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sábado, 1 de diciembre de 2012

#Anima desanimada


“Vino que alegra el corazón,
olíbano que ilumina el rostro
y el pan que nos da fuerzas.”
(Salmo 104, 14-15)

 

 

Recorro las calles oscuras, comprobando como se agotan los últimos resquicios del alma en las miradas asustadas. Tiene que ser así. El eco interminable de las redes sociales termina por agotarse buscando inútilmente su fuente, infinito es el poder de la dispersión. El mercado, en su brutal anestesia, ha terminado autofagocitándose sin darse cuenta.

 
Miedo. Todo testigo así se redime. Su mirada es siempre oración. Alejado de la ilusoria comodidad de la espiritualidad impostada, la verdad no admite regateos.


Sufrimiento sagrado, por mínimo que sea su agónico aliento, ahora que el pábilo humea. Silencio. Silentium. Muein.



jueves, 15 de noviembre de 2012

Órfica resonancia


“Se requieren voluntarios
para cambiar la memoria-partitura
de la subyugada especie.
Abstenerse pusilánimes y cobardes
(que ya vamos sobrados).”
(ACHE, Oferta dominical)

 

 

 
Muchos no me creerán si les digo que la práctica habitual del ayuno, la respiración consciente y la meditación no sólo modifica, si no que aún mejora, el genoma de la especie. No sólo de quienes son afectos a tales absurdas prácticas. No, no, leíste bien, de toda la especie. Para desesperación de eugenesias de todo a cien, que andan trasteando con lo que no saben. La ciencia básica, frente a la aplicada, ni tiene dueño ni atiende a subvenciones, básicamente por que responde a una verdad más allá de espurios intereses bastardos y rentabilidades de ocho al cuarto. Responde, sobre todo, a lo que no se aplica (ni debe nunca aplicarse). La mutación es imparable.
 
 
 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Periplo emético


“Gleichsam einen Nabel.”
(Sigmund Freud)

 



Suelen los dioses inmortales encargar su templo sobre la tumba de los dioses muertos, para que la lápida haga las veces de puerta corredera con el otro mundo, allí donde se oculta el permanente trasiego del oro. Eso justifica, ayer como hoy, el lucroso tráfico de auténticas reliquias –así como su constante imitación inflacionaria de las falsas- y la necesidad de ardides con que engañar al vigente usurpador del sacro monopolio, voraz devorador de sus permanentes hijos.

Llevan removiendo Roma con Santiago sin dar con la maldita puerta, aplacando inútilmente a los titanes del pétreo subsuelo con vanos sacrificios. Descartado Irak y apunto de darse por vencidos en Afganistán, Irán será el próximo objetivo. Nada se halló bajo la “restaurada” fuente de la granada roja. Escurridiza meta que sólo conocen aquellos capaces de vengar al abuelo, matando al padre con la ayuda de la madre. Por más que insistan algunos, son una mínima minoría muy silenciosa quienes conocen el acceso al estrecho ombligo que trasciende el tercio. Desconfíe de las imitaciones, de los pañales y las promisorias tóxicas manzanas: Inminente vomitus vobiscum.
 
 
 

miércoles, 20 de junio de 2012

¿Truco o trato?

"El lenguaje político está diseñado
para que las mentiras parezcan verdades,
el asesinato una acción noble
y el viento algo consistente"
(Eric Arthur Blair, 1945)

"En esta época de desasosiego y pobreza,
apostar por decir la verdad es el acto revolucionario
y querer ver lo que tenemos delante de los ojos
requiere de un esfuerzo de honestidad constante."
(Félix Rodrigo Mora, 2012)




Todas las sociedades, orientales u occidentales, saben que el único modo de poder sobrevivir es tener a sus respectivas poblaciones engañadas mediante un hábil truco: la hipnosis social[1]. A través de estructuras que se amparan en criterios arbitrarios de reparto de poder, pero se sustentan bajo el subterfugio de tan grandes como ficticios principios “éticos”, mantienen el orden, esto es, perpetúan cómodamente y a conveniencia los distintos sistemas de dominación.

La gran habilidad de las escuelas esotéricas siempre ha consistido en desvelar el “truco social” a ciertos sujetos y que estos mantuvieran –a cambio- el juego, como si nada hubiera ocurrido. Esto es, crear una legión de grandes sujetos éticos (ordenados) sin la necesidad de sostener ningún tipo de infierno, purgatorio, institución penitenciaria o subterfugio kármico: esos son los verdaderos "maestros a sueldo”.


Como señaló George Orwell[2], todos los sistemas necesitan de enemigos (amigos) que les ayuden a “recortar” el pastel poblacional cuando este adquiere un tamaño un tanto desmesurado: la guerra entonces, está servida a conveniencia de ambas partes, que alimentarán odios y miedos ancestrales al “enemigo” (amigo) para con ello ir tirando unas décadas más.


¿Pero quién está detrás de toda esta macro-operación? Existe alguna entidad pre-hipnotizadora escondida tras el hipnotizador social de cada macro-territorio, que perversamente disfruta de la “Alianza de Civilizaciones para mantener esas Guerras Periódicas mutuamente rentables” para ambas partes. ¿Quién se halla tras esta suerte de macro-timo cósmico?


Ha llegado la hora de disipar la niebla. Ese el objetivo que persigue esta obra. Desenmascarar al artífice de la upâya[3], de la estrategia general que mueve el mundo desde dentro de nosotros mismos, que dirige el guión de pastores, lobos y ovejas, que mantiene el artificio y el engaño, generación tras generación. Quién más se divierte con todo esto. Vamos a ponerle un nombre, aunque sea provisional. Vamos a referirnos a “ello”, ya que no es humano, aunque sí inteligente, con una etiqueta cortés, protocolaria, que lo traiga a la luz y lo otorgue existencia: “el huésped”.




[1] El término pertenece a Allan Watts, El Gran Juego, Kairós, 1993


[2] Pseudónimo del periodista Eric Arthur Blair, que escribió 1984 (en 1949) y Rebelión en la Granja (cuatro años antes).


[3] Término sánscrito que significa “treta”, “medio hábil” para conseguir un fin… como el “trick o treat” de Halloween para hacerse con un gran botín de dulces y golosinas.