Mostrando entradas con la etiqueta auto-corrección. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta auto-corrección. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de julio de 2013

Corazonada

“Lo bueno es malo, lo malo bueno.”
(Brujas de Macbeth)

 “Ten por seguro que nunca será como lo esperas.”
(Zenón de Elea)
 
 
 
 
Una vez que conocemos a nuestro yo dominante (aquel que nos domina) crecemos (le dominamos) mediante un pulso interior que nos lleva de la confusión a la claridad, y del miedo al atrevimiento vital, siempre que decidamos osar actuar de manera consciente. Hay en el autoconocimiento un imperativo categórico. No basta con atravesar, indemnes, el condicionamiento educativo, intercambiar espacios y culturas, saber los pormenores íntimos de nuestro admirados héroes. Es necesario tomar el timón de la propia vida.
 

Humanizarse, crecer más y más en lo humano, tiene muy poco o nada que ver con la industria editorial de la autoayuda o la fidelidad a blogs como éste. Tiene que ver sobre todo con destilar felicidad y compartirla de un modo incondicional. Una amable expectativa que nos reta a disfrutar del resto de nuestra vida, mejorando siempre en el actuar, mejorando en renunciar, aprendiendo, primero a aprender y luego a enseñar. Sin más recursos que una vida por vivir con valor, por cumplir como es debido.
 


 

 

domingo, 28 de julio de 2013

Sine vera ecclesia

“Mejórate a ti mismo
y habrá un granuja menos en el mundo.”
(Thomas Carlyle)

“Empeñados en ser valiosos a nuestro prójimo,
basta con iniciarse en la larga y solitaria empresa
de perfeccionarnos a nosotros mismos.”
(Robertson Davies)




Prisioneros del espejismo de un desarrollo y progreso infinitos, solemos imaginarnos el futuro viviendo entre mágicos y sofisticados electrodomésticos que nos hagan la vida más fácil, en lugar de conviviendo en una comunidad de seres humanos mejores. Y en la cómoda espera de ese futuro tecnológico pluscuamperfecto, no conformamos en sobrevivir zombificados en una compulsión de consumo ostentoso, espiritualmente atolondrados y atrofiados en nuestro propio ensimismamiento alimentario, productivo, reproductivo y restaurativo, vegetando en manzanas de colmenas urbanas, salpicadas de iglesias y bares donde encontrar algún consuelo espiritual al absurdo vital asumido y un cómodo simulacro de comunidad.


Encorsetada, esclerotizada, abandonada a sí misma, entregada a una inercia avariciosa y explotadora que socava los fundamentos de su propia humanidad, ahora que es más necesario que nunca, nuestra sociedad se resiste a evolucionar y crecer hacia algo mejor. Nadie quiere abandonar sus objetivos e intereses personales en aras al bien común. Desde la conformidad, hemos aceptado la intromisión del caos que nos mantiene aislados, hemos cedido a las fuerzas de la disolución. Bastará de nuevo con que una pequeña minoría creativa de individuos auto-mejorados vuelva a organizarse y comulgar en secreto, semillas de eternidad de las que brotan imperios y los mantienen mientras no olvidan. La élite comienza siempre desde lo más bajo. Sólo desde el abismo del alma se comprende que “sine vera ecclesia, nulla salus est”.




martes, 11 de junio de 2013

¿Qué sabes de ti?

"Conócete a ti mismo."
(Delfos)

"Quise mostrar (reflejarme como espejo) mi tesoro escondido."
(Basora)




El mundo es sólo la sombra (proyección), una actualización posible del Eterno. Todo aquello que nos resistimos a reconocer en el espejo de nuestra conciencia, lo proyectamos en el espejo del mundo: Visita interiorem terrae, rectificando (12 trabajos) invenies ocultam lapidam, vera salutem. El camino heroico es aquel que conduce a cada ser humano a vencer sus propias sombras, reconociéndolas, rectificando y así trasmutándolas, aquel en el que se va produciendo esa codiciada alquimia interior que inunda paulatinamente su alma de resplandeciente luz.

Para que lo cultivado humano sea elevado a lo divino, se requiere un permanente “hacer sagrado”, siempre reconociendo y rectificando, en virtud de una alquimia interior progresiva y transmutatoria, todo aquello que nos aleja de lo celeste (inteligencias planetarias interpuestas) iluminando aquellas instancias que aún no reconocemos como propias. La Obra redunda así de un continuo esfuerzo de autoconocimiento, espejos que reflejan -en orden decreciente- y recrean –en orden ascendente- otros espejos saturnales, joviales, marciales, solares, venusinos, mercuriales, lunares y, finalmente, terrestres, allí donde la tierra no es sino reflejo consecutivo (resultante) de los sucesivos cielos.


Cada nuevo grado de conocimiento es tal únicamente por que, al reflexionar cada vez más y más profundamente, nos eleva, limpiando así nuestra conciencia (que se expande). Es así como se proyecta fuera el oro, allí donde –disipadas las tinieblas interiores y desenmascarados los seductores carismas- en la intimidad más intima se descubre escondido (oculto). El espejo “reconoce” Lo que (antes sólo) refleja. Leer y releer incansables los pormenores de la sombra, hasta descifrar, más allá de la pericia del sabio, la indiferenciada niebla primigenia. Del granado que florece en septiembre, pocos frutos resisten en sus ramas en diciembre.