz de desvanecer el perpetuo velo del autoengaño. De ahí su peligro. Ninguna otra luz, ningún otro cielo como el de septiembre: Balanza que libra, eje axial que aúna así a la comunidad en torno a la verdadera justicia y la devuelve a casa.