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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Periplo emético


“Gleichsam einen Nabel.”
(Sigmund Freud)

 



Suelen los dioses inmortales encargar su templo sobre la tumba de los dioses muertos, para que la lápida haga las veces de puerta corredera con el otro mundo, allí donde se oculta el permanente trasiego del oro. Eso justifica, ayer como hoy, el lucroso tráfico de auténticas reliquias –así como su constante imitación inflacionaria de las falsas- y la necesidad de ardides con que engañar al vigente usurpador del sacro monopolio, voraz devorador de sus permanentes hijos.

Llevan removiendo Roma con Santiago sin dar con la maldita puerta, aplacando inútilmente a los titanes del pétreo subsuelo con vanos sacrificios. Descartado Irak y apunto de darse por vencidos en Afganistán, Irán será el próximo objetivo. Nada se halló bajo la “restaurada” fuente de la granada roja. Escurridiza meta que sólo conocen aquellos capaces de vengar al abuelo, matando al padre con la ayuda de la madre. Por más que insistan algunos, son una mínima minoría muy silenciosa quienes conocen el acceso al estrecho ombligo que trasciende el tercio. Desconfíe de las imitaciones, de los pañales y las promisorias tóxicas manzanas: Inminente vomitus vobiscum.
 
 
 

sábado, 1 de septiembre de 2012

Mussafir odassi

“Sorprende la hospitalidad oriental.
No hay aldea cuyas casas no dispongan de habitación del huésped,
en donde todo peregrino encuentra su abrigo gratuito,
sin decir quién es o cuáles son sus opiniones.”
(Vicente Blasco Ibáñez, Oriente, 1907)
 
“El paraíso está a la sombra de las espadas.”
(Hadiz islámico)

 

 

 

La memoria sucumbe a la pereza intelectual. Allí donde uno cree haber llegado a algún sitio, ni siquiera ha comenzado a empezar. No ha habido “inicio” alguno. Por más pasos que se hayan dado, ninguno de ellos ha conseguido traspasar el umbral. Creyendo que avanzamos, damos vueltas y vueltas sobre el mismo punto, sin llegar a ningún lugar, inmovilizados en un interminable espejismo de progreso.
 

La palabra elocuente, abre el entendimiento, zarandea el alma, corta sus ataduras como una espada y la libera. Heredera del relámpago, hiende las tinieblas. Discrimina entre la verdad y la mentira, cercenando así la existencia atrapada en lo ilusorio.

 
Adentrarse en lo nuevo comporta desterrar viejos hábitos, cuestionar normas rígidas, retar y desafiar por propia iniciativa las mordazas, el sometimiento y atadura a falsos ídolos, por bellos que aparenten ser: la virtud siempre elige el camino interior de la verdad y a él siempre permanece fiel. En la fidelidad a la verdad reside la verdadera liberación, aquella capaz de desvanecer el perpetuo velo del autoengaño. De ahí su peligro. Ninguna otra luz, ningún otro cielo como el de septiembre: Balanza que libra, eje axial que aúna así a la comunidad en torno a la verdadera justicia y la devuelve a casa.
 
 
 
 

domingo, 8 de julio de 2012

El hombre imperfecto


“No vivimos sino en un mundo imaginario,
que transcurre dentro de Su imaginación.
Sólo el Ser que imagina imaginar es Real.”
(Abdel Karim Al-Gili)




El hombre dormido, aquel que se sueña despierto, no desea despertar en modo alguno despertar de su sueño, desdeñando aquellos umbrales oníricos que le invitan, a través del símbolo, a despertar a lo Real: el velo, el reflejo de la alberca, el permanente juego de luces y sombras tras la celosía del alma. Distintos órdenes imaginarios que se suceden unos dentro de otros y conviven en simultaneidad, ya que el tiempo no es sino transcurrencia ilusoria.

El encuentro entre lo imaginado (nosotros) y Quien imagina, únicamente tiene lugar en la posibilidad que antecede al instante. En ese encuentro, que no es sino autoconciencia, reflejo, suceden todos los universos. Todo cabe.

Dios se sabe así, Imaginador Imaginado, por primera vez, cada vez que ello ocurre. Y es en aquel entonces soñado donde aquel hombre dormido, sueña que despierta. Y se sabe al fin sueño soñado. Y todo, por vez primera, una y otra vez comienza. Perfecto. Exacto. Simbólico. Como en un sueño.



miércoles, 20 de junio de 2012

San Juan y la fogata del gatopardo


“Hasta los dioses se hayan atados a su divinidad.
Únicamente la Necesaria Virtud
permite entonces alcanzar la Verdad.”
(Sócrates de Atenas)

"Al final es un problema moral
que el ser humano aplique o no
aquello que ha aprendido. "
(Carl Gustav Jung, Sueños y memorias)








Nada en exceso. Si siquiera zafarse del exceso mismo, cuando éste sea impuesto por la Necesidad, instancia suma que doblega a la divinidad a los mismos dioses.

A quién es ducho en un arte, hasta el punto de haber alcanzado en él suficiente maestría ¿le cabe alguna posibilidad de hacer mal una obra?

Pudiera darse el caso de que, fingiendo torpeza, salvase con ello la vida de alguien (incluso la propia), toda vez que alguien, tan suficientemente rico como brutal y desaprensivo, hubiese puesto el suficiente precio a la cabeza de cualquier Maestro. Lo que no se puede fingir es la maestría, ni para salvar la vida. Sobre todo cuando ese Arte es la Ética.

Por el testimonio de Sócrates, en la apología que nos consta por Jenofonte, sabemos que pocas personas son más peligrosas que aquellas que, sin saber, se obstinan en el espejismo de saber, aduciendo cuantas “razones” creen suficientes, llegado el caso, incluso la más poderosa de ellas: la fuerza. “Su vanidad es más grande que su miseria.”
No parece muy conveniente (para el deudor) dejar dirimir los asuntos judiciales al acreedor, ni (para el adúltero), dejar sentenciar los asuntos amorosos al despechado. ¿Quién tiene en su mano el disparador de la próxima atrocidad de magnitud global? Confiemos que no sea un seguidor del Príncipe de Lampedusa, convencido de que hay que ponerlo todo patas arriba (teológica, política y geoestratégicamente hablando), para lograr que ¡nada cambie! Alguien se encargará de barrer los treinta años de cenizas. “Mientras hay muerte hay esperanza” y San Juan está a un paso, y Salomé anda cerca. Llámenme agorero, si quieren: rodarán cabezas...








lunes, 11 de junio de 2012

Qtub


 “Guarda silencio sobre el camino, sepas lo que sepas.
Deja que la sabiduría brote en su corazón
del roce con la vida, del sacrificio cotidiano.
A los que fueron puestos a tu lado por la divinidad,
nada enseñará mejor a andar a tientas
que el lento caminar de tus sabios pasos.”
(Virgilio a Durante, en el Infierno)

"El día que ya no quede un ser humano con Aliento,
se quebrará el Cielo entonces, de tan frágil."
(Qurân 69, 16)






El Shaykh al-akbar nunca reconoció la autoría de ni una sola línea de obras tales como sus “Revelaciones de  la Meca”, sus “Engarces de Sabiduría” ni tampoco de su “Morada Polar”, dado que él los considera totalmente inspirados por entidades sobrehumanas que le habían elegido como su fiel y humilde transmisor.

Al Polo (Qtub) le cabe tradicionalmente la custodia de la integridad del mundo. Preside el gobierno en la sombra (Diwan al-Awliya) que ejerce sobre nosotros el influjo de su soberanía espiritual (at-tasarrufbi-l-himma) controlando su devenir mediante lo que se denominan “acciones y reacciones concordantes” con la Voluntad divina. Son su brazo ejecutor sobre humano: la fuerza de la Ley Eterna Natural, Sanathâna Dharma.


El Qtub, Enoch (Idris), Señor del Instante, se asienta sobre tres inmortales “Pilares” o “Columnas” (awtâd) de la tradición islámica, dos imám o nuncios laterales, Elías/Jakim (Ilyâs), Jesús/Boaz (‘Isa) y en el intersticio central “el Verde” (Khidr). Todos ellos actúan como soporte vivificador de los centros espirituales terrestres “secundarios”. Esta idea de “centro” trascendente la encontramos presente a su vez en otras distintas formas adscritas, como la islámica, al núcleo de la Tradición Unánime, también llamada Primordial.





Así encontramos lugares que fueron preservados de la caída humana y custodian celosos las vías de su regreso a la Fuente: La Tule hiperbórea, el Airyamem Vaêja mesopotámico, el Paradêsha o Agartthi hindú, la Tierra de Luz de los vivientes e inmortales del taoísmo. Formas que no pueden ser vindicadas por ninguna confesión institucional o patente espiritual, pertenecen al género humano, son patrimonio exclusivo esencial de la entera humanidad: su necesario atributo.

Los largos caminos que preceden a la meta requieren hacerse por etapas, recalando en aquellos benévolos lugares más propicios para la “parada y fonda”, pero transitorios siempre, aunque de paso necesario. No hay en ellos nada dispuesto al azar, todo responde a la más estricta funcionalidad para garantizar el pronto restablecimiento de fuerzas y la consiguiente reanudación del viaje. Tal eficaz disposición hace de ellos providencial etapa, en ellos se resume todo el fatigoso bagaje previo y las vicisitudes acumuladas durante el tránsito, aquellas que nos califican como experimentados o, en su defecto, nóveles viajeros. Pues es la función de viajero la que importa, y no tanto el grado alcanzado.


Lo que hace cumplir a la perfección su función al recipiente, no es tanto la forma estética que tenga, como su total capacidad -sin fisuras ni grietas- de previo llenado y posterior vaciado. Así custodia la jarra de alabastro todas las sutiles esencias del embriagador nardo. Es allí donde se guarda y protege su arrebatador perfume, es allí -en ese recipiente prodigioso- donde será necesario buscarlo. El arte de la escucha, la ardiente llama de la atención en el corazón.




"En mi cama en la noche,
eché a faltar al amor de mi Alma:
lo busqué y no lo encontré.
Me levanté, recorri sin éxito la ciudad
deambulando por calles y plazas,
 en vano interrogué a los guardias...
Más, apenas los pasé, ¡vaya si le encontré!"
(Shir Ha Shirim 3, 1-4)