Mostrando entradas con la etiqueta Completas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Completas. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de junio de 2013

Corazón ardiente

“Atardece.”
(Lucas 24,29)




No hay amor en la posesión. Si en la soledad, en el silencio, en el abandono, en la reclusión, en la cercanía de la última hora del día, en los últimos instantes de una vida, allí donde huérfanos del espíritu y prestos a sumirnos en el frío de la tiniebla, dócilmente todo se abandona. Momento mágico que, nada más atraparlo, en juguetona dialéctica desaparece, haciendo temblar al héroe.


Cielo raso en el atardecer del páramo infinito que nos invita a trascender el interno bullicio cotidiano, en un tenue esfuerzo de centramiento que no es sino oración. Lo demás, obrar como los demás cuando parece necesario, hacer cuanto y cuando los otros no se atreven, comprometerse, escribir… soberbia. “¿No ardía nuestro corazón, como resolana debajo la piel?”



sábado, 18 de agosto de 2012

Lunáticos


“El rezo que espera al sol
es diferente cada mañana.”
(Néfesh Ha’jaim)

“Cuando me levanté para abrir al amado,
ya se había ido.”
(Shir Ha’shirim 5, 6)



Son muchos los que, al considerarla una entelequia, se resisten a creer que alma humana (su alma) cabalga sobre las onduladas olas del tiempo. Así, cuando ésta se halla en la cresta, besa y es besada por el cielo. Más adelante siente, en su descenso, el dolor de la pérdida de su amado. En la base, tocando tierra, sólo queda el consuelo del recuerdo y nostalgia, y un ardiente deseo de volver a remontar. Estos estados descendentes y ascendentes los experimenta el alma de manera recurrente a lo largo del año en momentos muy precisos, tan precisos que podría decirse que poseen una “exactitud lunar”.



Podría incluso establecerse una equiparación entre la “cresta” y el plenilunio, la “caída” y el cuarto menguante, la “nostalgia” y el periodo “sin luna” (luna nueva), y finalmente, entre el anhelo del reencuentro y la “creciente”. Esta montaña rusa anual presenta trece hitos que siempre comienzan en la “primera luna llena de primavera”. Somos, pues, almas lunáticas, atrapadas la cárcel de un trayecto solar. Cárcel que, una vez que se conoce bien, inmediatamente (ipso facto) deja de serlo.



Pese a lo que muchos piensan, el alma humana no es uniforme. Posee cualidades, matices diferenciados. Todos estos matices están sujetos a la triple recurrencia lunar. Es necesario pues un reseteo inicial de estos cuatro matices (en distintos momentos del año): fase mutable. Es necesario que aparezca una clara intencionalidad en cada uno de ellos (también en distintos momentos del año): fase cardinal. Y es necesario (una vez más, en momentos del año distintos) que se intensifique dicha intencionalidad de manera focalizada: fase fija. Sólo resta por desvelar cuáles son esos cuatro matices del alma humana: su bios terrestre, su pathos acuático, su thymos ígneo y su pneuma aéreo.



La clave está en hacer trabajar -a cada instante (ya que cada instante requiere su trabajo específico)- todos estos matices como una sola unidad, y luego juntarse (ser uno) con otros capaces de hacer lo mismo en un solo pulso. Las mismas palabras tendrán mañana un efecto completamente nuevo. El instante no es mero escenario pasivo sino, muy al contrario, nuestro más valioso capital; nuestra vida misma. Vamos, todo es cuestión de relajarse primero (agua lustral), y luego sólo poner un poquito de atención e intención perseverante. Si no eres alguien desalmado, no pierdas la oportunidad… ¿Hace falta decirte más?




viernes, 15 de junio de 2012

Colapso inminente

"Ojalá la riqueza no os abandone, efesios,
para que con ella podáis algún día comprender
vuestra maldad.”
(Heráclito de Éfeso, 125a)

“Las ventas dependen del posicionamiento,
y el posicionamiento no es sino imagen.”
(José  Manuel Díaz de la Lastra)






Nuestra des-civilización pasará a la Historia como aquella donde se dio con mayor intensidad la paradoja de convivencia entre un altísimo desarrollo tecnológico, que facilitó de un modo prodigioso nuestra paulatina –y quizá irreversible- deshumanización y el más abyecto y superficial positivismo rampante, paradoja anticipada en la expresión guenoniana del “Reino de la Cantidad”. Eso, en el benévolo supuesto de que aún quede algo que se pueda llamar Historia, y no mero “amañe historicista”. No cabe suponer que se consienta la pervivencia de ningún vestigio que escape a la manipulación, instrumentalización y control, en último término, a la cuantificación, del dígito. Tal destino es el que presuponemos al término Alma.



En su etimología griega, el Alma se considera equiparable a una grácil mariposa, tan llamativa como inasible a la mano torpe, inexperta. Anhelo escurridizo pero persistente, brutalmente desdeñado por la apisonadora del siglo que no entiende más conocimiento que el informativo, más eficiencia que la técnica, más pasión que el espectáculo y sus “subidones”, más virtud que la instantaneidad monetaria.





Como sostiene mi admirado Félix Rodrigo Mora, nociones clásicas como las de virtud, verdad y libertad han sido extirpadas del diccionario, ya que son incompatibles (enemigas) con la ideas opresoras predominantes de capital (interés, propiedad) y estado, de ahí los ingentes esfuerzos y recursos dilapidados en debilitarlas, hasta acabar con ellas. Vano afán, a mi modesto entender. Virtud, verdad, belleza y libertad, son todas arquetipos eternos, tan fecundamente humanizadores precisamente por su carácter sobrehumano esencial. En la “jerga” de nuestro numantino héroe particular: “cualitativo”. De ahí su peligro subversivo para todas aquellas intenciones “nadificadoras” de lo humano.


Corren buenos tiempos para tantos utilitaristas simplificadores, que reducen belleza y felicidad al quantum fisiológico subjetivo, en manos de las analgesias y ansiolíticos farmacéuticos, ahora que la sabiduría se mide en número de “ventas” en los grandes almacenes. La receta de Félix ante la sinrazón de los tiempos la toma de Simone Weil: Ayuno, silencio, contemplación de la belleza natural… y lo más revolucionario de todo, esfuerzo de convivencia desde el servicio desinteresado. No hay prisa. La Historia sabe esperar. Tarde o temprano aparecen sujetos de calidad, de la talla de Sócrates o Félix, dispuestos a traernos generosos la frescura y novedad perenne de los clásicos. Siempre ocurre. Lo demás, papel mojado, fiebre, sobresalto, post, noticia.



miércoles, 4 de abril de 2012

Nuevas completas

Señor me ha dado una lengua de iniciado,
para saber decir al abatido
una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído
para que escuche, como los iniciados.
El Señor Dios me ha abierto el oído;
y yo no me he echado atrás ni me he rebelado.
(Isaías 50, 4-5)

.
"Más allá de la esfera que más veloz gira,
pasa el suspiro que de mi corazón sale:
inteligencia nueva,
que Amor llorando infunde en el corazón,
y hacia arriba lo tira".
(Durante, Vita Nuova)

.
Lo oculto (la latencia) es el presente demostrable del futuro.
La transparencia (lo diáfano)
es la forma fenoménica (epifanía) de lo espiritual.
(Jean Gebser, Origen y Presente)

.

Un año más, madrugó más la Semana Santa (todas lo son), imploro el cálido abrazo de Mnemósine, en esta hora tan dulce en la que el resplandor del día abandona y se retira, dejando paso a la caricia de la noche: ”Te luces ante terminum”. Hora en la que los amigos amados ya se han ido y regresando la nostalgia al corazón de aquel que busca, lo derrite. El alma enamorada se acongoja al escuchar en la distancia el tañer de la campana vespertina, llorando por otro día que  -cumpliendo su destino- muere: “l'ora che volge il disio ai navicanti e 'ntenerisce il core” (Purgatorio XVIII, 1-6).

Recordar una vez más el rostro bien amado de Beatrice Portinari, descendiendo de las nubes, tratando de digerir –sin llegar aún a conseguirlo del todo- que yo también me había cansado en vano y había gastado mis fuerzas para nada. Asumir que es necesario mirar hacia delante, ahora que ya no queda nada  a lo que volver.



¿Qué hacer ahora con los dones recibidos?  ¿De dónde sacar las fuerzas, para mantenernos fieles a la misión recibida, para sostener con firmeza aquel juramento que hicimos de servir Su Voluntad con una entrega radical y amorosa, ahora que las cosas se ponen cuesta arriba? ¿Cómo no desmoronarse ante el celo de las cuchilladas del arrepentimiento y aliviar el profundo sufrimiento de descubrirse en la prueba, abandonados y solos? ¿Cómo es posible encontrar, en proceloso itinerario por el mar nocturno, un modo de remontar este voraz sentimiento de fracaso, y poder seguir llevando Palabra de aliento al abatido,  cuando somos ahora nosotros quienes, fatigados del camino, adivinos cegados por la doble experiencia mal digerida, se encuentran más que nunca indecisos y desanimados?

Lo sé: si viene, conviene. No hay razón alguna para rebelarse y echarse atrás. No fuimos iniciados para dar satisfacción a nuestro gusto ni para que se cumplieran ninguno de nuestros deseos. No permanecemos en esta Vía para escuchar el permanente cacareo egoico de nuestra voz, sino para servir, haciendo nuestra, la Voluntad de la Suya. Por Él, con Él y en Él depositamos aún nuestra maltrecha confianza, acogidos al yugo protector de la Presencia.

En aquel sueño, alegre me parecía Amor, teniendo
mi corazón en la mano, y en sus brazos una
dama, envuelta en un lienzo, dormida;
Después la despertaba, y de este corazón ardiendo
ella espantada humildemente comía,
y después irse la ví llorando. (Durante, Vita Nuova, III)

.

La Naturaleza se despierta del letargo invernal, en esa muerte necesaria para regenerarnos y seguir vinculados a la vida consciente, la única forma real de vida. Os invito a trabajar intensamente sobre vosotros mismos en estos días de Santa Oficial Semana, disolviendo aquellos elementos indeseables que cargamos a menudo en nuestro interior: miedo, odio, tensión y agitación. Así podrá entrar la Presencia de la primavera divina en nosotros y fecundar nuestra pequeña alma, y tornarla grande. Propiciad el reencuentro: recordad que, en esencia, no somos más que el producto de nuestras acciones y reacciones concordantes.

En en parque de los almendros, cuajados ya de preciosas flores menudas, la primavera asoma curiosa y risueña en cada brotecito de hojas nuevas y tiernas, entregadas livianas y desinteresadamente, a trasformar la luz en espíritu respirable. Silenciosas, fabriles. Como ellas, insisto, no somos sino el producto de nuestras acciones.



Ésta es -para aquellos que están atentos- una Semana Santa especialmente regeneradora. No os dejéis arrastrar por nada que no sea esencial. Deteneos a observar como la naturaleza se regenera y, con ella, nosotros.
.
Mundus volvitur, sed Deus manet semper. Mi corazón late en calma. Afuera redoblan sumisos los amenazadores tambores. Jueves Santo, 2012: cúmplase certera la eterna Pasión. En tus manos encomiendo mi alma cansada, Padre.

.
Regresa siempre A la Presencia, corazón mío.
Siente Su Paz... siente Su Paz...
Míralo así, corazón mío:
“Vide, vide, Cor Meum”.

.
.
.