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domingo, 8 de septiembre de 2013

Veneno apacible

“Así como nunca se arrebata la oscuridad a los dos mundos,
la oscuridad del alma iniciada, a caballo entre ambos,
majestuosa, silente y sabia, es la oscuridad suprema.”
(Mahmud Shabistari)
 
“Rester soi-même.”
(Michel de Montaigne)

 



 
Quiere nuestro hiperactivo siglo XXI impedirnos seguir siendo nosotros mismos tras la usura de la cronometración vital, allí donde ya no queda tiempo ni para la reflexión sedente ni para la itinerante, aquellas donde se rumian y caminan los pensamientos. En el estrecho lapso de una serie, de una partida de Angry Birds, de un apresurado vistazo por los titulares digitales, el timeline del Twiter o el muro del Facebok, pocos frutos magistrales cabe esperar de esta deslumbrante, vertiginosa y aciaga época. Sin espacio para la reflexión y el silencio, estamos pues abocados a un mundo sin aristas ni artistas.

 
 

Señalaba el maestro Manuel Vicent nuestro actual desinterés por el amanecer que se extiende centelleante sobre el mar, el oro cegador sobre los rastrojos que nos regala la siega de agosto, el que madura en los membrillos por el temido San Martín porcino, el que relumbra al viento en la podredumbre de la hojarasca otoñal, en el sillar románico que enciende el sol a media tarde, el las obras de Klimt y Matisse, en las letras capitulares de los códices de vitela, aquel oro que nos envuelve como una dádiva, al cero por ciento de interés,  en el mosto que fluye al final de la vendimia y que sabe dorar el crepúsculo en la copa que llevamos, ya sabios,  de la mano a nuestros impacientes labios, mientras aguardamos la promesa del brillo solar, que reestrena la vida para nosotros, cada mañana.

 
 

El oro esencial que entrega la mirada serena sobre las “Oras” no es el oro por el que se afanan y pleitean los voraces mercados. Una mirada que verá trocar en nosotros deseos y necesidades artificiosamente construidas por otras quizá más genuinas por las que sí merecerá la pena tu batallar, por las que tendrá sentido y será necesario derrochar el efímero caudal de una vida, agotar el propio camino que crearon, en su solitario andar, tus pasos. Bien mirado ¿cabe mayor codicia que la de marcarse y seguir el propio rumbo, en ese estado de consciencia crepuscular donde las cosas no son sólo posibles o simplemente probables, sino inevitables, necesarias? Aún puedes rescatar tu tiempo de la cadena de la prisa, de la impostura impuesta. Festina lente.
 
 
 

sábado, 13 de octubre de 2012

Susurro otoñal


“En cada respiración se muestra el camino de regreso.
Protege ese tesoro de distracciones
en la guarida de tu corazón.”
(Ibn Arabí, Al-Futuhatu`l-Makkiyya)

 

 

 

La llegada del suave aliento otoñal supone una ocasión privilegiada para tomar conciencia del sutil Aliento Sagrado que impregna la total provisionalidad de nuestro efímero ser, el pulso vital que entregamos con la misma docilidad que le recibimos en cada respiración. Conviene recordar que el don de la vida –como todo lo demás- no nos pertenece. Tiene propietario.

 
Caminar sobre el crugir de las hojas rendidas al impulso del aliento otoñal es un ejercicio estupendo para contemplar en silencio nuestro reflejo en el espejo del alma, allí donde el paseo interior se entrega dócil a la magia del paseo exterior. Tiene lugar el prodigio del escandallo reflexivo, allí donde se pasa revista a nuestras acciones y omisiones cotidianas, a lo que dijimos o dejamos de decir, a los potentes pensamientos que en vano se esconden tras cada  inhibición o acto. Allí donde sabemos y reconocemos nuestro abandono a la maldad, el olvido siempre transgresor.

 
En ese beso sutil, preciso y precioso, el aliento otoñal se torna don, instante de gratitud. Sabor y presencia. Recuerdo de por qué y para qué seguimos vivos.

 
Germen de luz y temor.
 

Urgencia…



martes, 2 de octubre de 2012

Dócil impostura

“Si no hay actos en la tierra,
no los escribirá el Eterno desde arriba.”
(Yamil Al-Mansur Haddad)
 
“Sin más, el Eterno anula o confirma
a Voluntad lo que quiere.”
(Qurân 13, 39)

 

 
Más allá de nuestras ínfulas, pretensiones y ridiculeces, la existencia simplemente ocurre. Nos ocurre. La disolución de la materia, su irrevocable muerte, sólo anuncia la enésima de sus transformaciones. Este devenir es utilizado como excusa para justificar la propia inmoralidad, la arrogancia y el fatalismo, ante tal ausencia de libertad. Sin embargo el ser humano no puede desligarse de su condición de constructor de su propio destino. Simplemente ocurre. Su acción representa su modo de estar en el mundo. Esconde así una voluntad más grande que su propia voluntad. ¿Cómo encontrarla, aquí y ahora?

 

Eliminar la hipocresía y el disimulo de forma completa, actuar con sinceridad y sin miedo a la verdad, no es algo que todos deseen llevar a cabo. Presos de las trampas del yo, atrapados en la auto indulgencia, en el calor de las propias concesiones, en los múltiples recovecos del irredento egoísmo, dejamos que nuestras vidas se malogren. Es nuestro actuar un activo dejar de actuar. Así tienen que ser las cosas. Así son, porque así tienen que ser. Hasta el hipócrita, sin saberlo, actúa de acuerdo con la realidad y la verdad. A un mismo tiempo, resulta posible esforzarse en aceptar y transformar lo real.
 
 
 
 

viernes, 24 de agosto de 2012

Desde donde el mundo es templo


“Siendo pobre en la posibilidad de mi riqueza
¿cómo no habría de serlo en mi actual pobreza?
Ignorante en la posibilidad de mi sabiduría,
¿cómo no habría de serlo en mi actual ignorancia?”
(Ibn Ata-Illah)
 
“Salvo quienes obren y caminen desde la certeza,
salvo quienes se recomienden entre sí verdad y paciencia.
Los demás… perdidos.”
(Qurân 103)

   

 

 

Lo que no parecen sino hechos inconexos, azares fortuitos, plural absurdo de la irredenta multiplicidad, fatalidades que se agotan y encuentran su límite en los respectivos egos infinitos, todo aquello que no parece sino caos, digo, conforma una coherencia tan sutil como la que se aprecia al atravesar el umbral de todo recinto sagrado. Cada cosa está dispuesta en función de un único propósito: nuestra total desaparición. Al igual que durante el periodo comercial de rebajas, se aspira a una liquidación total del stock egoico, así disuelto en la parsimonia coagulante de la unidad.

 

El gesto natural de quién se da cuenta de ello es la de volverse al humus, la de recogerse humilde en la prosternación, la de saberse “polvo y ceniza”, la de reconocerse evanescente reflejo en el espejo del mundo a merced de Su mirada. Dicha humillación es la “experiencia”. Incompatible con las infinitas formas de orgullo espiritual que pueblan logias, sinagogas, basílicas, mezquitas, resorts new age, dojos y ashrams.

 

Por más que estén de moda, no hay eco ni en el simulacro de amor, ni en la espiritualidad impostada, ni en la mal disimulada soberbia. Se requiere el saldo, se hace necesaria la propia rebaja, el total obsequio desinteresado. Es precisa aquí la liquidación total. Quién verdaderamente Te conoce, ni reposa en tu gracia ni desespera de Ti en la adversidad. Ardua es ciencia de la paz. Pero donoso su escrutinio. El aquí y ahora hechos templo, dicen que saborea el que sabe.



sábado, 18 de agosto de 2012

La escalera al trono y el azufaifo


 “Si doy un paso más,
me abrasaré en el Eterno
más tú, tú estás invitado, prosigue.”
(Qurân 53, 14)

"Que el Señor reconozca al Señor en el Señor."
(Ibn Arabí, Tratado de la Unidad)






Quienes vivieron para contarlo a su regreso, confirman que no es posible el ascenso a la divinidad sin que haya amalgama o sin que se dé fusión. La única metáfora que puede ser capaz de entender el ser mezquino y egoísta, para hacerse una mínima idea de este proceso disolutorio, es la de “renuncia a sus deseos”. El viaje espiritual conlleva una suerte de turismo disolvente que, a la postre, dicen que termina por resultar edificante. Arribar la cima solar significa traspasar los ardiente rigores de su corona y penetrar hasta su centro. Superado el límite, arriba es adentro. La realeza es acción, nunca mera pose.


El verano toca a su fin. Purificados, limpios y anhelantes, disfrutamos estos últimos instantes estivales plenos de esperanzas, ideas y proyectos. Sentimos alegría de haber acompañado en su plenitud la marcha solar, y nos disponemos a permanecer también fieles en su necesario declive, recompensados en nuestro esfuerzo por múltiples bendiciones. Semillas que germinarán e irán creciendo en nuestro corazón el resto del ciclo, para entregar en el solsticio de invierno la mayor o menor calidad de sus frutos, o nada.




Devueltos al próximo otoño, a la costumbre y al deseo, recordamos que fuimos creados plenamente sedientos para poder ser así también colmados desde la inagotable plenitud. Sufre sólo quien olvida. La distancia muestra el valor de lo que amamos, la tensión necesaria que hace ese amor posible. Un año más significa todo el refinamiento, toda la apertura, toda la sensibilidad, toda la cercanía que hayas sido capaz de conquistar. A cada instante, si estamos atentos y vigilantes, recobramos la vida para vivirla renovados en cada rostro. No te distraigas en señuelos y atrocidades.


Sigue con precisión tu camino. Así quien escucha tus palabras, observará luego tus pasos y vigilará tus manos, para comprobar cómo retribuyes la confianza y qué guardas realmente dentro. Recuerda siempre en quién eres y lo pactado. Allí donde los ángeles dan un paso atrás, tú aún debes seguir. Prosigue. Prosigue… allí hasta donde tu anhelo alcance.




miércoles, 15 de agosto de 2012

Alacena del corazón

“Algunas almas se muestran cuál pura luz de luna.
Otras, más irisadas, ofrecen ofídicos rasguños pálidos.”
(Plutarco, De sera Numidis Vindicta, XXII)






La metafísica de la luz siempre distingue entre la mirada divina, la mirada sagrada y la ceguera. Así la luz y las tinieblas pueden ser consideradas bajo esta triple perspectiva tan ajena a convenciones y consensos, inmersa en la fértil elocuencia transformadora en la que se estructuran los distintos órdenes  simbólicos, la que garantiza la reflexión paradójica, aquella que resplandece luminosa para el alma.

De algún modo que aún no comprendemos bien, el alma sabe que toda luz proviene del interior. Sin esa luz, el mundo enmudece en la sombra, se torna huella. Desde ella, en cambio, la total oscuridad se revela fuente luminosa. Esa forma de estremecer el lenguaje y torcerlo más allá de toda posible polisemia fatiga y agota cualquier clase de lógica, sobre todo para quienes aún confunden alma y retina.

La mirada divina construye la necesidad. La mirada sagrada revela la arbitraria posibilidad del azar. La ignota ceguera nos oculta nuestra total falta de libertad y nos inventa responsables. ¡Como si fuera posible escoger la mirada o el alma de la música se agotase en la partitura! Sabiduría ensoberbecida que confunde cifra y descifra, hermenéutica con coleccionar diccionarios de símbolos, el 1,3 y el 1,6, palpando a tientas, tropezando con las sombras, sin ochema ni auge, incapaz de encontrar, caleidoscópica luz sobre luz, la alacena del corazón.





martes, 14 de agosto de 2012

Frustrada mirada


“Así, dame tu mirada una y otra vez,
para que regrese a ti deslumbrada,
humillada, vencida…”
(Qurân 67, 4)

“Gozos y sufrimientos de la luz,
los reflejos cromáticos nos muestran la escala
por la que se alcanza la Vida.”
(Goethe, Fausto)






Aunque el misterio del conocer se imbrica en los actos del sentir y del pensar, no se agota en ninguno de ellos. El desdeñado mapa del alma humana, toda vez que se resiste a ser cartografiado, delimitado o aprisionado por la forma o la palabra alguna, persiste como certeza inefable, capaz de abrasar el fénix de la imaginación creadora y darle renovada vida, latido luminoso y tornasolado, gozo coloreado y vibrante a lo que antaño fuera sombra gris, fáustica ceguera espiritual, recuerdo incomprensible, ceniza.

Recobrar la experiencia de lo sutil en la conciencia. Mirada interior que se sabe, porque se reconoce,  mirada. Instante elocuente en el que brotan y confluyen dos mares, la mirada y el sentido, percepción y significado. Pura apertura, vacía e insegura, que todo lo abarca y lo entiende, encuentro imposible entre los mundos tan distantes. Regreso. Ascenso que reúne. Aprender a rescatar la luz de la mirada, a mirar desde el reencuentro del alma, una vez, claro está, que ésta haya sido recordada, esto es, devuelta al corazón que sabe.

Luz sobre luz, que no necesita sombras, radiante aceite que no requiere llama, una mirada así, no se limita a ser testigo: requiere la luminosa caricia y sale a abrazarse a los colores, recuerda el compromiso, germina lo real. Cuando el alma se torna un mapa inútil ¿quién necesita razones a falta de memoria? ¿Quién le recuerda a la frustrada y estéril ceniza que un día fue resplandeciente gozo y sufrimiento, ardiente brasa? ¿Quién le devuelve la verdadera mirada? La que no se dobla. La que no da marcha atrás ni pasos en falso. La que no traiciona lo real. Aquella capaz de besar la luz que la besa.




jueves, 9 de agosto de 2012

Non serviam


“Escucha el verdadero anhelo que palpita en tu corazón,
desoye la seductora llamada de la copa somnífera
¡Y no te duermas!
El amor sólo encuentra a los que ardientes le velan.”
(Yalal ad-Din Muhammad Rumi)



“Si y no.
Entre el sí y el no
los espíritus vuelan más allá de la materia y
las cabezas se separan de los cuerpos.”
(Ibn Arabí responde a Ibn Rush)





Respirar no es sinónimo de saber respirar, aunque la mayor parte de los supervivientes no asfixiados se consideran expertos “prácticos” en el tema: “Aprendí a respirar sólo, sin ningún maestro, y hasta ahora.” ¡Qué pronto olvidaron el álgido estímulo sobre las nalgas que les otorgó la radical victoria! No es el buscador, sino el encuentro con lo buscado, lo que hace posible (y completa) toda búsqueda. Lo buscado nos encuentra.



La posibilidad de autoconocimiento esencial en el bajo mundo de la manifestación es tan improbable como el encuentro con un arcángel. De hecho son la misma cosa, en lo que respecta a su variación vibratoria. La silente quietud permite saborear el viento divino que lleva al corazón de manera algebraica al encuentro con lo insondable.




La compulsión espiritual deja de ser asombrosa, imposible o extraordinaria, para ser un modo de ser en el mundo (de hecho el único), en lugar de vegetar, conforme a la verdadera naturaleza de las cosas. Todo el “mérito” robótico es tratar de resistirse a su fuerza: en vano. “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra.”



Toda vida no es sino un viaje a trascender el límite, el límite de uno mismo, el límite de lo verdaderamente humano, el límite de lo sagrado ¿Cabe otra opción que la de renunciar de modo consciente a la ignorancia y peregrinar a la extinción? Allí dónde aún no existe un cosmos que pueda oír ni obedecer, el mandato divino, hábil tejedor de esparto, lo hace posible como si nada. Natural.




viernes, 22 de junio de 2012

Del Alma y sus permanentes batallas


“Circuncidad, pues vuestro corazón, dejando paso al Eterno.
No endurezcáis ya durante más tiempo vuestra cerviz.”
(Deutenonomio 10, 16)

“Caminante, no hay camino.
Se hace camino al andar.”
(Antonio Machado)





El primer exilio no es sino el de llegar a la vida. Desde el mismo instante del nacimiento, libramos una batalla permanente contra todos nuestros malos instintos[1], que nunca terminan de ser completamente derrotados. Mientras dure nuestra vida, dura la batalla.  La mayor parte de los seres humanos viven engañados creyendo que su vida transcurre entre dos planos separados de realidad: la voluntad divina y la creación de ésta.

Mientras estas “dos realidades” permanecen divididas para nosotros, imaginariamente separadas, esa es la prueba de cómo actúa en también nosotros y se nutre el mal instinto. La madurez significa aceptar que un verdadero soldado está dispuesto a entregar la vida, proyecto de regreso. Decir orgullosos: “Aquí está mi alma, tan pura como cuando me enviaste. La protegí en cada batalla de la guerra. Ese es mi mérito.”

Pobres de aquellos que, quizá sobre emocionados por el saber espiritual, se olvidan de que las lágrimas no sustituyen en modo alguno a los pasos necesarios. No es un camino posible de degustar sin recorrer. Sólo entonces puede el anciano ver desde lejos, ya que fue al moverse físicamente desde el punto de partida como adquirió su Alma (hokma) sabiduría. Sólo así pudieron los oídos escuchar por primera vez, los ojos tener la capacidad de contemplar su rostro y un (único) corazón, ya circuncidado, para saber al fin de qué iba todo esto de morir y nacer.






[1] Yetsé yarrá

jueves, 21 de junio de 2012

Tremor in statu nascendi


“Lo que otorga voraces alas y esparce el veneno del Mal
no es tanto la verborrea falaz y la acción perversa de sus fieles sicarios,
como la pasividad y silencio de los que quieren pasar por buenos
cuando no son más que una pandilla de amedrentados vagos.”
(La “verdadera” frase que inspiró a Gandhi)

“Pedro, el romano, le seguía de lejos,
presto a traicionarle tres veces,
antes del canto del gallo.”
(Lucas 22, 54-62)






¿Dónde situar ahora el listón de lo humano? Por mor de recortes y ajustes presupuestarios, ¿habremos de conformarnos con un bogavante o mero sucedáneo? ¿Quién puede arrogarse calidad suficiente para certificar en otros calidad humana? Ciertamente, me considero el menos indicado para juzgar si soy el indicado para juzgar. “Ignorado, desorientado, contaminado, aburrido, desconocido, poco atrevido como cualquiera”, también pude -más de una vez y más de dos, detener mis “pequeñas injusticias” hacia los semejantes y preferí salir impune e indemne (creerlo al menos) y no hacer nada, dejando el asunto en manos de otros más valientes, justos y sabios.


Muchas personas son las que han caído en el error de abandonarse al ritmo desolador y vertiginoso que exigen los agitados tempos seculares, desoyendo la pauta serena de su propio corazón. Únicamente el corazón proporciona el coraje, la intrepidez y el denuedo de seguir en el camino, desoyendo la racional cautela, incluso en las más difíciles circunstancias. Sólo el corazón nos da la fuerza necesaria para asumir que la gente no suele decirnos a la cara lo que verdaderamente piensa o teme de nosotros, se limita a impedir que nuestra vida progrese más allá de sus mezquinos intereses.



Labrar la propia vida sin transgredir la lealtad debida al Alma, incluso en circunstancias menos adversas que las actuales, siempre ha resultado un reto difícil. Quien ha vivido varias vidas lo sabe aún con mayor certeza. En la medida que tuve desarrollada mi atención primera, siempre puse la capacidad de sospecha y el recelo al servicio de la voluntad de no ser dominado por el permanente afán inquisitorial de los intereses ajenos que me salían al paso, tarea fácil, toda vez que éstos, sobresaltados el espejo de mi Alma, huían desenmascarados.


Ahora me contento con dar rienda suelta a mi vanidad a través de un blog e imaginar que alguien pierde su tiempo recalando en él, e incluso se toma la molestia de sopesar si cabe destilar alguna razón entre tanto desvarío. Reivindico mi pequeño espacio virtual y mi legítimo derecho a profesar el esperpento minoritario y la sutil rareza de lo tradicional en estos vacuos tiempos que me contagiaron. Mi derecho a la irreverente anormalidad. Convencido de los privilegios de transcurrir al margen, empeño mi energía en restituir verdad a la palabra, aunque no de forma totalmente desinteresada, como hipócrita presumo.





Distraído, entretenido en el vano esfuerzo de evitar ser neutralizado por cualquier forma de distracción o entretenimiento, paso mis fecundas noches y anodinos días, como cualquier otro subhumano del montón, y asumo mi vocacional pertenencia a la chusma agónica. Uno más para fijar rédito eficaz al Mal que asola el mundo, e instaurar su permanente Reino, desde el esfuerzo y servicio “desinteresado”. Me obstaculizo, impido, contengo y autocensuro como el que más. Usos y costumbres. Debe tratarse de esta gripe de desconfianza que ya resulta pandemia: “Tremor in statu nascendi”  la etiquetan los expertos. Y es que la sub-humanidad no tiene más vacuna que la propia autocura. La coartada del des-ánimo, además de sutilmente paralizante, desvela nuestra total carencia de Alma. Y así no hay libertad ni “liberación” ni “satori” ni “nirvana” que valga. Sólo una pose espiritual que no merece alabanza genuina.



Carente ya de proyectos, mi vida no resulta ya una amenaza. Reconfortado en el cálido exilio de quienes aún demuestran que les importa que me importen, entiendo que el ostracismo del mercado recompensa con creces las cuitas pasadas, actúa de bálsamo cicatrizante, serena y clarifica la mirada.  ¡Marca el paso, sigue latiendo, corazón! Una nueva muerte necesaria y certera te aguarda. No hay huida posible, ni dónde esconderse, ninguna hoguera calentará el frío que asedia tu alma…



Antes de iniciar el proceso sumario que terminaría con su crucifixión, en la sobremesa de la última cena, el Maestro, adecuado listón de lo humano, quiso darles los últimos consejos a su “desconcertada tropa”: “Habladles con parábolas. Creedme. En verdad, en verdad os digo, que nada trastorna el corazón mezquino y, resucitándolo, le devuelve a la vida como una buena historia”. Y ahí andamos, tratando de progresar adecuadamente en el Arte de des-helarte el Alma. Quizá en vano. Quizá en vano. Quizá.






miércoles, 20 de junio de 2012

Juegos de palabras

"Nada hay tan cuidadosamente sellado
que no haya algún día de revelarse,
ni secreto tan oculto
que no llegue al fin a saberse."
(Lucas 12, 2)


"¿A cuántos arrastrará en su caída
la corrupta Balilonia la Grande?
¡Pronto lo sabremos!"
(Alberto Canosa)





Cuando Jonás tuvo que pasar parte de su peculiar periplo vital en el vientre de una Ba-casi-llena (si no, no hubiera Cupido), tuvo que entretener su Alma de alguna manera, por lo que se dedicó, al calor de una mínima hoguera, a la disección de alguno de sus maltrechos, pero muy nutritivos, coetáneos.
Croqueta-mente llamó su atención el cómo cambiaba de color la parte baja de la vejiga natatoria de algunos de los peces por él destripados, tras haber sido convenientemente ahumados.



Estos casuales descubrimientos, debidos con toda seguridad al “especial” grado  de atención de algunos sujetos, han cambiado la vida de la mayoría. Si no, que se lo digan a Moisés, que se detuvo del negocio que le ocupaba (creo que rescatar ovejas perdidas, pero no recuerdo si churras o merinas) maravillado por el curioso arder de una zarza sita en el reseco y tórrido Sinaí ¡sin consumirse! Dispuesto a aprender, aquella montaña aún habría después de enseñarle cosas del todo increíbles. Pero esa es otra historia.
“¿Por qué (demonios) cambia esta parte de la vejiga de color, y no la otra?” – Se preguntaba Jonás en su ventral exilio. Y dándole vueltas y vueltas a la cosa, halló la respuesta, por el camino del amor, que no del temor. Pero esa también es otra (larga) historia. Fue publicada hace muchos, mucho siglos por la editorial QyDado, bajo el curioso título de “Vesica piscis”. La pueden encontrar, bajo siete llaves, en el Archivo Secreto Vaticano: Lumen in arcana.





martes, 5 de junio de 2012

La septima "jotarnot"

"Quizá no te de tiempo a ver el resultado.
Quizá esté más allá de lo que ahora eres capaz.
Lo que importa es la acción:
haz lo que debes."
(Mohandas Karamchard Gandhi)

"Hace días que no sé cuántos días hace.
Hace días que me digo... mañana
y espero."
(Joan Manuel Serrat, Helena)




A la mayor parte de los arquitectos de este mundo les desagrada que los forasteros entren, como Pedro, por su casa, sin pedir permiso. Así establecen numerosos cercos de seguridad, a distintos niveles. No cabe atribuir a la paranoia tal actitud de desconfianza. Antes bien, parece legítimo dicho deseo de preservar, junto con la del habitáculo, su intimidad.
El uso de Internet y de cajeros automáticos nos tiene bien acostumbrados al uso de claves y contraseñas. La criptografía actual es una disciplina emergente, no sólo al alcance de los servicios de inteligencia estatales o transnacionales. La seguridad nos parece a todos un asunto de lo más prioritario.



Como bien nos recuerda el Cantar de los Cantares, la inefable experiencia de entrar en los aposentos de palacio es un asunto reservado para pocas y, no digamos, pocos. Con lo fácil que resulta confundir el mármol con el agua, lo más probable es que muchos aventurados viajeros terminen su odisea con el culo al aire o, lo que no se sabe si es peor, consumidos por el purificador fuego.

Sin desdeñar la innegable utilidad de nombres, himnos, lemas, pases, contraseñas, passwords, keywods, logins, llaves, ganzúas, sigilos, consignas, marcas, oraciones, jaculatorias, sellos, salvoconductos, licencias, patentes, combinaciones y permutaciones imposibles, y demás santos y señas, la pureza de corazón es la clave maestra que otorga el valor necesario para afrontar con total éxito todas las pruebas, incluida la laberíntica escitala espartana de Ulam. Los demás habrán de contentarse con el resplandor del Rostro (Sar ha-anim), allí donde no valen tanques, misiles crucero ni palancas. Sólo quien regresó indemne y en paz lo sabe: "¡Ábrete, sésamo!"





miércoles, 4 de abril de 2012

Balance y cierre

"No existe mayor tortura ni peor desgracia
que la esperanza."
(Kapilá Muni, s. VI a.C.)


"Purusa significa: Aquel que disfruta,
esto es, quien no produce ni es producido.
No otra cosa es el Espíritu."
(Isvara Krsn, Sâmkhya Kârikâ)



Resulta fácil imaginarse la gran excitación aquel jóven iniciado en los misterios de Apolo, con apenas veinte años, al divisar al fin las costas de Rakotis, como colofón del viaje instigado por el hiperboreo Abaris y a instancias de sus venerables maestros Ferécides, Tales y Anaximandro, para así empaparse de la sabiduría de Kemi en Iunu, Inebu-hedy y Uaset. 
Fue allí donde aprendió la importancia del secreto y la pureza, como garantes de la areth, que posibilita el encuentro con el propio neter, tras el skhm jchet, en el marco ritual del per-ank, primero de los shem netjer egipcios y luego de los magi medos en Ka-dingir.
Con tan sólo treinta y cinco años, fundaría su primera escuela de misterios, el “Hemiciclo”, en Samos, aunque sin ningún éxito: “nadie es profeta en su tierra”…
Fueron los iatromatis apolíneos, de la escuela de Elea, quienes más le insistieron e invitaron a migrar hacia Crotona, dos años más tarde, y establecer allí su sinagoga. Así, la semilla de los matematikoi y akhousmatikoi pudo arraigar firme en el sur de italia y extenderse por Sibari, Tarento y Metaponto.
Esta última fue la que hubo de servirle de refugio, huyendo de las hostilidades del despechado Cilón, a Ptah Goré, o el “Gran Ptah”, nombre iniciático con el que fue reconocido en Egipto, que aún pudo regresar a Crotona con cien años y todavía llegar a abrazarle el alma a Empédocles.
Afortunadamente no vivió lo suficiente como para llegar a ser testigo de la tragedia ocurrida en la Casa de Milo, ni para ver como le arrebataba los sagrados números -para así prostituirles, sin el menor escrúpulo- la vil bajeza de los mercaderes.
Pese a quien pese, las escuelas de misterios aún siguen vivas, aunque ahora extremadamente escondidas y, prácticamente invisibles, cumpliendo con eficacia en la actualidad su misión fundamental: la de renovar en el ser humano el contacto, la comunión y unión con lo divino, la virtus teúrgica, fundamento sin el cual el resto de virtudes físicas, éticas, políticas, catárticas y teoréticas, han de resultar prácticamente espúreas y del todo vanas e impostadas, meros simulacros carentes de sentido.
Fue tan sólo cuando los sacerdotes perdieron su Virtud, según nos cuenta Marino de Neápolis, cuando el limo negro surcado por el fecundante padre Nilo –como sucede a tantos y tantos  imperios de antes y después- vió mancillada y extinta su hegemónica gloria. Allí donde antaño hubo un faro que iluminaba a lo mejor de la humanidad, hoy sólo quedan inscripciones sin vida y lerdos turistas haciéndose fotos entre las ruinas.
Nada nuevo bajo la atenta mirada de Rá. Nada nuevo. Manifiesta terquedad la de quienes se obstinan en negarse a reconocer que están ciegos.


Quienes añoran poder regresar a un reconfortante pasado, o aguardan llenos de temor la llegada inminente del amenazador futuro, pertenecen a una misma subclase de seres infrahumanos: los cobardes.

Quienes habitualmente presumen de buscadores y dicen hayarse preocupados por encontrar la verdad, el conocimiento, la liberación interior o la luz... no lo están. Sólo es una mera pose ficticia que encubre su verdadera condición: la de unos vagos irredentos que buscan una salida cómoda y fácil de la carcel de la existencia, sin hacer el menor esfuerzo. Liberados de salón y pantuflas, que para escapar de la falacia materialista se arrojan en manos de la falacia salvacionista. Y viceversa. No engañan a nadie. Dignos herederos de Cilón, son indignos merecedores de adentrarse en los secretos misterios.


"El mercenario guerrea por la paga.
El soldado de ley, por sentido del servicio.
El verdadera kchatriya, para alcanzar la victoria.
Sólo el virya lucha porque no puede hacer otra cosa.
Nada debe. Nada ansía. Nada busca.
Igual que la luna resplandece, las gopis danzan
y la abubilla instruye... él se entrega al combate."
(Shamkara Acharya, Comentarios al Vedanta)