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domingo, 22 de septiembre de 2013

Perlas de Indra

“Los dioses que rigen la vida son los metros:
todo se sostiene aquí y ahora gracias a ellos.”
(Rig Veda)
 
“La trama sobre la que todo se teje
(incluso el akásico campo escalar)
es la medida, verdadera sílaba divina.”
(Yajnavalkya, Shatapatha Brahmana)

 


Si la felicidad es tan contagiosa, como ahora dicen, rodearse de personas felices aumentaría considerablemente nuestra probabilidad de contraer tan fatal enfermedad y mostrar así sus perversos síntomas: la sonrisa natural, la perseverancia, la capacidad de encontrar el lado positivo a cada situación y celebrar los pequeños triunfos cotidianos, el gusto por los placeres sencillos, por hacer el bien y ayudar al prójimo desconocido, dejándose llevar por la buena música y las conversaciones de corazón a corazón, donde escuchar al otro significa desconectar del torrente dominante y detenerse a bucear en su mirada con la nuestra, desde un mismo y único espíritu, caminando, riendo y soñando en un sendero de vida compartida.

Ya no sería necesario ver películas tristes, comer carne roja, pelear con nuestros músculos hasta caer rendidos en el gimnasio, viajar en metro o tener que pensar siquiera en nuestra condición mortal nunca más. Si la felicidad fuera tan contagiosa, podríamos tener incluso la alucinación de encontrar un Buddha en el camino y, como señalan los sabios Zen, tendríamos que armarnos de suficiente valor para... matarlo. Después de todo ¿quién quiere ser esclavo de su felicidad?

 

 
 
 
 

sábado, 30 de junio de 2012

Estrella flamígera

“Y señalando el Maestro le dijo: Judas,
aquella que ves refulgir en el cielo,
también es tu estrella.”
(Evangelio de Judas)

“Tras oír hablar de él, quise ver aquel maravilloso laberinto
construido por Amenemhat III junto al lago de Osiris
con mis propios ojos. No recuerdo nada tan prodigioso.”
(Herodoto, Historia II, cap. CXLVIII)









El sol, la estrella eje del sistema planetario al que pertenecemos, oculta con su cegadora luz el verdadero rostro del cielo, un pergamino negro salpicado de estrellas distantes (no cegadoras) que configuran un mapa paraidólico que ha fascinado desde siempre a sus observadores. Todas las civilizaciones que se han ido sucediendo a lo largo del devenir de nuestra especie, han tratado de fijar, en vano, su temporal dominio hegemónico reproduciendo ese mapa estelar nocturno, atando, por así decirlo, la voluntad del cielo a la de la tierra, a través de toda una serie de construcciones que sobrevivieron a la decrepitud de sus constructores, para deleite y asombro de nuestra mirada incrédula. Pasaron los arquitectos y tronos, permaneció su obra, pétreo calco del cielo, sobre la tierra. Nosotros, pasajeros efímeros de este espurio afán de fijar el cielo verdadero (nocturno) sobre la tierra, así lo atestiguamos sobre los ceros y unos de este post, también en vano.



El cielo nocturno es inmenso, el número de las estrellas que sobre este oscuro tapiz refulgen también lo es. ¿Cómo entonces diseñar aquellas paraidolias que sobrevivan pues a la arbitraria elección de sus factores, permaneciendo como constelaciones en la memoria de los hombres que se sucedan guerra tras guerra? Así nacieron los mitos, así aún permanecen en nuestro imaginario colectivo, poblando más las “wikipedias” y las vanidades internaúticas, que nuestras perezosas y inutilizadas memorias. Pocos de cuantos sondean su destino inmediato en las columnas del horóscopo, tienen noticia de que este se haya muy desfasado. El cielo real no muestra la constelación bajo la que creen que nacieron. La cifra, una vez más, se desfasó con respecto a la circunvolución real de las “imaginarias agrupaciones de astros” a las que un día etiquetamos como constelaciones. Las estrellas siguen ahí, pero los hombres hemos (no sé si de manera "totalmente" voluntaria) olvidado ya el mapa.



Todo mapa pretende unir (al menos) dos puntos. El de partida (que permanece ignoto), pero al que podremos arribar (toda vez que contemos con los medios necesarios) yendo hacia atrás, y, claro está, el de llegada. Todos los indicios nos llevan a concluir que ¡nosotros fuimos un día los verdaderos extraterrestres! y, mal que bien, como pudimos y con ayuda de la pertinaz y sabia maniobra psico-genética, nos adaptamos al islote cósmico en el que nos hayamos. Así la tierra nos recuerda nuestra “tierra primigenia” y el sol prestado actual, “el verdadero sol de que provenimos”, el que aparece al otro extremo del mapa: el Origen.







Uno de los más, no sé si acertados pero cuánto menos, interesantes rastros de “ese Origen primordial” es el que ha encontrado Wayne Hershel en 2002, y lleva desarrollando desde hace ya diez años, rastreando los mapas “monumentales” que aparecen no sólo en nuestro planeta, sino en nuestro satélite e incluso en Marte. Sus “increíbles” evidencias de correlación pueden ser contrastadas por el lector en cuatro diferentes ámbitos:


1.- Agrupaciones arquitectónicas arqueológicas: Triangulación de los túmulos de Stonehenge, Winterbourne y Lake (Inglaterra); templos y pirámides (Egipto); túmulos de Maliik Sha (Persia); enterramientos de Xiaoling (China); Angkor (Camboya); complejo de Lalibela (Etiopía)

2.- Agrupaciones arquitectónicas modernas: Alineación Iglesia de San Pedro con el Castillo de Santángelo (Roma); alineación Casa Blanca con Obelisco (Washington)

3.- Símbolos y tradiciones: Trinidad, sello de Salomón, relieves sumerios, tumba Semnu y zodiaco de Déndera (Egipto), pinturas rupestres en Lascaux, grabados Cherokees, manuscrito Voinich, disco de Neba, tapices masónicos

4.- Exoplanetas: Área de Medina Sidonia (Marte)



La ruta visual desde la tierra (observatorio astronómico) a través del cielo nocturno sería una línea recta imaginaria que “une” Canis Mayor, Sirio, el triple cinturón de Orión (3), el Aldebarán de la quíntuple constelación Tauro (5) y esquina superior de las septenarias Pléyades (7), conocida por los egipcios como “Pierna de buey”. Desde esta esquina, aparece un triángulo mágico donde hay dos estrellas muy distantes (de nosotros y entre sí) que esconden sistemas planetarios interesante como hipótesis de nuestro origen. Los astrónomos las han etiquetado con los códigos HD283271 y HD282943, respectivamente. Sólo nos queda por desarrollar la tecnología de vuelo e hibernación necesarias, con que nos trajeron hasta aquí, y volver a ver qué ha sido de nuestros ancestros. ¿Cómo será eso de volver a casa? Se admiten hipótesis. Si no has oído hablar nunca de Wayne Herschel (hasta ahora), ¿tienes el valor de preguntarte por qué? Si tienes más curiosidad, aquí tienes su fascinante página. ¡No te la pierdas! Todo un cerebrín.




sábado, 16 de junio de 2012

Amar cada espacio


“No se conoce a nadie por lo que piensa,
sino por lo que verdaderamente ama.”
(San Agustín, Confesiones)
 
“Quien persevera en su locura,
terminará siendo sabio.”
(William Blake)





Este miniblog ha tenido la fortuna de ser elegido por “Musgo de estrellas”, un blog de los de verdad, especializados en la supergalaxia Zen. Resulta esclarecedor y reconfortante  acercarse allí, de cuando en cuando, o siempre que resulte necesario, para encontrar así inspiración y la paz presente que de ella –toda vez que estemos abiertos- emana reparadora. En un post reciente, se habla del miedo y la inseguridad como pecados de extravío. Pero lo que más me llamó la atención fue el modo en que reclamaba gratitud, allí donde habitualmente, en ese estado zombificado al que también se hace referencia, no solemos entenderla debida.

Hay instantes en la vida de todo ser humano los cuales, plenos de misterio, al asalto en medio de la nada, requieren de toda una exégesis, santifican al demonio de nuestro sagrado egoísmo y le hacen entregar dócil sus ígneos secretos. Pero la visita de tales obnubilados instantes, mágico encuentro entre miradas y opuestos, siempre nos bendice en un lugar, tan humilde y silencioso que tras acogernos, pasa desapercibido. Toda nuestra asombrada gratitud se la lleva el instante. Nada queda para el mudo aquí creador que lo ha hecho real, posible.



Nuestro anhelo de lo divino reposa sobre el perfume invisible del lugar, que nos acoge con tal perfección que no perturba ni la visión ni la memoria, que no se entromete, que no reclama protagonismo alguno y no se cansa. No transcurre, nos deja ser en él. El lugar nunca falla, nunca abandona, nunca reniega y desiste como tantas veces nosotros. Disponible siempre, promesa necesaria y desinteresada. Hay en él mucho más que una moral, que una ascesis, más que una doctrina y más que una experiencia: nos acoge. Aquí está la llave de la restitución del hombre y del mundo en lo Eterno.


Ser conscientes de que torpes o diestros, dormidos o despiertos, todos ocupamos a cada momento un espacio que no siempre amamos. Un lugar que hace posible aquello que nos importa, donde nuestra Alma rompe sus ataduras, donde nuestro corazón late más allá de sus límites, donde –al asentarse serena- se renueva mágica nuestra mirada y, con ella, el mundo, la existencia. Donde descubrimos lo pequeños y mezquinos que pueden llegar a ser nuestros más ambiciosos sueños. Donde sabemos que somos posibles, porque tenemos espacio. Un espacio amable desde el que aprender a acoger sin prejuzgar, desde el que descubrir lo que significa “amar” y “ser amable”. (Gracias, Ane)



viernes, 9 de diciembre de 2011

¿Despertar a un mundo en llamas?

“Habeis pronunciado los sagrados nombres del Eterno una y  otra vez,
habeis guardado en los resquicios de vuestra memoria retazos de textos sagrados,
sin conseguir por ello desvelar el sentido del secreto, la esencia del misterio oculto.
Vuestra práctica es impostada y solo ha conseguido aumentar vuestra avaricia,
afilar vuestro apego a las cosas mundanas.
Ninguno de los libros que presumís haber leido ha conseguido calar en vuestra alma,
 rozar siquiera la cáscara de vuestro brutal ego.
Pues sólo a los elegidos les cabe dar muerte a estre ladrón interior
que saquea la propia casa donde vive y encuentra diario cobijo.”
(Hazrat Sultan Bahu)

“Podemos definir la Magia como la capacidad de hipnotizar a un colectivo
para hacerle percibir como real todo aquello que sólo aparenta serlo.
En nuestros días conocemos a esta clase de hipnosis colectiva
bajo otro nombre mucho más poderoso que nadie en su sano juicio
se atrevería a relacionar en modo alguno
con el primero: Método científico.”
(Edward Alexander –Aleister- Crowley)




Ardua tarea la que se nos plantea, vive Dios, esta de sanar el Alma enferma del Mundo. Por suerte, no estamos solos ante tamaño desvarío, pues hay personas para las que lo divino representa el centro de su toda existencia, esto es, ocupa el lugar central de su Corazón, allí donde mana el Amor que abre desde dentro todas las puertas, aquel que otorga la Paz profunda y la Verdadera Luz del Conocimiento. Deseosos de regresar a casa y de hacerlo en vida, se entregan a la noble tarea de conocerse a sí mismos, sabedores de que sólo esta experiencia de auto conocimiento es la que procura aquella otra que tanto anhelan, la experiencia de Dios, un Dios que les resulta demasiado grande como para quedar confinado en al ámbito restringido de una práctica espiritual que excluya a todas las demás  Esto es, permanecen demasiado absortos en el Eterno como para perder el tiempo despreciando a Su adversario.


 


Su pequeño gran secreto radica en recolectar cada año los frutos “de temporada” de ocho (ni una más ni una menos) prácticas muy activas, allí donde parece no suceder (wu wei) “prácticamente” nada. Toma nota, si ese es tu deseo:

1.- Un esfuerzo perseverante por darse cuenta de cada respiración (conciencia del ahora).
2.- Ejercicios de descontaminación (desprogramación, renuncia) de la hipnosis colectiva profana (variados gestos purificatorios)
3.- Un centramiento meditativo (desarrollo de la conciencia “Lunar”, Mercurio)
4.- Un contacto con lo divino (arrebato, desarrollo de la conciencia “Solar”, Azufre)
5.- Una familiaridad con dicho contacto en la vuelta a lo cotidiano (androginia, humano “dual”, conciencia unificada, magisterio, cuerpo astral, Cinabrio o Sulfuro de Mercurio), esto es, estar en el mundo pero sin ser "del mundo".
6.- Reunión con (al menos) otros seis “Humanos”, esto es, aquellos que han unificado en sí lo dual.
7.- Comunión (unión en común), conspiración (respiración común): conciencia crística, cuerpo “Causal”... es lo que tiene eso de respirar de forma consciente junto a otros, en Unidad de Intención.
8.- Testimonio directo, “Conciencia mártir” (testigo): GNOSIS que mira al suelo con la humildad de quien tiene el Corazón en el Cielo, y da cada paso sin más afán o voluntad que la de poner su pié en otras huellas.



 



Ocho vértices de un cubo, seis caras debidamente reunidas (dos a dos) que tienen un único centro y todas ellas forman un cubo o Templo Virginal en donde el Eterno cobra Presencia y Actua (o Causa) lo creado: Kaaba. Así ha sido –y está siendo- desde el Origen de los tiempos. Siete pliegues en el "vestido" de Sol una Señora con la Luna a sus piesl... que diría San Juan, en su Revelación.


La palabra clave de esta “curiosa” óctuple enumeración para el atento observador es (seguro que la has acertado): Conciencia, conciencia de Sí como puerta interior a otro tipo de estados de conciencia más ¿sofisticados?. Conciencia. Toma (allí dondequiera que la encuentres) Conciencia. No pierdas el tiempo en entretenimientos vanos. Quien se conoce a sí mismo –hasta Ese Punto-, conoce a Su Señor en esta encarnación, el Cielo en vida, un verdadero anticipo de la Isla de los Bien “Aventurados” en la intimidad del Eterno. Así ha sido y así seguirá siendo, Dios mediante, para los Limpios de Corazón. Si de verdad te gustan las finanzas, respira hondo, toma Conciencia Plena de ello y, -para variar- "haz" Números!



 



Por extraño que pueda parecerle a algunos, aún quedan "burkinas" agrupándose en familias, allende las fronteras del conocido país del África Occidental. Allí donde acampan ignotos, como vienen haciendo con exquisita discreción a lo largo del cansado transcurso de los siglos, se restablece  y renueva el vigor, toma su asiento (cátedra) la Virtud, cobra más fuerza el antídoto y se vuelve activo el Principio de sus virtudes antígenas que resultan de todo Punto polares, que no populares, verdadero Centro de Salud, asistido tan sólo por dos eficaces e discreción imprescindibles ayudantes, a los que se suma el gentil apoyo de los cuantos los asisten y de otros muchos tantos -no menos activos- que van por libre.

Verdaderos Humanos de Oro, valga la redundancia, a los que en vano y mal que le pese al Príncipe del Mundo, han tratado de imitar cuantos famosos y notables sucedáneos llegaron a creerse el disfraz, sin ser capaces, empero de olvidar el macabro trasunto de haberse un buen día disfrazado, jugando a ser o parecerse ("such a" que dirían los sajones)–al menos lo que dura el fugaz aliento inconsciente una breve existencia, una vida transformada en mueca-, ataviados con el áureo disfraz, como dioses.

El remedio actúa lenta pero inexorablemente sobre la brutal pandemia que asola nuestras almas contritas. Y así lo experimenta también el Alma del Mundo, que siente como se libra esta brutal y feroz agonía en sus maltrechas entrañas. El ahora desconcertado Egregor que a duras penas la posee, se resiste a cambiar de costumbres, negándose a prescindir de semejante chivo expiatorio y a abandonar de modo definitivo a su “legítima” y "sabrosa" presa, tratando de resolver semejante disonancia cognitiva de un modo expeditivo y con toda la furibunda violencia de que es capaz en nuestros días, ya que le parece responsable y necesario: “Delenda est Humanitas”, pues en su más recóndita médula siente por primera vez el amargo sabor del miedo.



El miedo de saberse tan grande como ilusorio; el miedo a su irremediable disolución salina en un Océano de Paz, Armonía, Luz y Conocimiento; el miedo de retornar a la Fuente; el miedo a volver a Verdad y regresar a Casa, pues ciertamente, de Dios somos y a el regresamos:

¿Qué será cuando descubra que su virtud que no era sino virtual ha quedado totalmente desvirtuada en su insustancialidad? ¿Qué será de su ponzoñosa mordaza cuando el Alma del Mundo, ahora ya convaleciente, resulte finalmente sanada, quedando restablecida y de nuevo liberada? ¿Cómo acostumbrarse a ser no-ser? ¿Cómo afincarse y obtener rentabilidad de la inagotable Nada, siendo efímera y transitoria creatura, huella sin Huella? ¿Cómo resignarse a no ser ya nunca más Imaginación sino tan sólo mera apariencia imaginaria?

¿Cómo despertar a un mundo en llamas? Pero ¿es que arde el mundo o únicamente nos lo parece?  Tal vez habría, en Realidad, que despertar "del" mundo. Quién lo conoce lo sabe. Debe tratarse de esos trastornos alucinatorios característicos que de suyo suelen acompañar a ciertos estados transitorios de conciencia, como el de la alta –y sanadora- fiebre.