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martes, 29 de enero de 2013

Imprescindible paisaje


“Soy el dócil escribano
de Quien dicta mis palabras.”
(Ibn Arabí)

 
 
 

La vida de todo aquel en pos de alcanzar la verdad que otorga la condición humana, transcurre como un viaje interior, reflejado en el mapa de un viaje de aparente peripecia exterior, en el que habrá de borrarse toda huella, perderse todo rastro –todo rostro efímero- de identidad. Los desplazamientos por la geografía exterior corresponden fieles al intrépido curso a través de una orografía más íntima, de un recóndito  y abrupto paisaje interior.

 
Sin saberlo, nuestra vida es siempre viaje transformador, una peregrinación obligada al centro desde el que se nos llama de un modo incansable, que en vano tratamos de amortiguar y silenciar, allí donde encontramos un vasto horizonte exterior plagado de signos.
 

Toda vez que la conciencia nos devuelve a la realidad de las cosas, la vida adquiere y recobra la misteriosa dimensión de un escondido periplo nocturno e interminable que no es sino viaje incesante de ascensión interior desde Él, hacia Él y en Él. En el don de existir caben a un mismo tiempo el asombro, la perplejidad y el extravío. En el anhelo de llegar, se alternan el oído y la mirada que descubren que sólo uno es el Viajero, que suyo es el Viaje. Que somos quizá tan sólo efímero e imprescindible paisaje.



lunes, 14 de enero de 2013

Ex Lux, Dux

"Suele lo infinito
potenciar lo real
en lo finito."
(Jules  Doinel)







Toda vez que la esencia despierta en ti y comienzas tu búsqueda, basta con hacer lo que creas que te llevará a tu meta y, más de una vez, dejarte llevar por el sentido común, sin llegar por ello a atormentarte entre lo que quieres y no debes o debes y no quieres, ni sentirte siquiera protagonista del proceso en el que estás inmerso. Habrá errores: rectifica.

No aceptes mediación alguna entre tu y lo sagrado. Haz de tu vida rito; de la tierra, templo; de tu corazón, centro. Por encima de los desvíos, los tropiezos y las trampas que encuentres, prosigue ecuánime tu camino. Quiera el Eterno que, a su encuentro, reconozcas las bendiciones de todos aquellos que te precedieron y bendigas a su vez, con cantos y llantos, a quienes ya siguen la indeleble estela en tus pasos más certeros.




domingo, 18 de noviembre de 2012

Círculo en la luz


Gracias por vuestro apoyo y comentarios a todos los que habéis seguido estas delirantes reflexiones , a lo largo de este año, y a los que os habeís incorporado más recientemente. Es bueno saber que hay vida al otro lado.
 
Me gustaría celebrar esta renovación de ciclo, con un nuevo libro 100% gratuito y a todo color. Como siempre, espero que sea de vuestro agrado.
 
Lo dicho, gracias.
 
 

lunes, 5 de noviembre de 2012

Egocentramiento


“Impregnado,
como lana en la lluvia.”
(Ibn Arabí)

"Allí donde esté tu pensamiento
es precisamente donde tú estás,
todo tu ser está allí,"
(Israel Ben Eliezer)

 

 
Para vivir una vida plena, en primer lugar necesitamos someter la mirada que se haya totalmente atrapada en el ego, dejar lugar, espacio.


En el equilibrio reside la clave de la adecuada rectificación, la supresión de la auto importancia desmedida que nos desequilibra e incapacita para alcanzar la plenitud y, desde ella, la apertura del corazón que hace posible la relación, la entrega íntima.

 

La soledad nos ata, nos hunde y nos ciega. Es necesario salir de nosotros mismos, reconocer y reconocernos como uno en el otro. Anquilosados en el ego no somos nada pese a creernos el todo. Enfermamos.

 
La búsqueda del equilibrio es una tarea clave en un momento clave, allí donde la humildad nos permite reconocer que nada de lo que recibimos nos pertenece. Que somos abundantes, precisamente en la medida que no somos. Recuenta, que ha llegado el momento del repaso final. En la inminencia de prueba, haz camino. Mejor aún, danza, de manera que tu vida dé los frutos esenciales esperados.



jueves, 11 de octubre de 2012

Élite


“Todo el árbol
ya se encuentra en la semilla.”
(Eliyohu Ben Shlomó Zalman, el Comerciante)

“Una tierra informe, vacía
y en la que una gran oscuridad
cubre el abismo.”
(Génesis 1,2)

 

 
Cada vez son menos las ocasiones en que un texto nos invita a pensar, reflexionar y a poner en duda lo que consideramos cierto. Hoy en día, ya nadie quiere granjearse enemigos, optando por refugiarse en los dogmas de lo populísticamente correcto. Pocos son los que aún cuentan con la sensibilidad suficiente para detectar aquellas palabras que, nacidas desde y para el corazón, gozan así de una libertad exquisita. Logran conectar almas en ausencia de lo sagrado.


La sabiduría primordial es un antídoto eficaz capaz de contrarrestar la locura del mundo actual y evitar que esta empañe la mirada lo menos posible. Allí donde muchos vivencian lo espiritual como la más acomodaticia renuncia a la cordura, pocas cosas hay tan verdaderamente revolucionarias y trasgresoras como el anhelo de trascender las cotas de lo inhumano. Aquel que busca lo espiritual hace frente a las necesarias adversidades con un tesón tan radical y obstinado como salvaje.
 


 
 
Allí donde la máscara globalizadora no puede secuestrar la auténtica búsqueda de lo real, es donde tiene lugar la inmersión vivificadora en la Tradición. Una inmersión que no conoce sucedáneos sociológicos ni cae seducida bajo la potente maquinaria del márketing espiritual. En vocación de minoría, prefiere a los menos, gusta de los pocos, aborrece el tropel de la cantidad frente a la exquisita calidad.

 
Tiempos informes, vacíos en su multiplicidad, confusos y oscuros pese a los esfuerzos ingentes del brillar profano, incapaces de mitigar el abismo del alma separada de su fuente, proclives a la convivencia del puritano exacerbado con el degenerado, satánica mezcla en la que todo cabe puesto que nada vale, toda vez que hábilmente se deconstruye su artificio: impostura de la moderna postmodernidad. Lo auténtico resiste, incardinado al espíritu. Que no caben distracciones con las que enmascarar la fractura del abismo sino construyendo puentes. Un arte al que se atreven pocos y triunfan menos, atrapados en el magma incandescente de los intereses propios. El creciente lunar augura el desarrollo pleno de lo aquello que, vía recta, obedece al peregrinar certero de su propia naturaleza. Sólo el peregrino sabe lo que busca.




domingo, 7 de octubre de 2012

Imaginero enamorado


“Allí donde no me abarcan cielos ni tierra
lo consigue un corazón.”
(Hadiz qudsi)
 
“Sólo el amor conduce a Él,
no la sabiduría.”
(Ibn Arabí)

 

 

 

Todo aquello en lo que confías posee un carácter divino para ti. Es importante y diferente del resto de cosas y personas en las que no confías. Aquello que consigue destacar de la oscura ambigüedad del horizonte de las cosas y producir en ti la poderosa fascinación de la confianza: enamorarte. Capta tu atención y hace que creas en su eficacia y la aceptes. Lo consideras, de algún modo, lo más verdadero, lo único real. Algo a lo que otorgas incondicionalmente estatuto de ser frente a lo difuso y relativo de todo lo demás. Haces, consigues, que sea especial para ti. De algún modo que sólo tú sabes, posee virtud, te satisface.

 
Espejismo. Autoengaño. Apariencia. Disfraz. Posible.
 

¿Qué hay por debajo? ¿Qué se esconde detrás? ¿Qué se oculta en todo ello? ¿Qué se resiste, una y otra vez, a ser atrapado? ¿Quién juega incesante? ¿Qué quién? Como siempre, ya se fue. Permanente escamoteo que no cesa. Que no cesa. Es como intentar abarcar lo impensable. Y en ese imposible desafío estamos. Enganchados. Se fue otra vez. ¿Quién sabe tras qué esta vez? ¿Quién sabe escondido tras qué nuevo dónde? ¿Quién sabe?
 

Delante, sutil peregrinar inacabable, siempre camino por recorrer. Otra vez.