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sábado, 2 de marzo de 2013

Medir la conciencia


“Amo a quienes unidos me aman.”
(Proverbios 8, 17)

 

 
 

¿Cómo medirnos la conciencia, cuando cada día asumimos que el abismo se ensanche más y más entre nosotros? ¿Acaso hemos olvidado que el silencio entre dos notas, del modo más misterioso, las une para siempre en nuestra alma? ¿Sucumbimos de nuevo a la llamada del pasado que intuimos en el canto de las sirenas?

 
Quizá nuestra vida no nos pertenece. Del vientre a la tumba, estamos unidos a cuantos nos precedieron en el pasado, a cuantos acompañan hoy nuestro presente. Así, en cada crimen cometido, en cada gesto amable, alumbramos también, de un modo irremediable y preciso, sin saberlo, nuestro futuro.

 
No suele ser buen esclavo quién recorrió las vidas y los mundos. Incluso ahora que las mismas fuerzas ocultas que mueven el mundo agitan nuestros corazones y se revelan certeras en nuestro interior,  guiando por la senda del eterno retorno de nuevo nuestros pasos. Antes de que podamos darnos cuenta, regresamos al ara del sacrificio.
 
 
 
 

jueves, 8 de noviembre de 2012

Confusión de lenguas


“Inexpresable es todo aquello
que se muestra a sí mismo.”
(Ludwig Wittgenstein, TLF 6.522)
 
Quien quiera controlar a un ser humano,
deberá controlar antes su pensamiento.
Quien quiera controla el pensamiento,
deberá controlar el lenguaje.
Sobran las palabras.
(George Orwell, 1984)

 

 
 

La estrategia disuasoria de confundir lenguas y atropellar la riqueza semántica de los vocablos -desde los tiempos idílicos babilónicos hasta nuestros aciagos días- ha cobrado un diabólico énfasis eufemístico inusitado, deformándolos, invirtiéndolos o desplazándolos de la forma más perversa y tanto como sea posible.

Términos como “espíritu”, “metafísica”, “esotérico” o “intuición” han caído de lleno en el campo semántico de la psicopatología moderna, como formas más o menos disfrazadas del delirio. Otros, como el de “iniciación”, han sido muy convenientemente desplazados desde el ámbito de la psicología religiosa al de la psicología social o grupal, como pauta descriptiva de comportamientos mafiosos o sectarios.

La tiranía del lenguaje también ha desechado términos como "inefable", dado que la modernidad entiende que no existe nada de lo que no se pueda hablar, si no es como fase previa a su confirmación o posterior desecho como hipótesis de trabajo empírico. Wittgenstein tenía, quizá a su pesar, razón al concluir ¡con palabras! la esencia de su mítico Tractatus. No queda otra: Silencio metódico, ergo, tradicional. Así pues, no haga ningún caso a lo leído y, por lo que más quiera, no se le ocurra tirar la escalera, después de haber ascendido por su atenta lectura (no vaya a ser que luego prefiera volverse a bajar y no encuentre cómo).