Mostrando entradas con la etiqueta Solsticio de Verano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Solsticio de Verano. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de julio de 2015

Adivina, adivinanza...



"Gusta el verano de rodearse de cuentos, de misteriosas historias a la luz del sagrado fuego, entreveradas de la magia de la música suave, el arrullo de unas olas que tornan, el placer de los cuerpos desnudos prestos al dulzor de su acople imprevisto, el indecible anhelo de felicidad, la melancolía de una noche que se sabe más efímera, el tiempo que en vano se aferra a la nocturna brisa estival, la memoria de un sol que se aproxima de nuevo a su otoñal morir, sembrando nuestra senda de un manto amarillo que se apresura a borrar nuestro rastro, sin dejar huella.

Nada malo cabe esperar del sueño insomne de una estival noche de luna nueva…"

 ¿O quizá sí?


¿Quieres descubrir el enigma gratis?


martes, 9 de junio de 2015

Sangriento duelo interminable


¿No sabes qué leer este verano?


"Pobres esclavos que cubren, con sus cansados pasos, la trillada senda de quienes regresan a su hogar entre los muertos, acompañados, quizá, de la tristeza del amigo y del recelo enemigo, que tornan más penoso, monótono y largo, el viaje hacia una superflua epifanía.

Así apresados, desgastados en una lucha tan incómoda como interminable, en una suerte de ficción casuística, malviven sin astucia quienes desconocen el verdadero sentido de su vida. Cautivos en el mismo agotador torbellino de soberbia anidada en que incurre la luz, tratando de atrapar la sombra que genera tratando de atrapar su sombra.

Basta un instante para desmantelar lo obvio."



Léelo gratis


Nada como una buena lectura tras el chapuzón...


viernes, 21 de junio de 2013

Onírica noche estival

“If we shadows have offended,
think but this, an all is mended,
that you have but slumber’d here
while these visions did appear.”
(Puck)




Fuera aparte que este día sea el contrapunto anímico del más triste del año (21 de enero), el periodo comprendido entre el 21 y 24 de junio aparece intrínsecamente ligado a la presencia de fogatas purificadoras que multipliquen la predominancia solar que caracteriza estos días: resulta duro asumir que hasta los astros, en el surco de crecimiento y decrecimiento aparente sobre el horizonte, tienen también sus límites.

Todo cuanto nos ocurre en la noche, incluso velar y estar despiertos, incluso soñar, sucede siempre como en un sueño. ¿Soñamos que soñamos? ¿Es quizá, el de los muertos, un sueño permanente en el que, ignorantes de su condición, sueñan vivir un sueño? ¿Qué puertas abre misteriosa la noche –y su sueño- y hacia dónde nos conduce el atravesar al otro lado de su onírico espejo?




Adentrarse en el conocimiento del mundo porvenir y en la dimensión mágica (líquida) de la realidad, reducir la incertidumbre del propio destino, abrir sin permiso el apolíneo oráculo, no es algo que debiera quedar, en modo alguno, impune. Hay mieles que nunca se deberían probar de manera gratuita, pues la dulce colaboración de abejas y rosas sólo se hayan al alcance del pecunio divino. Aún faltan cuatro días, cuatro. Tan solo un filtro o hechizo elaborado con pericia, será capaz de burlar los implacables designios del emperador, antes de que se cierre definitivamente la misteriosa puerta.


Si, por un casual, se encuentran con Hipólita y Teseo, con Oberón y Titania y, no digamos, con el travieso Puck, no digan nada, no cuenten nada. Cierra los párpados, para poder ungirlos con un beso; cierra tus ojos, para mejor abrir tu mirada a un mundo infinito. Esta vez, pese a quien pese, la vencedora será la noche… Feliz, alegre y bullicioso solsticio.




miércoles, 19 de junio de 2013

Delirio disidente

“El deseo prometeico de suplantar a Dios
es totalmente inherente al ser humano.”
(Jean Paul Sartre)




En mayor o menor grado, todo ser humano siente un cierto grado de fascinación hacia el sistema operativo en el que se haya inscrito y del que él/ella mismo/a forma parte reguladora. Su esencia creadora le insta a observar un orden que, por natural, presume divino, mediante un distanciamiento reflexivo que le permita (la posibilidad) de hackear al mismo Dios. Tratar de adueñarse así de su propio misterio, reconstruir su propio código, ampliar los límites del tiempo (inmortalidad), del espacio (ubicuidad) y del sentido (autoconocimiento). Cumplir el ansiado deseo de la auto-re-programación divina en nosotros, que termine por burlar el abismo de la disolución a la que necesariamente parecemos abocados como creaturas. Volver a la usurpada condición paradisiaca a golpe de tecnología (fisio, bió, info). Dios debe haber dejado las contraseñas de acceso a sus secretos por alguna parte.




Poco a poco hemos ido empleando el tiempo que hurtábamos a sudar el pan, a encontrar el modo de que (primero) lo suden otros por nosotros y (segundo) que lo suden las máquinas, suplantando la “condena natural” por la “liberación técnica”. Hemos suplantado, orgullosos, al tecnócrata máximo, el supremo artífice del universo. Hemos desvelado la trama y urdimbre que celosamente protegía el demiurgo en su afán por garantizar nuestro dócil (sudoroso) sometimiento a la supervivencia. Ello explica la proliferación de puestos de mercadillo que gritan a los cuatro vientos “compro y vendo oro”. La pericia alquímica se adquiere en talleres de fin de semana. En cada pequeño gesto, creamos –doméstico y cotidiano big-bang- de nuevo el universo, una y otra vez, el universo. Bien mirado, prodigiosos poderes se ocultan en la eternamente tuneada soberbia de la manzana.



sábado, 15 de junio de 2013

Verbena de San Juan

“Quien coge verbena por San Juan,
ni ruina, ni pestes ni ningún otro mal.”
(Popular)

“Van de noche los mozos y mozas,
henchidos de fuego a coger las rosas.”
(Popular)




Desde tiempos ya inmemoriales, se conocen los efectos que la delicada flor rosada de la verbena, planta sagrada de primer orden, ejerce sobre la hembra humana, ligeramente sedante e hipnótica, al favorecer la producción de nutritiva leche y contraer grácilmente el útero. Quizá por ello, sirva aún hoy en día como socorrida etiqueta para designar los concilios rituales populares, que han sobrevivido (superstitio) al paso demoledor de la iluminada modernidad.


La presencia de sus pétalos en el agua lustral, otorga la disolución de sutiles principios muy activos, que garantizan el éxito de cualquier banquete digno de ese nombre. Las proliferación de hogueras con las que festejar la noche más breve (e intensa) del año, y celebrar con ello la cósmica estabilidad del orden solsticial, habrán relegado -en su mayoría- a la niebla del olvido tan necesario ingrediente, salvo aquellas encargadas de preservar y proteger, entre salto y salto, los ecos de la tradicional memoria.


Fuego que sobrecoge al alma que en él se reconoce. De todos los deseos que se formulen en una noche tan mágica como esta, habrá siempre uno que estará garantizado: ¿Adivinan cuál?



sábado, 1 de junio de 2013

Usos y costumbres

“Lo que vas a ser, ya lo eres.
Aquello que buscas, ya está en ti.
Alégrate de tus sufrimientos,
pues me encontraste gracias a ellos.”
(Alejandro Jodorowsky, La Danza de la Realidad)

“Aquella noche, cayó el color
sobre el espejo mágico.”
(Kennet Grant, La fuente de Hécate)




Siempre y cuando se acuda receptivo a la playa, desierto profano donde los haya, una de las primeras cosas que uno descubre, es la de encontrarse ante la presencia (radiación) de un organismo vivo, aquella que hace vibrar la luz y la atmósfera de un modo lo suficientemente peculiar como para expandir nuestra conciencia, fenómeno cuyos réditos la industria turística no duda en explotar y, no digamos ya, la sofisticada impostura de Silicon Valley. A día de hoy, la gente termina dándose codazos por lograr hacerse con una mejor porción de las tifónicas bendiciones del dragón, con su néctar de dopamina gratuita corriendo a raudales por todos los entresijos de nuestras adormiladas glándulas, selladas desde la pubertad. Pues, como bien dice la publicidad de no quiero recordar qué compañía de telefonía móvil: “Lo importante es estar conectados.” o, más recientemente y de una forma lo suficientemente explícita para el buen entendedor: “Power to you.”

Aún no lo suficientemente restablecidas de los primaverales ritos de Mayo, la pineal y la pituitaria al unísono recogen los escondidos frutos del árbol de las Hespérides, amalgamando las sutiles vibraciones dulces que provienen del alineamiento con/en el apurva, allí dónde la conciencia atenta puede al fin, en deliciosa sinfonía, saborearlas. En la proximidad del solsticio de verano, quizá valga la pena recordar que, pese a que ya sólo los publicistas creen en ella, la magia es real y tiene un precio. Cuando se trata de alcanzar objetivos, taumatúrgicos o de cualquier otra índole, es importante saber encontrar el camino de menor resistencia, saber diferenciar entre lo que uno desea y lo que uno realmente necesita. En una palabra, lo verdaderamente importante es saber. Y eso lleva su (tu) tiempo. La experiencia, como sabe bien el diablo, es el verdadero grado y fluye, manantial ambarino, como la devoción, por nuestra sangre. ¿Quién pudiera solazarse en la playa, sagradas arenas de San Pedro,  tras la nocturna busca y colecta, a lo alto, a lo bajo y a lo ligero, del trébole?. Como obligan los buenos usos y costumbres, los mis amores van.




jueves, 21 de junio de 2012

Reiteración y Calidad Humana


“El asunto de rectificar las malas cualidades (midot raot)
es aún más grave que las mismas transgresiones de los preceptos.”
(Rab Jaim Vital, Shalei Kadusha 1, 2º portal)


“No se entiende (Binah) al maestro
sino hasta el cuadragésimo año.”
(Maimónides, Guía de Perplejos)









El talón es la zona más baja de nuestro cuerpo. Allí es donde se acumula, sin que nos demos casi cuenta, un alto porcentaje de piel muerta. Descuidados, de un modo autocomplaciente, solemos prestar casi ninguna atención primaria (sensorial) a nuestros usos y vicios cotidianos, minimizándoles, restándoles importancia. Asumimos como “natural” nuestra propia falta total de modales. Creemos que no cabe gravedad en nuestra facilidad de enojo, en nuestra recurrente insolencia, soberbia, altanería, envidia, maledicencia… Que no es para tanto. Vasijas resquebrajadas, devaluados en lo humano, hemos perdido toda sensibilidad, verdadero talón de Aquiles, a nuestras malas cualidades.  No damos el mínimo. Sordos para escuchar, ciegos para ver, paralíticos para actuar: muertos, sin calidad.


¿Qué necesidad existe de volver a repetir lo dicho? Los cuarenta años de travesía del desierto no fueron en vano. Fueron necesarios para preparar al pueblo para recibir ¡por primera vez! la enseñanza. La vasija necesita madurar, restaurar sus fisuras, vaciarse, para ser adecuada. Se riega un árbol con la toda la paciencia requerida, hasta que llega el ansiado día en que la fruta cae “a punto” y por su propio peso. Implorar en justicia, agotadas las fuerzas, cuando todo mérito está perdido, lo que no es sino gratuito.  Israel sediento, ¿cabe mayor recompensa? Ya ves que te traje el agua de la que te hablé. ¿Qué esperas tú para beber hoy? ¿No ves ahora mismo el Sinaí ardiendo?


Solsticio de Verano. Alza su inquieto vuelo la abubilla. Salomón, ¿acaso sabes tú si volverá? Disfruta hoy la bendición de cumplir la responsabilidad de vivir (cumplir) hoy tu propia vida, si no quieres ahogarte en la maldición de dilapidarla hoy en la ebriedad y el entusiasmo de vanos espejismos ajenos, encendiendo fuegos extraños. Eterno significa también ahora, ahora, ahora…