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miércoles, 31 de julio de 2013

Corazonada

“Lo bueno es malo, lo malo bueno.”
(Brujas de Macbeth)

 “Ten por seguro que nunca será como lo esperas.”
(Zenón de Elea)
 
 
 
 
Una vez que conocemos a nuestro yo dominante (aquel que nos domina) crecemos (le dominamos) mediante un pulso interior que nos lleva de la confusión a la claridad, y del miedo al atrevimiento vital, siempre que decidamos osar actuar de manera consciente. Hay en el autoconocimiento un imperativo categórico. No basta con atravesar, indemnes, el condicionamiento educativo, intercambiar espacios y culturas, saber los pormenores íntimos de nuestro admirados héroes. Es necesario tomar el timón de la propia vida.
 

Humanizarse, crecer más y más en lo humano, tiene muy poco o nada que ver con la industria editorial de la autoayuda o la fidelidad a blogs como éste. Tiene que ver sobre todo con destilar felicidad y compartirla de un modo incondicional. Una amable expectativa que nos reta a disfrutar del resto de nuestra vida, mejorando siempre en el actuar, mejorando en renunciar, aprendiendo, primero a aprender y luego a enseñar. Sin más recursos que una vida por vivir con valor, por cumplir como es debido.
 


 

 

lunes, 8 de julio de 2013

Anagkê stênai

“Por el corazón puro se conoce la verdad,
en el corazón puro la verdad reposa.”
(Yâjñavalkya)



Durante el verano, al menos en el hemisferio norte, el periodo vacacional nos permite alterar el ritmo del frenesí cotidiano, entregándonos el don (para algunos la maldición) de tener más tiempo de saborear el tiempo y encontrar el método más apropiado de asimilar su primordial cualidad estival, sin dejarse embaucar por las apariencias.

La intensidad de la luz sobre las irisadas plumas de Uriel requiere de una lectura más sosegada, de mayor calma y atención, a riesgo de malinterpretar su crucial mensaje. Antaño, los sabios realizaban dicha lectura en alta voz, para saborear su estilo, impregnarse del vibrar rítmico entre pulsos y pausas y, sobre todo, cultivar la memoria del instante.




Leer la luz del verano, sin intención, sin dejar que interfiera ningún perverso criterio de rentabilidad funcional e instrumental de los que habitualmente nos intoxican, también es un verdadero arte. No temamos ser desilusionados por su huera frivolidad, muy al contrario, dejemos que esa previsible decepción de lo trivial sea la que nos despierte.


Toda vez que desvelamos su mensaje, cada instante transparenta su condición sagrada y nos instala en su crucial encrucijada. La ascesis de los rigores iniciáticos queda en ese mágico momento justificada y recompensada. El torpe deletreo, trocado disciplina, se torna ahora finalmente discernimiento. El mantra de su latido, al fin, el corazón entiende. 



lunes, 1 de julio de 2013

Silencio del corazón

“Con cantos y danzas
se adelanta Zaratrustra.”
(Fiedrich Nietzsche)

“¡Qué maravilla!
El puente avanza sobre el torrente-“
(Tradicional Zen)





Aquella imagen que nos parece inmóvil, transcurre como una maravillosa danza en el fluyente tapiz de luz que discurre nuestra retina, danza de la que, tal y como sucede con el resto de los procesos sensoriales que transcurren simultáneos a ese dinámico acontecer visionario, nosotros somos totalmente inconscientes. Por extraño que resulte, somos ciegos al proceso que genera y prefigura cada una de nuestras miradas. De este modo, tantas cosas ocurren ahora mismo a nuestro lado e incluso en nosotros mismos, y nos constituyen esencialmente, de las que apenas sabemos ni sabremos nada. Danzamos con el universo. A nada que prestemos algo de atención, nos daremos cuenta puntual de que somos parte observadora de su propia y permanente danza, pero esa parte “que danza dándose cuenta”, sólo es memoria, Gestalt impermanente, recuerdo de impresiones que yacen -y suceden a otras- muertas. Aquello que vemos, nuestra propia mirada, es tal porque, por mucho que nos cueste asumirlo, ya no existe. Apresado el instante, yace muerto, al igual que la verdad al contarla.



sábado, 8 de junio de 2013

Corazón ardiente

“Atardece.”
(Lucas 24,29)




No hay amor en la posesión. Si en la soledad, en el silencio, en el abandono, en la reclusión, en la cercanía de la última hora del día, en los últimos instantes de una vida, allí donde huérfanos del espíritu y prestos a sumirnos en el frío de la tiniebla, dócilmente todo se abandona. Momento mágico que, nada más atraparlo, en juguetona dialéctica desaparece, haciendo temblar al héroe.


Cielo raso en el atardecer del páramo infinito que nos invita a trascender el interno bullicio cotidiano, en un tenue esfuerzo de centramiento que no es sino oración. Lo demás, obrar como los demás cuando parece necesario, hacer cuanto y cuando los otros no se atreven, comprometerse, escribir… soberbia. “¿No ardía nuestro corazón, como resolana debajo la piel?”



sábado, 25 de mayo de 2013

La copa

“Quien se guía, lo hace siempre a favor de sí mismo.
Quien se extravía, contra sí se extravía.”
(Qorân 17, 15)





¿Cuántos de aquellos rumbos espirituales que toman nuestras vidas no dependen sino de un azaroso y fortuito encuentro, que nos marca para siempre? Ese encuentro se hace presente desde un futuro que termina por justificar (aclarar) el metabolismo de nuestro pasado, nuestro constante ir y venir, nuestros apegos y desapegos, el llanto que se esconde tras nuestra risa, la risa que se abraza al llanto, la perpetua gestación de nudos y tensiones que habrán de ser así libradas, conforme se traza y resuelve el enigma de la propia vida.


Noble tarea la de reconciliarse con el propio destino, recorriendo en primera persona cada uno de los eslabones de su cadena, tejiendo cada nuevo e incierto capítulo, trazando un eficaz diagnóstico a cada nuevo y preciso momento de lo real en nosotros.  ¡Ay, si la herejía terminara con la baya! Surcan el tiempo los fulgores de un respirar tan íntimo, allí donde el recuerdo continuo opera la alquimia que transmuta al corazón liberado y termina así con su sueño.



jueves, 7 de marzo de 2013

Imposible olvido


“Lo que cuenta no es quién tiene razón
sino, sobre todo, quién manda.”
(Charles Lutwidge Dodgson)

 

 

La acción humana tiene lugar bajo un determinado número de grados de libertad o posibilidad, objetivamente dados, que condicionan la intención bajo la que se aplica toda voluntad. Así cada decisión, dentro de ese marco de referencia opcional, inicia rumbos alternativos hacia destinos diferentes que, una vez que han sido tomados, consideramos como los únicos que fueron posibles: “Así fue porque así lo quise.”

 
Toda idea imaginada sobre la que no se ejercita una perseverante y focalizada voluntad, difícilmente se materializa, de igual forma que las virtudes sin conocimiento (diseñadas por el enemigo) devienen naturalmente en vicios debilitadores que neutralizan nuestra capacidad de acción y reacción, garantizando la inercia programada.

 
Sin embargo, ni siquiera las más férreas anteojeras sistémicas impiden al corazón bien orientado hacerse recipiente de las más bellas formas, de las sutiles sonoridades que así nos despiertan y convocan a la acción recta, a la vivencia del instante como teofanía irrepetible que de un modo íntimo, inefable, se trazan a fuego en alma. Ese libro cordial ha de ser nuestra verdadera brújula dorada allende el tránsito de mundos y vidas. Certeza que guía, más allá de las muertes, nuestro anhelo. Dolorosa melancolía que hace imposible el olvido.
 
 
 
 

miércoles, 30 de enero de 2013

Trampa divina


“Partí así en pos del Templo
llevando por báculo la entrega,
el esfuerzo por lecho y la certeza por todo alimento.”
(Ibn Arabí, Futuhât 367)

 

 
 
Todo proceso de ascenso conlleva un necesario desprendimiento de lastre en el que el viajero abandona, así muriendo, sus ataduras, para alcanzar ese recóndito lugar, equidistante de los límites del universo, que mora en su corazón, acompañado de la más certera guía.


Allí donde la compasión tiene siempre la primera y última palabra, no hay otro destino que la felicidad. Allí donde hay espíritu, hay necesariamente vida. Sólo se debe confiar en el sabor de la propia experiencia, espejo divino que nada excluye desde la posibilidad infinita de lo real.


El más portentoso de los viajes no transcurre sino en el corazón del viajero, en cuyo sereno silencio se deja Dios atrapar, en reposo enamorado, para allí morar. Es entonces cuando al fin descubres que con la ansiada llegada, no termina la aventura, apenas se ha cubierto siquiera la mitad del extraordinario viaje que todos, sin distinción, heredan.
 
 

 
 

lunes, 14 de enero de 2013

Ex Lux, Dux

"Suele lo infinito
potenciar lo real
en lo finito."
(Jules  Doinel)







Toda vez que la esencia despierta en ti y comienzas tu búsqueda, basta con hacer lo que creas que te llevará a tu meta y, más de una vez, dejarte llevar por el sentido común, sin llegar por ello a atormentarte entre lo que quieres y no debes o debes y no quieres, ni sentirte siquiera protagonista del proceso en el que estás inmerso. Habrá errores: rectifica.

No aceptes mediación alguna entre tu y lo sagrado. Haz de tu vida rito; de la tierra, templo; de tu corazón, centro. Por encima de los desvíos, los tropiezos y las trampas que encuentres, prosigue ecuánime tu camino. Quiera el Eterno que, a su encuentro, reconozcas las bendiciones de todos aquellos que te precedieron y bendigas a su vez, con cantos y llantos, a quienes ya siguen la indeleble estela en tus pasos más certeros.




lunes, 5 de noviembre de 2012

Egocentramiento


“Impregnado,
como lana en la lluvia.”
(Ibn Arabí)

"Allí donde esté tu pensamiento
es precisamente donde tú estás,
todo tu ser está allí,"
(Israel Ben Eliezer)

 

 
Para vivir una vida plena, en primer lugar necesitamos someter la mirada que se haya totalmente atrapada en el ego, dejar lugar, espacio.


En el equilibrio reside la clave de la adecuada rectificación, la supresión de la auto importancia desmedida que nos desequilibra e incapacita para alcanzar la plenitud y, desde ella, la apertura del corazón que hace posible la relación, la entrega íntima.

 

La soledad nos ata, nos hunde y nos ciega. Es necesario salir de nosotros mismos, reconocer y reconocernos como uno en el otro. Anquilosados en el ego no somos nada pese a creernos el todo. Enfermamos.

 
La búsqueda del equilibrio es una tarea clave en un momento clave, allí donde la humildad nos permite reconocer que nada de lo que recibimos nos pertenece. Que somos abundantes, precisamente en la medida que no somos. Recuenta, que ha llegado el momento del repaso final. En la inminencia de prueba, haz camino. Mejor aún, danza, de manera que tu vida dé los frutos esenciales esperados.



sábado, 27 de octubre de 2012

Los difuntos y los santos

“El drama de nuestro mundo
surge de nuestro Espíritu
y en él vuelve a hundirse.”
(Milarepa)

“No os entreguéis a vuestra imaginación.”
(Nagarjuna)


“Nuestras huellas llegaron hasta la misma orilla.
Más allá, desaparece todo rastro.”
(Rumi)



Por lo general, llamamos "vida" a la experiencia anímica (del alma) de regreso a su Fuente, a través de un vehículo corporal de obsolescencia programada, por expreso deseo de ésta. Lo eterno desea ser re-encontrado, la Realidad quiere ser conocida. Somos viajeros trasportados en un cuerpo mortal por una angosta senda repleta de claroscuros, cuya meta es la luz, una luz que nos atraviesa y que, extraviados tanto de nuestro destino como de nuestro origen, atravesamos casi sin darnos cuenta. Este grado de auto-conciencia anímica (del alma) es el que verdaderamente nos diferencia.

La calidad (auto-conciencia) del alma se mantiene a través de un denodado esfuerzo de vigilancia sostenida. Lo contrario es alienación, transitar sumido en la ilusoria burbuja de una pseudo-realidad tan distorsionada como aparente que atrapa al alma, cuando sólo el sueño nos permite sobrevolar y escapar de las garras distractoras del sueño. Poner cada cosa en su sitio, desde el centro anímico (del alma) nos torna amables. Amable es aquel que verdaderamente saborea el tránsito entre zombis –profana compaña- porque verdaderamente sabe. ¿Quiénes son, pues, los santos, entre tanto muerto ambulante?


lunes, 3 de septiembre de 2012

Los hijos de Tzadok

“Si se nos hubiese permitido ver y captar
la vitalidad y espiritualidad en cada ser creado,
su parte física quedaría prácticamente anulada,
y se nos volvería así transparente.”
(Tania, Puerta de la Certeza)
 
"Debemos todos crear un mundo de ficción
en el cual sólo nosotros podamos vivir".
(Marcel Proust)
 






 
 
 
¿Cómo cabe encontrarse esperanza en la desolación? Cuando los desesperados, los perdedores, los vencidos, se dieron cuenta que no podían cambiar la realidad, entonces inventaron a Dios. Sólo en momentos de desesperación, de catástrofe, de necesidad, de urgencia existe la posibilidad de un Dios al que acudir, con el que tratar de conectar.

Así, aunque algunos creen que cesó toda posibilidad de revelación profética, los ángeles del Heijal aún revelan sus secretos a quienes ascienden a ellos. Poco a poco, aquella luz que quedó atrapada en los rincones del mundo, es ahora rescatada. Y, a nada que te esfuerces, tú mismo podrás encontrar esa luz en cada persona, en cada cosa. Y, desde ese mismo momento, en un instante, esa cosa, esa persona, desvelarán para ti su mensaje: se volverán entonces transparentes. Aquello que revela su verdadero significado (raíz) se vuelve a nuestros ojos medio, excusa, algo que, al cumplir su objetivo comunicativo, ya es por eso mismo del todo insignificante.

El paraíso no es pues un lugar: es ese estado. Un estado imaginal que siempre puede competir con el dolor, la angustia y el sufrimiento real que nos aflige. No importa que el universo entero esté en el exilio, que nada parezca tener sentido, sobre todo nuestro dolor, nuestro profundo sufrimiento. Siempre será posible así retornar a la eternidad si al menos uno sólo de nosotros recuerda anclar su corazón en la esperanza.
 
 
 
 

jueves, 2 de agosto de 2012

Nekudat Elokut


“Invisible a los sentidos
es la certeza del corazón.”
(Rumi)






La sensibilidad espiritual del corazón humano está implícita hasta en el pusilánime. No importa lo mezquina que sea tu alma. Se le ha reservado un tiempo y un espacio para llevar a cabo su misión. Cada uno de nosotros esconde un misterio. Es nuestra tarea el conseguir desvelar su esencia, más allá de las máscaras, y realizarlo. Alcanzar así la Sabiduría que nos desnuda y alcanza.

Nuestro corazón, como el núcleo de la palmera, es cambiante. Su ductilidad le permite girar sobre sí, fluctuar, agitarse, transformarse. Pero ese mismo afán transformador conlleva su potencial de serenarse, de cambiar hacia el sosiego, de abandonarse a la paz en la comprensión del cambio perpetuo del mundo: Shekinah.

Alma sórdida, conmuévete, para que tu corazón sea devuelto, volcado y revolcado hasta su total transmutación, en un día sin término, allí donde todas las cosas hablan y, tornándose vivas, se transforman en un umbral del ámbito espiritual. No hay mejor espera que la de la confianza.



domingo, 8 de julio de 2012

El hombre imperfecto


“No vivimos sino en un mundo imaginario,
que transcurre dentro de Su imaginación.
Sólo el Ser que imagina imaginar es Real.”
(Abdel Karim Al-Gili)




El hombre dormido, aquel que se sueña despierto, no desea despertar en modo alguno despertar de su sueño, desdeñando aquellos umbrales oníricos que le invitan, a través del símbolo, a despertar a lo Real: el velo, el reflejo de la alberca, el permanente juego de luces y sombras tras la celosía del alma. Distintos órdenes imaginarios que se suceden unos dentro de otros y conviven en simultaneidad, ya que el tiempo no es sino transcurrencia ilusoria.

El encuentro entre lo imaginado (nosotros) y Quien imagina, únicamente tiene lugar en la posibilidad que antecede al instante. En ese encuentro, que no es sino autoconciencia, reflejo, suceden todos los universos. Todo cabe.

Dios se sabe así, Imaginador Imaginado, por primera vez, cada vez que ello ocurre. Y es en aquel entonces soñado donde aquel hombre dormido, sueña que despierta. Y se sabe al fin sueño soñado. Y todo, por vez primera, una y otra vez comienza. Perfecto. Exacto. Simbólico. Como en un sueño.



viernes, 22 de junio de 2012

Del Alma y sus permanentes batallas


“Circuncidad, pues vuestro corazón, dejando paso al Eterno.
No endurezcáis ya durante más tiempo vuestra cerviz.”
(Deutenonomio 10, 16)

“Caminante, no hay camino.
Se hace camino al andar.”
(Antonio Machado)





El primer exilio no es sino el de llegar a la vida. Desde el mismo instante del nacimiento, libramos una batalla permanente contra todos nuestros malos instintos[1], que nunca terminan de ser completamente derrotados. Mientras dure nuestra vida, dura la batalla.  La mayor parte de los seres humanos viven engañados creyendo que su vida transcurre entre dos planos separados de realidad: la voluntad divina y la creación de ésta.

Mientras estas “dos realidades” permanecen divididas para nosotros, imaginariamente separadas, esa es la prueba de cómo actúa en también nosotros y se nutre el mal instinto. La madurez significa aceptar que un verdadero soldado está dispuesto a entregar la vida, proyecto de regreso. Decir orgullosos: “Aquí está mi alma, tan pura como cuando me enviaste. La protegí en cada batalla de la guerra. Ese es mi mérito.”

Pobres de aquellos que, quizá sobre emocionados por el saber espiritual, se olvidan de que las lágrimas no sustituyen en modo alguno a los pasos necesarios. No es un camino posible de degustar sin recorrer. Sólo entonces puede el anciano ver desde lejos, ya que fue al moverse físicamente desde el punto de partida como adquirió su Alma (hokma) sabiduría. Sólo así pudieron los oídos escuchar por primera vez, los ojos tener la capacidad de contemplar su rostro y un (único) corazón, ya circuncidado, para saber al fin de qué iba todo esto de morir y nacer.






[1] Yetsé yarrá

miércoles, 20 de junio de 2012

A coger el "trébole"...

"Durante su peculiar periplo terrestre,
el destino superior del Alma es Conocer:
descubrir en sí la inmortal llama
de la Esencia Divina."
(Pitágoras de Samos) 






Sólo los necios, quizá por miedo a perder su espejismo de control o tal vez por simple y llana pereza, confinan el Alma a los límites espacio-temporales, renegándose a aceptar tantas evidencias contrarias, por entender que toda “señal” que no esté bajo su total dominio (esto es, amañada) atenta directa o indirectamente contra sus intereses particulares o, lo que es peor, alimenta de alguna manera los del contrario. ¿Cómo si no cabe interpretarse la irreverente micción de un perro?

Siendo foráneo a Esparta, no te fíes ni un pelo de los espartanos, ni aún si se diera el caso (sobre todo si se diera) de que te recomendasen que desconfíes de ellos. Estos griegos, hasta cuando descansan del vicio de conspirar contra Persia, es que algo traman. A ver si se les ha pasado por la cabeza hacer caso al inquieto de Ulises, maestro de los mil ardides, y van a introducir un gusano-troyano en los ordenadores del Nagual. ¡Tendría gracia la “llama”!

En tiempos de irremediable recortes como los que sobrevivimos, a fuer de lograr al menos por una vez un “sin-cero balance”, no compensa ni sale a cuenta el malgastar nuestra valiosa segunda atención, que ha de estar centrada en más jugosas y rentables “mesas financieras”. Y, no digamos, la tercera, ahora que se aprestan a proliferar los fuegos de don Juan.

No te rindas, ni te apartes a un lado, por difícil que se te ponga el camino que te eligió. El viento en contra viene cargado de ceniza, para avivar así la llama indestructible de tu corazón: ¡Mira cómo arde!



lunes, 18 de junio de 2012

De umbris idearum


“Al ver su sombra desde el celeste vuelo,
algunos pájaros creen que se siguen
arrastrando por la tierra.”
(Marsilio Ficino, Ad Hominum Genum)

“El Alma actúa sobre el cuerpo y le modela,
así nuestros actos son su sombra:
en modo alguno se limita o circunscribe a él.”
(Giordano Bruno, De Magia)





Plotino coloca al Alma en el centro mismo de la realidad, allí donde hoy nuestra avanzada ciencia no sitúa sino el soma neuronal, la physis bioquímica o la polis sociológica.  Muy por el contrario, el autor de las Eneadas la sitúa así en la categoría de Principio (arch) autónomo y la atribuye una fuerza (dunamis) causal propia. Como repiten Ficino y Bruno, son las sombras de las ideas las que otorgan alguna realidad y forma a las cosas. El universo físico es una suerte de “engendro mental”. Afirmaciones como ésta resultan repulsivas a cuantos han sido abducidos por el cliché de la modernidad tecnocrática, inconscientes de la luz que crea la sombra de su actual ceguera y la torna -“hace”, “modela”, “construye”- real.

Al preguntarnos sobre la naturaleza del Alma, más nos valdría reflexionar sobre la esencia de aquello que es otorgador de naturaleza, es decir, trabajar a la inversa, ponerlo todo “patas arriba”. Entender que lo que llamamos tejado, no es sino la quilla de una nave celeste que fue concebida para surcar los cielos, no para afincarse en réditos bien terrenales. No se hizo el barco con la intención de mantenerlo permanentemente atracado a puerto. El puerto no es sede, sino tan sólo punto de partida. La llegada es “otra cosa”.

La verdadera psicología (ciencia del Alma), conduce inexorablemente a la teología (ciencia de lo divino), de la que se regresa filósofo (amado por la Sabiduría) con una ética y estética que sólo resultan familiares a quienes han saboreado el tránsito en primera persona y murieron tras la experiencia. No se puede llamar mero “psicologismo” a un viaje que ha de comenzar necesariamente en el descubrimiento del puerto del propio Alma, que tiene en la sombra del Alma que somos cada uno de nosotros, su verdadero origen. Como descubrió Marco Polo, algunos prefieren el relato del viaje a sus riesgos y penurias, para así presumir que alguna vez viajaron, cuando su vida no tuvo más aventura que los intersticios de su propia farsa. Tuvo más suerte el pájaro de la cita, ya que aquel al menos volaba. Estos creen hacer ciencia, cuando sólo se arrastran. Más les valdría a los nuevos aprendices de psicólogo dejarse de actos reflejos, umbrales de percepción y recurrencias estadísticas, de obcecarse en acumular hechos y datos "objetivos"... y empezar a leer a Plotino.




domingo, 17 de junio de 2012

Sacrosanta celda


“La Naturaleza gusta ocultarse.”
(Heráclito de Éfeso, 123)
 
“Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor es Uno.
Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma y con todas tus fuerzas.”
(Deuteronomio 6, 4-9)









Los arduos caminos de experiencia, a través de un largo proceso de ensayo error, conducen a la maestría del viajero caminante, cambian su mirada, la abren a mundos que, hasta llegar a ser tanteados, explorados y conocidos, sólo parecían irreales a la aventura de la conciencia.

Los sistemas de creencias han de ser destruidos y reconstruidos sin tregua. Cada esquema que parece definitivo solo es aquel que tarda más en ser redefinido y replanteado. Cada verdad lo es en la medida que es provisional, transitoria aquella que una vez sentimos como certidumbre y hoy descubrimos certera contradicción. Tanta impermanencia resulta psico-depredatoria, no hay ego que se resista. Nos vuelve dóciles, indefensos, sumisos.






¿Dónde queda nuestra autonomía? ¿Dónde fue el pensamiento libre? ¿A quién o a qué extrañas fuerzas pertenece el diseño de nuestra actuales creencias, nuestra idea de lo que está bien o mal, de lo correcto o incorrecto, nuestros gustos y costumbres? ¿Quién o qué estableció nuestros sueños, nuestras expectativas, nuestras esperanzas, nuestro sentido del éxito o  fracaso? ¿Nuestra complacencia, nuestros deseos y miedos, nuestra cobardía, nuestra avaricia, nuestro “nuestro”?

Arcónticas sombras fugaces sobre el barro, intrusos que se adueñaron de nuestra voluntad para ser nuestra voluntad. Incapaces ya de reconocerlas, interceptado como está nuestro nous, cautivo y desvirtuado, nos consolamos, acostumbrados a su inflexible y vampírico mando, llamándolas “mi mente, nuestra mente”, sin percibir la invisible sintaxis de la colmena forastera que nos conforma. Ahora dicen que las pinturas de Altamira, fueron pintadas por chamanes neanderthales, en absoluto silencio, mucho antes de que llegara el Nuevo Orden Mundial: ¿Con qué intención? “¡O tempora, o mores!”





Memoria creadora, memoria traidora

“No puso el Eterno dos corazones,
en las entrañas del hombre.”
(Qurân 33, 4)

“Un suspiro (Alma) tu existencia:
sea en tu favor, no en tu contra.”
(Ahmed ben Aliwa)





Silenciosa pero inexorable, a todo ser humano le llega una última hora, aquella en la que habrá de recoger –ya sin excusas- el fruto cierto de sus afanes, que no siempre irá a la par del de sus anhelos. Por más que así nos parezca, ninguna vida es del todo malgastada. “Nunca el tiempo es perdido…” nos recordaba la canción.

Cada pulso testificará ese día, cada respiración será interrogada, cada intención medida, cada pensamiento sopesado. Nada será despreciado o echado en falta. Todo comparecerá aunando la precisión de la víctima, el victimario y los testigos de ambos. Finalizada la obra, la neutralidad está garantizada por la memoria cordial.


Juicio, sentencia y veredicto: todo en un instante radical, preciso como una espada. Sin miedo. Sin deseo. Nadie guardara, toda vez que ella hable, recuerdo de esa memoria -tan traidora como creadora- irremediable. De tanto despreciarlas, nos condenaron las formas, nuestro pecado no fue menor por transcurrir en un sueño de perpetuos renacimientos. Final y comienzo, indicios de eternidad. Ahora que ya estamos muertos, sin miedos ni deseos, trazará el corazón un puente certero sobre el abismo de la memoria. "Nunca el tiempo has perdido..."







sábado, 16 de junio de 2012

Amar cada espacio


“No se conoce a nadie por lo que piensa,
sino por lo que verdaderamente ama.”
(San Agustín, Confesiones)
 
“Quien persevera en su locura,
terminará siendo sabio.”
(William Blake)





Este miniblog ha tenido la fortuna de ser elegido por “Musgo de estrellas”, un blog de los de verdad, especializados en la supergalaxia Zen. Resulta esclarecedor y reconfortante  acercarse allí, de cuando en cuando, o siempre que resulte necesario, para encontrar así inspiración y la paz presente que de ella –toda vez que estemos abiertos- emana reparadora. En un post reciente, se habla del miedo y la inseguridad como pecados de extravío. Pero lo que más me llamó la atención fue el modo en que reclamaba gratitud, allí donde habitualmente, en ese estado zombificado al que también se hace referencia, no solemos entenderla debida.

Hay instantes en la vida de todo ser humano los cuales, plenos de misterio, al asalto en medio de la nada, requieren de toda una exégesis, santifican al demonio de nuestro sagrado egoísmo y le hacen entregar dócil sus ígneos secretos. Pero la visita de tales obnubilados instantes, mágico encuentro entre miradas y opuestos, siempre nos bendice en un lugar, tan humilde y silencioso que tras acogernos, pasa desapercibido. Toda nuestra asombrada gratitud se la lleva el instante. Nada queda para el mudo aquí creador que lo ha hecho real, posible.



Nuestro anhelo de lo divino reposa sobre el perfume invisible del lugar, que nos acoge con tal perfección que no perturba ni la visión ni la memoria, que no se entromete, que no reclama protagonismo alguno y no se cansa. No transcurre, nos deja ser en él. El lugar nunca falla, nunca abandona, nunca reniega y desiste como tantas veces nosotros. Disponible siempre, promesa necesaria y desinteresada. Hay en él mucho más que una moral, que una ascesis, más que una doctrina y más que una experiencia: nos acoge. Aquí está la llave de la restitución del hombre y del mundo en lo Eterno.


Ser conscientes de que torpes o diestros, dormidos o despiertos, todos ocupamos a cada momento un espacio que no siempre amamos. Un lugar que hace posible aquello que nos importa, donde nuestra Alma rompe sus ataduras, donde nuestro corazón late más allá de sus límites, donde –al asentarse serena- se renueva mágica nuestra mirada y, con ella, el mundo, la existencia. Donde descubrimos lo pequeños y mezquinos que pueden llegar a ser nuestros más ambiciosos sueños. Donde sabemos que somos posibles, porque tenemos espacio. Un espacio amable desde el que aprender a acoger sin prejuzgar, desde el que descubrir lo que significa “amar” y “ser amable”. (Gracias, Ane)