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lunes, 12 de enero de 2015

Haz de cada instante un regreso



 Libro gratis


"Tarde o temprano, en la vida de todo ser humano se da una suerte de parada en el camino, donde nos vemos avocados a interrogarnos sobre nuestra vida y el lugar que ocupamos dentro de ella. Esta reflexión crucial, que surge de una certera suerte de madurez interior, no requiere una formulación filosófica sino que cristaliza más bien en una mirada de extrañeza sobre un mundo que ya no sentimos nuestro.

Tarde o temprano, esos cruciales momentos se suelen perder en la cotidiana distracción, en el diario afán que nos reclama a seguir ocupándonos y preocupándonos en las “cosas importantes”, desoyendo así la llamada de la vida. Olvidada la crucial pregunta, se posterga así la esencial respuesta, aquella que quizá habría de entregarnos las claves acerca del verdadero sentido de nuestra vida."




Léelo completamente gratis.

miércoles, 12 de junio de 2013

Escondida senda

“Para sanar,
nada como la conciencia
de haber enfermado.”
(Paracelso)



Obstinarse en no ver las cosas tal cual son -y no tal cual nos interesa hacerlas parecer en público- constituye la forma más explicita de todo autoengaño, avocado a generar en nosotros y a nuestro alrededor, altas dosis de sufrimiento. Nadie es completamente sabio sin su lado ciego, so pena de confundir cultura y barniz. Hay un largo trecho –inexcusable- de Troya a Ítaca.


Nuestra esencial corporeidad sabe mejor que nadie cuando nos hallamos detenidos, estancados, distraídos en círculos viciosos que nos impiden dar el salto hacia el propio progreso, hacia la escalera del círculo virtuoso de la realización personal. ¿Conformarse en la enfermedad de la mediocridad? 

Hay otros caminos que son mucho más dignos de ese nombre, por más que nunca –por profilaxis- aparezcan descritos de un modo explícito. Quienes optaron por conformarse a los dones de la vía iluminativa, no sabrán nunca a lo qué renunciaron, evitando ser incubados en la noche oscura del alma.



sábado, 3 de noviembre de 2012

La tabernera del puerto

“Disfruta de cada día, de cada noche,
come, bebe, ama, festeja, goza, danza, juega, vive así la vida,
sucumbe a cada instante de un nuevo placer sensorial,
disfruta de tu pequeño, del amor de tu bella esposa mientras aún puedas…
Desiste pues, abandona tu búsqueda inmortal.”
(Eclesiastés 9, 7-10)

“Norte y sur,
trama y urdimbre,
los egipcios ya sabían
cómo las estrellan nos tejen el alma,
de cómo la atan y desatan al cuerpo mortal.”
(Iamblico de Calcis)




En su búsqueda de la inmortalidad de Noé, Gilgamesh se fue a hablar con Siduri Sabitu, la dulce tabernera del puerto, señora de la encrucijada entre mundos, del umbral que separa la vida de la vivificación, haciendo posible la liberadora muerte, quien le desanimó a proseguir su obstinada búsqueda.

Tras su amañado encuentro con Circe, la ruda silvestre que utilizó Ulises por mediación de Hermes no pudo remediar, empero, lo inevitable, la muerte a manos de "su propio Edipo". Somos hijos, pues, de nuestros padres, atados como estamos a nuestros ignorantes, aunque placenteros, actos. ¿Aún sigues distraído en el Carpe diem? Ingenuo.



miércoles, 20 de junio de 2012

A coger el "trébole"...

"Durante su peculiar periplo terrestre,
el destino superior del Alma es Conocer:
descubrir en sí la inmortal llama
de la Esencia Divina."
(Pitágoras de Samos) 






Sólo los necios, quizá por miedo a perder su espejismo de control o tal vez por simple y llana pereza, confinan el Alma a los límites espacio-temporales, renegándose a aceptar tantas evidencias contrarias, por entender que toda “señal” que no esté bajo su total dominio (esto es, amañada) atenta directa o indirectamente contra sus intereses particulares o, lo que es peor, alimenta de alguna manera los del contrario. ¿Cómo si no cabe interpretarse la irreverente micción de un perro?

Siendo foráneo a Esparta, no te fíes ni un pelo de los espartanos, ni aún si se diera el caso (sobre todo si se diera) de que te recomendasen que desconfíes de ellos. Estos griegos, hasta cuando descansan del vicio de conspirar contra Persia, es que algo traman. A ver si se les ha pasado por la cabeza hacer caso al inquieto de Ulises, maestro de los mil ardides, y van a introducir un gusano-troyano en los ordenadores del Nagual. ¡Tendría gracia la “llama”!

En tiempos de irremediable recortes como los que sobrevivimos, a fuer de lograr al menos por una vez un “sin-cero balance”, no compensa ni sale a cuenta el malgastar nuestra valiosa segunda atención, que ha de estar centrada en más jugosas y rentables “mesas financieras”. Y, no digamos, la tercera, ahora que se aprestan a proliferar los fuegos de don Juan.

No te rindas, ni te apartes a un lado, por difícil que se te ponga el camino que te eligió. El viento en contra viene cargado de ceniza, para avivar así la llama indestructible de tu corazón: ¡Mira cómo arde!



lunes, 18 de junio de 2012

Ne scire


“Recién despierta, no puede mirar del todo las cosas brillantes.
 Hay que acostumbrar, pues, al Alma a mirar por sí misma.
 (Plotino, Eneádas I, 10)

“La alegría perfecta excluye el sentimiento mismo de la alegría,
pues en el Alma colmada por el objeto
no hay rincón disponible para decir: yo"
(Simone Weil)







Una ciencia que preferencia lo aparente frente a lo real, que confunde sensible con sentido, magnitud con medida y correlación con control, no puede ser sino tachada de alucinatoria. Sólo bajo un estado de conciencia delirante puede llegar a creerse la falacia que dependencia tecnológica y potencial humano son conceptos ligados, un espejismo materialista del que ya hicieron gala estoicos y epicúreos, incapaces de asimilar la identidad entre incorpóreo y real, que la forma provenga de lo informe, y el acto de la vacua potencia. Parece de sentido común la precedencia lógica entre inteligencia y materia. Pero el sentido común no abunda tanto como pretenden hacernos creer las herramientas “estadísticas”, tan infectadas de medias, modas y perversiones típicas como pueblan –metastizan- el cáncer terminal del Estado.


La conciencia creadora ha de ser necesariamente anterior al Universo creado. La conciencia de lo creado, parte necesaria de este creado Universo, guarda una mayor proximidad a la fuente. Antes y después, causa y causado, espacio y tiempo en su idéntica relatividad se reúnen, toda vez que sepas verlo con claridad. No te obstines en el “ne scire” de los necios. Deja que la verdad abra tu mente, para que puedas así verla “cara a cara”. El espacio imaginal carece de espacio y, por ende, de tiempo. ¿Dónde y en qué momento cabría la osadía de tratar situarlo? ¿Cómo hablar de aquello que precede a todo “discurso” y es además su fuente? No se puede hablar del Alma, cuando no es sino ella quien habla, previa al logos, tras la palabra.


No le perdonaron a Sócrates el agravio comparativo de su lucidez, los que presumían de saber, y en el ágora se ponía de manifiesto que no sabían tanto. ¿Cómo entonces justificar las abundantes dracmas con que habían de dotarse los pingües salarios? Difícilmente. No creo en la ciencia que se utiliza para recortar los presupuestos de una ciencia en la que tampoco creo. Perdónenme: soy bastante escéptico. Y al serlo, “creo” estar en lo cierto. Tropel enajenado que dicen actuar y “recortar” enarbolando la razón. Psicópatas deshumanizados abducidos por el “ajuste presupuestario”, que llaman a la codicia “inversión” y a la usura “deuda honesta”: ¿A qué esperan? ¡salgan corriendo! ¿No han tenido ya suficiente Circe y sobredosis de Calipso?




domingo, 3 de junio de 2012

Cantos de Sirena


“¡Nunca te abandonaremos!”
(Juramento en Logia, REAA)

“Levanto mis ojos a los montes…
¿De dónde me vendrá el auxilio?”
(Salmo 120)

“¡Toma el dinero y corre…!”
(Allan Stewart Königsberg)




No importa los siglos transcurridos, cada autor ofrece del mejor modo que sabe la información precisa para entender su obra. No pretendo ser una excepción, por más que entre los míos, aquellos que presumen de apreciarme sin dobleces, esté de moda subestimarme y despreciar mis mínimas dotes intelectuales. Así debe ser, Lao Tsé dixit.

Mi necesario eclipse temporal, allende al ostracismo y destierro actuales, no desaparecerá si bien no recupera antes su crucial prestigio y significancia el humilde arte de la –ahora tan estratégicamente denostada- Retórica. Toda vez que supe ganarme los garbanzos al mostrar el poder de la palabra a otros, mi vanidad se sentiría complacida al ser recordado como un honesto aprendiz de retor, de principios del último siglo del último milenio (d.e.c.), que no supo siquiera imitar la oblicua discreción de sus nobles predecesores clásicos: ¡todo un bocazas!, vamos.

Si bien no quiero negar que me fui de la lengua, traté al menos de ocultar lo esencial de mi pensamiento en detalles nimios y descuidados, en algunas imágenes absurdas, en apariencia arbitrarias, tan insignificantes y laterales al texto principal que –seguro- pasaron siempre inadvertidas para la casi totalidad de mis exiguos lectores. Los más generosos quizá me elevarán a la categoría de curiosa anécdota.

Empecé psicólogo. Llegué –a mi torpe pesar- a teólogo. Y recibí la gracia de regresar filósofo. Tal y como debe ser. Mi propósito siempre fue el de conducir a iniciados potenciales a su completa autorrealización espiritual, liberándolos de los encantamientos que obstruyen el esfuerzo iniciático, así como impedir el acceso de todos aquellos que no son adecuados para lograrlo, aunque se disfracen de lo contrario. Una especie de peculiar seleccionador de recursos espirituales: los Aristos.

Quien así lo ha podido comprobar por sí mismo, sabe de primera mano, en carne y alma propias, que existe una tremenda desproporción entre aquella búsqueda intransigente de la verdad y su retribución social. Bien conoce la psicodinámica de grupos que no todas las verdades son inocuas. Algunas, incluso, pueden hasta resultar gravemente peligrosas, sobre todo para aquel que, no contento con disfrutarlas para sí mismo, en la más completa intimidad, además se jacta impúdico de exhibirlas, con la excusa de compartirlas: Vanitas…

La mejor forma de boicotear la permanente conjura de los necios que se obstinan en someter al Pensamiento Libre ha sido siempre, lo creas o no, la Retórica. Sólo ella garantiza la cautela y sobriedad comunicativas, con la discreción necesaria.

En ese retórico afán, con la cabeza bien alta, maltrecho empero el corazón y la cordura, siguiendo la pertinente recomendación de mi cara ahijada Clavis, emprendí en diciembre de 2010 la aventura de un Blog, efímero papiro de las postrimerías, que dejara una fehaciente constancia de mis muchos tropiezos y extravíos varios, toda vez que mi fracaso aún, valga la comparación y salvando las distancias, fue más estrepitoso que el del buen Paracelso. Quizá por eso el daimon no me puso traba alguna para titularlo, en homenaje a mi admirado Ulises de Ítaca, Cantos de Sirena.

Para esta tercera edición, he optado por emplear un plan distinto al de las anteriores, articulando en ejes temáticos las distintas reflexiones de cada post, con independencia de su aparición cronológica, para mejor contribuir a su coherencia comprensiva, en siete áreas temáticas:
  1. TRAICIÓN Y TRADICIÓN UNÁNIME
  2. TIEMPO SAGRADO Y DESTIEMPO PROFANO
  3. EL OSCURO PRURITO DE "JUGAR A RITOS"
  4. RECURSIVIDAD E INDISCRETOS SECRETOS
  5. ¡ATENTI AL LUPO!
  6. DE LAPIS PHILOSOPAE ET AURUM POTABILES
  7. EXÉGESIS MALDITA, HERMENEÚTICA IMPOSIBLE

Sirva la pequeña licencia autobiográfica perpetrada en este prólogo como último testamento de vanidad. Que disfruten esta nueva 3ª edición. Lo crean o no lo crean, el verdadero placer ha sido mío.

(Nuevo prólogo de “Cantos de Sirena: Pormenores y vicisitudes en la vía iniciática”, Bloody Jubilee, 2012.)


miércoles, 1 de febrero de 2012

Apocalípticos e Integrados

“Desventurados aquellos que invocan un ídolo
y son escuchados. Pierden su pro­pia conciencia,
porque no pueden creer ya que serán escuchados
por sí mismos”
(Gustav Meyrink, El ángel de la venta­na de Occidente, 1927)


“Se alzó un clamoroso y penetrante sonido
brotando de su boca,
haciendo reventar nuestra masa de eter
en una intensa llama roja sin nombre,
tan brillante como abrasadora.
Así acabó todo”
(Edgard Allan Poe, Diálogo entre Eiros y Charmión, 1839)




Las últimas producciones de la factoría Hollywood han demostrado que la ficción apocalíptica es rentable, ya que, muy por encima de la tragedia colectiva, supone nuestra extinción individual, que es la que, en último término, más nos preocupa. Así, al menos, nos consolamos acudiendo como espectadores de primera fila a un espectáculo que no queremos perdernos. ¡Qué lejos estamos de tratar de alcanzar esa comunión espiritual íntima con la destrucción absoluta, capaz de revelarnos la Verdad que somos![1]
En 1965 mi admirado piamontés creo una suerte de falsa dicotomía en la que situar al género humano o en la que dejar a cada ser humano situarse a su plena conveniencia: los apocalípticos y los integrados.
Por apocalíticos nuestro semiólogo entiende aquella categoría de seres humanos pesimistas, no tanto a cerca de su propia condición como hacia la de sus semejantes, a los que considerarían aferrados a la nostalgia de un tiempo que ya nunca habrá de volver.
Los integrados, mucho más optimistas o ingenuos, serían los que identifican futuro y progreso humano.
Nosotros vamos a tratar de trastocar dicho tendencioso campo de significacias, por otro tanto o más tendencioso si cabe, pero mucho más de nuestro gusto, conservando, eso sí, idéntica terminología de la que nos hacemos eco, en esta ocasión.
En nuestra realidad-tunel actual, podemos encuadrar en la categoría de apocalípticos a los que saben que lo único capaz de derrotar la dominación del “dragón” es la verdad. La revolución es, pues, una batalla por y para lograr que la verdad triunfe sobre la hipnosis.
Integrados son ahora -en nuestro particular modelo- todos aquellos que consideran al dragón prácticamente inderrotable y por ello optan por situarse estratégicamente en las concurridas cercanías de su venenoso pezón, sabedores de que “más vale joder que ser jodidos” o, en un tono quizá algo más conciliador, aquello de “el primero, capador”.  Ellos -los integrados- son los que sostienen, defienden y alimentan, “algo menos” hipnotizados que el resto, la hipnosis del dragón. Vamos, los más interesados en que la bestia se perpetue y funcione, ad eternum.
Queda pues por dilucidar lo que el dragón representa. Y para ello, nada mejor que beber de los clásicos. En este caso, de Homero, quien nos representa al dragón en todas sus posibilidades bajo la forma de la bella hija del Titan Atlas, que reinaba en la también hermosa isla de Ogigia, y de la que ya tuvimos buena ocasión de explayarnos en otro lugar.