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sábado, 30 de junio de 2012

Estrella flamígera

“Y señalando el Maestro le dijo: Judas,
aquella que ves refulgir en el cielo,
también es tu estrella.”
(Evangelio de Judas)

“Tras oír hablar de él, quise ver aquel maravilloso laberinto
construido por Amenemhat III junto al lago de Osiris
con mis propios ojos. No recuerdo nada tan prodigioso.”
(Herodoto, Historia II, cap. CXLVIII)









El sol, la estrella eje del sistema planetario al que pertenecemos, oculta con su cegadora luz el verdadero rostro del cielo, un pergamino negro salpicado de estrellas distantes (no cegadoras) que configuran un mapa paraidólico que ha fascinado desde siempre a sus observadores. Todas las civilizaciones que se han ido sucediendo a lo largo del devenir de nuestra especie, han tratado de fijar, en vano, su temporal dominio hegemónico reproduciendo ese mapa estelar nocturno, atando, por así decirlo, la voluntad del cielo a la de la tierra, a través de toda una serie de construcciones que sobrevivieron a la decrepitud de sus constructores, para deleite y asombro de nuestra mirada incrédula. Pasaron los arquitectos y tronos, permaneció su obra, pétreo calco del cielo, sobre la tierra. Nosotros, pasajeros efímeros de este espurio afán de fijar el cielo verdadero (nocturno) sobre la tierra, así lo atestiguamos sobre los ceros y unos de este post, también en vano.



El cielo nocturno es inmenso, el número de las estrellas que sobre este oscuro tapiz refulgen también lo es. ¿Cómo entonces diseñar aquellas paraidolias que sobrevivan pues a la arbitraria elección de sus factores, permaneciendo como constelaciones en la memoria de los hombres que se sucedan guerra tras guerra? Así nacieron los mitos, así aún permanecen en nuestro imaginario colectivo, poblando más las “wikipedias” y las vanidades internaúticas, que nuestras perezosas y inutilizadas memorias. Pocos de cuantos sondean su destino inmediato en las columnas del horóscopo, tienen noticia de que este se haya muy desfasado. El cielo real no muestra la constelación bajo la que creen que nacieron. La cifra, una vez más, se desfasó con respecto a la circunvolución real de las “imaginarias agrupaciones de astros” a las que un día etiquetamos como constelaciones. Las estrellas siguen ahí, pero los hombres hemos (no sé si de manera "totalmente" voluntaria) olvidado ya el mapa.



Todo mapa pretende unir (al menos) dos puntos. El de partida (que permanece ignoto), pero al que podremos arribar (toda vez que contemos con los medios necesarios) yendo hacia atrás, y, claro está, el de llegada. Todos los indicios nos llevan a concluir que ¡nosotros fuimos un día los verdaderos extraterrestres! y, mal que bien, como pudimos y con ayuda de la pertinaz y sabia maniobra psico-genética, nos adaptamos al islote cósmico en el que nos hayamos. Así la tierra nos recuerda nuestra “tierra primigenia” y el sol prestado actual, “el verdadero sol de que provenimos”, el que aparece al otro extremo del mapa: el Origen.







Uno de los más, no sé si acertados pero cuánto menos, interesantes rastros de “ese Origen primordial” es el que ha encontrado Wayne Hershel en 2002, y lleva desarrollando desde hace ya diez años, rastreando los mapas “monumentales” que aparecen no sólo en nuestro planeta, sino en nuestro satélite e incluso en Marte. Sus “increíbles” evidencias de correlación pueden ser contrastadas por el lector en cuatro diferentes ámbitos:


1.- Agrupaciones arquitectónicas arqueológicas: Triangulación de los túmulos de Stonehenge, Winterbourne y Lake (Inglaterra); templos y pirámides (Egipto); túmulos de Maliik Sha (Persia); enterramientos de Xiaoling (China); Angkor (Camboya); complejo de Lalibela (Etiopía)

2.- Agrupaciones arquitectónicas modernas: Alineación Iglesia de San Pedro con el Castillo de Santángelo (Roma); alineación Casa Blanca con Obelisco (Washington)

3.- Símbolos y tradiciones: Trinidad, sello de Salomón, relieves sumerios, tumba Semnu y zodiaco de Déndera (Egipto), pinturas rupestres en Lascaux, grabados Cherokees, manuscrito Voinich, disco de Neba, tapices masónicos

4.- Exoplanetas: Área de Medina Sidonia (Marte)



La ruta visual desde la tierra (observatorio astronómico) a través del cielo nocturno sería una línea recta imaginaria que “une” Canis Mayor, Sirio, el triple cinturón de Orión (3), el Aldebarán de la quíntuple constelación Tauro (5) y esquina superior de las septenarias Pléyades (7), conocida por los egipcios como “Pierna de buey”. Desde esta esquina, aparece un triángulo mágico donde hay dos estrellas muy distantes (de nosotros y entre sí) que esconden sistemas planetarios interesante como hipótesis de nuestro origen. Los astrónomos las han etiquetado con los códigos HD283271 y HD282943, respectivamente. Sólo nos queda por desarrollar la tecnología de vuelo e hibernación necesarias, con que nos trajeron hasta aquí, y volver a ver qué ha sido de nuestros ancestros. ¿Cómo será eso de volver a casa? Se admiten hipótesis. Si no has oído hablar nunca de Wayne Herschel (hasta ahora), ¿tienes el valor de preguntarte por qué? Si tienes más curiosidad, aquí tienes su fascinante página. ¡No te la pierdas! Todo un cerebrín.




jueves, 31 de mayo de 2012

Star System

“No hay nada más peligroso y destructivo,
para el poder dominante,
que la verdad.”
(Leo Strauss, Sobre la Tiranía)



Cuando pusieron precio a la cabeza de Al-Farabí, este logró burlar la vigilancia de las puertas de la ciudad, reconociendo su identidad fingiendo estar borracho. Los guardias no pudieron creer que un sabio tan virtuoso pudiera emborracharse, y le dejaron pasar. Esta anécdota ilustra el hecho de cómo el decir la verdad como mentira, puede salvarte la  vida. ¿Qué se puede esperar de alguien capaz de hacer reír, provocar la tristeza e incluso dormir a su audiencia con el espacial “talento” de su música.



El próximo junio, Dios mediante, pasará por nuestras retinas las impactantes imágenes de un feto de elefante disfrazado de astronauta, entremezcladas con arqueología ficción. Ridley Scott se ha superado así mismo como agente de contrainformación al servicio de la distracción y el entretenimiento, con el fin de apartar nuestra mente de los asuntos esenciales. A lo mejor, como hiciera Al-Farabí, tan sólo trataba de salvar su vida y, como bien sabemos todos, el fin de la propia supervivencia, justifica cualquier medio. Si Prometeo levantara la cabeza, pondría su hígado a disposición del Supremo Águila de Zeus. No se la pierdan. Todo un ejercicio de brutal y rancio adoctrinamiento, aleccionamiento y amaestramiento, aderezado con efectos especiales diseñados por ordenador, en forma de costosísima cortina de humo que, sin duda, quienes aguardan agazapados tras las bambalinas sabrán bien como amortizar. La realidad virtual hecha fotograma 3D supera (tapa) una vez más, la incómoda realidad real.



Con la excusa del “crimen noble”, la mente política tras este nuevo señuelo sabrá como justificar debidamente la violenta irrupción en cualquiera de los muchos países árabes geoestratégicos e imponer, casus belli, su mesianismo y férrea voluntad imperial.  ¿Qué más dan unos miles de muertos más, dentro y fuera de las propias filas? Lo importante es garantizar, con o sin la ayuda de los David8, el conflicto permanente que pergeñara George Orwell y se encargó de hacerlo convenientemente imperceptible, mostrándolo descarnadamente como ficción décadas más tarde, la industria cultural del cine: esa hábil fábrica (destructora) de sueños, capaz de ocultar y tergiversar las peores y más reales pesadillas. Poco a poco, pasito a pasito. Como se deben hacer las cosas importantes, las que tienen "interés".