Mostrando entradas con la etiqueta amor impostado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor impostado. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de septiembre de 2013

Subhumana sublimidad


“Vosotros sois dioses,
hijos todos del Altísimo.”
(Salmo 82, 6)
 
“Dioses sois.”
(Juan 10, 34)

 

 

Todo aquel humano que tiene autoridad para juzgar y decidir sobre la vida de otros seres humanos puede ser considerado un dios, quizá un dios mortal, si se quiere, tangible, sudoroso, defecante, hediondo a la putrición, pero al fin de al cabo un verdadero dios. Un dios que ciertamente habrá de dar cuenta sobre la bondad de sus actos y la imparcialidad de sus juicios, sopesamientos y decisiones ante el Tribunal de un Dios sobrehumano mayor en el que, tal vez, sabedores de su subhumana condición y a “juzgar” por el triste espectáculo actual que brindan a la concurrencia mediática, quizá ya no creen. Su facultad y poderes los obtuvieron vía oposición o, en el caso de los gobernantes, vía impostura electoral. No hubo fermento espiritual. Nuestras laicas sociedades no lo consentirían, pese a que el actual juramento supra verbum admita aún la concesión del premio o la demanda tan incondicionalmente divinos. Mucho más espabilados… qui salvandos, salvatis sestertis.


Queda así postergado el contacto con la Justicia última en la evanescente etapa post-mortem que se presume a todo mortal que crea en las versiones religiosas vigentes, toda vez que la manzana, si bien nos abrió los ojos a la propia desnudez, nos privó de aquella cualidad divina de la que gozábamos de fábrica, como magistrados, modelados a imagen y semejanza del Orbis Factor y neumáticos por Su divina gracia. Quizá la astucia serpentina haya estafado también a los prestigiosos nuevos autoproclamados diosecillos, incapaces de saber gobernarse a sí mismos. Lo regio ha caído en desgracia, dado que son pocos los que tienen la capacidad de salir, haciendo rodar la piedra. Simples sepulcros “tuneados” pusilánimes, que deben toda su autoridad administrativa a la facultad memorística o al dócil voto de aquellos cerditos llorones arrodillados ante el dictamen de su insaciable estómago, que saben mentir con “bellas acciones y nobles arrebatos” mediante los que aparentar lo sublime e impostar así su máscara temible, haciendo resonar su vacua grandilocuencia: ¡Regulos tremendae maiestatis! pletóricos de argumentos “químicos” pero maldita sea su poca “gracia”. Precaria su realeza.
 
 
 

domingo, 28 de julio de 2013

Sine vera ecclesia

“Mejórate a ti mismo
y habrá un granuja menos en el mundo.”
(Thomas Carlyle)

“Empeñados en ser valiosos a nuestro prójimo,
basta con iniciarse en la larga y solitaria empresa
de perfeccionarnos a nosotros mismos.”
(Robertson Davies)




Prisioneros del espejismo de un desarrollo y progreso infinitos, solemos imaginarnos el futuro viviendo entre mágicos y sofisticados electrodomésticos que nos hagan la vida más fácil, en lugar de conviviendo en una comunidad de seres humanos mejores. Y en la cómoda espera de ese futuro tecnológico pluscuamperfecto, no conformamos en sobrevivir zombificados en una compulsión de consumo ostentoso, espiritualmente atolondrados y atrofiados en nuestro propio ensimismamiento alimentario, productivo, reproductivo y restaurativo, vegetando en manzanas de colmenas urbanas, salpicadas de iglesias y bares donde encontrar algún consuelo espiritual al absurdo vital asumido y un cómodo simulacro de comunidad.


Encorsetada, esclerotizada, abandonada a sí misma, entregada a una inercia avariciosa y explotadora que socava los fundamentos de su propia humanidad, ahora que es más necesario que nunca, nuestra sociedad se resiste a evolucionar y crecer hacia algo mejor. Nadie quiere abandonar sus objetivos e intereses personales en aras al bien común. Desde la conformidad, hemos aceptado la intromisión del caos que nos mantiene aislados, hemos cedido a las fuerzas de la disolución. Bastará de nuevo con que una pequeña minoría creativa de individuos auto-mejorados vuelva a organizarse y comulgar en secreto, semillas de eternidad de las que brotan imperios y los mantienen mientras no olvidan. La élite comienza siempre desde lo más bajo. Sólo desde el abismo del alma se comprende que “sine vera ecclesia, nulla salus est”.




jueves, 13 de junio de 2013

Aquí. Ahora.



Yo estaba equivocado, más equivocado aún quizá que ahora. Mi vida estaba dirigida mucho más por las apariencias de un ideal heterónomo que por el reconocimiento de la verdad; por la búsqueda de dinero más que por la búsqueda del verdadero sentido. Vivía dirigido por todo tipo de presiones externas, desoyendo los deseos íntimos de mi corazón. Incapaz de ver las cosas como son, como siguen siendo, sufría porque ignoraba e ignoraba por qué sufría. Tuve avidez y falsifiqué el amor como el que más.


Detenido en los pormenores del tronco, ignoraba así el milagro del árbol; atrapado en la hermosura del árbol, desapercibía el cántico del bosque; ensimismado en la sinfonía de ser uno en la magia de la caminata, olvidaba arroparme en el silencio. Perdía lo más importante, al mismo tiempo que caía en el espejismo de que sentir, pensar y creer que progresaba. Yo también era, aún sigo siéndolo, quizá un tanto menos, una isla arrogante. En pos de ser más y más estratégico, renuncié al proyecto de alcanzar ser humano. Vendí de saldo mi alma al diablo.


Mucho me costó comprender la necesidad de conformarme con mucho menos, lo importante que es saber quedarse quieto, allí donde encuentres tu casa provisional. Decepcionado, muy tarde descubrí que el vertiginoso asalto de nuevos deseos no es sino parte de un distractor carrusel del mundo. Fracaso tras fracaso, adquirí la neutra distancia de Apolo, conocí el efecto reparador de la conciencia presente, purificando el espejo de mi alma. Sabio dolor así transmutado, eco que aún reverbera, dulce Beatriz, en distancia. Quizá. Tal vez. No sé.



sábado, 8 de junio de 2013

Corazón ardiente

“Atardece.”
(Lucas 24,29)




No hay amor en la posesión. Si en la soledad, en el silencio, en el abandono, en la reclusión, en la cercanía de la última hora del día, en los últimos instantes de una vida, allí donde huérfanos del espíritu y prestos a sumirnos en el frío de la tiniebla, dócilmente todo se abandona. Momento mágico que, nada más atraparlo, en juguetona dialéctica desaparece, haciendo temblar al héroe.


Cielo raso en el atardecer del páramo infinito que nos invita a trascender el interno bullicio cotidiano, en un tenue esfuerzo de centramiento que no es sino oración. Lo demás, obrar como los demás cuando parece necesario, hacer cuanto y cuando los otros no se atreven, comprometerse, escribir… soberbia. “¿No ardía nuestro corazón, como resolana debajo la piel?”



lunes, 25 de febrero de 2013

Primaveral distracción


“Cambiaremos así la noción autónoma de espíritu
por otra, algo más dócil, como la de fuerza.”
(Jeova Sanctus Unus, Index Chemicus)

 

 
 
Cuando una estrella colapsa, por acción masiva de la gravedad, implosiona a través de su propio agujero negro, surgiendo en el reverso de otro universo. Queda a la especulación dirimir si Romeo y Julieta, encontraron escenarios montesco-capuléticamente escindidos al otro lado, en los que medir la seriedad, fuerza y persistencia de su inmortal amor, Platón mediante.
 
 
 

domingo, 27 de enero de 2013

Ruido

"Nun, o Unsterblichkeit, bist du ganz mein."
(Heinrich von Kleist)
 
"No consientas que la información
usurpe el conocimiento."
(Albert Einstein)

 
 
 
 
 
Insistir en lo ya repetido cientos de veces, logrando que lo que un día fueron fértiles pensamientos terminen en desecados tópicos sin substancia, en citas cuyo rimbombante eco, sacado de su contexto, esclerotiza el saber tradicional que atesoraban y agostan así su vitalidad; esterotipos inertes, slogans egoicos sobre vallas y camisetas, vacios de contenido; fórmulas inconsistentes, cáscaras que, en su soberbia, se niegan a permitir que brote y crezca la semilla que ocultan restándoles protagonismo,  evitando así que se remueva nuestra alma.
 
El gérmen de libertad que esconde el pensamiento tradicional sin adulterar es una radical propuesta para la vida. Aquello que no puede ser vivido en nuestro hoy no es sino falsificación. La fuerza que desborda en cada nuevo profeta es la que se requiere para transformar nuevamente el mundo.
 
Quizá sea por eso que todo lo que huela a Tradición despierte, en una época que se finge instalada en el progreso, tantos recelos, tergiversaciones y odios. Es la fértil vigencia revolucionaria y libertaria de la Tradición, la que la hace chivo expiatorio de un rechazo tan fuerte, de una hostilidad tan decidida, de una violencia inhumana que teme así su poder transformador y rehumanizante.
 
 
 
 
A cada nuevo instante, la Tradición resurge de unos instintos tan originarios que son capaces de comprometer la esencia de cada ser humano en cada época. De un modo tan sutil y poderoso como el que ata a cada número a su logaritmo, o la asíntota a la hipérbola, logrando así la euritmia aunsente en la torpeza del alma impostada, tan alejada ya, tras su expulsión del Paraiso, de su ingrávido centro de gravedad.
 
La inocencia virginal abandona a quien la simula, pendiente ya del espejo.  Es tan sólo cuando,  tras un segundo y valiente mordisco, llevamos a nuestro conocimiento a reencontrarse tras su extravío infinito, cuando rescatamos así, en el último capítulo de nuestra vida, la reparadora Gracia.
 
Frente a la avalancha de información espurea, blogs como este aún encuentran su tímido eco como testigos capaces de intentar dibujar un presente que ayude a conmover, despertar e involucrar a los nuevos profetas, aquellos que habrán de ser los verdaderos artífices mediadores del futuro.
 
La miseria intelectual de los actuales sistemas de dominación tecnológica, no cejan en su esfuerzo de distraer, desconcertar y estrechar la vida individual, en el espacio de una colectividad tan escindida como anestesiada y reaccionaria. Por eso nos gustaría que nuestras vanas reflexiones siguieran siendo, en el alma y el corazón de nuestros fieles lectores, un saludable estímulo para la defensa de la Vida, del gozo de existir, desde la serenidad y solidaridad de los que, más allá del ruido y el sucedáneo distractor, aspiran así a completar la árdua tarea de llegar a ser verdaderamente humanos.
 
 
 
 

sábado, 27 de octubre de 2012

Los difuntos y los santos

“El drama de nuestro mundo
surge de nuestro Espíritu
y en él vuelve a hundirse.”
(Milarepa)

“No os entreguéis a vuestra imaginación.”
(Nagarjuna)


“Nuestras huellas llegaron hasta la misma orilla.
Más allá, desaparece todo rastro.”
(Rumi)



Por lo general, llamamos "vida" a la experiencia anímica (del alma) de regreso a su Fuente, a través de un vehículo corporal de obsolescencia programada, por expreso deseo de ésta. Lo eterno desea ser re-encontrado, la Realidad quiere ser conocida. Somos viajeros trasportados en un cuerpo mortal por una angosta senda repleta de claroscuros, cuya meta es la luz, una luz que nos atraviesa y que, extraviados tanto de nuestro destino como de nuestro origen, atravesamos casi sin darnos cuenta. Este grado de auto-conciencia anímica (del alma) es el que verdaderamente nos diferencia.

La calidad (auto-conciencia) del alma se mantiene a través de un denodado esfuerzo de vigilancia sostenida. Lo contrario es alienación, transitar sumido en la ilusoria burbuja de una pseudo-realidad tan distorsionada como aparente que atrapa al alma, cuando sólo el sueño nos permite sobrevolar y escapar de las garras distractoras del sueño. Poner cada cosa en su sitio, desde el centro anímico (del alma) nos torna amables. Amable es aquel que verdaderamente saborea el tránsito entre zombis –profana compaña- porque verdaderamente sabe. ¿Quiénes son, pues, los santos, entre tanto muerto ambulante?


sábado, 13 de octubre de 2012

Susurro otoñal


“En cada respiración se muestra el camino de regreso.
Protege ese tesoro de distracciones
en la guarida de tu corazón.”
(Ibn Arabí, Al-Futuhatu`l-Makkiyya)

 

 

 

La llegada del suave aliento otoñal supone una ocasión privilegiada para tomar conciencia del sutil Aliento Sagrado que impregna la total provisionalidad de nuestro efímero ser, el pulso vital que entregamos con la misma docilidad que le recibimos en cada respiración. Conviene recordar que el don de la vida –como todo lo demás- no nos pertenece. Tiene propietario.

 
Caminar sobre el crugir de las hojas rendidas al impulso del aliento otoñal es un ejercicio estupendo para contemplar en silencio nuestro reflejo en el espejo del alma, allí donde el paseo interior se entrega dócil a la magia del paseo exterior. Tiene lugar el prodigio del escandallo reflexivo, allí donde se pasa revista a nuestras acciones y omisiones cotidianas, a lo que dijimos o dejamos de decir, a los potentes pensamientos que en vano se esconden tras cada  inhibición o acto. Allí donde sabemos y reconocemos nuestro abandono a la maldad, el olvido siempre transgresor.

 
En ese beso sutil, preciso y precioso, el aliento otoñal se torna don, instante de gratitud. Sabor y presencia. Recuerdo de por qué y para qué seguimos vivos.

 
Germen de luz y temor.
 

Urgencia…



martes, 2 de octubre de 2012

Dócil impostura

“Si no hay actos en la tierra,
no los escribirá el Eterno desde arriba.”
(Yamil Al-Mansur Haddad)
 
“Sin más, el Eterno anula o confirma
a Voluntad lo que quiere.”
(Qurân 13, 39)

 

 
Más allá de nuestras ínfulas, pretensiones y ridiculeces, la existencia simplemente ocurre. Nos ocurre. La disolución de la materia, su irrevocable muerte, sólo anuncia la enésima de sus transformaciones. Este devenir es utilizado como excusa para justificar la propia inmoralidad, la arrogancia y el fatalismo, ante tal ausencia de libertad. Sin embargo el ser humano no puede desligarse de su condición de constructor de su propio destino. Simplemente ocurre. Su acción representa su modo de estar en el mundo. Esconde así una voluntad más grande que su propia voluntad. ¿Cómo encontrarla, aquí y ahora?

 

Eliminar la hipocresía y el disimulo de forma completa, actuar con sinceridad y sin miedo a la verdad, no es algo que todos deseen llevar a cabo. Presos de las trampas del yo, atrapados en la auto indulgencia, en el calor de las propias concesiones, en los múltiples recovecos del irredento egoísmo, dejamos que nuestras vidas se malogren. Es nuestro actuar un activo dejar de actuar. Así tienen que ser las cosas. Así son, porque así tienen que ser. Hasta el hipócrita, sin saberlo, actúa de acuerdo con la realidad y la verdad. A un mismo tiempo, resulta posible esforzarse en aceptar y transformar lo real.
 
 
 
 

viernes, 21 de septiembre de 2012

Comida magistral en el vegetariano


“Curiosa escalera esta,
en la que nadie sube peldaño
hasta que sitúa (ayuda ascender) a alguien
al mismo del que se partió.”
(Nasruddin)

 

 

 

Desde Juan el Sirio, célebre anacoreta al que interminables consultas de sus seguidores y discípulos no le consintieron vivir en plenitud su vocación de soledad, no resulta nada infrecuente identificar todo el itinerario espiritual por el que atraviesa un ser humano con una escalera, término que en griego se escribe curiosamente klimax. Quizá no existe una oposición más exigente e involuntaria que la que tiene por tribunal al Eterno, ni peor retribuida que la de la eternidad. No es de extrañar la exigua afluencia de candidatos y aspirantes a tan ingrata plaza: la de ser humano.

 

Ser humano parece un asunto fácil, y hasta automático. Nada más alejado de la cruda realidad. La gran mayoría de los aspirante a serlo, mueren –morimos- en el intento, somos tan sólo una posibilidad malograda: algo que pudo haber sido, y no fue. Aquello que prefirió la cómoda certeza de la iniquidad frente a la ardua promesa de nobleza que -la verdadera, la que en modo alguno se otorga por un mero nacimiento en el sitio adecuado- aún se ha de conquistar.
 
 
 
 
 
Parece como si lo humano, lejos de ser cromosómico, fuera así meramente epigenético, esto es, opcional. Y cada vez son menos los que, conformes con su mediocre situación, optan a completarse en lo humano y asumen la necesidad de ausentarse de lo creado en la contemplación de la Verdad de su origen y regresar así a lo fenoménico desde la perspectiva que se adquiere en el Principio mismo. Consideran así que no merece la pena el esfuerzo ni el trabajo personal para recoger al final del camino la quimera de tan incierto fruto. Bendita nos parece, por cómoda, la ausencia de altura, el horizonte asegurado que garantizan las mieles de la abyecta innobleza, amargas pero asequibles, en el anhelo de lo superfluo.
 
 
 
Ignorantes vocacionales como somos, preferimos, a ojos cerrados, el inmediato pan de la vergüenza a tener que esperar los dones que se obtienen del esfuerzo de labrar nuestra generosa tierra. Animados a conformarse con ser animales, incapaces de elevarse siquiera un paso, no vaya a ser que en ese fatídico gesto el Eterno descienda corriendo a nuestro encuentro y se nos complique la cosa.
 
 
Deja, deja. Mejor quedarse así, como estamos, de maestros consumados. Que nosotros ya "cumplimos". Quien venga detrás, que arreé...



lunes, 6 de agosto de 2012

Sangre, atrabilis, bilis y pituita



“La mera existencia de un sólo gnóstico
desbarata más los satánicos designios del adversario
que el denodado esfuerzo de cien mil místicos."
(Muhammad)


"La opinión del hombre juicioso es acertada
como si las cosas ocultas le hablasen
a través de los signos que ve
gracias al poder del Creador que las creó.”
(Said Ibn Abd Rabbihi, Uryuza Fi-l tibb)











Desde el principio de los tiempos, el buscador honesto, aquel que ha logrado transmutar su sombra en luz a través del espejo del conocimiento de sí mismo, siempre ha tenido la necesidad de observar profundamente la verdadera naturaleza de las cosas, del hombre, del mundo y del universo, desdeñando así el reporte superficial de la aproximación ocular del perezoso, sin temor al esfuerzo y fatigas que prometen desentrañar su misterio, desvelar su secreto, alcanzar su ciencia.

Disponemos de testimonios irrefutables de que el exquisito perfume del conocimiento hermético, la codiciada ciencia de los antiguos, se viene cuidadosamente escanciando en terrirorio español desde principios del siglo IX, mucho antes de que los maestros vieran resplandecer la daga del fanatismo, amenazando la yugular de su alquímico Arte, con tal de mantener reforzados los anillos del poder esclavizador y (tratar de) destruir la memoria.

Por más que cause pesar a cuantos van de iniciados en los misterios, el verdadero filósofo no es sino aquel que es amado por la Sabiduría, hasta el punto de dejarse amar por él (o ella) y no a la inversa. Por el método personalizado de curar al enfermo, se reconoce al sanador real y la eficacia de su remedio. No por escasas, las huellas dejan de ser rastro, fiel vestigio de lo que un día fue transido sendero.

El que quiera tener la humildad de aprender a cerca de los igneos vientos y del pneumata, que "vaya a Salamanca". Como siempre, absténgase sopladores y todos cuantos, bien distraidos entre juegos y recortes, aún sigan afectos a las cosas criadas. Que no se hicieron los arabescos del sulfur, el mercurio y la sal para la boca del asno, ni se siente cómodo Hermes entre los eruditos labios del autoengaño. Bien sabe Narciso que las arrugas son inevitables, señal indeleble -botox mediante- del encuentro de todo ser humano con su destino.




jueves, 28 de junio de 2012

Vasija ingrata


“Permanece a la puerta si anhelas la belleza.
Abandona el sueño, si quieres entrar.”
(Rumi, Masnawi)





Si alguna vez pudiera hablar con algún ser dotado de inteligencia (lenguaje) de otra cultura o sistema planetario, luego de poner en marcha mi agudo sentido de la oportunidad para identificar el momento apropiado, tacto y sutileza para exponer temas más delicados, saber escuchar y ser pacientes, avanzar en terreno común, tener una actitud abierta al cambio y la habilidad para enfrentarse a nuevos retos, me bastaría con saber la respuesta a estas cinco preguntas, para encontrar el modo de convivir con él, ella o ello.


1.- ¿Cómo entiendes la naturaleza de la voluntad que creó el universo?
2.- ¿Cómo reconocéis entre vosotros a los sabios?
3.- ¿Cómo reconocéis entre vosotros a los justos?
4.- ¿Cómo reconocéis entre vosotros a los valientes?
5.- ¿Cómo reconocéis entre vosotros a los creadores de belleza?
 

De su explicación, decidiría la conveniencia de mostrar desnuda mi Alma o si era más oportuno hacerla permanecer en un segundo discreto plano. Lo que sí sé es que una conversación así requeriría de mucho más que un café. Mi curiosidad innata me llevaría luego a continuar averiguando cómo disciernen calidades de seres, espacios y tiempos. Pero esa es otra historia. Ahora estoy tan ocupado con sobrevivir, que no me queda tiempo ni para preocuparme, no ya del dolor y el extravío de la entera humanidad, ni siquiera de qué equipo va a ganar la European Cup. Tengo prisa y el sentido de la vida bien puede esperar.




jueves, 21 de junio de 2012

Reiteración y Calidad Humana


“El asunto de rectificar las malas cualidades (midot raot)
es aún más grave que las mismas transgresiones de los preceptos.”
(Rab Jaim Vital, Shalei Kadusha 1, 2º portal)


“No se entiende (Binah) al maestro
sino hasta el cuadragésimo año.”
(Maimónides, Guía de Perplejos)









El talón es la zona más baja de nuestro cuerpo. Allí es donde se acumula, sin que nos demos casi cuenta, un alto porcentaje de piel muerta. Descuidados, de un modo autocomplaciente, solemos prestar casi ninguna atención primaria (sensorial) a nuestros usos y vicios cotidianos, minimizándoles, restándoles importancia. Asumimos como “natural” nuestra propia falta total de modales. Creemos que no cabe gravedad en nuestra facilidad de enojo, en nuestra recurrente insolencia, soberbia, altanería, envidia, maledicencia… Que no es para tanto. Vasijas resquebrajadas, devaluados en lo humano, hemos perdido toda sensibilidad, verdadero talón de Aquiles, a nuestras malas cualidades.  No damos el mínimo. Sordos para escuchar, ciegos para ver, paralíticos para actuar: muertos, sin calidad.


¿Qué necesidad existe de volver a repetir lo dicho? Los cuarenta años de travesía del desierto no fueron en vano. Fueron necesarios para preparar al pueblo para recibir ¡por primera vez! la enseñanza. La vasija necesita madurar, restaurar sus fisuras, vaciarse, para ser adecuada. Se riega un árbol con la toda la paciencia requerida, hasta que llega el ansiado día en que la fruta cae “a punto” y por su propio peso. Implorar en justicia, agotadas las fuerzas, cuando todo mérito está perdido, lo que no es sino gratuito.  Israel sediento, ¿cabe mayor recompensa? Ya ves que te traje el agua de la que te hablé. ¿Qué esperas tú para beber hoy? ¿No ves ahora mismo el Sinaí ardiendo?


Solsticio de Verano. Alza su inquieto vuelo la abubilla. Salomón, ¿acaso sabes tú si volverá? Disfruta hoy la bendición de cumplir la responsabilidad de vivir (cumplir) hoy tu propia vida, si no quieres ahogarte en la maldición de dilapidarla hoy en la ebriedad y el entusiasmo de vanos espejismos ajenos, encendiendo fuegos extraños. Eterno significa también ahora, ahora, ahora…





Tremor in statu nascendi


“Lo que otorga voraces alas y esparce el veneno del Mal
no es tanto la verborrea falaz y la acción perversa de sus fieles sicarios,
como la pasividad y silencio de los que quieren pasar por buenos
cuando no son más que una pandilla de amedrentados vagos.”
(La “verdadera” frase que inspiró a Gandhi)

“Pedro, el romano, le seguía de lejos,
presto a traicionarle tres veces,
antes del canto del gallo.”
(Lucas 22, 54-62)






¿Dónde situar ahora el listón de lo humano? Por mor de recortes y ajustes presupuestarios, ¿habremos de conformarnos con un bogavante o mero sucedáneo? ¿Quién puede arrogarse calidad suficiente para certificar en otros calidad humana? Ciertamente, me considero el menos indicado para juzgar si soy el indicado para juzgar. “Ignorado, desorientado, contaminado, aburrido, desconocido, poco atrevido como cualquiera”, también pude -más de una vez y más de dos, detener mis “pequeñas injusticias” hacia los semejantes y preferí salir impune e indemne (creerlo al menos) y no hacer nada, dejando el asunto en manos de otros más valientes, justos y sabios.


Muchas personas son las que han caído en el error de abandonarse al ritmo desolador y vertiginoso que exigen los agitados tempos seculares, desoyendo la pauta serena de su propio corazón. Únicamente el corazón proporciona el coraje, la intrepidez y el denuedo de seguir en el camino, desoyendo la racional cautela, incluso en las más difíciles circunstancias. Sólo el corazón nos da la fuerza necesaria para asumir que la gente no suele decirnos a la cara lo que verdaderamente piensa o teme de nosotros, se limita a impedir que nuestra vida progrese más allá de sus mezquinos intereses.



Labrar la propia vida sin transgredir la lealtad debida al Alma, incluso en circunstancias menos adversas que las actuales, siempre ha resultado un reto difícil. Quien ha vivido varias vidas lo sabe aún con mayor certeza. En la medida que tuve desarrollada mi atención primera, siempre puse la capacidad de sospecha y el recelo al servicio de la voluntad de no ser dominado por el permanente afán inquisitorial de los intereses ajenos que me salían al paso, tarea fácil, toda vez que éstos, sobresaltados el espejo de mi Alma, huían desenmascarados.


Ahora me contento con dar rienda suelta a mi vanidad a través de un blog e imaginar que alguien pierde su tiempo recalando en él, e incluso se toma la molestia de sopesar si cabe destilar alguna razón entre tanto desvarío. Reivindico mi pequeño espacio virtual y mi legítimo derecho a profesar el esperpento minoritario y la sutil rareza de lo tradicional en estos vacuos tiempos que me contagiaron. Mi derecho a la irreverente anormalidad. Convencido de los privilegios de transcurrir al margen, empeño mi energía en restituir verdad a la palabra, aunque no de forma totalmente desinteresada, como hipócrita presumo.





Distraído, entretenido en el vano esfuerzo de evitar ser neutralizado por cualquier forma de distracción o entretenimiento, paso mis fecundas noches y anodinos días, como cualquier otro subhumano del montón, y asumo mi vocacional pertenencia a la chusma agónica. Uno más para fijar rédito eficaz al Mal que asola el mundo, e instaurar su permanente Reino, desde el esfuerzo y servicio “desinteresado”. Me obstaculizo, impido, contengo y autocensuro como el que más. Usos y costumbres. Debe tratarse de esta gripe de desconfianza que ya resulta pandemia: “Tremor in statu nascendi”  la etiquetan los expertos. Y es que la sub-humanidad no tiene más vacuna que la propia autocura. La coartada del des-ánimo, además de sutilmente paralizante, desvela nuestra total carencia de Alma. Y así no hay libertad ni “liberación” ni “satori” ni “nirvana” que valga. Sólo una pose espiritual que no merece alabanza genuina.



Carente ya de proyectos, mi vida no resulta ya una amenaza. Reconfortado en el cálido exilio de quienes aún demuestran que les importa que me importen, entiendo que el ostracismo del mercado recompensa con creces las cuitas pasadas, actúa de bálsamo cicatrizante, serena y clarifica la mirada.  ¡Marca el paso, sigue latiendo, corazón! Una nueva muerte necesaria y certera te aguarda. No hay huida posible, ni dónde esconderse, ninguna hoguera calentará el frío que asedia tu alma…



Antes de iniciar el proceso sumario que terminaría con su crucifixión, en la sobremesa de la última cena, el Maestro, adecuado listón de lo humano, quiso darles los últimos consejos a su “desconcertada tropa”: “Habladles con parábolas. Creedme. En verdad, en verdad os digo, que nada trastorna el corazón mezquino y, resucitándolo, le devuelve a la vida como una buena historia”. Y ahí andamos, tratando de progresar adecuadamente en el Arte de des-helarte el Alma. Quizá en vano. Quizá en vano. Quizá.






miércoles, 20 de junio de 2012

San Juan y la fogata del gatopardo


“Hasta los dioses se hayan atados a su divinidad.
Únicamente la Necesaria Virtud
permite entonces alcanzar la Verdad.”
(Sócrates de Atenas)

"Al final es un problema moral
que el ser humano aplique o no
aquello que ha aprendido. "
(Carl Gustav Jung, Sueños y memorias)








Nada en exceso. Si siquiera zafarse del exceso mismo, cuando éste sea impuesto por la Necesidad, instancia suma que doblega a la divinidad a los mismos dioses.

A quién es ducho en un arte, hasta el punto de haber alcanzado en él suficiente maestría ¿le cabe alguna posibilidad de hacer mal una obra?

Pudiera darse el caso de que, fingiendo torpeza, salvase con ello la vida de alguien (incluso la propia), toda vez que alguien, tan suficientemente rico como brutal y desaprensivo, hubiese puesto el suficiente precio a la cabeza de cualquier Maestro. Lo que no se puede fingir es la maestría, ni para salvar la vida. Sobre todo cuando ese Arte es la Ética.

Por el testimonio de Sócrates, en la apología que nos consta por Jenofonte, sabemos que pocas personas son más peligrosas que aquellas que, sin saber, se obstinan en el espejismo de saber, aduciendo cuantas “razones” creen suficientes, llegado el caso, incluso la más poderosa de ellas: la fuerza. “Su vanidad es más grande que su miseria.”
No parece muy conveniente (para el deudor) dejar dirimir los asuntos judiciales al acreedor, ni (para el adúltero), dejar sentenciar los asuntos amorosos al despechado. ¿Quién tiene en su mano el disparador de la próxima atrocidad de magnitud global? Confiemos que no sea un seguidor del Príncipe de Lampedusa, convencido de que hay que ponerlo todo patas arriba (teológica, política y geoestratégicamente hablando), para lograr que ¡nada cambie! Alguien se encargará de barrer los treinta años de cenizas. “Mientras hay muerte hay esperanza” y San Juan está a un paso, y Salomé anda cerca. Llámenme agorero, si quieren: rodarán cabezas...