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domingo, 19 de octubre de 2014
Un Halloween alternativo...
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miércoles, 21 de agosto de 2013
Íntimo astrolabio
“Quien
sacia su sed de conocimiento de la Fuente divina,
no
se deja arrastrar por prejuicios ni dogmas.
Muy
al contrario, les hace frente con su vida.”
(Ibn
Habib, Del Paraíso)
“Quien
revela su intención la arriesga.”
(Azarquiel,
Almanaque de Ammonio)
Lo
cosmológico y lo alquímico se hayan indisolublemente ligados, toda vez que se
toma conciencia experiencial del vínculo planetario-metalúrgico. Así, el
invernal Gabriel, celestial cicerone, muestra sala a sala, los distintos
terrazos planetarios en los que han sido aposentados los profetas de todos los
tiempos: hierro lunar, para Jesús ben Myriam; bronce para José ben Jacob; plata
para Enoc y Elías; oro para Aarón; nácar para Moisés; esmeralda para Abraham y rubí para Adam.
El
galáctico derroche lapidario, más allá del umbral saturnal, lo disfrutan los
querubes: suelo de topacio, cortinas de xamed rojo y xamed verde, estancias
tapizadas de perlas, rubíes y esmeraldas. Más allá, aún aguardan setenta
sucesiones de setenta cielos de agua, nieve, granizo, nubes, tinieblas, fuego,
claridad, gloria e iridiscencias… como nadie pueda imaginar. Es a partir de la
octava esfera querubínica, donde transcurre el problema de la trepidación o
precesión equinoccial que se experimenta cuando se asciende por la “secreta
escala” sin ir provistos de la adecuada espagiria lapidaria.
La
cibernética inquisitorial aún anda al acecho de aquellos osados entrometidos,
que desoyen las cautelas y arriban en las ciudadelas de la “deep web”, esgrimiendo
las llaves de ciencias antiguas y traspasan las codiciadas puertas interdimensionales
sin contar con la autorización del oscuro arquitecto imperial. Es necesario
inocular más y más miedo, más y mas terror, para que así se mantenga la agenda y cunda el ejemplo. Queda poco tiempo.
Escrutar
las ligeras variaciones en la circunvolución de la peonza con sus intensos ojos azules y ver temblar,
sobrecogido, al mismo Polo. Adornarse el
alma, pluma a pluma, para trascender la mezquindad terrena y sobrepasar las desmerecidas
esferas. No hay mejor manera de consagrarse a Hermes, honrar a Yabir, acrecentar
las mercedes y burlar al carcelario y cegador calendario oficial, allá donde la
piedra, desde su íntimo astrolabio, está llamada a alturas más celestes. Aún
estás a tiempo.
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martes, 20 de agosto de 2013
Tarde o temprano
“No
mintáis ni hagáis lo que aborrecéis...”
(Dídimo
Judas Tomás, 5)
Cuando
un grupo humano, sociedad o civilización planetaria subsiste asentada sobre un
compendio institucionalizado de mentiras, mantenido a la fuerza por un complejo
sistema de adoctrinación y dominación industrial-militar, lo más temible para todos
aquellos quienes se encuentran a la cabeza de dichos sistemas es la verdad. Una
verdad que no puede ser patentada ni oficializada, pero tampoco escondida eternamente
ni mucho menos destruida. Todo aquello construido sobre la mentira, por más que
ostente el marchamo de ciencia (sin serlo) amenaza ser truncado y “puesto en
evidencia”, tarde o temprano, por la verdad.
La historia “oficial” del devenir humano no tiene reparos en reconocer los denodados esfuerzos de aquellos pasados grupos humanos, sociedades o civilizaciones planetarias asentadas sobre un compendio institucionalizado de mentiras por corromper y diluir la verdad, pues, de cuando en cuando, esta tiene la impertinente tozudez de aflorar una y otra vez, allende la ruina dolorosa de los imperios y tantas vidas segadas en nombre de la “mentira oficial” y sus “canónicos textos”.
Tozuda es la verdad, que, siempre (desde el origen de los tiempos) tradicional, se abre camino y preferencia genes sobre memes, descubriendo en los primeros un potencial espiritual capaz de trocar personas corrientes, del montón, por el cultivo del alma, en ángeles y “angelesas”, contrarrestando el hipnótico virus de la “normalidad”. Más, ¿cómo cultivar aquello que, siempre desde la “ciencia oficial”, resulta una perversa entelequia? ¿Quién miente? Dejemos que, como siempre, decida la verdad. ¿Algún candidato a ángel o “angelesa” a la vista, para refutar el dogma?
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sábado, 3 de agosto de 2013
Llanto del Sol Laureado
“Al ver rebosar sus lágrimas como
perlas,
las oculta enseguida por miedo al
delator.”
(Casida de Al-Yawhar)
Este mes lunar estaba consagrado
por los pueblos que se organizaron bajo la tradición celta al astro solar, bajo
la advocación ibera de Lugus (cuervo), "aquel que ve más allá de las puertas del
tiempo", próximo al Ianus etrusco, para regresar así al pasado y/o adelantarse al
futuro. La necesaria hierogamia entre el sol y la tierra sacralizaba así el
lecho de encuentro: el ara solis, convocando, al comienzo del -luego usurpado como- mes
del emperador Augusto, a la asamblea congregada en torno al Concejo.
Para garantizar la productividad que
requiere el imperio en tiempos de paz (oro, bórax, minie), aquellos que
residían en el abrigo de los montes agrestes, fueron obligados a habitar en la
planicie asolada y sometidos a transitar las pavimentadas calles de la urbe romana,
desprovistos así del contacto directo con la tierra, jefes leales y domesticados
bajo sagrado juramento.
Gobernados por el invisible yugo
del sacramento al que juraron obediencia y lealtad, bajo la atenta presencia de
los dioses por testigos, al Máximo Pontífice de Roma. El culto al laureado
astro solar (Sun Laurentius), señor del camino y el umbral, únicamente fue
tolerado a través de su dominador intermediario.
Suele el imperio usurpar la
simbología ancestral para asegurarse así la cúspide en la jerarquía sagrada,
garantizada dicha suplantación por el celo y la estrecha vigilancia de los Collegia
Fabrorum, aún vigentes en nuestros modernos días, así en la Tierra como en los
Cielos.
Cabe a la inteligencia militar,
allende los siglos, la pertinente sumisión de las masas a través de la propagandística
manipulación de los símbolos. Las ciudades son parrillas meticulosamente
programadas para el sacrificio cotidiano de los súbditos y contento de los
dioses, mediante lazos tan invisibles como inexpugnables. En Gallecia, se sigue aún celebrando el 25 de Julio (una semana previa al Lughnasad) pero ya se ha olvidado
el porqué.
Triunfó Augusto, sepultando bajo
los adoquines la memoria. Debajo aguarda Gaia, anhelando encontrarse y fundirse
con Lugus, su luminoso amante. Lo que antaño
fue un lecho donde se amaban los dioses, hoy es el grillete con el que las
instituciones del imperio encadenan a los súbditos, profanando con total impunidad
el santísimo sacramento de Lugh. Quizá por eso aún lloran la Perseidas.
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viernes, 24 de agosto de 2012
Hazlo sagrado
“El vuelo del ave, la sombra del árbol,
el lento brotar de la montaña,
alaban a su Creador.”
(Qurân)
"Sólo una correcta y perseverante ejercitación consciente
asentada sobre el verdadero conocimiento, logra cristalizar en Sabiduría.
El resto, raudo, se derrocha por el retrete del Alma."
(Tao Te-Ching)
Cualquier acto, por pequeño o insignificante que
sea, inclusive el propio silencio, inclusive la propia inmovilidad, cuando aquel
es realizado de una forma consciente, se convierte en gesto. Adquiere así un
carácter atento, armónico, resonante, atronador, trascendente, ritual, pleno de
“significado”, presente y conforme al orden cósmico, valga la redundancia.
Purificados por el agua del mikvé, wudú o baño lustral,
se despierta en nosotros el recuerdo de nuestra verdadera naturaleza. Postrados
desde el recogimiento mineral, vegetando sedentes, erguidos desde la alerta
reptiliana, perseverantemente itinerantes atravesando el ciclo sacro de la
senda mamífera, parlantes desde la invocación y la plegaria humanas, ígneos y
alados cual el fénix que atraviesa el either de lo intangible, recreamos la plenitud
sagrada del dinamismo orgánico, sin interferencias severas del ni vigílico ni
onírico complejo cognoscitivo.
Acción
desde la plena consciencia no mental en la fértil inmovilidad del cuerpo, que
despierta el alma y la deja trabajar en nosotros. Torbellino espacio-temporal,
apaciguado en la ubicua calma del instante que a cada instante se reconoce –se
recuerda, se convierte en, se hace así- sagrado. Lejos de resultar
disgregadora, la acción ritual adquiere así una función nuclear, centrípeta, desveladora
de la centralidad substancial del alma. En la adoración, en la alabanza, en el
recuerdo, regresamos al Ser: y, así, al fin somos por primera vez, esto es, In
Principio.
El gesto real hace mucho más por desplegar el sutil
y portentoso entramado de nuestra conciencia que los cientos de miles de millones
de automatismos cotidianos, entre los que se incluyen –por qué no- el ser masón,
presidente de gobierno, sumo pontífice o vegetariano. Nada sirve (tú no sirves)
si no lo haces sagrado. Distracción es extravío. Atenta. Atento. Si tú estás
allí, no hay atención que valga. Nadie asiste al rito. Carente de sujeto es la
acción ritual. Estar "presente" es así estar ausente.
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jueves, 2 de agosto de 2012
Nekudat Elokut
“Invisible a
los sentidos
es la
certeza del corazón.”
(Rumi)
La
sensibilidad espiritual del corazón humano está implícita hasta en el
pusilánime. No importa lo mezquina que sea tu alma. Se le ha reservado un
tiempo y un espacio para llevar a cabo su misión. Cada uno de nosotros esconde
un misterio. Es nuestra tarea el conseguir desvelar su esencia, más allá de las
máscaras, y realizarlo. Alcanzar así la Sabiduría que nos desnuda y alcanza.
Nuestro
corazón, como el núcleo de la palmera, es cambiante. Su ductilidad le permite
girar sobre sí, fluctuar, agitarse, transformarse. Pero ese mismo afán
transformador conlleva su potencial de serenarse, de cambiar hacia el sosiego,
de abandonarse a la paz en la comprensión del cambio perpetuo del mundo:
Shekinah.
Alma
sórdida, conmuévete, para que tu corazón sea devuelto, volcado y revolcado
hasta su total transmutación, en un día sin término, allí donde todas las cosas
hablan y, tornándose vivas, se transforman en un umbral del ámbito espiritual.
No hay mejor espera que la de la confianza.
jueves, 21 de junio de 2012
Tremor in statu nascendi
“Lo que otorga voraces
alas y esparce el veneno del Mal
no es tanto la
verborrea falaz y la acción perversa de sus fieles sicarios,
como la pasividad y silencio
de los que quieren pasar por buenos
cuando no son más que
una pandilla de amedrentados vagos.”
(La “verdadera” frase
que inspiró a Gandhi)
“Pedro, el romano, le
seguía de lejos,
presto a traicionarle
tres veces,
antes del canto del
gallo.”
(Lucas 22, 54-62)
¿Dónde situar ahora el listón de
lo humano? Por mor de recortes y ajustes presupuestarios, ¿habremos de
conformarnos con un bogavante o mero sucedáneo? ¿Quién puede arrogarse calidad
suficiente para certificar en otros calidad humana? Ciertamente, me considero
el menos indicado para juzgar si soy el indicado para juzgar. “Ignorado,
desorientado, contaminado, aburrido, desconocido, poco atrevido como cualquiera”,
también pude -más de una vez y más de dos, detener mis “pequeñas injusticias”
hacia los semejantes y preferí salir impune e indemne (creerlo al menos) y no
hacer nada, dejando el asunto en manos de otros más valientes, justos y sabios.
Muchas personas son las que han caído
en el error de abandonarse al ritmo desolador y vertiginoso que exigen los agitados
tempos seculares, desoyendo la pauta serena de su propio corazón. Únicamente el
corazón proporciona el coraje, la intrepidez y el denuedo de seguir en el
camino, desoyendo la racional cautela, incluso en las más difíciles
circunstancias. Sólo el corazón nos da la fuerza necesaria para asumir que la
gente no suele decirnos a la cara lo que verdaderamente piensa o teme de
nosotros, se limita a impedir que nuestra vida progrese más allá de sus
mezquinos intereses.
Labrar la propia vida sin
transgredir la lealtad debida al Alma, incluso en circunstancias menos adversas
que las actuales, siempre ha resultado un reto difícil. Quien ha vivido varias
vidas lo sabe aún con mayor certeza. En la medida que tuve desarrollada mi
atención primera, siempre puse la capacidad de sospecha y el recelo al servicio de
la voluntad de no ser dominado por el permanente afán inquisitorial de los
intereses ajenos que me salían al paso, tarea fácil, toda vez que éstos, sobresaltados
el espejo de mi Alma, huían desenmascarados.
Ahora me contento con dar rienda
suelta a mi vanidad a través de un blog e imaginar que alguien pierde su tiempo
recalando en él, e incluso se toma la molestia de sopesar si cabe destilar
alguna razón entre tanto desvarío. Reivindico mi pequeño espacio virtual y mi
legítimo derecho a profesar el esperpento minoritario y la sutil rareza de lo
tradicional en estos vacuos tiempos que me contagiaron. Mi derecho a la
irreverente anormalidad. Convencido de los privilegios de transcurrir al margen,
empeño mi energía en restituir verdad a la palabra, aunque no de forma
totalmente desinteresada, como hipócrita presumo.
Distraído, entretenido en el vano esfuerzo de evitar ser neutralizado por cualquier forma de distracción o entretenimiento, paso mis fecundas noches y anodinos días, como cualquier otro subhumano del montón, y asumo mi vocacional pertenencia a la chusma agónica. Uno más para fijar rédito eficaz al Mal que asola el mundo, e instaurar su permanente Reino, desde el esfuerzo y servicio “desinteresado”. Me obstaculizo, impido, contengo y autocensuro como el que más. Usos y costumbres. Debe tratarse de esta gripe de desconfianza que ya resulta pandemia: “Tremor in statu nascendi” la etiquetan los expertos. Y es que la sub-humanidad no tiene más vacuna que la propia autocura. La coartada del des-ánimo, además de sutilmente paralizante, desvela nuestra total carencia de Alma. Y así no hay libertad ni “liberación” ni “satori” ni “nirvana” que valga. Sólo una pose espiritual que no merece alabanza genuina.
Carente ya de proyectos, mi vida
no resulta ya una amenaza. Reconfortado en el cálido exilio de quienes aún demuestran
que les importa que me importen, entiendo que el ostracismo del mercado
recompensa con creces las cuitas pasadas, actúa de bálsamo cicatrizante, serena
y clarifica la mirada. ¡Marca el paso,
sigue latiendo, corazón! Una nueva muerte necesaria y certera te aguarda. No
hay huida posible, ni dónde esconderse, ninguna hoguera calentará el frío que
asedia tu alma…
Antes de iniciar el proceso
sumario que terminaría con su crucifixión, en la sobremesa de la última cena,
el Maestro, adecuado listón de lo humano, quiso darles los últimos consejos a
su “desconcertada tropa”: “Habladles con parábolas. Creedme. En verdad, en
verdad os digo, que nada trastorna el corazón mezquino y, resucitándolo, le
devuelve a la vida como una buena historia”. Y ahí andamos, tratando de
progresar adecuadamente en el Arte de des-helarte el Alma. Quizá en vano. Quizá
en vano. Quizá.
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miércoles, 20 de junio de 2012
San Juan y la fogata del gatopardo
“Hasta los dioses se hayan atados a su divinidad.
Únicamente la Necesaria Virtud
permite entonces alcanzar la Verdad.”
(Sócrates de
Atenas)
"Al final es un problema moral
que el ser humano aplique o no
aquello que ha aprendido. "
(Carl Gustav Jung, Sueños y memorias)
(Carl Gustav Jung, Sueños y memorias)
Nada
en exceso. Si siquiera zafarse del exceso
mismo, cuando éste sea impuesto por la Necesidad, instancia suma que doblega a
la divinidad a los mismos dioses.
A quién es
ducho en un arte, hasta el punto de haber alcanzado en él suficiente maestría
¿le cabe alguna posibilidad de hacer mal una obra?
Pudiera
darse el caso de que, fingiendo torpeza, salvase con ello la vida de alguien (incluso
la propia), toda vez que alguien, tan suficientemente rico como brutal y
desaprensivo, hubiese puesto el suficiente precio a la cabeza de cualquier
Maestro. Lo que no se puede fingir es la maestría, ni para salvar la vida. Sobre
todo cuando ese Arte es la Ética.
Por el
testimonio de Sócrates, en la apología
que nos consta por Jenofonte,
sabemos que pocas personas son más peligrosas que aquellas que, sin saber, se
obstinan en el espejismo de saber, aduciendo cuantas “razones” creen
suficientes, llegado el caso, incluso la más poderosa de ellas: la fuerza. “Su
vanidad es más grande que su miseria.”
No parece
muy conveniente (para el deudor) dejar dirimir los asuntos judiciales al
acreedor, ni (para el adúltero), dejar sentenciar los asuntos amorosos al
despechado. ¿Quién tiene en su mano el disparador de la próxima atrocidad de
magnitud global? Confiemos que no sea un seguidor del Príncipe de Lampedusa, convencido de que hay que ponerlo todo patas
arriba (teológica, política y geoestratégicamente hablando), para lograr que
¡nada cambie! Alguien se encargará de barrer los treinta años de cenizas. “Mientras
hay muerte hay esperanza” y San Juan está a un paso, y Salomé anda cerca. Llámenme agorero, si quieren: rodarán cabezas...
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Virtud
lunes, 11 de junio de 2012
Qtub
“Guarda silencio sobre el camino, sepas lo que
sepas.
Deja que la sabiduría
brote en su corazón
del roce con la vida, del
sacrificio cotidiano.
A los que fueron puestos
a tu lado por la divinidad,
nada enseñará mejor a
andar a tientas
que el lento caminar de
tus sabios pasos.”
(Virgilio a Durante, en
el Infierno)
"El día que ya no quede un ser humano con Aliento,
se quebrará el Cielo entonces, de tan frágil."
(Qurân 69, 16)
El Shaykh al-akbar nunca reconoció la autoría de ni una
sola línea de obras tales como sus “Revelaciones de la
Meca”, sus “Engarces de Sabiduría” ni tampoco de su “Morada Polar”, dado que él
los considera totalmente inspirados por entidades sobrehumanas que le habían
elegido como su fiel y humilde transmisor.
Al Polo (Qtub) le cabe tradicionalmente la custodia de la integridad del mundo.
Preside el gobierno en la sombra (Diwan al-Awliya) que ejerce sobre nosotros el
influjo de su soberanía espiritual (at-tasarrufbi-l-himma) controlando su
devenir mediante lo que se denominan “acciones y reacciones concordantes” con la
Voluntad divina. Son su brazo ejecutor sobre humano: la fuerza de la Ley Eterna Natural, Sanathâna Dharma.
El Qtub, Enoch
(Idris), Señor del Instante, se asienta sobre tres inmortales “Pilares” o “Columnas”
(awtâd) de la tradición islámica, dos imám o nuncios laterales, Elías/Jakim
(Ilyâs), Jesús/Boaz (‘Isa) y en el intersticio central “el Verde” (Khidr).
Todos ellos actúan como soporte vivificador de los centros espirituales
terrestres “secundarios”. Esta idea de “centro” trascendente la encontramos presente
a su vez en otras distintas formas adscritas, como la islámica, al núcleo de la
Tradición Unánime, también llamada Primordial.
Así encontramos
lugares que fueron preservados de la caída humana y custodian celosos las vías
de su regreso a la Fuente: La Tule hiperbórea, el Airyamem Vaêja mesopotámico,
el Paradêsha o Agartthi hindú, la Tierra de Luz de los vivientes e inmortales
del taoísmo. Formas que no pueden ser vindicadas por ninguna confesión
institucional o patente espiritual, pertenecen al género humano, son patrimonio
exclusivo esencial de la entera humanidad: su necesario atributo.
Los largos caminos que
preceden a la meta requieren hacerse por etapas, recalando en aquellos benévolos
lugares más propicios para la “parada y fonda”, pero transitorios siempre, aunque
de paso necesario. No hay en ellos nada dispuesto al azar, todo responde a la
más estricta funcionalidad para garantizar el pronto restablecimiento de
fuerzas y la consiguiente reanudación del viaje. Tal eficaz disposición hace de
ellos providencial etapa, en ellos se
resume todo el fatigoso bagaje previo y las vicisitudes acumuladas durante el
tránsito, aquellas que nos califican como experimentados o, en su defecto, nóveles
viajeros. Pues es la función de viajero la que importa, y no tanto el grado
alcanzado.
Lo que hace cumplir a la perfección su función al recipiente, no es tanto la forma estética que tenga, como su total capacidad -sin fisuras ni grietas- de previo llenado y posterior vaciado. Así custodia la jarra de alabastro todas las sutiles esencias del embriagador nardo. Es allí donde se guarda y protege su arrebatador perfume, es allí -en ese recipiente prodigioso- donde será necesario buscarlo. El arte de la escucha, la ardiente llama de la atención en el corazón.
"En mi cama en la noche,
eché a faltar al amor de mi Alma:
lo busqué y no lo encontré.
Me levanté, recorri sin éxito la ciudad
deambulando por calles y plazas,
en vano interrogué a los guardias...
Más, apenas los pasé, ¡vaya si le encontré!"
(Shir Ha Shirim 3, 1-4)
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