Mostrando entradas con la etiqueta Otoño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Otoño. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de octubre de 2013

Sombras otoñales

“Ni astros, ni infiernos.
Todo es producido por
el Espíritu en nosotros.”
(Paracelso)

“Todo vencedor se sabe fraude.”
(Alejandro Magno)





¿Cuánto dura un sueño? En realidad, siempre que hay vocación real, no hay prisión que valga. ¿Cómo conseguiste si no guardar y resumir todos tus años pasados, el tapiz de toda una vida, en la estrechez de este mínimo y fugaz instante? Quizá tu fuiste el único tejedor de la red ensueños que hoy te aprisiona. Nadie sino tú sembró este sufrimiento -que ahora te atenaza- en ti. Tuya fue la firme decisión de abandonarte al sortilegio y servidumbre de una nueva pócima. ¿Quién si no tú eligió y adoptó el disfraz que ahora llamas deteriorado cuerpo?

¿Cabe mayor misericordia que la de regalarte un nuevo comienzo, una vida sin pasado ni futuro, una octava más alta, tras el equinoccio de cada instante? ¿Cómo explicarles nada de esto a los que labran la tierra con la mirada gacha? De despertar en despertar, no habrá ningún tirano pensamiento que pueda debilitarte. Hojas marchitas, incapaces ya de lastrar la radical labor de la otoñal savia, toda vez que fue descubierta su naturaleza. Despertado el genio de su sueño, regresan fuegos fatuos y fantasmas al engañoso pantano de la esperanza y comienza la magia. ¡No te extravíen las formas!



miércoles, 2 de octubre de 2013

Lágrimas de Dragón


“Astra clinant, non trahunt.”
(Tomás de Aquino)

 

 
 

Si no ocurre algún súbito imprevisto, desde las primeras horas del atardecer extra urbano del 7 y 8 de octubre, los polvorientos restos del cometa Giacobibi-Zinner desmelenarán, suaves y propicios, la cabeza del Dragón llorón. Se cierra así el ciclo que a mediados de julio iniciaron las Perseidas, con otro llanto, el del Sol Laureado. Preparad, más vuestros deseos que vuestros ojos, para la lenta llamarada nocturna que, de improviso y sin permiso, os arrebatará el corazón.


 

martes, 10 de septiembre de 2013

Shekhiná

“Buscando refugio
se encarnó la palabra.”
(Juan 1, 14)
 
“Teteléstai"... Parédoken to pneûma.
(Juan 19, 30)

 

 
En el camino inicial de auto perfeccionamiento, retruécanos aparte, se requieren y son necesarios, como el tránsito por cualquier otro sendero, planteamientos previos a la plasmación definitiva de la intención, técnicas con las que implementar la estrategia amatoria, pues no se consigue culminar aquel sin el concurso transmutatorio del amor.

La práctica sacramental de la amatoria reunión, hito que eleva en nosotros el Espíritu, palanca que rasga el velo de lo aparente, peldaño que obra el prodigio de la la transformación, constituye la llave maestra para abrir, desde una renovada y renacida consciencia, la mirada. Mirada y consciencia que, no podría ser de otra manera, son así despreciadas y quizá hasta ridiculizadas por la severa inopia de cuantos y cuantas las ignoran.
 
Por encima de vanos voluntarismos, sólo el amor nos despierta y abre a la verdadera experiencia del amor, allí donde hasta el menor gesto, hasta el más aparentemente insignificante, incluso el más escatológico, se haya así siempre inmerso en el más imperceptible escenario del campo escalar, y allí se descubre necesario vehículo de la Presencia: sagrado. Plenamente vigilantes, humildes y abatidos, no es posible superar y sublimar el mundo en Reino sino a su través.
 
 
 

domingo, 8 de septiembre de 2013

¿Te acuerdas?


“El mirto y el acanto me engañaron,
me engañó el corazón de la granada.”
(Antonio Gala, Soneto de la Zubia)
 
“Quien no pagó el precio de su felicidad
así se condenó a ser y morir infeliz.”
(Yevgeny Yevtushenko, Mentiras)

 




 
El precio de todo suele ser su contrario: trae vida la muerte, sinsentido la normalidad consentida, amor el aciago desamor. La urdimbre lunar que teje el tapiz del otoño sobre la predecible trama solar, nos dibuja ya el ala diestra de Miguel, aquella que sombría se cierne sobre su amenazadora espada, tal y como suele hacerlo siempre el macrocosmos sobre el microcosmos.

Nuestra soberbia que suele admirarse con la parte, desprecia la paciencia que sabe aguardar al todo, espejo mágico en el que se refleja y renueva, holón anidado y anidador, el instante de cada universo. La paciencia que sabe quitarse de en medio, para no estorbar ni interferir la fidelidad del trabajo especular. Todo lo creado parece un todo, si se mira desde dentro, pero, ya desde fuera de sí, se reconoce parte de un todo mayor. Ambos (el todo ascendente y sus descendientes partes a imagen y semejanza) trabajan como unidad. La más insignificante de las partes tiene una esencial tarea que realizar, quizá la más decisiva y fundamental para contribuir al éxito del soberano conjunto. No puede haber ningún fallo. El campo escalar garantiza que no haya partícula que se salga del guión, ni siquiera aquellas destinadas a improvisar.

Nuestro corazón se asoma asombrado a esta prodigiosa danza siempre en permanente y meticulosa transformación, fuego incombustible, conciencia, certeza del efímero crepitar que exhausto se extingue tan pronto como surge. Y ese asombro, al saberse tránsito, purifica de manera extraordinaria en cada renacer la precaria mirada.


 

martes, 27 de agosto de 2013

Noble castillo

“Ecce Deus fortior me,
qui veniens dominabitur mihi.”
(Durante Alighieri, Vita Nuova 2)




Convertir al actor en personaje, o transparentar al fotograma en vida, requiere de un acto –no siempre voluntario- de supresión de la incredulidad. Atravesar el trazo de las letras engarzadas desvelando su quimérico sentido, tal y como está haciendo en este mismo momento el lector, no lleva a presuponer, erróneamente, que el amanuense es creador y creedor, cuando sólo es ficción. Le cabe al impostor el arte de mentir en primera persona, dando la falsa impresión de desnudarse tras el disfraz donde mejor se oculta. ¿Hay menos luz en el autoengaño que en la visión? ¿Hacer alas de unos simples remos? ¿Trocar en Dulcinea las menores expectativas de Aldonza?

Allí donde el infierno no es sino sobre determinación absoluta, cautiverio del pensar, el purgatorio nos ofrece, engañoso, alguna posibilidad de elección. Sólo la paradisiaca liberación permite abarcar en toda su complejidad los límites y contradicciones del universo, tornarlos aparentes, trascenderlos. Una liberación que, mal que nos pese, amargo pan de la vergüenza, sólo es real porque es gratuita. ¿Liberados o atrapados en lo que soñamos e intuimos eterno? La palabras aguardan, pacientes, tropezar con el alma, para renovarse allí por primera vez. Como hacen en ti ahora. Ahora.


Misericordioso aquel que estableció dentro de su riguroso orden no ya la posibilidad sino el imperativo categórico de la amabilidad y la ternura. Quizá por ello a cuantos alejó de su rostro les mitigó el dolor con el balsámico silencio, allí donde no cabe ni la sospecha ni el arrepentimiento. Por ello nos reconocen y también por ello, a su manera, sabemos que son de los nuestros. Toda nuestra vida se condensa así en un instante mágico, más allá del bien y el mal: el del reencuentro cristalino con nosotros mismos tras la tragicómica pasión de la última escena en la que ya no cabe el proceder ocultado con el que nos embaucan –no siempre de forma involuntaria- las vívidas vigilias soñadas con las que soñamos desafiar nuestros sueños.



Líbranos

“Feror ego veluti sine nauta navis,
ut per vias aeris vaga fertur avis;
non me tenent vincula, non me tenet clavis,
quero mihi similes et adiungor pravis.”
(Cármina Burana, Arder interior)

“Al igual que el tornasolado plumaje del pavo real
lo sagrado encierra infinitas aproximaciones
y sentidos.”
(Escoto de Erígena)




Si la muerte supone el fin de la imaginación, ¿quién habría entonces de imaginarla? Si nuestra vida es soñada puntualmente por lo Eterno, ¿cabe finiquitarla en el despertar de lo divino? Por el contrario, ¿no temerán los dioses soñados desvanecerse con nuestro despertar y buscan por todos los medios un onírico perpetuarse, distrayéndonos de ese afán con su persuasivo comercio? Entre los intersticios de los bytes y los pixels, crecen imanes espejos, que, vestigios del futuro, elocuentes huellas que no necesitan de blog alguno para expresarse. Las llaves y puertas que separan universos son bien diminutas.


La magia es distracción. Aburre y toda la magia se desvanecerá al instante. Hemos de lograr distraer a la gente de sí misma, de su ropa, de su incomodidad, de sus recuerdos tristes y preocupaciones, del temor a la muerte, hasta hacer que estallen y desaparezcan. Atrapar la atención en un sueño de palabras. Todo comienza con un anzuelo de letras engarzadas, allí donde el post transmite el mensaje con la misma fidelidad que lo ignora. Quizá esa fiel ignorancia es la que nos embruja y atrapa el alma. Sin el encanto de la inocencia impostada, todo lo demás resulta inútil. Sin magia, nadie se libra.



lunes, 26 de agosto de 2013

Rigor otoñal en Fa mayor

"There are more things in heaven and earth, Horatio,
than are dreamt of in your philosophy."
(Hamlet I, escena V)

"¡Actúa en vez de suplicar. 
Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa! 
Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. 
Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino."
(Ludwig van Beethoven)






Para quien, de otoño a otoño, retorna a la vida tras la experiencia de la muerte, y siente cómo deja atrás la victoria junto al Abismo, solo le cabe abandonarse tanto al sublime gozo de la vendimia como a la completud nupcial tras la boda, donde la intuición del refinamiento supremo se sostiene en la vida cotidiana y se expresa en la acción sobre ella, allí donde el instrumento se ofrece dócil al Maestro y su vibrar es oración. La forma sinfónica clásica sugiere el itinerario místico de la metamorfosis espiritual que conlleva toda expansión de conciencia significativa.


Bien mirada, la partitura de cada vida humana transcurre siempre sobre el invisible tapiz del inexcusable trasfondo divino, una suerte de tónica en la que escribimos las notas de nuestros actos y sus correspondientes giros melódicos, que tratan de latir acorde al pulso esencial. Reposa el afán nuestra dominante sobre el abrazo de Su tónica. La notación que nos sugirió Guido d’Arezzo no parece pues, a tenor de estas reflexiones, tan arbitraria. Quizá por ello nuestro Sol experimenta la tensión cadencial del anhelo de reposar en el Do, allí donde al Sí le basta con adormecerse a su lado.



sábado, 13 de octubre de 2012

Susurro otoñal


“En cada respiración se muestra el camino de regreso.
Protege ese tesoro de distracciones
en la guarida de tu corazón.”
(Ibn Arabí, Al-Futuhatu`l-Makkiyya)

 

 

 

La llegada del suave aliento otoñal supone una ocasión privilegiada para tomar conciencia del sutil Aliento Sagrado que impregna la total provisionalidad de nuestro efímero ser, el pulso vital que entregamos con la misma docilidad que le recibimos en cada respiración. Conviene recordar que el don de la vida –como todo lo demás- no nos pertenece. Tiene propietario.

 
Caminar sobre el crugir de las hojas rendidas al impulso del aliento otoñal es un ejercicio estupendo para contemplar en silencio nuestro reflejo en el espejo del alma, allí donde el paseo interior se entrega dócil a la magia del paseo exterior. Tiene lugar el prodigio del escandallo reflexivo, allí donde se pasa revista a nuestras acciones y omisiones cotidianas, a lo que dijimos o dejamos de decir, a los potentes pensamientos que en vano se esconden tras cada  inhibición o acto. Allí donde sabemos y reconocemos nuestro abandono a la maldad, el olvido siempre transgresor.

 
En ese beso sutil, preciso y precioso, el aliento otoñal se torna don, instante de gratitud. Sabor y presencia. Recuerdo de por qué y para qué seguimos vivos.

 
Germen de luz y temor.
 

Urgencia…



sábado, 22 de septiembre de 2012

Otoño tradicional


“¿De qué sirve una oración
pronunciada por un corazón alejado de Dios?”
(Abu Ata al-Iskandari)
 
“Algunos llaman vitalidad en los zombis
a lo que sólo es inercia.”
(Renè Guènon, Carta a R. Schneider)
 
 

 

 

Cualquier acto realizado con el corazón puesto a disposición del Eterno, posee contenido ritual, más allá de cuál sea su forma. Cualquier forma ritual realizada desde el ego es mera impostura, farsa vana. En la intención de la atención reside (anida o no) la Tradición. Lo espiritual no se finge, se vehicula. Tiene lugar en y desde la intimidad con la Inmensidad de la Realidad Única que otorga raíz y da sentido a lo creado.

 
Ha de haber, pues, un compromiso anegoico antes con el contenido que con la forma, incluso allende las formas. Eso significa quizá la quietud silente: un compromiso que, por ser anegoico, no es menor. Muy al contrario, bien puede decirse que sólo esa clase de compromiso es Real, por ser esfuerzo y servicio en Verdad desinteresado. Vaciado de sí. Puro.

 
No cabe pues Tradición impostada. Allí donde se transmite lo que se recibe, no cabe un ápice posible de “metal”, que no es sino “otro nombre” para definir y delimitar las múltiples y extendidas formas que adopta el disfraz de la impostura. Compromiso anegoico entre almas vaciadas que se hacen una: comunidad. Nada que ver con el interés individual en lo grupal, que, por conveniencia y en su delirio pseudo-espiritual, adoptan una máscara tradicional y “pasan el rato”. Allí donde lo “eso” de lo “exo” se convierte en mueca, perversa impostura mal disimulada bajo el torpe disfraz, negocio. 
 
 
El árbol bien atado a la fértil raíz, se libra indolente de la innecesaria hoja caduca. La hoja perenne aún soporta estoica los crudos rigores del invierno. Todo en la naturaleza, también el otoño, posee un carácter tradicional, esto es, antes que nada, oculto y activo, radical, rito. Un libro bien rebelde que, en la medida que se nos revela, habla, se muestra incapaz de callar y así nos deja enSimismados y desegotizados, ad maiorem Dei Gloria.
 
 
 
 
 

sábado, 18 de agosto de 2012

Lunáticos


“El rezo que espera al sol
es diferente cada mañana.”
(Néfesh Ha’jaim)

“Cuando me levanté para abrir al amado,
ya se había ido.”
(Shir Ha’shirim 5, 6)



Son muchos los que, al considerarla una entelequia, se resisten a creer que alma humana (su alma) cabalga sobre las onduladas olas del tiempo. Así, cuando ésta se halla en la cresta, besa y es besada por el cielo. Más adelante siente, en su descenso, el dolor de la pérdida de su amado. En la base, tocando tierra, sólo queda el consuelo del recuerdo y nostalgia, y un ardiente deseo de volver a remontar. Estos estados descendentes y ascendentes los experimenta el alma de manera recurrente a lo largo del año en momentos muy precisos, tan precisos que podría decirse que poseen una “exactitud lunar”.



Podría incluso establecerse una equiparación entre la “cresta” y el plenilunio, la “caída” y el cuarto menguante, la “nostalgia” y el periodo “sin luna” (luna nueva), y finalmente, entre el anhelo del reencuentro y la “creciente”. Esta montaña rusa anual presenta trece hitos que siempre comienzan en la “primera luna llena de primavera”. Somos, pues, almas lunáticas, atrapadas la cárcel de un trayecto solar. Cárcel que, una vez que se conoce bien, inmediatamente (ipso facto) deja de serlo.



Pese a lo que muchos piensan, el alma humana no es uniforme. Posee cualidades, matices diferenciados. Todos estos matices están sujetos a la triple recurrencia lunar. Es necesario pues un reseteo inicial de estos cuatro matices (en distintos momentos del año): fase mutable. Es necesario que aparezca una clara intencionalidad en cada uno de ellos (también en distintos momentos del año): fase cardinal. Y es necesario (una vez más, en momentos del año distintos) que se intensifique dicha intencionalidad de manera focalizada: fase fija. Sólo resta por desvelar cuáles son esos cuatro matices del alma humana: su bios terrestre, su pathos acuático, su thymos ígneo y su pneuma aéreo.



La clave está en hacer trabajar -a cada instante (ya que cada instante requiere su trabajo específico)- todos estos matices como una sola unidad, y luego juntarse (ser uno) con otros capaces de hacer lo mismo en un solo pulso. Las mismas palabras tendrán mañana un efecto completamente nuevo. El instante no es mero escenario pasivo sino, muy al contrario, nuestro más valioso capital; nuestra vida misma. Vamos, todo es cuestión de relajarse primero (agua lustral), y luego sólo poner un poquito de atención e intención perseverante. Si no eres alguien desalmado, no pierdas la oportunidad… ¿Hace falta decirte más?