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sábado, 3 de agosto de 2013

Torre de Vilafamés

“Conocer el mundo sin salir de casa
y al Tao del Cielo sin asomarse a la ventana.”
(Lao Tsé, TTK 47)

“Para sosegar mi alma, me serví de la naturaleza.
Incapaz de hallar silencio interior en mi corazón,
busque deleite reparador en cada horizonte.
Así de extraños fueron mis viajes.”
(T’u Lung, Los viajes de Mingliaotsé)




Hubo un tiempo, por estas fechas, en que solía acariciarme el corazón visitando rumbo a Oriente a aquellos que me acogieron, y entre los que me sentí, hermano. Era un viaje efímero, mas tan indeleble su huella que aún se deja atrapar entre los laberintos del alma.

Aún recuerdo las nocturnas caminatas a la espera de otra lágrima de San Lorenzo, en silencio, entre tropezón y tropezón, parecía que la tierra, celosa quizá del estrellado cielo, reclamase nuestra atención. Recuerdo el dulzor de la generosa higuera junto al umbral del mas, al rayar la mañana, las sonrisas cómplices bajo las arcadas del mikvé, la procesión de diosas al caer mágica la noche sobre el unísono respirar de las almas, el susurrar de chascarrillos iniciáticos al calor del ágape fraternal.

Han pasado ya algunos años. No supe destilar en mí la esencia divina, palpar el tuétano de las rocas y paladear el fruto de la vida eterna. Fui incapaz de nutrir mi virtud con dulzura ni logré abandonar mis deseos al viento y proseguir viaje. Pero aún recuerdo cómo entre aquellos muros amables y gracias al embrujo de aquellos polvorientos caminos, recobré para siempre la fe en la belleza.




domingo, 19 de mayo de 2013

El secreto de la filantropía


“Ahora sé cuánta nobleza
cabe en el dolor.”
(Charles Baudelaire, Flores tóxicas)




Lo único que aún podemos oponer a la perversa destrucción del ser humano es la construcción de un nuevo ser humano. Devolver miseria por miseria es haber extraviado el equilibrio, resistirse a devolver la incertidumbre de las cosas, trascendiendo la necesaria polaridad de las formas,  a su sitio y centro preciso, creación eterna para quien sabe renovar a cada instante la mirada, para quien guarda en su corazón los ecos de una belleza incomparable y cumple con su deber sagrado de preservar el infinito amor a esa Vida que aún lo vivifica.

Quién pudiera volver a sentir la belleza de la soledad, de la oscuridad y del amor imposible, con idéntico súbito temblor con que el que se quiebran los ingrávidos, dulcemente gentiles y tan amados mundos sutiles de aquel alma que, como la nuestra, como la de tantos y tantos otros, antes y después, regresa ligera de equipaje, como los hijos de la mar. Desnudar la pena, el rencor y el desconsuelo. Un conocimiento que no requiere ya ser difundido,  sino tan solo netamente saboreado.



miércoles, 17 de octubre de 2012

Mutus silentium

“Sileteque et tacete atque animum advortite…”
(Plauto)
 
“Cuando derramamos agua sobre la tierra desolada,
enseguida rebulle, brota y henchida revive.
Quién otorga la vida, resucita así un corazón zombificado,
como si tal cosa.”
(Qurân 41, 39)

 

 
 

Nada es efímero en la certeza. Quien conoce la belleza de su alma, es capaz de detenerse –siquiera un instante- en los pormenores más delicados y sutiles de su belleza, en cada mínimo escondido detalle de la irisada filigrana de su divino rompecabezas. Quien conoce la belleza de su alma, conoce a su Señor.

 
 
 

Como una fina bruma de quietud en medio de la turbulenta ficción del mundo nos bendice y disipa cualquier duda. El susurro del alma tiene su cadencia, su ritmo. Sabe que en su latir va al encuentro con una muerte tan rauda como silente, y no teme, porque sabe escuchar su mudo silencio. Llega así a la certeza, a la transparencia. Ve.
 
 
 

domingo, 2 de septiembre de 2012

Hermosa huella

“En su secreto circunvalan los refinados de espíritu,
imparables hacia el amor caminan sus corazones.”
(Ibn Arabí, Tannazzulat al-mawiliyya)
 
“No te asustes cuando te asalte la hostil indiferencia
por calles y avenidas, por cárceles y trampas, por tumbas infinitas.
No temas la vorágine, ni huyas del torbellino, ni cedas al rigor.
Regresa siempre al dulce pálpito del silencio.”
(Omar Khayyam, Rabaiyyat)

 

 

 

Sólo quién verdaderamente ama la belleza eterna, la oculta tras la belleza efímera de las cosas. La belleza que se oculta en la sabiduría, en la destreza, en la soltura, en la vivacidad, en la finura de rasgos, en la gracia de los movimientos, en la ligereza de gestos, en la generosidad y en la valentía, para que el alma noble así las descubra y reconozca. Poderosa es la fuerza del recuerdo.

 

No somos capaces de ver fuera sino la belleza que guardamos dentro del alma, la que en su espejo verdaderamente se conmueve y rinde porque se atesora. Que llega la belleza al alma antes que a los sentidos. Que bien reconoce a su imagen la humilde semejanza, y se muestra agradecido lo que se sabe posible gracias a lo necesario. Bien poderosa es la fuerza del recuerdo.

 

La celosía del alma sabe más de la luz que oculta que de la que la traspasa. Amor que fluye entre el temblor de dos espejos, dejando grácil la huella de su hermosura. Verbo, palabra que fluye hecha acción. ¡Cuán poderosa es la fuerza del recuerdo!
 
 
 
 

jueves, 28 de junio de 2012

Vasija ingrata


“Permanece a la puerta si anhelas la belleza.
Abandona el sueño, si quieres entrar.”
(Rumi, Masnawi)





Si alguna vez pudiera hablar con algún ser dotado de inteligencia (lenguaje) de otra cultura o sistema planetario, luego de poner en marcha mi agudo sentido de la oportunidad para identificar el momento apropiado, tacto y sutileza para exponer temas más delicados, saber escuchar y ser pacientes, avanzar en terreno común, tener una actitud abierta al cambio y la habilidad para enfrentarse a nuevos retos, me bastaría con saber la respuesta a estas cinco preguntas, para encontrar el modo de convivir con él, ella o ello.


1.- ¿Cómo entiendes la naturaleza de la voluntad que creó el universo?
2.- ¿Cómo reconocéis entre vosotros a los sabios?
3.- ¿Cómo reconocéis entre vosotros a los justos?
4.- ¿Cómo reconocéis entre vosotros a los valientes?
5.- ¿Cómo reconocéis entre vosotros a los creadores de belleza?
 

De su explicación, decidiría la conveniencia de mostrar desnuda mi Alma o si era más oportuno hacerla permanecer en un segundo discreto plano. Lo que sí sé es que una conversación así requeriría de mucho más que un café. Mi curiosidad innata me llevaría luego a continuar averiguando cómo disciernen calidades de seres, espacios y tiempos. Pero esa es otra historia. Ahora estoy tan ocupado con sobrevivir, que no me queda tiempo ni para preocuparme, no ya del dolor y el extravío de la entera humanidad, ni siquiera de qué equipo va a ganar la European Cup. Tengo prisa y el sentido de la vida bien puede esperar.




miércoles, 20 de junio de 2012

San Juan y la fogata del gatopardo


“Hasta los dioses se hayan atados a su divinidad.
Únicamente la Necesaria Virtud
permite entonces alcanzar la Verdad.”
(Sócrates de Atenas)

"Al final es un problema moral
que el ser humano aplique o no
aquello que ha aprendido. "
(Carl Gustav Jung, Sueños y memorias)








Nada en exceso. Si siquiera zafarse del exceso mismo, cuando éste sea impuesto por la Necesidad, instancia suma que doblega a la divinidad a los mismos dioses.

A quién es ducho en un arte, hasta el punto de haber alcanzado en él suficiente maestría ¿le cabe alguna posibilidad de hacer mal una obra?

Pudiera darse el caso de que, fingiendo torpeza, salvase con ello la vida de alguien (incluso la propia), toda vez que alguien, tan suficientemente rico como brutal y desaprensivo, hubiese puesto el suficiente precio a la cabeza de cualquier Maestro. Lo que no se puede fingir es la maestría, ni para salvar la vida. Sobre todo cuando ese Arte es la Ética.

Por el testimonio de Sócrates, en la apología que nos consta por Jenofonte, sabemos que pocas personas son más peligrosas que aquellas que, sin saber, se obstinan en el espejismo de saber, aduciendo cuantas “razones” creen suficientes, llegado el caso, incluso la más poderosa de ellas: la fuerza. “Su vanidad es más grande que su miseria.”
No parece muy conveniente (para el deudor) dejar dirimir los asuntos judiciales al acreedor, ni (para el adúltero), dejar sentenciar los asuntos amorosos al despechado. ¿Quién tiene en su mano el disparador de la próxima atrocidad de magnitud global? Confiemos que no sea un seguidor del Príncipe de Lampedusa, convencido de que hay que ponerlo todo patas arriba (teológica, política y geoestratégicamente hablando), para lograr que ¡nada cambie! Alguien se encargará de barrer los treinta años de cenizas. “Mientras hay muerte hay esperanza” y San Juan está a un paso, y Salomé anda cerca. Llámenme agorero, si quieren: rodarán cabezas...








lunes, 18 de junio de 2012

Ne scire


“Recién despierta, no puede mirar del todo las cosas brillantes.
 Hay que acostumbrar, pues, al Alma a mirar por sí misma.
 (Plotino, Eneádas I, 10)

“La alegría perfecta excluye el sentimiento mismo de la alegría,
pues en el Alma colmada por el objeto
no hay rincón disponible para decir: yo"
(Simone Weil)







Una ciencia que preferencia lo aparente frente a lo real, que confunde sensible con sentido, magnitud con medida y correlación con control, no puede ser sino tachada de alucinatoria. Sólo bajo un estado de conciencia delirante puede llegar a creerse la falacia que dependencia tecnológica y potencial humano son conceptos ligados, un espejismo materialista del que ya hicieron gala estoicos y epicúreos, incapaces de asimilar la identidad entre incorpóreo y real, que la forma provenga de lo informe, y el acto de la vacua potencia. Parece de sentido común la precedencia lógica entre inteligencia y materia. Pero el sentido común no abunda tanto como pretenden hacernos creer las herramientas “estadísticas”, tan infectadas de medias, modas y perversiones típicas como pueblan –metastizan- el cáncer terminal del Estado.


La conciencia creadora ha de ser necesariamente anterior al Universo creado. La conciencia de lo creado, parte necesaria de este creado Universo, guarda una mayor proximidad a la fuente. Antes y después, causa y causado, espacio y tiempo en su idéntica relatividad se reúnen, toda vez que sepas verlo con claridad. No te obstines en el “ne scire” de los necios. Deja que la verdad abra tu mente, para que puedas así verla “cara a cara”. El espacio imaginal carece de espacio y, por ende, de tiempo. ¿Dónde y en qué momento cabría la osadía de tratar situarlo? ¿Cómo hablar de aquello que precede a todo “discurso” y es además su fuente? No se puede hablar del Alma, cuando no es sino ella quien habla, previa al logos, tras la palabra.


No le perdonaron a Sócrates el agravio comparativo de su lucidez, los que presumían de saber, y en el ágora se ponía de manifiesto que no sabían tanto. ¿Cómo entonces justificar las abundantes dracmas con que habían de dotarse los pingües salarios? Difícilmente. No creo en la ciencia que se utiliza para recortar los presupuestos de una ciencia en la que tampoco creo. Perdónenme: soy bastante escéptico. Y al serlo, “creo” estar en lo cierto. Tropel enajenado que dicen actuar y “recortar” enarbolando la razón. Psicópatas deshumanizados abducidos por el “ajuste presupuestario”, que llaman a la codicia “inversión” y a la usura “deuda honesta”: ¿A qué esperan? ¡salgan corriendo! ¿No han tenido ya suficiente Circe y sobredosis de Calipso?




domingo, 17 de junio de 2012

Mantras y mudras


 “Lo encontrarás enganchado al cuerpo físico
por la parte alta del omóplato derecho.”
(Isadorus de Alejandría, s. V)


“Desde abajo resulta invisible.
Sólo será posible conocer su estructura
para quien orbite en viajes espaciales,
más allá de la ionosfera.”
(Nikola Tesla, confidencia a Mark Twain)

 




El poder de la palabra y el gesto son bien conocidos desde la antigüedad, como herramientas precisas para la confrontación de arcontes, dentro de los múltiples niveles del Ser, en aquellos oscuros confines del laberíntico campo de guerra en el que, como nos señala el Apocalipsis de Santiago, se libra cada nocturna batalla de la envidiosa codicia y la ególatra arrogancia a que nos somete el rutinario ocupante inhumano.

Permanentemente seducidos por las monótonas variantes del espejismo mesiánico y las del atávico holograma apocalíptico, somos distraídos hacia afuera de nosotros mismos y, de ese modo, hábilmente capturados por la narrativa arcóntica, con preciosos cuentos “para dormir” la voluntad y la intención, con la infalible trama. La inmensa complejidad de la intrusión, requiere de nuestra claridad y la concentración como bienes indispensables. Al carecer de intención (buqos) y atención (ennoia) necesarias para lograr la concentración thelémica de que carecen, los huéspedes las toman así prestadas.



El entrenamiento paulatino de la voluntad, la compostura interior y una férrea disciplina mental, son requisitos indispensable del héroe que aspire a entrar en las fuerzas de la resistencia de las que vendrá la libertad, un saber y un sabor olvidados, una “mirada” humana. Todos llevamos el antígeno para el veneno alucinógeno, dentro reside el antiviral necesario. Dentro.


Enfrentar la intrusión arcóntica, hacer frente al depredador que todos llevamos y desvía la señal requiere de grandes dosis de disciplina y valor. Nunca ha sido fácil afrontar la locura, sobre todo de un modo indiscreto. Los psiquiátricos rebosan ejemplos. No podrá crear el huevo luminoso sólo ni coordinarse para atravesar los flujos de emanaciones. Tampoco es nada fácil distinguir entre ellos a los aliados. Así que, piénselo mejor, ¡y no lo intente! No habrá ninguna “Ínsula Barataria” esperando. Mejor deje tranquilo su punto de encaje y, total son cuatro días, a seguir tirando del carro. ¿Qué ganas tiene usted de buscarse complicaciones?



Sacrosanta celda


“La Naturaleza gusta ocultarse.”
(Heráclito de Éfeso, 123)
 
“Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor es Uno.
Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma y con todas tus fuerzas.”
(Deuteronomio 6, 4-9)









Los arduos caminos de experiencia, a través de un largo proceso de ensayo error, conducen a la maestría del viajero caminante, cambian su mirada, la abren a mundos que, hasta llegar a ser tanteados, explorados y conocidos, sólo parecían irreales a la aventura de la conciencia.

Los sistemas de creencias han de ser destruidos y reconstruidos sin tregua. Cada esquema que parece definitivo solo es aquel que tarda más en ser redefinido y replanteado. Cada verdad lo es en la medida que es provisional, transitoria aquella que una vez sentimos como certidumbre y hoy descubrimos certera contradicción. Tanta impermanencia resulta psico-depredatoria, no hay ego que se resista. Nos vuelve dóciles, indefensos, sumisos.






¿Dónde queda nuestra autonomía? ¿Dónde fue el pensamiento libre? ¿A quién o a qué extrañas fuerzas pertenece el diseño de nuestra actuales creencias, nuestra idea de lo que está bien o mal, de lo correcto o incorrecto, nuestros gustos y costumbres? ¿Quién o qué estableció nuestros sueños, nuestras expectativas, nuestras esperanzas, nuestro sentido del éxito o  fracaso? ¿Nuestra complacencia, nuestros deseos y miedos, nuestra cobardía, nuestra avaricia, nuestro “nuestro”?

Arcónticas sombras fugaces sobre el barro, intrusos que se adueñaron de nuestra voluntad para ser nuestra voluntad. Incapaces ya de reconocerlas, interceptado como está nuestro nous, cautivo y desvirtuado, nos consolamos, acostumbrados a su inflexible y vampírico mando, llamándolas “mi mente, nuestra mente”, sin percibir la invisible sintaxis de la colmena forastera que nos conforma. Ahora dicen que las pinturas de Altamira, fueron pintadas por chamanes neanderthales, en absoluto silencio, mucho antes de que llegara el Nuevo Orden Mundial: ¿Con qué intención? “¡O tempora, o mores!”





viernes, 15 de junio de 2012

Colapso inminente

"Ojalá la riqueza no os abandone, efesios,
para que con ella podáis algún día comprender
vuestra maldad.”
(Heráclito de Éfeso, 125a)

“Las ventas dependen del posicionamiento,
y el posicionamiento no es sino imagen.”
(José  Manuel Díaz de la Lastra)






Nuestra des-civilización pasará a la Historia como aquella donde se dio con mayor intensidad la paradoja de convivencia entre un altísimo desarrollo tecnológico, que facilitó de un modo prodigioso nuestra paulatina –y quizá irreversible- deshumanización y el más abyecto y superficial positivismo rampante, paradoja anticipada en la expresión guenoniana del “Reino de la Cantidad”. Eso, en el benévolo supuesto de que aún quede algo que se pueda llamar Historia, y no mero “amañe historicista”. No cabe suponer que se consienta la pervivencia de ningún vestigio que escape a la manipulación, instrumentalización y control, en último término, a la cuantificación, del dígito. Tal destino es el que presuponemos al término Alma.



En su etimología griega, el Alma se considera equiparable a una grácil mariposa, tan llamativa como inasible a la mano torpe, inexperta. Anhelo escurridizo pero persistente, brutalmente desdeñado por la apisonadora del siglo que no entiende más conocimiento que el informativo, más eficiencia que la técnica, más pasión que el espectáculo y sus “subidones”, más virtud que la instantaneidad monetaria.





Como sostiene mi admirado Félix Rodrigo Mora, nociones clásicas como las de virtud, verdad y libertad han sido extirpadas del diccionario, ya que son incompatibles (enemigas) con la ideas opresoras predominantes de capital (interés, propiedad) y estado, de ahí los ingentes esfuerzos y recursos dilapidados en debilitarlas, hasta acabar con ellas. Vano afán, a mi modesto entender. Virtud, verdad, belleza y libertad, son todas arquetipos eternos, tan fecundamente humanizadores precisamente por su carácter sobrehumano esencial. En la “jerga” de nuestro numantino héroe particular: “cualitativo”. De ahí su peligro subversivo para todas aquellas intenciones “nadificadoras” de lo humano.


Corren buenos tiempos para tantos utilitaristas simplificadores, que reducen belleza y felicidad al quantum fisiológico subjetivo, en manos de las analgesias y ansiolíticos farmacéuticos, ahora que la sabiduría se mide en número de “ventas” en los grandes almacenes. La receta de Félix ante la sinrazón de los tiempos la toma de Simone Weil: Ayuno, silencio, contemplación de la belleza natural… y lo más revolucionario de todo, esfuerzo de convivencia desde el servicio desinteresado. No hay prisa. La Historia sabe esperar. Tarde o temprano aparecen sujetos de calidad, de la talla de Sócrates o Félix, dispuestos a traernos generosos la frescura y novedad perenne de los clásicos. Siempre ocurre. Lo demás, papel mojado, fiebre, sobresalto, post, noticia.