Mostrando entradas con la etiqueta Shams de Tabriz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Shams de Tabriz. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de septiembre de 2013

Intención exterior


“El frio nos envuelve en su realidad,
nos atrapa, como a la flor perenne
de nuestro jardín.”
(Nadeem Aslam)
 
“No es fuerte quien agrede,
sino quien sabe mantener a raya su enojo.”
(Al Bukhari)

 

 
 
Conseguir recordar nuestro origen unitario venciendo la propia densidad y el péndulo del extravío exterior es una proeza reservada a unos pocos, bien armados de voluntad, disciplina, paciencia y guía certera para transitar por el laberíntico escenario. Los demás vagabundean a trompicones en el olvido de la intención interior, que no es sino dócil y cómodo autoengaño, prefiriendo ocultar que “yihad” no es guerra, sino esfuerzo y servicio desinteresado.

 
La solución no está en el aislamiento eremítico. Si hemos de hacer caso a Filón, los esenios no vivían retirados en cuevas sino que, muy al contrario, su modo de vida comunitario se desarrollaba en ciudades o poblados rurales, distribuidos en en Thiasoi, Hetairíai y Syssítia, ocupando su vida en todo lo relativo al bien común. Afortunadamente, no hemos inventado nada y la sabia misericordia siempre derrota al rigor, pues nunca actúa bajo el brutal dominio del enojo.
 
 
 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Interminable peregrinar


“Dado que llevamos en nuestro corazón el Universo
no encontramos sino lo que esperamos encontrar.”
(Shams de Tabriz, Maqalat)

“Aquellos días eran tan terribles
que hasta los amantes
olvidaban amar.”
(Saadi de Shiraz, Gulistán)

 



Estoy cansado. Son demasiados años reivindicando la ética del deber tras el cultivo de la propia virtud sin dar ejemplo de ello. La incoherencia agota a cualquiera. Vago sin rumbo por la inmensidad de una vida que me mantiene rehén y se resiste a disolverme, benefactora, en ella. Ya no tengo fuerzas para rebuscar en el cajón de sastre de mi alma alguna cosa que contar entre tanta telaraña. Koiné sui géneris de palabras gastadas y retorcidas hasta la extenuación, nuestra vanidad ganó la batalla al espacio teofánico, la doblez sepultó la magia de la lingua franca. Mi tiempo y recorrido se agotan. Poco más queda ya por decir. ¿Quién podría soportar un jardín frutal sin el canto de los pájaros, sin la inutilidad de las rosas? Dolor y alegría, seguid sin mí, pero seguid.