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jueves, 10 de octubre de 2013

Contaba el abuelo...

“A menudo la senda que desciende
es el mayor atajo para elevarse.”
(Juan Matus a Castaneda)




Según aprendí de Gurdjieff, nadie puede rezar a Dios hasta que, primero, encuentre su propia alma y, luego, Le descubra en ella. Es un asunto de experiencia y certeza. Todos los dioses mentales, mal que le pese a la escolástica tomista no son sino vacuos ídolos. Pensar sobre Dios no puede traer más que desgracias o, peor aún, religiones.

Muy al contrario de lo que solemos (o nos hacen) creer, el ser humano es manejado por sus pensamientos y se encuentra a merced de ellos, ya que gozan de una mayor autonomía que la de cualquier ser vivo. Sólo quién descubre el modo de acallar los pensamientos que, a diario, le poseen y zarandean, descubre en el silencio interior la Palabra encarnada.


Sólo quién se ha ejercitado y adquirido maestría en el dominio de sus anárquicos y tiránicos pensamientos, “voraces inmortales”, ha descubierto, al fin, su facultad divina. Franqueado el puente hacia la vida, nada vuelve a ser como antes. Ni para quien supo franquearlo, ni para nadie.




miércoles, 20 de junio de 2012

A coger el "trébole"...

"Durante su peculiar periplo terrestre,
el destino superior del Alma es Conocer:
descubrir en sí la inmortal llama
de la Esencia Divina."
(Pitágoras de Samos) 






Sólo los necios, quizá por miedo a perder su espejismo de control o tal vez por simple y llana pereza, confinan el Alma a los límites espacio-temporales, renegándose a aceptar tantas evidencias contrarias, por entender que toda “señal” que no esté bajo su total dominio (esto es, amañada) atenta directa o indirectamente contra sus intereses particulares o, lo que es peor, alimenta de alguna manera los del contrario. ¿Cómo si no cabe interpretarse la irreverente micción de un perro?

Siendo foráneo a Esparta, no te fíes ni un pelo de los espartanos, ni aún si se diera el caso (sobre todo si se diera) de que te recomendasen que desconfíes de ellos. Estos griegos, hasta cuando descansan del vicio de conspirar contra Persia, es que algo traman. A ver si se les ha pasado por la cabeza hacer caso al inquieto de Ulises, maestro de los mil ardides, y van a introducir un gusano-troyano en los ordenadores del Nagual. ¡Tendría gracia la “llama”!

En tiempos de irremediable recortes como los que sobrevivimos, a fuer de lograr al menos por una vez un “sin-cero balance”, no compensa ni sale a cuenta el malgastar nuestra valiosa segunda atención, que ha de estar centrada en más jugosas y rentables “mesas financieras”. Y, no digamos, la tercera, ahora que se aprestan a proliferar los fuegos de don Juan.

No te rindas, ni te apartes a un lado, por difícil que se te ponga el camino que te eligió. El viento en contra viene cargado de ceniza, para avivar así la llama indestructible de tu corazón: ¡Mira cómo arde!