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miércoles, 15 de agosto de 2012

Alacena del corazón

“Algunas almas se muestran cuál pura luz de luna.
Otras, más irisadas, ofrecen ofídicos rasguños pálidos.”
(Plutarco, De sera Numidis Vindicta, XXII)






La metafísica de la luz siempre distingue entre la mirada divina, la mirada sagrada y la ceguera. Así la luz y las tinieblas pueden ser consideradas bajo esta triple perspectiva tan ajena a convenciones y consensos, inmersa en la fértil elocuencia transformadora en la que se estructuran los distintos órdenes  simbólicos, la que garantiza la reflexión paradójica, aquella que resplandece luminosa para el alma.

De algún modo que aún no comprendemos bien, el alma sabe que toda luz proviene del interior. Sin esa luz, el mundo enmudece en la sombra, se torna huella. Desde ella, en cambio, la total oscuridad se revela fuente luminosa. Esa forma de estremecer el lenguaje y torcerlo más allá de toda posible polisemia fatiga y agota cualquier clase de lógica, sobre todo para quienes aún confunden alma y retina.

La mirada divina construye la necesidad. La mirada sagrada revela la arbitraria posibilidad del azar. La ignota ceguera nos oculta nuestra total falta de libertad y nos inventa responsables. ¡Como si fuera posible escoger la mirada o el alma de la música se agotase en la partitura! Sabiduría ensoberbecida que confunde cifra y descifra, hermenéutica con coleccionar diccionarios de símbolos, el 1,3 y el 1,6, palpando a tientas, tropezando con las sombras, sin ochema ni auge, incapaz de encontrar, caleidoscópica luz sobre luz, la alacena del corazón.





viernes, 22 de junio de 2012

Quid pro quo


“La bebida mitiga la sed,
la comida calma el hambre,
pero no existe oro suficiente
con que aplacar la avaricia.”
(Plutarco)

“Es la necesidad de muchos
lo que mueve la insaciable codicia
de unos pocos.”
(Eduardo Galeano)





Todo el mundo teme aquello que desconoce. Por eso, quienes adquieren poder sin legitimidad para ello, lo que más temen no son los riesgos que podrían correr los valientes por amor a la libertad, ni el ejemplo de los justos que podría arrastrar a las masas en su contra, sino la virtud de los sabios, que les recuerda lo que son, aunque no saben cómo.
La virtud recuerda a los tiranos de medio pelo, incluso a esos macro tiranos que ahora llamamos “mercados” por su capacidad para “comprar deuda” de países y continentes, por “interés” (la dichosa prima de riesgo) que compensa psicológicamente al prestamista de no recuperar nunca su “tesssoooro”, les recuerda digo, de dónde obtuvieron su “capacidad inversora previa” y el alto precio que tuvieron que pagar, ya que tuvo que salir fiduciaria su Alma.

Día tras día, operación tras operación, negocio tras negocio, tratan de borrar la huella de “su primer golpe”, el día que traspasaron la barrera inhumana y no pudieron ya regresar. El sabio les recuerda “su deuda” y actúa como incómodo testigo de un pasado que, al ser revisitado, incomoda sus “fastos inversores” y les resta algún brillo. Pocos griegos saben que el Euro, antes de ser monetario logo fue una letra mágica de su prodigioso alfabeto. Estas cosas siempre se van olvidando, con "el paso" del tiempo.





Todos sabemos que para adquirir una compra a menor precio del nominalmente previsto, resulta pero que muy conveniente desprestigiar el servicio que se espera disfrutar o el bien mueble o inmueble que se busca adquirir, en el turbio casino de la oferta u la demanda. Si no, que se lo digan al “huésped” que lleva suficientes milenios a sus “curiosas bajas espaldas” tratando de desprestigiar y minusvalorar, hasta la saciedad, la importancia de aquello con lo que trafica y es su vital sustento: el Alma humana.

Ha tenido tanto éxito en su intensa campaña de desprestigio, que las actuales generaciones ya la regalan, pues ni siquiera creen que algo así exista. Al ser formados en su mayoría en escuelas laicas, saben por los grandes divulgadores de la ciencia de vanguardia, que si, tras el ominoso pacto, aún conservas el cerebro en su sitio, no has perdido nada de importancia. Los de escuelas aún religiosas, necesitan mejores ofertas. Al ser mucho más astutos, piensan: ¡nadie da “algo” por nada! Mi padre (q.e.p.d) sostenía con convicción aquella máxima popular que afirma que "para follar, con putas; para beber, borrachos". No se debe escatimar nunca la calidad de los buenos profesionales.


Como sostenía Homero, por boca de dos ancianos asomados a la muralla, "una mujer como esa (Helena de Troya) bien vale una guerra." Y añadió raudo Goethe por boca de su Fausto: "Y un buen pacto, un buen pacto". Cosas del quid pro quo y la deuda soberana. ¿Qué sabe la prima de riesgo de "ofensas" y padresnuestros? A ella solo le "interesan" los pactos, las deudas... No nos dejes caer en la tentación, et libera nos ab malo. AMEN.