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domingo, 28 de julio de 2013

Vital posibilidad

“Desprovistas de su rutina,
las personas tienden a volverse ansiosas.”
(Sandor Ferenczi)

“Tu energía psíquica de hoy
será la que dé forma al futuro.”
(Abraham Maslow)




De cuando en cuando, aparecen minorías creativas que, cansadas de las mismas rutinas e insatisfechas con las situación actual, buscan unirse a personas afines, con objetivos y valores comunes y forman un grupo en el que concentrar sus energías, información y habilidades para buscar alternativas funcionales de cambio, generando una sinergia de creciente complejidad que cuestione las bases de la lealtad cívica, las maneras de los privilegiados y desafíe el status quo .

Dichos grupos deben ser lo suficientemente pequeños como para pasar desapercibidos y no resultar peligrosos, permitir una intensa interacción personal en la que todos actúen de manera voluntaria y contribuyan al objetivo común con lo mejor de sí mismos. Ello no es posible sin 1) captar recursos y convivir con otros grupos en el exterior, y 2) administrar recursos y funciones en el interior, 3) desarrollando y manteniendo una identidad de propósito y sentido común.

Cada célula comienza por un mínimo de tres individuos que sean capaces de realimentarse mutuamente y crecer desde su cooperación. Dicha cooperación se materializará en reuniones conjuntas en las que la información fluye, donde cada uno sabe claramente qué tiene que hacer y lo hace, en un espacio de armonía capaz de trocar egoísmo ciego en lúcido altruismo.

Cuatro axiomas espirituales bastan como programa ético: 1) Aquello que dañas, te daña; 2) actúa desde tu propio conocimiento y experiencia; 2) eres responsable de tus pensamientos, deseos y actos y 4) constrúyete hasta alcanzar la mejor versión de ti misma, de ti mismo; sé aquello que estás llamado a ser. Allende genes y memes, tales axiomas quizá no te garantizan la vida eterna, pero contribuirán a hacer de tu entorno próximo un lugar más consciente, esto es, más humano. ¿Te apuntas? ¡Busca a otros dos y poneos a trabajar juntos en común unidad!



Sine vera ecclesia

“Mejórate a ti mismo
y habrá un granuja menos en el mundo.”
(Thomas Carlyle)

“Empeñados en ser valiosos a nuestro prójimo,
basta con iniciarse en la larga y solitaria empresa
de perfeccionarnos a nosotros mismos.”
(Robertson Davies)




Prisioneros del espejismo de un desarrollo y progreso infinitos, solemos imaginarnos el futuro viviendo entre mágicos y sofisticados electrodomésticos que nos hagan la vida más fácil, en lugar de conviviendo en una comunidad de seres humanos mejores. Y en la cómoda espera de ese futuro tecnológico pluscuamperfecto, no conformamos en sobrevivir zombificados en una compulsión de consumo ostentoso, espiritualmente atolondrados y atrofiados en nuestro propio ensimismamiento alimentario, productivo, reproductivo y restaurativo, vegetando en manzanas de colmenas urbanas, salpicadas de iglesias y bares donde encontrar algún consuelo espiritual al absurdo vital asumido y un cómodo simulacro de comunidad.


Encorsetada, esclerotizada, abandonada a sí misma, entregada a una inercia avariciosa y explotadora que socava los fundamentos de su propia humanidad, ahora que es más necesario que nunca, nuestra sociedad se resiste a evolucionar y crecer hacia algo mejor. Nadie quiere abandonar sus objetivos e intereses personales en aras al bien común. Desde la conformidad, hemos aceptado la intromisión del caos que nos mantiene aislados, hemos cedido a las fuerzas de la disolución. Bastará de nuevo con que una pequeña minoría creativa de individuos auto-mejorados vuelva a organizarse y comulgar en secreto, semillas de eternidad de las que brotan imperios y los mantienen mientras no olvidan. La élite comienza siempre desde lo más bajo. Sólo desde el abismo del alma se comprende que “sine vera ecclesia, nulla salus est”.




viernes, 14 de junio de 2013

Voraces dominaciones

"Limitado es tu poder, ya que,
aunque puedes hacer lo que quieres,
no puedes no querer lo que quieres."
(Arthur Shopenhauer)




Cercados. Sin salida. Agotados a volver sobre el mismo punto de partida, sin el menor progreso. Detenidos. ¿Qué ganamos, entonces, al ampliar siquiera un tanto la consciencia? Trascender nuestra limitada y rancia visión del aquí y ahora, recuperar la visión fresca del presente. Estar ahí. Darse cuenta de lo idiota que somos e inmediatamente comenzar a reír. Salir de la propia trampa del ensimismamiento.


Independientemente de la etiqueta con la que tratemos de cercar lo eterno, allí donde lo secular ha tratado de confundir la devoción con la superchería, es necesario reformular (o rescatar) el símbolo misterioso frente a las discursivas palabras que pretenden agotarlo. Es posible aún mostrar devoción por un amor transhumano que, pese a los ingentes esfuerzos de teólogos y escépticos, no ha muerto, ni puede morir porque en sí mismo conlleva la potencia transformadora de la vida.


Allí donde intuimos nuestro potencial humano, el perfeccionamiento de uno mismo, el interés por perfeccionar la propia alma, es quizá la más bella forma de devoción que cabe imaginar y realizar. La semilla despliega todo su potencial paso a paso, a tientas, pero intuyendo de alguna forma su estado pleno. Revolución silenciosa que sucede en nuestra conciencia, morir y renacer, sin apenas darnos cuenta. Transformación que, gracias a Dios y quizá a nuestro pesar, ocurre sola. Toda vez que llegamos a ser lo que somos, somos entonces el mismo camino, la verdad y la vida.



viernes, 24 de mayo de 2013

Máscara familiar

“La máscara es el puente a la verdad.”
(Abd Ar Rahmán Al Yami)

“El temor te arrojará al Infierno,
el deseo te expulsará del Paraiso.”
(Rabi’a Al-Adawiyya)




Por más que los más se empeñen en lo contrario, para evitar daños innecesarios, por encima de criterios cronológicos, conviene agrupar a los sujetos conforme a su nivel real de comprensión. La virtud se haya menos próxima de la ética que de la ciencia, tiene menos que ver con la felicidad social que con la propia necesidad de integridad. No suele confundir verdad con manipulación, ni estudio con simulacro. Al igual que ocurre con la vida, nadie puede enmascarar ni imitar aquello que se organiza conforme a la virtud.

La aventura del conocer, siempre comienza por la previa llamada al asombro. A día de hoy, muchos se escandalizan o perturban al descubrir que los antiguos griegos, aquellos ignorantes que vivían sin electricidad e Internet, consideraban al héroe el estado natural del ser humano, toda vez que este había recuperado de nuevo la salud, tras lograr reponerse de la peor y más degradante, por inconsciente, de las enfermedades: la autoimportancia.





No importa el valor de cuanto entregues o hagas llegar a éste tipo de enfermos, verdadera epidemia en nuestros días: ellos se volverán contra ti, al considerarte -no su sanador- su peor enemigo. Complacidos con los meticulosos pormenores de su organizado delirio, se resisten, por todos los medios a su alcance, a enfrentar la verdad. Necesitan de toda la comprensión y amabilidad que puedan proporcionarles aquellos que, sanados de su mal, ya despertaron. Sin ese amor, tan necesario, cualquier cambio sólo es aparente.


Más allá de la propaganda, la repetición y la ansiedad, nada conviene más al verdadero aprendiz que la proximidad vicaria y sanadora del quehacer, sentir, pensar y convivir junto al maestro. La verdadera humildad es la de la apertura. A efectos prácticos, sólo quien realiza el acto de aprender, reconoce al maestro. Por el contrario, nada más absurdo que tratar de racionalizar con excusas la verdad. Cuando la consciencia recupera su lugar, tras su aparente dormición, la vida se revela danza.