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domingo, 23 de junio de 2013

Samsara

“Acabaremos erosionando cada soberanía nacional,
pieza a pieza, de abajo arriba, agitando a las clases medias-bajas,
generando todo tipo de revueltas y confusión general (primaveras).”
(Richard Newton Gardner, Largo camino al nuevo orden 1974)

“No hay dos.”
(Plotino, Sexta Enéada IX, 10)




La experiencia de la no-dualidad entre el observador y lo observado posee, para quién ha tenido la fortuna de participar de ella, una mayor nitidez y realidad, que la conciencia de dualidad, mucho más de andar por casa. Así, quien no se distrae ni entretiene en la inagotable caterva de agitamientos y conflictos, aparentemente externos, se sabe uno con ellos: absolutamente inmerso, participa así de lo real. Ello también incluye las burlas y ataques que produce/recibe. Una vez más, redundamos en el aserto explícito, no le des más vueltas, mal que te pese: “Eso eres tú”.



lunes, 18 de junio de 2012

Ne scire


“Recién despierta, no puede mirar del todo las cosas brillantes.
 Hay que acostumbrar, pues, al Alma a mirar por sí misma.
 (Plotino, Eneádas I, 10)

“La alegría perfecta excluye el sentimiento mismo de la alegría,
pues en el Alma colmada por el objeto
no hay rincón disponible para decir: yo"
(Simone Weil)







Una ciencia que preferencia lo aparente frente a lo real, que confunde sensible con sentido, magnitud con medida y correlación con control, no puede ser sino tachada de alucinatoria. Sólo bajo un estado de conciencia delirante puede llegar a creerse la falacia que dependencia tecnológica y potencial humano son conceptos ligados, un espejismo materialista del que ya hicieron gala estoicos y epicúreos, incapaces de asimilar la identidad entre incorpóreo y real, que la forma provenga de lo informe, y el acto de la vacua potencia. Parece de sentido común la precedencia lógica entre inteligencia y materia. Pero el sentido común no abunda tanto como pretenden hacernos creer las herramientas “estadísticas”, tan infectadas de medias, modas y perversiones típicas como pueblan –metastizan- el cáncer terminal del Estado.


La conciencia creadora ha de ser necesariamente anterior al Universo creado. La conciencia de lo creado, parte necesaria de este creado Universo, guarda una mayor proximidad a la fuente. Antes y después, causa y causado, espacio y tiempo en su idéntica relatividad se reúnen, toda vez que sepas verlo con claridad. No te obstines en el “ne scire” de los necios. Deja que la verdad abra tu mente, para que puedas así verla “cara a cara”. El espacio imaginal carece de espacio y, por ende, de tiempo. ¿Dónde y en qué momento cabría la osadía de tratar situarlo? ¿Cómo hablar de aquello que precede a todo “discurso” y es además su fuente? No se puede hablar del Alma, cuando no es sino ella quien habla, previa al logos, tras la palabra.


No le perdonaron a Sócrates el agravio comparativo de su lucidez, los que presumían de saber, y en el ágora se ponía de manifiesto que no sabían tanto. ¿Cómo entonces justificar las abundantes dracmas con que habían de dotarse los pingües salarios? Difícilmente. No creo en la ciencia que se utiliza para recortar los presupuestos de una ciencia en la que tampoco creo. Perdónenme: soy bastante escéptico. Y al serlo, “creo” estar en lo cierto. Tropel enajenado que dicen actuar y “recortar” enarbolando la razón. Psicópatas deshumanizados abducidos por el “ajuste presupuestario”, que llaman a la codicia “inversión” y a la usura “deuda honesta”: ¿A qué esperan? ¡salgan corriendo! ¿No han tenido ya suficiente Circe y sobredosis de Calipso?




De umbris idearum


“Al ver su sombra desde el celeste vuelo,
algunos pájaros creen que se siguen
arrastrando por la tierra.”
(Marsilio Ficino, Ad Hominum Genum)

“El Alma actúa sobre el cuerpo y le modela,
así nuestros actos son su sombra:
en modo alguno se limita o circunscribe a él.”
(Giordano Bruno, De Magia)





Plotino coloca al Alma en el centro mismo de la realidad, allí donde hoy nuestra avanzada ciencia no sitúa sino el soma neuronal, la physis bioquímica o la polis sociológica.  Muy por el contrario, el autor de las Eneadas la sitúa así en la categoría de Principio (arch) autónomo y la atribuye una fuerza (dunamis) causal propia. Como repiten Ficino y Bruno, son las sombras de las ideas las que otorgan alguna realidad y forma a las cosas. El universo físico es una suerte de “engendro mental”. Afirmaciones como ésta resultan repulsivas a cuantos han sido abducidos por el cliché de la modernidad tecnocrática, inconscientes de la luz que crea la sombra de su actual ceguera y la torna -“hace”, “modela”, “construye”- real.

Al preguntarnos sobre la naturaleza del Alma, más nos valdría reflexionar sobre la esencia de aquello que es otorgador de naturaleza, es decir, trabajar a la inversa, ponerlo todo “patas arriba”. Entender que lo que llamamos tejado, no es sino la quilla de una nave celeste que fue concebida para surcar los cielos, no para afincarse en réditos bien terrenales. No se hizo el barco con la intención de mantenerlo permanentemente atracado a puerto. El puerto no es sede, sino tan sólo punto de partida. La llegada es “otra cosa”.

La verdadera psicología (ciencia del Alma), conduce inexorablemente a la teología (ciencia de lo divino), de la que se regresa filósofo (amado por la Sabiduría) con una ética y estética que sólo resultan familiares a quienes han saboreado el tránsito en primera persona y murieron tras la experiencia. No se puede llamar mero “psicologismo” a un viaje que ha de comenzar necesariamente en el descubrimiento del puerto del propio Alma, que tiene en la sombra del Alma que somos cada uno de nosotros, su verdadero origen. Como descubrió Marco Polo, algunos prefieren el relato del viaje a sus riesgos y penurias, para así presumir que alguna vez viajaron, cuando su vida no tuvo más aventura que los intersticios de su propia farsa. Tuvo más suerte el pájaro de la cita, ya que aquel al menos volaba. Estos creen hacer ciencia, cuando sólo se arrastran. Más les valdría a los nuevos aprendices de psicólogo dejarse de actos reflejos, umbrales de percepción y recurrencias estadísticas, de obcecarse en acumular hechos y datos "objetivos"... y empezar a leer a Plotino.