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lunes, 18 de junio de 2012

Ne scire


“Recién despierta, no puede mirar del todo las cosas brillantes.
 Hay que acostumbrar, pues, al Alma a mirar por sí misma.
 (Plotino, Eneádas I, 10)

“La alegría perfecta excluye el sentimiento mismo de la alegría,
pues en el Alma colmada por el objeto
no hay rincón disponible para decir: yo"
(Simone Weil)







Una ciencia que preferencia lo aparente frente a lo real, que confunde sensible con sentido, magnitud con medida y correlación con control, no puede ser sino tachada de alucinatoria. Sólo bajo un estado de conciencia delirante puede llegar a creerse la falacia que dependencia tecnológica y potencial humano son conceptos ligados, un espejismo materialista del que ya hicieron gala estoicos y epicúreos, incapaces de asimilar la identidad entre incorpóreo y real, que la forma provenga de lo informe, y el acto de la vacua potencia. Parece de sentido común la precedencia lógica entre inteligencia y materia. Pero el sentido común no abunda tanto como pretenden hacernos creer las herramientas “estadísticas”, tan infectadas de medias, modas y perversiones típicas como pueblan –metastizan- el cáncer terminal del Estado.


La conciencia creadora ha de ser necesariamente anterior al Universo creado. La conciencia de lo creado, parte necesaria de este creado Universo, guarda una mayor proximidad a la fuente. Antes y después, causa y causado, espacio y tiempo en su idéntica relatividad se reúnen, toda vez que sepas verlo con claridad. No te obstines en el “ne scire” de los necios. Deja que la verdad abra tu mente, para que puedas así verla “cara a cara”. El espacio imaginal carece de espacio y, por ende, de tiempo. ¿Dónde y en qué momento cabría la osadía de tratar situarlo? ¿Cómo hablar de aquello que precede a todo “discurso” y es además su fuente? No se puede hablar del Alma, cuando no es sino ella quien habla, previa al logos, tras la palabra.


No le perdonaron a Sócrates el agravio comparativo de su lucidez, los que presumían de saber, y en el ágora se ponía de manifiesto que no sabían tanto. ¿Cómo entonces justificar las abundantes dracmas con que habían de dotarse los pingües salarios? Difícilmente. No creo en la ciencia que se utiliza para recortar los presupuestos de una ciencia en la que tampoco creo. Perdónenme: soy bastante escéptico. Y al serlo, “creo” estar en lo cierto. Tropel enajenado que dicen actuar y “recortar” enarbolando la razón. Psicópatas deshumanizados abducidos por el “ajuste presupuestario”, que llaman a la codicia “inversión” y a la usura “deuda honesta”: ¿A qué esperan? ¡salgan corriendo! ¿No han tenido ya suficiente Circe y sobredosis de Calipso?




domingo, 8 de abril de 2012

La miel de Himeto

"No hay mejor ofrenda al templo
que la disciplina del alma."
(Jámblico de Calcis)

"Dijo el oráculo en Delfos,
que sólo cabe liberación al alma grande,
aquella que se inicia por sí misma."
(Proclo de Costantinopla)





En estos agónicos momentos finales de mi malogrado cursus honorum, en el que no se atisba ninguna sella curulis ni respaldo edilicio alguno en el horizonte, quiero cantar aún la gloria perdida de la gloriosa ANA, en esta aldea forzada a ser global, que reniega de Grecia Mater y en donde el resplandor de Fidias y el buen hacer de Pericles son ya una mera curiosidad, menos venerada que pasada de moda.

Continuaré honrando el beneplácito de Demeter (aunque aún me falta encontrar la media), celebrando mensualmente los misterios frigios y observando los días nefastos que nos legó en negro limo de Kemi. Mantendré constante mi devoción por los atributos paganos como la Isis de Filé, el Júpiter Marnas de Gaza, Teandrites de Pancaya o el mismo Esculapio Leontiqueo de Ascalón.

Me mantendré bien atento al epifánico susurro que destila la quietud de la noche, mientras regrese a mí el aliento divino, que agradecido entrego en sacrificio perpetuo, hasta que llegue la ansiada hora de volver a embarcar y surcar con raudo anhelo el cielo.  Que no necesita ábsides el peristilo oriental, que valgan, para que mejor resuene la evocatio durante el noctuno oficio divino del Consejo.

Y seguiré, mientras los dioses sigan siendo benévolos con su indigno siervo, dando testimonio de los preciosos hexámetros en lengua helena, diadoco involuntario y a destiempo, Proklos h peri eudaimonias mediante, que reniega de una Europa sin Hélade.

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