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domingo, 31 de mayo de 2015

Algo está ocurriendo bajo la Bóveda



Ante el canalla envalentonado, la gente decente sobrevive perpleja, porque no quieren ser comidos pero tampoco  tener que verse así obligados a comerse a otros, tal y como siempre se hizo. Por otro lado, si tu modo de subsistencia es precario, deberás estar necesariamente asustado,  que solo el miedo mantiene la hegemonía del poder económico, coartando así las posibilidades de insurgencia que ofrece un autónomo libre albedrío.
Estamos en un momento crucial, de crisis civilizatoria, en el que tendremos que volver a replantear el mundo del trabajo, repensar el decrecimiento y enfrentarnos a una partitocracia que sólo defiende sus intereses particulares.

 ¿Quién se hará cargo entonces de los tuyos?



Léelo gratis aquí 

martes, 21 de mayo de 2013

Símbolos del instinto


“Para lograr suplantar aquel Dios,
creado a nuestra inflada imagen y semejanza,
hubimos previamente de matarlo en nosotros.”
(Carl Gustav Jung)




En estos tiempos, en los que aceleración y enajenación tecnológica van a la par, resulta muy complicado asumir de manera consciente que el mal que presumimos objetivo -cuando en realidad es proyectado- en los demás, radica en el fondo arcaico e ignoto de nuestra propia alma. Son muy pocos los que se atreven a descender al oscuro ámbito de su fondo primitivo, asumir las propias tinieblas y vivir el temor primordial, con la exigua esperanza de alcanzar siquiera una tenue y promisoria luz.

Nuestra alma parece constituida por una delicada urdimbre de fuerzas y potencias lo suficientemente poderosas, y tan peligrosas o útiles para ser tenidas en respetuosa consideración, lo suficientemente grandes, bellas y razonables para contemplarlas y amarlas. Quien renuncia a enfrentar su propia responsabilidad y desoye su propia voz interior, resuelve ser así disuelto y arrastrado en el magma impersonal y doctrinal del egrégor colectivo.

Lo social entonces sólo podrá ser así sanado mediante una radical acción terapéutica sobre nosotros mismos. No somos meros pacientes de la época. El monstruo se gesta, eón tras eón, desde cada uno de nosotros. Cabe luego al poder político y mediático lo de transformar la inconsciencia del propio mal en devastadora epidemia. No vemos fuera sino la proyección de cuando gestamos dentro. Nuestra inconsciencia fue y sigue siendo la raíz que nutre y da forma al mal.