Mostrando entradas con la etiqueta Vedanta Advaita. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vedanta Advaita. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de noviembre de 2012

Virus y veritas


“En todas las cosas
la nivelación es la muerte.”
(Upanishads)
 
“La vibración del sonido sagrado
evoca su experiencia.”
(F.A. Wolf)

 



Quien se protege tras la mentira, pugna por legitimarse como administrador absoluto de la verdad general y recela del dogma foráneo tautológico: aquel que se legitima ante la mirada desprovista de prejuicios por sí mismo. No es bueno que nadie tenga acceso por sí mismo a la cruda realidad, allí donde lo amargo es amargo y lo dulce no necesita ser, en modo alguno, edulcorado. Nadie puede observar la realidad desde fuera. Campos de conciencia cuántica, cada parcela de verdad siempre nos alude de forma irremediable, somos fundamentos necesarios de la realidad y su autoconocimiento, fuente de su complejidad esencial y sobre estructural. Todo y parte de ese mismo todo a un tiempo. Holón. Sistema vivo.

 
Desde los virus endógenos insertados en nuestro genoma a los que junto a las bacterias se asocian y organizan en el interior de nuestras células, esa delicada red bioquímica teje la vida y autoconciencia que somos. La simplificación mecanicista, reduccionista y competitiva del darwinismo ramplón es una mentira bien calculada y protegida desde la perversidad interesada. No sobrevivimos porque competimos, sino en la medida –y sólo en la medida- en que nos asociamos y colaboramos. La vida es cooperación orgánica entre lo orgánico y lo que aún entendemos como inorgánico. No parece que haya funcionado nuestra estrategia de mantener un aséptico bunker a salvo del “ecosistema hostil”. La vida es regulada sepsia.

 
Allí donde la torpe mirada darwinista ve un agujero de madera podrida en el enfermo árbol "desadaptado", otra mirada descubre una estrategia cooperadora para invitar y brindar refugio a las ardillas, hábiles diseminadoras de su semilla. Quizá, como sostiene Máximo Sendín, sería bueno que aun podamos recuperar una visión holística de nuestra delicada complejidad y volver a recuperar así la sabia naturaleza -y su vivificante savia- para las improbables generaciones venideras. ¿Nos dejarán?
 
 
 

sábado, 6 de octubre de 2012

Subjetividad usurpada


 
A Ramesh Balsekar, in memoriam.
 
Lo cotidiano, la humanidad, nuestra familia, nuestra memoria, la memoria de lo bello y de lo amargo que vivimos tienen un secreto sentido. Las cosas más simples, más sencillas obedecen a un plan fuera de escena, al que nada en la escena escapa. Nacer y morir, la ciencia y la tecnología, los pormenores del mapa universal –incluidos nosotros- obedecen una única voluntad. El bien y el mal se entrelazan en un sutil diseño, no evidente a la mirada perezosa, que permanece ajena a esa intimidad. Vivir no es ser actor, sino instrumento, límite en el que sucede una mirada que no nos pertenece, porque es única. Devenir eterno.

 
El principio básico de la ausencia de dualidad sostiene cada ser, proceso auto-generado que se manifiesta en nuestro universo aparente, simplemente ocurre. La intelección de nuestras sensaciones hacen de nosotros unos objetos animados peculiares. Ese mismo intelecto es capaz de crear la ilusión de separación y otorgarle visos de realidad. Es necesario por tanto crear en dicho intelecto una ilusión antagonista, la ilusión de liberación. El intelecto se focaliza en liberarse en aquello mismo que el ha creado y le hace sentirse atrapado en su propia ilusión. Todos somos objetos de un único sujeto.
 
 
Al creernos así sujetos separados, quizá estamos usurpando “ilusoriamente” aquella subjetividad de lo inmanifestado que nos creó. El dios extraviado en la identificación queda así liberado cuando, debidamente desidentificado, regresa a la conciencia impersonal. Ese proceso de desidentificación siempre es del todo algo impersonal. No puede ser realizado por ningún yo. Terminada la obra, desaparece con ella el actor. El ser inmanifestado es.Tú que crees que ahora lees ¿Qué buscas? ¿Encontraste al fin –fuera de ti- un espejo? ¿Halló la conciencia impersonal reposo? La mirada que se asomaba al ojo, desapareció. Un Amor sin nombre que no descansa propicia el descanso, preciso, ocurra lo que ocurra.