Mostrando entradas con la etiqueta Teurgia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teurgia. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de agosto de 2012

Tarbh Feis


“En ese día, parecerá evidente que la verdadera soberanía
pertenece al Más Misericordioso.”
(Qurân 25, 25)

“Quién anhela el verdadero conocimiento,
ya está ubicado en la senda intangible que conduce al Paraíso.
Sólo le resta Caminar. Caminar. Caminar.”
(Abu Hurayra)





La familiaridad con el pozo de la propia tiniebla interior que trae el cotidiano meditar, nos permite vislumbrar la irrealidad del mundo, su inconsistencia, su inhóspito reflejo. Comienza así la necesaria locura y desvarío, las ambiguas tinieblas de la ignorancia, la vivencia del exilio, el abismo que se oculta tras las ruinas del espejismo, allí donde fructifican, cobran forma y color imaginales, por primera vez, las temibles sombras.

Aquellos oscuros impulsos que antaño nos trajeron la compulsión al olvido y la inconsciente negrura son entonces compañeros y testigos en nuestro solitario camino hacia la cifra de nuestro destino, al fin, revelada. Surge así un espacio interior, pleno de belleza y colorido, capaz de fascinar al alma, en el que aparearse con atenta intención de unidad, como pertinente dote y testigo. Fertilidad creadora, equilibrio de contrarios. Cuando se entiende bien, nada tan cosmológico como lo sexual. Por desgracia, para la gran mayoría, la memorización, el estudio, la lectura, la escritura, la reflexión, la comprensión y la contemplación, son previos al ansiado coito sagrado.




miércoles, 25 de julio de 2012

El ojo y el espejo



"La luz del cuerpo es el ojo;
de esta forma, si tu ojo es uno,
todo tu cuerpo estará lleno de luz.”
(Mateo 6, 22)


“Por doquier reina el arbitrio de la dualidad,
salvo en esa flama pura, vero asiento del alma,
en el que todas las cosas se reúnen,
para así ser una.”
(René Descartes)





El principio de correspondencia, que otrora inspirara el árduo afán científico de Hipócrates, Galeno, Paracelso, Giordano Bruno o Isaac Newton, ha sido relegado a superchería mágica. Al hombre y mujer modernos les escuece la razón eso de imaginarse influidos por instancias tan altas como las del cosmos, para explicar la actual sobre acidosis heliogénica.

Allí donde nuestras vidas no son sino meras peonzas al albur de los heliomagnetismos, selenomagnetismos y geomagnetismos tormentosos que tienen lugar de marzo a mayo, en julio y en octubre, resulta muy difícil eso de reivindicarse con libre albedrío y responsabilidad sobre los propios actos, como demostraron sobradamente los trabajos de Oleg Shumilov, Michael Rycroft, Kelly Posern y el Eclesiastés.

Las pautas autolíticas, los desordenes cardiológicos y la producción de melatonina son afines al ritmo cósmico. La epífisis (piña simbólica, tertium oculus, janua sellata), vestigio retinal pseudoatrofiado, actúa como una suerte de transductor magnético, capaz de unir “lo que está arriba con lo que está abajo”, al ser humano con el todo del que es parte. Los pensamientos, que erróneamente consideramos auto producidos y creemos propios, son materia cósmica: sutil noosfera, que abre en el serpentino ascenso entrecruzado de la Psychotria viridis y la Banisteriopsis caapi, culminando el bastón de Asclepios. Siete semanas bastan para arrancar la flama pura, el invisible sol que yace vivo en la piedra.




miércoles, 30 de mayo de 2012

Shemá Israel...

"Ante la tentación,
ve a una ciudad en la que no seas conocido
y peca allí."
(Moed Kattan 17a)


"No hay peor blasfemia
que la solapada."
(Leo Strauss, On Plato's Symposium 1959) 





¿Ha existido siempre la actual ruptura entre el ser humano y el mundo de lo divino? ¿Hubo alguna vez un tiempo sin abismo, en que todos los seres humanos experimentaran la unidad de todas las cosas que habían sido creadas, la continuidad entre el mundo creado y ordenado conforme a fiables leyes naturales cuantificables, y el artífice-legislador divino?

La ciencia parece haber optado por desenvolverse en la niebla más rentable de lo creado, que por arriesgarse al necesario extravío en la oscuridad del Creador, y no puede decirse que haya sido una elección desacertada.

Aquellos que han optado por restablecer el puente que cruza el abismo, se ha situado involuntariamente en el punto de mira de la psiquiatría oficial. La auténtica espiritualidad se ha vuelto un asunto peligroso, y eso que, de tan íntimo, resulta casi secreto. Quizá para las autoridades que instrumentalizan a las autoridades sanitarias, ese sea el peligro mayor, tal y como ya anticipara George Orwell en “1984”: el verdadero e impune crimen mental.

El iniciado testifica el deseo que el hombre tiene de alcanzar el mundo divino, el paraíso perdido, dentro de su propia forma tradicional y por medio de aquellos símbolos que le son más afines, ya sean estos judíos, cristianos musulmanes, en último término, egipcios.

De esta manera, el esoterismo judío se encuentra inmerso en la forma tradicional correspondiente, según la cual el Dios vivo se manifiesta a sí mismo en toda la creación y se revela al pueblo de Israel, llamado a ser “Luz entre las naciones”, en el Sinaí y en la Toráh.




También el hebreo, como lengua sagrada en el que está escrita la Toráh, constituye uno de los pilares claves del judaís­mo y, por tanto, de vía iniciática judía. Esta lengua constituye la llave maestra para los secretos más profundos del Creador y de la creación y se utiliza también para los arduos amagos de descripción de la experiencia espiritual.

Todos los movimientos en la historia del judaísmo forman en su unidad la tradición judía, como una entidad única. Los iniciados judíos de todos los tiempos, a través de sus actividades espirituales, han intentado restaurar el contacto del hombre con una realidad divina, de tipo eterno, que se encuentra más allá de nuestro mundo finito y humano. Sin embargo, cada corriente lo hizo a su propio estilo, enteramente particular, y que a menudo se distinguía de otros movimientos, anteriores o posteriores, por su forma de acercarse al tema: vamos, el mismo perro, pero con distinto collar…

Uno de los factores que se encuentran en el fondo de las considerables diferencias que se dan a veces entre las diversas modalidades es el hecho de que éstas surgieron en diferentes períodos. Hasta cierto punto, cada movimiento lleva las marcas de su época. Así, muchos judíos experimentaron en propia piel los rigores de la vergonzante (para sus autores) expulsión de su España -donde su cultura había gozado de una edad de oro-, en 1492, como catástrofe insuperable que condujo después a un fuerte resurgimiento mesiánico. Este deseo del Mesías y de la redención se manifestó en la Cábala luriánica, que se encuentra entera­mente influenciada por el mesianismo.




Sin duda alguna, existen puntos de contacto entre los diversos movi­mientos de la tradición judía, ya que, de un modo u otro, todos ellos hablan del desarrollo de la actividad espiritual para alcanzar el gran tabú: una experiencia directa del mundo divino. A pesar de eso, no debemos caer en la equivocación de meter todo en un mismo saco.

Los orígenes del pueblo judío y su acerbo espiritual son oscuros, como los de todos los pueblos y religiones que borraron todos los rastros “idólatras” de la malograda tradición que les precedió, según hoy lo tiene bien claro la Historia de las Religiones, y a la inversa de lo enfatizado por las distintas ramas abrahámicas, que quieren tener la propiedad de la deidad, característico afán de los tres monoteísmos, que consideran a cada una de sus tradiciones como única, hasta tal punto que la Historia nace cuando ellas aparecen o cuando se conocen sus libros sagrados que las unifican, lo que es particularmente válido con respecto al judaísmo y cristianismo, que conservan casi todo el Antiguo Testamento (Tanakh), su Historia Sagrada, en común.

Rainer Albertz en su Historia de la religión de Israel en tiempos del Antiguo Testamento afirma:

De hecho, ninguna de las religiones conocidas se encontró con una especie de tabula rasa en materia religiosa, sino que se fue construyendo poco a poco sobre categorías ya existentes. Y eso es válido para el cristianismo, para el budismo, para el islam y, naturalmente, también para los del Shemá.[1]

En todo caso, la Toráh, o sea el Pentateuco, obra atribuida a Moisés –aparte de las dos versiones del Génesis y otras numerosas aparentes contradicciones que contiene– ha sido siempre tomada como lo más sagrado y el verdadero centro de su cultura, que ha ido consolidando la Tradición Judía tal cual ha llegado a nosotros, desde los remotos mitos fundacionales, los Patriarcas, su descendencia y la constante del exilio y la persecución, al punto de hacerlos esclavos en ciertos períodos, aunque finalmente se liberan siempre.

Pero posteriormente coincidiendo con el reinado de David y Salomón y la construcción del Templo ésta adquiere así su máximo esplendor y brillo, siendo la “civilización mayor” -en muchos sentidos- de toda el área de Medio Oriente.




La vida de este pueblo es tanto una constante paradoja como una permanente aventura, allí donde quiera que el sagrado Nombre de su divinidad vaya cambiando, hecho este que luego sirvió de excusa a los cabalistas como caldo de cultivo fértil de sus especulaciones, que culminaron en la alta Edad Media, en España, mejor dicho, en Sefarad[2]: “el Jardín” de los orígenes.

Así, este pueblo de pastores seminómadas, o nómadas, se va organizando lentamente, en tribus o clanes con estadías prolongadas en territorios no hostiles de otras civilizaciones, como los de Egipto o Caldea,[3] y enriqueciéndose por estos saberes que siempre supo aprovechar y al mismo tiempo darles su característica propia basada en la Toráh, o ley, que incluye los diez mandamientos (mitzbot), recibidos por Moisés en el Monte Sinaí y que grabará en dos piedras, que, junto con la Toráh escrita y los libros posteriores incluidos en el Antiguo Testamento, constituyen el corazón de la tradición judía.

Y sobre todo la enseñanza oral y aquellos comentarios cripto-esotéricos, metafísicos, que el propio legislador susurró -compartió en secreto- con sus discípulos y éstos con otros hasta nuestro sol, según lo atestigua la Tradición del pueblo de Israel que desde el comienzo se hizo presente y cristalizó lento en el fértil crisol de la Cábala.[4]

Hasta ese momento predomina una visión del mundo era "animista" y la presencia chamánica de lo sagrado se encuentra, epifánicamente expresada[5], en árboles (encinas), rocas (como es el caso de la piedra de Jacob en la que apoyó su cabeza y sintió su tremendo poder),  pozos, o fuentes santas.

Tal cuál ha sucedido con todos los pueblos que se conocen, muchos de los cuales han padecido análogas circunstancias o parecidas experiencias, que también se dan en el microcosmos y en la larguísima iniciación en el Camino del Conocimiento, por la correspondencia entre el hombre y el universo.[6]




Bajo el dominio griego la antigua tradición hebrea florece y produce autores como Filón de Alejandría[7] y el historiador Flavio Josefo; desde entonces el influjo griego ha sido permanente, como lo ha sido para los cristianos y posteriormente para el Islam, de lo cual es buen ejemplo la obra de Ibn Arabí. Finalmente los islámicos introducen en buena parte ese pensamiento que hoy es el propio de los occidentales en toda Europa (luego pasará a América), como lo habían difundido anteriormente los romanos y bizantinos a través de sus Imperios.

Sin embargo para los judíos guiados por hwhy, el Orden, o la Ley, es, como se puede apreciar en el relato bíblico, susceptible de numerosas transgresiones por sus jefes es decir sus conductores elegidos por hwhy mismo, como es el caso de David y otros.[8] Aunque las más graves sin duda son las atinentes a la confusión y suplantación de la magia vulgar o supersticiosa en detrimento de una más aristocrática teúrgia o profética revelación.

Este es un tema bien delicado, ya que la distinción entre Magia y Teúrgia es apenas perceptible, aunque la Tradición Hebrea, es decir la Cábala, denosta también a la magia y a sus practicantes –tal cual es evidente en ciertas partes de la Biblia– al igual que posteriormente lo haría José Chiquitilla (o Gikatilla) y otros, que en el siglo XIII en Sefarad repudiaban la magia de los ignorantes y literales al mismo tiempo que realizaban trabajos de trasfondo metafísico que actuaban a todos los niveles, como han sido siempre para la historia de este pueblo los pantáculos, las transposiciones de letras y números, los cuadrados mágicos y talismanes que reclaman la intervención del cosmos, sus misterios y Nombres Divinos irrumpiendo en la humanidad, transfigurándola.

Se debe decir que todos estos elementos son propios de la Tradición Hebrea, aunque pueden rastrearse muchos de otras civilizaciones con las que convivió y que no sólo han dado profetas que veían en sueños –lo que es tan importante en esta Tradición de grandes taumaturgos y augures como hacedores de la lluvia.[9] Puesto que excelsos sabios y rabinos, distantes en el tiempo –pero que existen actualmente en verdad en otro plano de la realidad– están unidos sólidamente por la gran cadena áurea, en la que la misma voz de la deidad se hace presente.

O sea, la permanente presencia divina, ya que es el mismo hwhy quien los ha protegido, pese a que una y otra vez se hayan desviado de la Tradición, por lo que también los castiga y constantemente los somete a esa presión que garantiza una dócil teshubá. El pacto es el pacto. La deuda es la deuda. Nolens volens, nada nuevo bajo los rigores del ardiente “hijo” solar.



[1] Rainer Albertz, Historia de la religión de Israel en tiempos del Antiguo Testamento, Editorial Trotta, Madrid, 1999.
[2] ספרד (Abdías 1, 20), término emparentado con sdrp (paraíso), también con el sareptwn griego , el sarapthan latino y con las no menos legendarias Hespérides. Vamos, un sitio del que, si por un casual te expulsaran en aciaga hora, pasarías tu vida anhelando volver.

[3] El patriarca Abraham, origen genético y espiritual de las tres religiones monoteístas, era oriundo de Ur, en Caldea, tierra de afamados "magos" o “magi”, que era como por aquel entonces se denominaba a los teúrgos y sabios caldeos.
[4] También el Talmud ha contribuido a esta función, aunque mucho más luego, y conformará el diseño de su religión en más de una perspectiva exotérica.

[5] Cf. Areté, Prólogo, QyDado (2012)
[6] La historia sagrada del pueblo de Israel es también la descripción de los avatares del alma en el iniciado, el cual puede conjugar de modo simultáneo así toda su herencia y participar directamente de una modalidad específica, la suya, del Ser Universal.

[7] El cual al abrazar la filosofía griega formula al judaísmo en esa perspectiva transformando el Mito en Logos. Es decir, la elaboración judaica y bíblica en un logos griego.
[8] La poligamia no fue sólo admitida, sino practicada por estas tribus, y aún en la época de los reyes porque la unión estaba ligada a la descendencia física y espiritual. Fueron cientos, si no miles, las esposas y concubinas de Salomón a lo largo de su reinado.
[9] Llamados "trazadores de círculos". Hasta la época del nacimiento de Jesús (Joshua ben Joseph ha Meshiá) había una familia, los hijos y nietos de Honi, a los que venían los sacerdotes a pedirles que hicieran llover. Fue tan grande su poder que incluso mandaban sobre los mismos espíritus, por lo que fueron amonestados por los rabinos que, sin embargo, los necesitaban. El trazado de círculos era imprescindible en sus ritos.


viernes, 9 de diciembre de 2011

¿Despertar a un mundo en llamas?

“Habeis pronunciado los sagrados nombres del Eterno una y  otra vez,
habeis guardado en los resquicios de vuestra memoria retazos de textos sagrados,
sin conseguir por ello desvelar el sentido del secreto, la esencia del misterio oculto.
Vuestra práctica es impostada y solo ha conseguido aumentar vuestra avaricia,
afilar vuestro apego a las cosas mundanas.
Ninguno de los libros que presumís haber leido ha conseguido calar en vuestra alma,
 rozar siquiera la cáscara de vuestro brutal ego.
Pues sólo a los elegidos les cabe dar muerte a estre ladrón interior
que saquea la propia casa donde vive y encuentra diario cobijo.”
(Hazrat Sultan Bahu)

“Podemos definir la Magia como la capacidad de hipnotizar a un colectivo
para hacerle percibir como real todo aquello que sólo aparenta serlo.
En nuestros días conocemos a esta clase de hipnosis colectiva
bajo otro nombre mucho más poderoso que nadie en su sano juicio
se atrevería a relacionar en modo alguno
con el primero: Método científico.”
(Edward Alexander –Aleister- Crowley)




Ardua tarea la que se nos plantea, vive Dios, esta de sanar el Alma enferma del Mundo. Por suerte, no estamos solos ante tamaño desvarío, pues hay personas para las que lo divino representa el centro de su toda existencia, esto es, ocupa el lugar central de su Corazón, allí donde mana el Amor que abre desde dentro todas las puertas, aquel que otorga la Paz profunda y la Verdadera Luz del Conocimiento. Deseosos de regresar a casa y de hacerlo en vida, se entregan a la noble tarea de conocerse a sí mismos, sabedores de que sólo esta experiencia de auto conocimiento es la que procura aquella otra que tanto anhelan, la experiencia de Dios, un Dios que les resulta demasiado grande como para quedar confinado en al ámbito restringido de una práctica espiritual que excluya a todas las demás  Esto es, permanecen demasiado absortos en el Eterno como para perder el tiempo despreciando a Su adversario.


 


Su pequeño gran secreto radica en recolectar cada año los frutos “de temporada” de ocho (ni una más ni una menos) prácticas muy activas, allí donde parece no suceder (wu wei) “prácticamente” nada. Toma nota, si ese es tu deseo:

1.- Un esfuerzo perseverante por darse cuenta de cada respiración (conciencia del ahora).
2.- Ejercicios de descontaminación (desprogramación, renuncia) de la hipnosis colectiva profana (variados gestos purificatorios)
3.- Un centramiento meditativo (desarrollo de la conciencia “Lunar”, Mercurio)
4.- Un contacto con lo divino (arrebato, desarrollo de la conciencia “Solar”, Azufre)
5.- Una familiaridad con dicho contacto en la vuelta a lo cotidiano (androginia, humano “dual”, conciencia unificada, magisterio, cuerpo astral, Cinabrio o Sulfuro de Mercurio), esto es, estar en el mundo pero sin ser "del mundo".
6.- Reunión con (al menos) otros seis “Humanos”, esto es, aquellos que han unificado en sí lo dual.
7.- Comunión (unión en común), conspiración (respiración común): conciencia crística, cuerpo “Causal”... es lo que tiene eso de respirar de forma consciente junto a otros, en Unidad de Intención.
8.- Testimonio directo, “Conciencia mártir” (testigo): GNOSIS que mira al suelo con la humildad de quien tiene el Corazón en el Cielo, y da cada paso sin más afán o voluntad que la de poner su pié en otras huellas.



 



Ocho vértices de un cubo, seis caras debidamente reunidas (dos a dos) que tienen un único centro y todas ellas forman un cubo o Templo Virginal en donde el Eterno cobra Presencia y Actua (o Causa) lo creado: Kaaba. Así ha sido –y está siendo- desde el Origen de los tiempos. Siete pliegues en el "vestido" de Sol una Señora con la Luna a sus piesl... que diría San Juan, en su Revelación.


La palabra clave de esta “curiosa” óctuple enumeración para el atento observador es (seguro que la has acertado): Conciencia, conciencia de Sí como puerta interior a otro tipo de estados de conciencia más ¿sofisticados?. Conciencia. Toma (allí dondequiera que la encuentres) Conciencia. No pierdas el tiempo en entretenimientos vanos. Quien se conoce a sí mismo –hasta Ese Punto-, conoce a Su Señor en esta encarnación, el Cielo en vida, un verdadero anticipo de la Isla de los Bien “Aventurados” en la intimidad del Eterno. Así ha sido y así seguirá siendo, Dios mediante, para los Limpios de Corazón. Si de verdad te gustan las finanzas, respira hondo, toma Conciencia Plena de ello y, -para variar- "haz" Números!



 



Por extraño que pueda parecerle a algunos, aún quedan "burkinas" agrupándose en familias, allende las fronteras del conocido país del África Occidental. Allí donde acampan ignotos, como vienen haciendo con exquisita discreción a lo largo del cansado transcurso de los siglos, se restablece  y renueva el vigor, toma su asiento (cátedra) la Virtud, cobra más fuerza el antídoto y se vuelve activo el Principio de sus virtudes antígenas que resultan de todo Punto polares, que no populares, verdadero Centro de Salud, asistido tan sólo por dos eficaces e discreción imprescindibles ayudantes, a los que se suma el gentil apoyo de los cuantos los asisten y de otros muchos tantos -no menos activos- que van por libre.

Verdaderos Humanos de Oro, valga la redundancia, a los que en vano y mal que le pese al Príncipe del Mundo, han tratado de imitar cuantos famosos y notables sucedáneos llegaron a creerse el disfraz, sin ser capaces, empero de olvidar el macabro trasunto de haberse un buen día disfrazado, jugando a ser o parecerse ("such a" que dirían los sajones)–al menos lo que dura el fugaz aliento inconsciente una breve existencia, una vida transformada en mueca-, ataviados con el áureo disfraz, como dioses.

El remedio actúa lenta pero inexorablemente sobre la brutal pandemia que asola nuestras almas contritas. Y así lo experimenta también el Alma del Mundo, que siente como se libra esta brutal y feroz agonía en sus maltrechas entrañas. El ahora desconcertado Egregor que a duras penas la posee, se resiste a cambiar de costumbres, negándose a prescindir de semejante chivo expiatorio y a abandonar de modo definitivo a su “legítima” y "sabrosa" presa, tratando de resolver semejante disonancia cognitiva de un modo expeditivo y con toda la furibunda violencia de que es capaz en nuestros días, ya que le parece responsable y necesario: “Delenda est Humanitas”, pues en su más recóndita médula siente por primera vez el amargo sabor del miedo.



El miedo de saberse tan grande como ilusorio; el miedo a su irremediable disolución salina en un Océano de Paz, Armonía, Luz y Conocimiento; el miedo de retornar a la Fuente; el miedo a volver a Verdad y regresar a Casa, pues ciertamente, de Dios somos y a el regresamos:

¿Qué será cuando descubra que su virtud que no era sino virtual ha quedado totalmente desvirtuada en su insustancialidad? ¿Qué será de su ponzoñosa mordaza cuando el Alma del Mundo, ahora ya convaleciente, resulte finalmente sanada, quedando restablecida y de nuevo liberada? ¿Cómo acostumbrarse a ser no-ser? ¿Cómo afincarse y obtener rentabilidad de la inagotable Nada, siendo efímera y transitoria creatura, huella sin Huella? ¿Cómo resignarse a no ser ya nunca más Imaginación sino tan sólo mera apariencia imaginaria?

¿Cómo despertar a un mundo en llamas? Pero ¿es que arde el mundo o únicamente nos lo parece?  Tal vez habría, en Realidad, que despertar "del" mundo. Quién lo conoce lo sabe. Debe tratarse de esos trastornos alucinatorios característicos que de suyo suelen acompañar a ciertos estados transitorios de conciencia, como el de la alta –y sanadora- fiebre.