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jueves, 15 de noviembre de 2012

Viento dominante


“Seremos capaces de cambiar el mundo
con tal de que nada nos cambie.”
(Señor “X”)

 

 

Parece natural rehuir o combatir, cada quién según su gusto y querencia, todo aquello que experimentamos como una amenaza. ¿Bajo qué perspectiva actúa el avestruz? Habrá que consultar algún autorizado manual de ficción científica de los vigentes. Cualquier novedad, no por ser un inicial despropósito evita, a fuerza de ser repetida, ser convertida en hábito. Ese tipo de hábitos sí hacen, lo quiera o no lo quiera el interesado, al monje.

 
Es lo que tienen los campos metamórficos resonantes. Allí donde algunos encuentran el cielo, escuchando ópera, otros, sencillamente, se duermen. Todo depende del viento dominante, más que de los genes. Aunque algunos genes parecen obstinados, con tal de justificar y preservar su milenario status quo, en llegar a dominarnos. Supra peritia domini, o como dicen en mi tierra, “el primero, capador”.
 
 
 
 

martes, 10 de julio de 2012

Simbólica sincronicidad


“Congruo es occultus compages
subter supter animadverto.”
(Iamblico de Calcis, De Vita Pytagorica)

“Los átomos sólo son tendencias,
meras posibilidades de la conciencia.”
(Werner Heisenberg)






Cuando menos queremos escuchar, es cuando más nos habla todo. Esta perseverancia dónde todo se unifica en la tozudez del símbolo, bien menospreciada bajo el eufemismo “casualidad”, nos conmueve el alma, capta nuestra atención, nos permite descubrir -quizá por un instante y contra toda apariencia- que no estamos solos, que somos parte de un algo mayor que también lo sabe. Arrambla con el sesgo de selección y confirmación de cuantos se obstinan en buscar alguna clase de explicación causal, para ratificar su mágica creencia de que en la predictible estructura del universo no es posible tolerar ningún tipo de superstición: las pseudo y paraciencias "traen muy mala suerte".



Atravesar el mágico espejo del universo, sin otras armas ni sortilegios que la mirada, y formar parte “activa” así de su dinámico reflejo: creados para recrearnos, para construirnos como una posibilidad. ¿A dónde podremos llegar, capaces de lo más alto y lo más bajo? ¿En dónde habremos de situar (limitar) nuestra ilimitada capacidad de resonar como Unidad? ¿Dónde termina la mirada capaz de abarcar todas las perspectivas, ávida de situarse tras cada nueva mirada y “verse” a sí misma: Observar simultáneamente la observación, el observador y lo observado. Testigo único.


Infinita bifurcación diabólica, como alpha. Infinito recurso autoacabado en sí mismo, como omega. Infinito laberinto de espejos en el que cada reflejo juega a atraparse y ser atrapado en la próxima paraidolia, en una nueva apofenia sin término, el vértigo inacabable de una nueva madriguera tras la madriguera, de una nueva palabra tras la palabra. ¿Cómo puedes llegar a conocerte, cuando tal conocimiento, en el mismo instante de producirse, te transforma? Ya lo decían los clásicos: “Somnium mentis ianua infinitum est”. Y en esas redes, más que andar, torpemente pataleamos . ¡Qué casualidad!





miércoles, 4 de julio de 2012

Bendito Campo Escalar

"Le he rezado a mi bosón,
para que me permita vivir un poco más."
(Peter Higgs, en su visita al CERN)




No existe un vacío tan vacío que no se halle permeado por el “divino” campo escalar, que lo impregna todo. El lobby científico ha esperado hasta el 4 de Julio de 2012 para arriesgarse a comunicar que dispone de evidencias de la existencia del Campo de Higgs, desde que se iniciara su búsqueda el 10 de Septiembre de 2008. Lo sutil (inmaterial) tiene cabida en –y sobre todo explica- el mundo material, haciendo posible las cuatro interacciones. Y Peter, quien lo postuló el año de mi nacimiento, ha vivido para verlo, lo que quizá le haya compensado más que llegar a recibir un día el rimbombante Nobel de física.





Se equivocó Stephen Hawking al predecir que, de existir, dicho campo sería indetectable. Ha perdido los 100 dólares que apostó. El mapa subatómico está completo y es estético. El campo escalar era el marco necesario que termina por desbaratar el caótico Big-Bang, y le da pre-sentido. Debe estar muy cerca ya el fin del mundo para que la cantidad se digne al fin a reconocer la existencia de la calidad, para que los fermiones rindan pleitesía a los bosones. A lo mejor los agujeros negros experimentales no se evaporan tan fácilmente como se suponía. Es lo que tienen los errores de cálculo. Al menos, ya sé a quién culpar (yo que me soñaba fotónico) de mi sobrepeso. Puzle resuelto. Enhorabuena, profesor Higgs. “A ver que pasa ahora con los fotones a tres velocidades”, inquiere Dios, desde su celeste trono, sonriendo divertido, “necesitaremos aún más potentes colisiones”. (Tiene guasa el Orbis Factor)



lunes, 25 de junio de 2012

Delirio enamorado

“Confronta tu cansancio desde la guerra del Alma,
rendido y derrotado ya el cuerpo que la contiene.”
(Durante Alighieri, Detto d’Amore)
 
“Quien sabe de dolor,
todo lo sabe.”
(Ernest Heminhway)





Imagina la angelología planetaria la existencia de alados seres sutiles que circundan nuestras miserias en secreto, cual los astros giran en torno al centro divino, dotados quizá de una conciencia que ignora (o desprecia) la ciencia bajo el eufemismo de ley gravitacional. Excepciones como las de la resonancia mórfica, que entienden que la conciencia o noosfera trabaja como un campo informacional activo, llevaron al total ostracismo a Rupert Sheldrake en 1981. Físicos como David Bohn, tuvieron mucha más suerte. Sea como fuere, parece que el universo actúa como un espejo de conciencia y refleja lo que estamos buscando. Su maya estructural danza al compás de nuestra observación. Nos guste o nos asuste, “su conciencia” baila al son de la nuestra.


La conciencia, escurridizo asunto donde los haya, precede a la creación densificada del Universo, lo penetra y contamina: nosotros somos la prueba. Un salto cuántico nos hace imaginar que nuestra Alma forma parte del Alma del Mundo, segmento arbitrario de su prodigiosa trama fractal: Una suerte de “scire” compartido, sinérgico, sincrónico, simultáneo, sináptico, tan complejo, bello y armónico como lo soñara Albert Einstein… esto es, con-sciente.


La última visión que aguardaba a Dante era la de un Cosmos amoroso, que hacía estallar en un orgásmico abrazo los cúmulos de galaxias. No debemos hacerle un caso excesivo. Entontecida la razón por la sublimación hormonal hacia la Portinari, nos hizo ver que, más que sabio, no era más que un estúpido romántico, que eligió tener la cabeza más allá de las Angélicas Esferas Conscientes, allende el Empíreo, allí donde otros se conforman con los chemtrails y las nubes. Delirios de amor del toscano poeta para impresionar a su particular y esquiva Dulcinea: "l'amor che move il sole e l'altre stelle."