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jueves, 10 de octubre de 2013

Contaba el abuelo...

“A menudo la senda que desciende
es el mayor atajo para elevarse.”
(Juan Matus a Castaneda)




Según aprendí de Gurdjieff, nadie puede rezar a Dios hasta que, primero, encuentre su propia alma y, luego, Le descubra en ella. Es un asunto de experiencia y certeza. Todos los dioses mentales, mal que le pese a la escolástica tomista no son sino vacuos ídolos. Pensar sobre Dios no puede traer más que desgracias o, peor aún, religiones.

Muy al contrario de lo que solemos (o nos hacen) creer, el ser humano es manejado por sus pensamientos y se encuentra a merced de ellos, ya que gozan de una mayor autonomía que la de cualquier ser vivo. Sólo quién descubre el modo de acallar los pensamientos que, a diario, le poseen y zarandean, descubre en el silencio interior la Palabra encarnada.


Sólo quién se ha ejercitado y adquirido maestría en el dominio de sus anárquicos y tiránicos pensamientos, “voraces inmortales”, ha descubierto, al fin, su facultad divina. Franqueado el puente hacia la vida, nada vuelve a ser como antes. Ni para quien supo franquearlo, ni para nadie.




sábado, 5 de octubre de 2013

Cántaro roto

“La cuestión más relevante,
en la vida de todo ser humano,
consiste en el modo en que se relaciona
con lo infinito.”
(Carl Gustav Jung)
 
“Ve a tu pecho, llama
y pregúntale a tu corazón:
¿qué sabes, qué sabes?”
(William Shakespeare)

 
 

El hecho indubitable de que creamos tener un problema no significa en modo alguno que el problema exista. En modo alguno, insisto. A lo sumo, el problema consiste en aceptar (dar por cierta la creencia errónea de) que usted es un algo, un alguien, separado de su Fuente. Error. Hay que tener mucho cuidado con esa clase de pensamientos, y con cualquier otra clase de pensamientos, con los pensamientos mismos, ya que cada uno de ellos, por pequeño e inofensivo que parezca, puede preceder a una acción que termine por crear (condicionar) la prisión de su realidad. No pasa nada hasta que algo se mueve. Piénselo. O mejor aún, no lo piense. Tranquilidad, pues, a Dios gracias, muy por encima de la soberbia especialista, la Fuente sabe bien lo que se hace.


domingo, 4 de agosto de 2013

Eugnosia

“Nuestra supervivencia depende de anticipar en nosotros
las acciones, emociones e intenciones de los demás
mediante la experiencia de la intersubjetividad”.
(Carl Gustav Jung, Símbolos del Inconsciente)
 
“Cualquier homínido podría alcanzar un cacahuete.
Más complicado resulta experimentar la autotrascendencia.”
(V.S. Ramanachandrian)





Por lo general, solemos considerar “malo” aquello que, ya sea de manera (bien o mal) intencionada o fortuita, atenta contra nuestros intereses, por variopintos que estos pudieran llegar a ser. Así, la incompetencia de otros es “mala” en cuanto nos perjudica o la sociedad es “mala” cuando es un obstáculo para nuestros objetivos personales. La inteligencia de otros también puede resultar “mala” cuando es usada para superarnos, derrotarnos, privándonos de un beneficio o causándonos un daño.


Son necesarias habilidades como la sintonía (en lo físico), la empatía (en lo emocional) y el diálogo (en lo racional) para alcanzar una completa comunión (espiritual) con el otro. Tras esa serie de habilidades modulares se encuentran las neuronas espejo, que nos permiten convivir e interactuar eficientemente con individuos de nuestra (u otra) especie. Lo cuál, muchas veces resulta perjudicial (malo) para aquellos y aquellas que se ganan la vida detentando posiciones de mando y autoridad en nuestra sociedad.



miércoles, 31 de julio de 2013

Lector atento

“Hay que saltar del corazón al mundo,
Hay que construir un poco de infinito
para el ser humano.”
(Vicente Huidobro)

 
“Toda vida es un intento arriesgado
que puede dar al traste prematuramente.”
(Carl Gustav Jung)

 




 
La vida carece de sentido, toda vez que no le proporcionas uno estimulante. Dicho sentido requiere de tres movimientos: conocernos desde dentro; saber cuáles son nuestros mejores dones e involucrarse con la vida, mientras nos quede tiempo. Responder a la llamada heroica que todos recibimos, nutre de manera irreparable nuestra alma. Cada pequeña acción, cada proyecto cotidiano tiene algo de sacramento, en la medida en que somos conscientes cómo se dispara la gracia en nosotros, alumbra nuestros innatos tesoros y renueva cada latido.

No hay virtud en la soledad involuntaria de quien se ignora divinidad y renuncia a la curiosidad de saber hacia dónde le llevarían sus alas. El futuro es una dirección irrenunciable del alma, la ambición de sonreír, al llegar por fin, a casa tras la peripecia. Mientras tanto…


 
 

martes, 25 de junio de 2013

Testigo ecuánime

“En realidad, no miramos al abismo.
Somos mirados por él.”
(Friedrich Nietzsche)

“Aquel que mira hacia afuera, sueña.
“Sólo quien mira hacia adentro, despierta.”
(Carl Gustav Jung)




Todo conocimiento proviene de la caverna de los sueños, y desde allí regresa para poner en marcha la espiral de la vida. Cuando uno atestigua y acepta de manera incondicional todo lo que es, abre su corazón a los cambios de un mundo en constante danza, vive en plenitud. Más allá del placer y el dolor, el gozo surge siempre de la calma. La hierogamia, sagrada unión con lo divino, acontece de un modo misterioso en el corazón, allí donde se reconcilian en simultaneidad la penetración de la espiral masculina en la espiral de la vida y la entrega femenina al cambio.


El pensamiento se obstina de manera recursiva en obstruir ese natural proceso, creando artificialmente la interferencia ilusoria de separación. Aquello que resistes, persiste. Quizá te sirva como atisbo de respuesta el saber que todas las preguntas pasadas, presentes y futuras fueron, son y serán creadas por la mente egoica. Sigue dándole vueltas. Quizá pensando más y más sobre ello, encuentres al fin el modo definitivo de dejar de pensar. Busca con denuedo la manera de abandonar definitivamente tu búsqueda. O quizás, mejor aún, déjate encontrar por la certera respuesta.



miércoles, 22 de mayo de 2013

Sacra disidencia

"Quien mira desde su interior
sabe que todo es nuevo."
(Paracelso)

“Llega un día, sin que haya marcha atrás posible,
en que descubrimos que (lo que creímos) 
nuestras mezquinas vidas subjetivas 
no pertenecen sino a una nueva actualización 
aquí y ahora de lo universal.”
(Carl Gustav Jung)




Intentar conocer el enigma de cualquier ser humano, no desde aquello que aparentemente está siendo, sino en función de lo que puede llegar a ser, constituye el reto que supone un acercamiento metapsíquico focalizado en los pormenores del devenir experiencial y ontológico de lo sagrado, allí donde la sospecha siempre rinde más réditos que la evidencia. Desde las instituciones religiosas y políticas se promueve una espiritualidad espuria y anquilosada, con el fin de evitar por cualquier medio que las personas experimenten –o promover activamente su total alejamiento de- lo verdaderamente sagrado.


Nadie ha de constatar en sus propias carnes, por el bien del orden constituido, que porta en si un poder creador autónomo del que no es consciente y cuyo contacto con él podría transformarlo y liberarlo. Nada más potencialmente peligroso para disolver las rígidas estructuras del stablishment social, más revolucionario y más efectivamente anti sistema que la “mirada interior”. Se ha de impedir a toda costa que aquello que duerme en nuestra inconsciencia, nuestro mito personal, tome la palabra y cobre vida, desenmascarando así el endeble delirio subjetivo cotidiano.


Toda vez que sintonizamos con lo sagrado inconsciente en nosotros, cobramos mayor consciencia del mundo, del prójimo y de la trascendencia de nuestra ocasión vital. Una vez que hemos descubierto que la nuestra es una aventura espiritual, tan ineludible como intransferible, todo adquiere, al fin, sentido. Nuestra vida se convierte así en una respuesta inequívoca a tan profunda llamada.




martes, 21 de mayo de 2013

Símbolos del instinto


“Para lograr suplantar aquel Dios,
creado a nuestra inflada imagen y semejanza,
hubimos previamente de matarlo en nosotros.”
(Carl Gustav Jung)




En estos tiempos, en los que aceleración y enajenación tecnológica van a la par, resulta muy complicado asumir de manera consciente que el mal que presumimos objetivo -cuando en realidad es proyectado- en los demás, radica en el fondo arcaico e ignoto de nuestra propia alma. Son muy pocos los que se atreven a descender al oscuro ámbito de su fondo primitivo, asumir las propias tinieblas y vivir el temor primordial, con la exigua esperanza de alcanzar siquiera una tenue y promisoria luz.

Nuestra alma parece constituida por una delicada urdimbre de fuerzas y potencias lo suficientemente poderosas, y tan peligrosas o útiles para ser tenidas en respetuosa consideración, lo suficientemente grandes, bellas y razonables para contemplarlas y amarlas. Quien renuncia a enfrentar su propia responsabilidad y desoye su propia voz interior, resuelve ser así disuelto y arrastrado en el magma impersonal y doctrinal del egrégor colectivo.

Lo social entonces sólo podrá ser así sanado mediante una radical acción terapéutica sobre nosotros mismos. No somos meros pacientes de la época. El monstruo se gesta, eón tras eón, desde cada uno de nosotros. Cabe luego al poder político y mediático lo de transformar la inconsciencia del propio mal en devastadora epidemia. No vemos fuera sino la proyección de cuando gestamos dentro. Nuestra inconsciencia fue y sigue siendo la raíz que nutre y da forma al mal.



lunes, 20 de mayo de 2013

Un renacer inexplicable


“Cuando un secreto es verdadero,
resulta imposible revelarlo.”
(Carl Gustav Jung)

“Es tu intento de arreglar las cosas
lo que acaba por empeorarlas.”
(Alan Watts)



Cada uno de nosotros ha de aceptar –sean buenas o malas- sus experiencias vitales, procurando por todos los medios a su alcance no identificarse con ninguna de ellas. La plenipotencialidad del alma, al igual que le “ocurre” al no ser, en su genuina vacuidad, todos los posibles pares de opuestos imaginados e imaginables dócilmente en sí abraza y reúne. Tal es la dulce recompensa que le cabe a toda aquella persona que descubre la lana áurea del Vellocino de Oro, espejo inasible y cambiante, en su más central, profundo e íntimo seno.

Sólo a quién descubre y conoce así su alma, le cabe entender por qué tuvo alguna vez, en alguna parte, la necesaria ocasión de haber vivido. Saborear el precioso don del incesante dynamis arquetípico, tan arrolladora y sutil potencia transformadora y creadora, del propio e inexplicable escrutinio donde todo se descubre prueba, guía, tentación, destino que ha de ser rendido e integrado en una suerte consciencia cada vez más amplia.

Aventura fascinante y tremenda la de atreverse a internarse en la oscuridad e incertidumbre de la propia tiniebla, enfrentar lo numinoso para lograr al fin, tras ser incubados, renacer sin dejar de reconocernos. Quizá el mayor pecado –si no el único- sea la inconsciencia de la propia inconsciencia, aquella que convierte la posibilidad real de redención heroica y apoteosis en el sórdido, consentido, predecible y superficial simulacro del cotidiano autoengaño, tan propio de nuestros tecnocráticos tiempos.



domingo, 10 de marzo de 2013

Arte y simulacro


“Podemos soportar una infancia marcada
por la desafección paterna,
más no una existencia desprovista de sentido.”
(Rollo May, Coraje creador)
 
“La conexión con la conciencia transpersonal autónoma
(malintencionadamente llamada inconsciente colectivo)
solo puede realizarse a través del propio
(personal e intransferible a cualquier clase de mediación)
proceso de individuación.”
(Carl Gustav Jung, Símbolos de Transformación)

 


 

Toda experiencia inefable lo es en la medida en que se resiste a ser confinada en los estrechos límites del lenguaje racional (hemisferio izquierdo), decantándose más por la fértil imaginación sobrerracional poética (hemisferio derecho) como eficaz soporte simbólico que traspasa las barreras encorsetadas del sentido oficial, metáfora creadora a través de la cual se vinculan operativamente y actúan entre sí los mundos.

 
Conocer (y manipular) el poder de símbolo permite modificar (abrir, ampliar, expandir…) la consciencia, cambiar su grado y modalidad. De este modo el Arte instrumentaliza al artista para sus propios fines y consigue a través de la docilidad y sumisión de éste su verdadero objetivo, saltar el muro obstructivo y distorsionador del lenguaje y conmovernos (atrapar, unirse, conectar, religarse a) el alma.

 
Por desgracia, resortes de acción grupal  artística, de una potencia inusitada (ya sea en forma de danza, banquete o relación sexual), han sido intencionalmente reducidos a vacuo disfrute, frívola distracción, necio entretenimiento, enervando el Arte hasta que no quede de él más que su inerte sucedáneo. Cabe pues, si así lo deseara nuestro lector/a, la noble tarea de recobrar la naturaleza original, no desvirtuada, de algunas cosas, mientras se espera cierta la benefactora muerte.
 
 
 
 

miércoles, 24 de octubre de 2012

Venatores lapidum


“Cuando el lenguaje pretende sustituir a la vida,
lejos de conseguirlo, la arruina.”
(Carl G. Jung, Rotes Buch)

 
 

Siempre me ha llamado la atención que, cuando se considera la remota posibilidad de una conexión entre el mundo de los muertos y los vivos, nosotros tengamos la certeza de pertenecer al segundo y no al primero. Estar por encima de la lápida, solo es una posición relativa. Lo cierto es que sólo estamos al otro lado. Eso quizá explica el porqué Jung denominó a sus curiosas alocuciones gnósticas “Septem sermones ad mortuos”.

 

Vivo es aquello que anima a lo que tiene la capacidad de ser animado. Sin ánimo, somos meros cadáveres desanimados, inercia muerta que cae sobre el abismo gravitatorio por su propio peso. Toda vez que nos sentimos animados, quiere decir –mundus patet- que algo nos mueve desde quién sabe dónde. Las lápidas sólo evitan que lo descubramos demasiado pronto. Pocos conocen lo que se oculta tras la adorada piedra. La vida que guardan difuntos y santos es la que anima a quienes “viven de prestado” e ignoran que ya están muertos.