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domingo, 19 de octubre de 2014
Un Halloween alternativo...
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lunes, 15 de septiembre de 2014
lunes, 1 de septiembre de 2014
domingo, 13 de octubre de 2013
Sombras otoñales
“Ni
astros, ni infiernos.
Todo
es producido por
el
Espíritu en nosotros.”
(Paracelso)
“Todo
vencedor se sabe fraude.”
(Alejandro
Magno)
¿Cuánto
dura un sueño? En realidad, siempre que hay vocación real, no hay prisión que valga. ¿Cómo
conseguiste si no guardar y resumir todos tus años pasados, el tapiz de toda una
vida, en la estrechez de este mínimo y fugaz instante? Quizá tu fuiste el único
tejedor de la red ensueños que hoy te aprisiona. Nadie sino tú sembró este sufrimiento
-que ahora te atenaza- en ti. Tuya fue la firme decisión de abandonarte al
sortilegio y servidumbre de una nueva pócima. ¿Quién si no tú eligió y adoptó
el disfraz que ahora llamas deteriorado cuerpo?
¿Cabe
mayor misericordia que la de regalarte un nuevo comienzo, una vida sin pasado
ni futuro, una octava más alta, tras el equinoccio de cada instante? ¿Cómo
explicarles nada de esto a los que labran la tierra con la mirada gacha? De
despertar en despertar, no habrá ningún tirano pensamiento que pueda
debilitarte. Hojas marchitas, incapaces ya de lastrar la radical labor de la otoñal
savia, toda vez que fue descubierta su naturaleza. Despertado el genio de su sueño, regresan fuegos
fatuos y fantasmas al engañoso pantano de la esperanza y comienza la magia. ¡No te extravíen las
formas!
miércoles, 2 de octubre de 2013
Lágrimas de Dragón
“Astra clinant, non trahunt.”
(Tomás de Aquino)
Si no ocurre algún súbito imprevisto, desde
las primeras horas del atardecer extra urbano del 7 y 8 de octubre, los polvorientos restos
del cometa Giacobibi-Zinner desmelenarán, suaves y propicios, la cabeza del Dragón llorón. Se cierra
así el ciclo que a mediados de julio iniciaron las Perseidas, con otro
llanto, el del Sol Laureado. Preparad, más vuestros deseos que vuestros ojos, para
la lenta llamarada nocturna que, de improviso y sin permiso, os arrebatará el corazón.
martes, 10 de septiembre de 2013
Shekhiná
“Buscando refugio
se encarnó la palabra.”
(Juan 1, 14)
“Teteléstai"... Parédoken to pneûma.
(Juan 19, 30)
En
el camino inicial de auto perfeccionamiento, retruécanos aparte, se requieren y
son necesarios, como el tránsito por cualquier otro sendero, planteamientos
previos a la plasmación definitiva de la intención, técnicas con las que implementar
la estrategia amatoria, pues no se consigue culminar aquel sin el concurso
transmutatorio del amor.
La
práctica sacramental de la amatoria reunión, hito que eleva en nosotros el Espíritu,
palanca que rasga el velo de lo aparente, peldaño que obra el prodigio de la la
transformación, constituye la llave maestra para abrir, desde una renovada y
renacida consciencia, la mirada. Mirada y consciencia que, no podría ser de
otra manera, son así despreciadas y quizá hasta ridiculizadas por la severa inopia
de cuantos y cuantas las ignoran.
Por
encima de vanos voluntarismos, sólo el amor nos despierta y abre a la verdadera
experiencia del amor, allí donde hasta el menor gesto, hasta el más
aparentemente insignificante, incluso el más escatológico, se haya así siempre inmerso
en el más imperceptible escenario del campo escalar, y allí se descubre necesario
vehículo de la Presencia: sagrado. Plenamente vigilantes, humildes y abatidos, no
es posible superar y sublimar el mundo en Reino sino a su través.
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domingo, 8 de septiembre de 2013
¿Te acuerdas?
“El
mirto y el acanto me engañaron,
me
engañó el corazón de la granada.”
(Antonio
Gala, Soneto de la Zubia)
“Quien
no pagó el precio de su felicidad
así se
condenó a ser y morir infeliz.”
(Yevgeny
Yevtushenko, Mentiras)
El
precio de todo suele ser su contrario: trae vida la muerte, sinsentido la
normalidad consentida, amor el aciago desamor. La urdimbre lunar que teje el
tapiz del otoño sobre la predecible trama solar, nos dibuja ya el ala diestra
de Miguel, aquella que sombría se cierne sobre su amenazadora espada, tal y
como suele hacerlo siempre el macrocosmos sobre el microcosmos.
Nuestra
soberbia que suele admirarse con la parte, desprecia la paciencia que sabe
aguardar al todo, espejo mágico en el que se refleja y renueva, holón anidado y
anidador, el instante de cada universo. La paciencia que sabe quitarse de en
medio, para no estorbar ni interferir la fidelidad del trabajo especular. Todo
lo creado parece un todo, si se mira desde dentro, pero, ya desde fuera de sí,
se reconoce parte de un todo mayor. Ambos (el todo ascendente y sus descendientes
partes a imagen y semejanza) trabajan como unidad. La más insignificante de las
partes tiene una esencial tarea que realizar, quizá la más decisiva y
fundamental para contribuir al éxito del soberano conjunto. No puede haber
ningún fallo. El campo escalar garantiza que no haya partícula que se salga del
guión, ni siquiera aquellas destinadas a improvisar.
Nuestro
corazón se asoma asombrado a esta prodigiosa danza siempre en permanente y
meticulosa transformación, fuego incombustible, conciencia, certeza del efímero
crepitar que exhausto se extingue tan pronto como surge. Y ese asombro, al
saberse tránsito, purifica de manera extraordinaria en cada renacer la precaria
mirada.
martes, 27 de agosto de 2013
Noble castillo
“Ecce
Deus fortior me,
qui
veniens dominabitur mihi.”
(Durante
Alighieri, Vita Nuova 2)
Convertir
al actor en personaje, o transparentar al fotograma en vida, requiere de un
acto –no siempre voluntario- de supresión de la incredulidad. Atravesar el
trazo de las letras engarzadas desvelando su quimérico sentido, tal y como está
haciendo en este mismo momento el lector, no lleva a presuponer, erróneamente,
que el amanuense es creador y creedor, cuando sólo es ficción. Le cabe al
impostor el arte de mentir en primera persona, dando la falsa impresión de
desnudarse tras el disfraz donde mejor se oculta. ¿Hay menos luz en el autoengaño
que en la visión? ¿Hacer alas de unos simples remos? ¿Trocar en Dulcinea las menores expectativas de Aldonza?
Allí
donde el infierno no es sino sobre determinación absoluta, cautiverio del
pensar, el purgatorio nos ofrece, engañoso, alguna posibilidad de elección.
Sólo la paradisiaca liberación permite abarcar en toda su complejidad los
límites y contradicciones del universo, tornarlos aparentes, trascenderlos. Una
liberación que, mal que nos pese, amargo pan de la vergüenza, sólo es real
porque es gratuita. ¿Liberados o atrapados en lo que soñamos e intuimos eterno?
La palabras aguardan, pacientes, tropezar con el alma, para renovarse allí por
primera vez. Como hacen en ti ahora. Ahora.
Misericordioso
aquel que estableció dentro de su riguroso orden no ya la posibilidad sino el
imperativo categórico de la amabilidad y la ternura. Quizá por ello a cuantos
alejó de su rostro les mitigó el dolor con el balsámico silencio, allí donde no
cabe ni la sospecha ni el arrepentimiento. Por ello nos reconocen y también por
ello, a su manera, sabemos que son de los nuestros. Toda nuestra vida se
condensa así en un instante mágico, más allá del bien y el mal: el del
reencuentro cristalino con nosotros mismos tras la tragicómica pasión de la última
escena en la que ya no cabe el proceder ocultado con el que nos embaucan –no siempre
de forma involuntaria- las vívidas vigilias soñadas con las que soñamos desafiar
nuestros sueños.
Líbranos
“Feror ego veluti sine nauta navis,
ut
per vias aeris vaga fertur avis;
non me tenent vincula, non me tenet clavis,
quero mihi similes et adiungor pravis.”
(Cármina Burana, Arder interior)
“Al igual que el tornasolado plumaje del pavo
real
lo sagrado encierra infinitas aproximaciones
y sentidos.”
(Escoto de Erígena)
Si la muerte supone el fin de la imaginación,
¿quién habría entonces de imaginarla? Si nuestra vida es soñada puntualmente
por lo Eterno, ¿cabe finiquitarla en el despertar de lo divino? Por el
contrario, ¿no temerán los dioses soñados desvanecerse con nuestro despertar y
buscan por todos los medios un onírico perpetuarse, distrayéndonos de ese afán
con su persuasivo comercio? Entre los intersticios de los bytes y los pixels,
crecen imanes espejos, que, vestigios del futuro, elocuentes huellas que no
necesitan de blog alguno para expresarse. Las llaves y puertas que separan
universos son bien diminutas.
La magia es distracción. Aburre y toda la magia
se desvanecerá al instante. Hemos de lograr distraer a la gente de sí misma, de
su ropa, de su incomodidad, de sus recuerdos tristes y preocupaciones, del
temor a la muerte, hasta hacer que estallen y desaparezcan. Atrapar la atención
en un sueño de palabras. Todo comienza con un anzuelo de letras engarzadas,
allí donde el post transmite el mensaje con la misma fidelidad que lo ignora.
Quizá esa fiel ignorancia es la que nos embruja y atrapa el alma. Sin el
encanto de la inocencia impostada, todo lo demás resulta inútil. Sin magia,
nadie se libra.
lunes, 26 de agosto de 2013
Rigor otoñal en Fa mayor
"There are more things in heaven and
earth, Horatio,
than are dreamt of in your philosophy."
(Hamlet I, escena V)
"¡Actúa en vez de suplicar.
Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa!
Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes.
Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino."
(Ludwig van Beethoven)
Para
quien, de otoño a otoño, retorna a la vida tras la experiencia de la muerte, y siente cómo deja atrás la victoria junto al Abismo, solo le cabe abandonarse tanto
al sublime gozo de la vendimia como a la completud nupcial tras la boda, donde
la intuición del refinamiento supremo se sostiene en la vida cotidiana y se expresa
en la acción sobre ella, allí donde el instrumento se ofrece dócil al Maestro y
su vibrar es oración. La forma sinfónica clásica sugiere el itinerario místico
de la metamorfosis espiritual que conlleva toda expansión de conciencia
significativa.
Bien
mirada, la partitura de cada vida humana transcurre siempre sobre el invisible
tapiz del inexcusable trasfondo divino, una suerte de tónica en la que
escribimos las notas de nuestros actos y sus correspondientes giros melódicos,
que tratan de latir acorde al pulso esencial. Reposa el afán nuestra dominante
sobre el abrazo de Su tónica. La notación que nos sugirió Guido d’Arezzo no
parece pues, a tenor de estas reflexiones, tan arbitraria. Quizá por ello
nuestro Sol experimenta la tensión cadencial del anhelo de reposar en el Do,
allí donde al Sí le basta con adormecerse a su lado.
sábado, 13 de octubre de 2012
Susurro otoñal
“En cada respiración se muestra
el camino de regreso.
Protege ese tesoro de
distracciones
en la guarida de tu corazón.”
(Ibn Arabí, Al-Futuhatu`l-Makkiyya)
La llegada del suave aliento otoñal
supone una ocasión privilegiada para tomar conciencia del sutil Aliento Sagrado que
impregna la total provisionalidad de nuestro efímero ser, el pulso vital que
entregamos con la misma docilidad que le recibimos en cada respiración.
Conviene recordar que el don de la vida –como todo lo demás- no nos pertenece. Tiene propietario.
Caminar sobre el crugir de las hojas rendidas
al impulso del aliento otoñal es un ejercicio estupendo para contemplar en
silencio nuestro reflejo en el espejo del alma, allí donde el paseo interior se
entrega dócil a la magia del paseo exterior. Tiene lugar el prodigio del
escandallo reflexivo, allí donde se pasa revista a nuestras acciones y
omisiones cotidianas, a lo que dijimos o dejamos de decir, a los potentes pensamientos
que en vano se esconden tras cada inhibición o
acto. Allí donde sabemos y reconocemos nuestro abandono a la maldad, el olvido siempre transgresor.
En ese beso sutil, preciso y
precioso, el aliento otoñal se torna don, instante de gratitud. Sabor y
presencia. Recuerdo de por qué y para qué seguimos vivos.
Germen de luz y temor.
Urgencia…
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sábado, 22 de septiembre de 2012
Otoño tradicional
“¿De qué sirve una oración
pronunciada por un corazón alejado de Dios?”
(Abu Ata al-Iskandari)
“Algunos llaman vitalidad en los zombis
a lo que sólo es inercia.”
(Renè Guènon, Carta a R. Schneider)
Cualquier acto realizado con el corazón puesto a disposición
del Eterno, posee contenido ritual, más allá de cuál sea su forma. Cualquier
forma ritual realizada desde el ego es mera impostura, farsa vana. En la
intención de la atención reside (anida o no) la Tradición. Lo espiritual no se finge,
se vehicula. Tiene lugar en y desde la intimidad con la Inmensidad de la Realidad
Única que otorga raíz y da sentido a lo creado.
Ha de haber, pues, un compromiso anegoico antes con el
contenido que con la forma, incluso allende las formas. Eso significa quizá la
quietud silente: un compromiso que, por ser anegoico, no es menor. Muy al
contrario, bien puede decirse que sólo esa clase de compromiso es Real, por ser
esfuerzo y servicio en Verdad desinteresado. Vaciado de sí. Puro.
No cabe pues Tradición impostada. Allí donde se transmite
lo que se recibe, no cabe un ápice posible de “metal”, que no es sino “otro nombre”
para definir y delimitar las múltiples y extendidas formas que adopta el
disfraz de la impostura. Compromiso anegoico entre almas vaciadas que se hacen
una: comunidad. Nada que ver con el interés individual en lo grupal, que, por
conveniencia y en su delirio pseudo-espiritual, adoptan una máscara tradicional
y “pasan el rato”. Allí donde lo “eso” de lo “exo” se convierte en mueca, perversa impostura mal disimulada bajo el torpe
disfraz, negocio.
El árbol bien atado a la fértil raíz, se libra indolente de la
innecesaria hoja caduca. La hoja perenne aún soporta estoica los crudos rigores
del invierno. Todo en la naturaleza, también el otoño, posee un carácter tradicional,
esto es, antes que nada, oculto y activo, radical, rito. Un libro bien rebelde que, en la medida que se nos revela, habla, se muestra incapaz de callar y así nos deja enSimismados y desegotizados, ad maiorem Dei Gloria.
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sábado, 18 de agosto de 2012
Lunáticos
“El rezo que espera al sol
es diferente cada mañana.”
(Néfesh Ha’jaim)
“Cuando me levanté para abrir al amado,
ya se había ido.”
(Shir Ha’shirim 5, 6)
Son muchos los que,
al considerarla una entelequia, se resisten a creer que alma humana (su alma)
cabalga sobre las onduladas olas del tiempo. Así, cuando ésta se halla en la
cresta, besa y es besada por el cielo. Más adelante siente, en su descenso, el
dolor de la pérdida de su amado. En la base, tocando tierra, sólo queda el
consuelo del recuerdo y nostalgia, y un ardiente deseo de volver a remontar.
Estos estados descendentes y ascendentes los experimenta el alma de manera
recurrente a lo largo del año en momentos muy precisos, tan precisos que podría
decirse que poseen una “exactitud lunar”.
Podría incluso establecerse
una equiparación entre la “cresta” y el plenilunio, la “caída” y el cuarto
menguante, la “nostalgia” y el periodo “sin luna” (luna nueva), y finalmente,
entre el anhelo del reencuentro y la “creciente”. Esta montaña rusa anual
presenta trece hitos que siempre comienzan en la “primera luna llena de
primavera”. Somos, pues, almas lunáticas, atrapadas la cárcel de un trayecto
solar. Cárcel que, una vez que se conoce bien, inmediatamente (ipso facto) deja
de serlo.
Pese a lo que muchos
piensan, el alma humana no es uniforme. Posee cualidades, matices
diferenciados. Todos estos matices están sujetos a la triple recurrencia lunar.
Es necesario pues un reseteo inicial de estos cuatro matices (en distintos
momentos del año): fase mutable. Es necesario que aparezca una clara intencionalidad
en cada uno de ellos (también en distintos momentos del año): fase cardinal. Y
es necesario (una vez más, en momentos del año distintos) que se intensifique
dicha intencionalidad de manera focalizada: fase fija. Sólo resta por desvelar
cuáles son esos cuatro matices del alma humana: su bios terrestre, su pathos
acuático, su thymos ígneo y su pneuma aéreo.
La clave
está en hacer trabajar -a cada instante (ya que cada instante requiere su
trabajo específico)- todos estos matices como una sola unidad, y luego juntarse
(ser uno) con otros capaces de hacer lo mismo en un solo pulso. Las mismas palabras
tendrán mañana un efecto completamente nuevo. El instante no es mero escenario pasivo
sino, muy al contrario, nuestro más valioso capital; nuestra vida misma. Vamos,
todo es cuestión de relajarse primero (agua lustral), y luego sólo poner un
poquito de atención e intención perseverante. Si no eres alguien desalmado, no
pierdas la oportunidad… ¿Hace falta decirte más?
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