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domingo, 28 de julio de 2013

Vital posibilidad

“Desprovistas de su rutina,
las personas tienden a volverse ansiosas.”
(Sandor Ferenczi)

“Tu energía psíquica de hoy
será la que dé forma al futuro.”
(Abraham Maslow)




De cuando en cuando, aparecen minorías creativas que, cansadas de las mismas rutinas e insatisfechas con las situación actual, buscan unirse a personas afines, con objetivos y valores comunes y forman un grupo en el que concentrar sus energías, información y habilidades para buscar alternativas funcionales de cambio, generando una sinergia de creciente complejidad que cuestione las bases de la lealtad cívica, las maneras de los privilegiados y desafíe el status quo .

Dichos grupos deben ser lo suficientemente pequeños como para pasar desapercibidos y no resultar peligrosos, permitir una intensa interacción personal en la que todos actúen de manera voluntaria y contribuyan al objetivo común con lo mejor de sí mismos. Ello no es posible sin 1) captar recursos y convivir con otros grupos en el exterior, y 2) administrar recursos y funciones en el interior, 3) desarrollando y manteniendo una identidad de propósito y sentido común.

Cada célula comienza por un mínimo de tres individuos que sean capaces de realimentarse mutuamente y crecer desde su cooperación. Dicha cooperación se materializará en reuniones conjuntas en las que la información fluye, donde cada uno sabe claramente qué tiene que hacer y lo hace, en un espacio de armonía capaz de trocar egoísmo ciego en lúcido altruismo.

Cuatro axiomas espirituales bastan como programa ético: 1) Aquello que dañas, te daña; 2) actúa desde tu propio conocimiento y experiencia; 2) eres responsable de tus pensamientos, deseos y actos y 4) constrúyete hasta alcanzar la mejor versión de ti misma, de ti mismo; sé aquello que estás llamado a ser. Allende genes y memes, tales axiomas quizá no te garantizan la vida eterna, pero contribuirán a hacer de tu entorno próximo un lugar más consciente, esto es, más humano. ¿Te apuntas? ¡Busca a otros dos y poneos a trabajar juntos en común unidad!



martes, 9 de julio de 2013

Mantis

“Inalcanzable para el débil, temible para el pusilánime,
prometedor para el héroe, muchos son los nombres del destino.”
(Virgilio)

“No se entretiene en juzgar el pasado
quien se ocupa en diseñar y construir el futuro.”
(Friedrich Nietzsche, Aurora)





Paradojas del arte falsario, en nuestros días presumimos más de conocer las cosas futuras que, irreconocibles tras la pericia del amaño histórico, las pasadas. Las que de todo punto han de permanecer ocultas, gracias al imperio de la distracción y el entretenimiento ovinos, son las presentes. Que nunca han gustado, ni el lobo ni el carnicero que contrata al pastor, desvelar ni el tiempo ni el modo en que harán efectivos sus intereses, cobrando al rebaño la justa deuda de su apacentamiento y manutención. ¡Qué tiempos aquellos en los que la profecía respondía a la nostalgia de un conocimiento, no del porvenir, sino del designio de Dios!

Ahora que el orden tecnocrático nos mantiene alejados del sagrado sistema operativo e interfiere toda posible conexión ajena a sus intereses pecuniarios, el furor mántico quedó reducido a la sorda reclamación del consumidor por el descontento del servicio. Quedaron bien desfasados los trances y éxtasis oraculares, los delirios proféticos y la onírica premonitoria de antaño, por los servicios de telefonía y televisión inmediata de los pintorescos nabí de nuestros días, tan populares y famosos como ridiculizados. La prospectiva científica, por su parte, está mucho menos pendiente de los riesgos planetarios que de volcar su cuantificable saber profético en detectar las tecnologías emergentes que habrán de garantizar a las potencias imperiales su hegemonía económica por la buenas o, llegado el caso, diseñar el futuro a golpe de drones y primaveras, por las malas.

Ahora que sabemos que las democracias afines al régimen no se improvisan, los future issues y el foresight se han convertido en un asunto de elevado interés estratégico legal y profesional. Hoy, como ayer, los futuros no ya posibles sino preferibles están manos del control de la divina aunque menos caprichosa probabilidad. Como ocurre en el póquer,  los codiciados comodines, también llamadas cartas salvajes (wildcards), siendo altamente improbables, tienen un impacto decisivo el la buena marcha financiera de la partida. Sólo los mejores jugadores tienen preparada el alma para afrontar heroicamente los vaivenes de incertidumbres y riesgos. Hoy como ayer, tienes el deber de salir del útero protector que ahora te sirve de carcasa y dar respuesta a la misma eterna y crucial pregunta: “¿Qué espera de mí el futuro?”




miércoles, 6 de marzo de 2013

Órfalis

“Vine para decir una palabra y la diré.
Más si la muerte se adelanta,
ella la dirá mañana.”
(Jalil Gibrán, Lágrima y sonrisa)

 

 

 

Cuando nos asomamos al interior de las cosas, de las personas, del mundo, nos asalta una sorprendente intensidad vital que no deja entrever el infinito decorado de su apariencia exterior, como le sucede al alba invisible que toda noche oculta en lo más íntimo.
 

Así, para borrar la cotidiana oscuridad que asola y enfría nuestra vida, basta una nueva mirada, un ejercicio de voluntad, de decisión súbita, un acto de conciencia será suficiente para que aquella quede abolida y resplandezca la luz del alba.
 

Convivimos con los oscuros rincones de nuestra alma, asumimos su tóxica familiaridad, hasta que un buen día, sin saber muy bien cómo ni por qué, recobramos el anhelo de soñar e iluminar de nuevo la trasparencia de nuestro pequeño mundo. Voluntad que aporta cuanto sabe y cuanto ignora.
 
 

 

Ese tránsito aciago por la oscuridad parece, a todas luces, algo imprescindible, necesario. ¿Qué sería de nuestra luz sin el recurso transgresor de la consigna de la sombra? ¿Qué simulada transformación cabe esperar sin su cuestionamiento? ¿Qué verdadero acto, si no nace del conocimiento indeleble al experimentar la propia victoria?

 
Para descubrir que Órfalis ya era el paraíso fue necesario volver hacia nosotros la propia mirada mil y una noches. Lento tapiz que teje en nosotros la humildad intelectual, la coherencia y la insobornabilidad de quién ya lo ha perdido todo y a nada externo obedece, pues descubrió la trampa antagonista que impregna cada renovado instante.



 

Esa fuerza imparable habrá de resurgir de nuestros escombros, con la tenacidad que cabe esperar a la promesa divina. Campo escalar oculto tras la penumbra de las luminosas sombras que nos revela que verdad y belleza no pueden ser cosas distintas, que, si no quieres perderte en la arrogante impostura, ha de ser honesto el modo en que te ganas la brevedad de tu vida.

 
En todo momento, pero sobre todo en las intensas horas felices de la fugaz existencia, han de ser incondicionales tu profética luz y tu aroma. Recuerda que el escenario es efímero, y sólo tu creador conoce la verdadera cifra de tu hora.



lunes, 14 de enero de 2013

Ex Lux, Dux

"Suele lo infinito
potenciar lo real
en lo finito."
(Jules  Doinel)







Toda vez que la esencia despierta en ti y comienzas tu búsqueda, basta con hacer lo que creas que te llevará a tu meta y, más de una vez, dejarte llevar por el sentido común, sin llegar por ello a atormentarte entre lo que quieres y no debes o debes y no quieres, ni sentirte siquiera protagonista del proceso en el que estás inmerso. Habrá errores: rectifica.

No aceptes mediación alguna entre tu y lo sagrado. Haz de tu vida rito; de la tierra, templo; de tu corazón, centro. Por encima de los desvíos, los tropiezos y las trampas que encuentres, prosigue ecuánime tu camino. Quiera el Eterno que, a su encuentro, reconozcas las bendiciones de todos aquellos que te precedieron y bendigas a su vez, con cantos y llantos, a quienes ya siguen la indeleble estela en tus pasos más certeros.




martes, 2 de octubre de 2012

Dócil impostura

“Si no hay actos en la tierra,
no los escribirá el Eterno desde arriba.”
(Yamil Al-Mansur Haddad)
 
“Sin más, el Eterno anula o confirma
a Voluntad lo que quiere.”
(Qurân 13, 39)

 

 
Más allá de nuestras ínfulas, pretensiones y ridiculeces, la existencia simplemente ocurre. Nos ocurre. La disolución de la materia, su irrevocable muerte, sólo anuncia la enésima de sus transformaciones. Este devenir es utilizado como excusa para justificar la propia inmoralidad, la arrogancia y el fatalismo, ante tal ausencia de libertad. Sin embargo el ser humano no puede desligarse de su condición de constructor de su propio destino. Simplemente ocurre. Su acción representa su modo de estar en el mundo. Esconde así una voluntad más grande que su propia voluntad. ¿Cómo encontrarla, aquí y ahora?

 

Eliminar la hipocresía y el disimulo de forma completa, actuar con sinceridad y sin miedo a la verdad, no es algo que todos deseen llevar a cabo. Presos de las trampas del yo, atrapados en la auto indulgencia, en el calor de las propias concesiones, en los múltiples recovecos del irredento egoísmo, dejamos que nuestras vidas se malogren. Es nuestro actuar un activo dejar de actuar. Así tienen que ser las cosas. Así son, porque así tienen que ser. Hasta el hipócrita, sin saberlo, actúa de acuerdo con la realidad y la verdad. A un mismo tiempo, resulta posible esforzarse en aceptar y transformar lo real.
 
 
 
 

sábado, 22 de septiembre de 2012

Otoño tradicional


“¿De qué sirve una oración
pronunciada por un corazón alejado de Dios?”
(Abu Ata al-Iskandari)
 
“Algunos llaman vitalidad en los zombis
a lo que sólo es inercia.”
(Renè Guènon, Carta a R. Schneider)
 
 

 

 

Cualquier acto realizado con el corazón puesto a disposición del Eterno, posee contenido ritual, más allá de cuál sea su forma. Cualquier forma ritual realizada desde el ego es mera impostura, farsa vana. En la intención de la atención reside (anida o no) la Tradición. Lo espiritual no se finge, se vehicula. Tiene lugar en y desde la intimidad con la Inmensidad de la Realidad Única que otorga raíz y da sentido a lo creado.

 
Ha de haber, pues, un compromiso anegoico antes con el contenido que con la forma, incluso allende las formas. Eso significa quizá la quietud silente: un compromiso que, por ser anegoico, no es menor. Muy al contrario, bien puede decirse que sólo esa clase de compromiso es Real, por ser esfuerzo y servicio en Verdad desinteresado. Vaciado de sí. Puro.

 
No cabe pues Tradición impostada. Allí donde se transmite lo que se recibe, no cabe un ápice posible de “metal”, que no es sino “otro nombre” para definir y delimitar las múltiples y extendidas formas que adopta el disfraz de la impostura. Compromiso anegoico entre almas vaciadas que se hacen una: comunidad. Nada que ver con el interés individual en lo grupal, que, por conveniencia y en su delirio pseudo-espiritual, adoptan una máscara tradicional y “pasan el rato”. Allí donde lo “eso” de lo “exo” se convierte en mueca, perversa impostura mal disimulada bajo el torpe disfraz, negocio. 
 
 
El árbol bien atado a la fértil raíz, se libra indolente de la innecesaria hoja caduca. La hoja perenne aún soporta estoica los crudos rigores del invierno. Todo en la naturaleza, también el otoño, posee un carácter tradicional, esto es, antes que nada, oculto y activo, radical, rito. Un libro bien rebelde que, en la medida que se nos revela, habla, se muestra incapaz de callar y así nos deja enSimismados y desegotizados, ad maiorem Dei Gloria.
 
 
 
 
 

sábado, 18 de agosto de 2012

La escalera al trono y el azufaifo


 “Si doy un paso más,
me abrasaré en el Eterno
más tú, tú estás invitado, prosigue.”
(Qurân 53, 14)

"Que el Señor reconozca al Señor en el Señor."
(Ibn Arabí, Tratado de la Unidad)






Quienes vivieron para contarlo a su regreso, confirman que no es posible el ascenso a la divinidad sin que haya amalgama o sin que se dé fusión. La única metáfora que puede ser capaz de entender el ser mezquino y egoísta, para hacerse una mínima idea de este proceso disolutorio, es la de “renuncia a sus deseos”. El viaje espiritual conlleva una suerte de turismo disolvente que, a la postre, dicen que termina por resultar edificante. Arribar la cima solar significa traspasar los ardiente rigores de su corona y penetrar hasta su centro. Superado el límite, arriba es adentro. La realeza es acción, nunca mera pose.


El verano toca a su fin. Purificados, limpios y anhelantes, disfrutamos estos últimos instantes estivales plenos de esperanzas, ideas y proyectos. Sentimos alegría de haber acompañado en su plenitud la marcha solar, y nos disponemos a permanecer también fieles en su necesario declive, recompensados en nuestro esfuerzo por múltiples bendiciones. Semillas que germinarán e irán creciendo en nuestro corazón el resto del ciclo, para entregar en el solsticio de invierno la mayor o menor calidad de sus frutos, o nada.




Devueltos al próximo otoño, a la costumbre y al deseo, recordamos que fuimos creados plenamente sedientos para poder ser así también colmados desde la inagotable plenitud. Sufre sólo quien olvida. La distancia muestra el valor de lo que amamos, la tensión necesaria que hace ese amor posible. Un año más significa todo el refinamiento, toda la apertura, toda la sensibilidad, toda la cercanía que hayas sido capaz de conquistar. A cada instante, si estamos atentos y vigilantes, recobramos la vida para vivirla renovados en cada rostro. No te distraigas en señuelos y atrocidades.


Sigue con precisión tu camino. Así quien escucha tus palabras, observará luego tus pasos y vigilará tus manos, para comprobar cómo retribuyes la confianza y qué guardas realmente dentro. Recuerda siempre en quién eres y lo pactado. Allí donde los ángeles dan un paso atrás, tú aún debes seguir. Prosigue. Prosigue… allí hasta donde tu anhelo alcance.




jueves, 9 de agosto de 2012

Non serviam


“Escucha el verdadero anhelo que palpita en tu corazón,
desoye la seductora llamada de la copa somnífera
¡Y no te duermas!
El amor sólo encuentra a los que ardientes le velan.”
(Yalal ad-Din Muhammad Rumi)



“Si y no.
Entre el sí y el no
los espíritus vuelan más allá de la materia y
las cabezas se separan de los cuerpos.”
(Ibn Arabí responde a Ibn Rush)





Respirar no es sinónimo de saber respirar, aunque la mayor parte de los supervivientes no asfixiados se consideran expertos “prácticos” en el tema: “Aprendí a respirar sólo, sin ningún maestro, y hasta ahora.” ¡Qué pronto olvidaron el álgido estímulo sobre las nalgas que les otorgó la radical victoria! No es el buscador, sino el encuentro con lo buscado, lo que hace posible (y completa) toda búsqueda. Lo buscado nos encuentra.



La posibilidad de autoconocimiento esencial en el bajo mundo de la manifestación es tan improbable como el encuentro con un arcángel. De hecho son la misma cosa, en lo que respecta a su variación vibratoria. La silente quietud permite saborear el viento divino que lleva al corazón de manera algebraica al encuentro con lo insondable.




La compulsión espiritual deja de ser asombrosa, imposible o extraordinaria, para ser un modo de ser en el mundo (de hecho el único), en lugar de vegetar, conforme a la verdadera naturaleza de las cosas. Todo el “mérito” robótico es tratar de resistirse a su fuerza: en vano. “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra.”



Toda vida no es sino un viaje a trascender el límite, el límite de uno mismo, el límite de lo verdaderamente humano, el límite de lo sagrado ¿Cabe otra opción que la de renunciar de modo consciente a la ignorancia y peregrinar a la extinción? Allí dónde aún no existe un cosmos que pueda oír ni obedecer, el mandato divino, hábil tejedor de esparto, lo hace posible como si nada. Natural.




domingo, 24 de junio de 2012

El abrazo de Hygieia

"No es personal, Tom,
sólo son negocios."
(Michael Corleone)

"Pero eso sí los sicarios nunca pierden ocasión
de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca distensión
que les permita hallar un marco previo
que garantice las premisas mínimas
que faciliten el crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz,
de Este a Oeste y de Sur a Norte,
donde establecer las bases de un tratado de amistad
que contribuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar
el brutal e inhumano ajuste que requiere 
el equilibrio presupuestario de amor y paz."
(Serrat tuneado, Algo personal)
  



Lo que más desconcierta al escéptico de turno e inquieta al buscador sincero es el descaro en la multiplicidad de métodos y la proliferación de tradiciones espirituales, el batiburrilo de herramientas, ritos, ejercicios, prácticas y técnicas. ¿Cuál es la más verdadera? ¿Cómo elegir entre tantos textos y doctrinas tan contradictorias? ¿Cuál es la práctica más rápida y efectiva, la que está de moda, la que mejor funciona?
Sólo lo vamos a decir una vez: el sabio es capaz por sí mismo de hacer funcionar cualquier herramienta: hasta una reseca vara desprovista de vida puede llegar a florecer. Sin el sabio (sin “la sabia” de árbol), solo queda el reseco ramaje ya inerte, herramientas muertas, simulacro de rito. Mera devoción impostada.  Reliquias incapaces ya de obrar milagros. Decorados. Patéticos santos desnudos que parecen prótesis y budas de bar, tan repintados y desconchados como sobre apolillados. Retablos carcomidos de anticuario y resquebrajadas fachadas. Máscaras de coleccionista. Altares muertos, sepulcros blanqueados de aglomerado contrachapado. Letra muerta en biblias y constituciones. Religiones y burocráticas obediencias. Profanos de sotana y mandil. Chamanes y blogueros de escenario. Estéril laicidad. Pompa vaticana. Negocio.



¿Cuántos buscadores sinceros han sido extraviados por estos “secos” imitadores, propietarios de la verdadera doctrina correcta? Innumerables. Un verdadero sabio jamás se atará a ninguna forma tradicional. Permanece arraigado a la Fuente de la Vida, cuyas prodigiosas aguas son capaces de modelarse a no importa qué cauce, dispuestas a llenar cualquier recipiente estanco, sin importar su forma. En ellas reside la verdadera capacidad de saciar la Sed: la operatividad.
Repetir, imitar, mantener puro el reseco simulacro de lo ritual, aparentar por fuerza del uso y la costumbre no sirve de nada. Es como llevarse a la boca un cáliz de oro vacío, autentificado como santo grial. La Sed sigue intacta. Intacta. Si el manantial surte, una simple mano ahuecada, una sola palabra bastará para sentir en nuestro ser el abrazo reparador de Hygieia.
Mira el paisaje. No importa cuan alejado se encuentre. Allí donde se agrupa la vida y prospera, hay agua. Hay agua. Hay agua. No se puede ocultar. Sin agua, todo muere: personas, civilizaciones, razas y especies enteras. Grifos resecos, cisternas agrietadas, aljibes cegados que un día rebosaron y sobre los que hoy se acumula el polvo, o, lo que es peor, mortíferos mikvés de agua estancada... con la inscripción SALVS PER AQVAM en grandes letras doradas. 



viernes, 22 de junio de 2012

Coaching espiritual


“El sabio prefiere siempre la alternativa bella
a la meramente placentera.”
(Jenofonte, Hiêron)

“No es bueno para nadie pensar en su actividad
en los términos más odiosos.”
(Leo Strauss, Filosofía Política)






Siempre he preferido realizar la labor del “coach espiritual” frente a la de la “maestría”. En la segunda tienes que timar al neófito que suele partir de cero en las lides de la estafa espiritual, mientras que en la primera trabajas ya con “timados ya consumados como timadores” a los que tratas de ayudar a “distinguir entre calidades y quilates”.



¿Cómo se llega a ser un buen “coach espiritual”? Fundamentalmente se trabaja en dos vías. La primera, más extendida, a través de los profesionales de la espiritualidad, previo pago de los derechos de franquicia y protección de la “marca espiritual”, certificando la adscripción al gremio correspondiente, silsila, cadena iniciática, obediencia, linajes, etc. reconocida en el competitivo sector de la finanza espiritual “ortodoxa”.  La segunda, requiere de virtud, y es la que elige el sabio, que aprende por sí sólo, observando a los “profesionales”, a través del esfuerzo reflexivo (luego tampoco es gratis). No requiere de enseñanza, sino celo honesto y perseverancia en el auto aprendizaje.






Sostener un orden espiritual defectuoso es una cuestión muy delicada, sobre todo para quién se encuentra a la cabeza del tinglado. Soy consciente de que la mayor parte de mis escritos adolecen de un enfoque patológico que privilegia el diagnóstico, en detrimento de uno más terapéutico, orientado a mitigar las deficiencias. Lamento señalar que esta nueva obra no será una excepción. No soy de los que gustan cerrar heridas en falso, para mejor disfrute de la siesta. Rehúso intencionadamente recurrir a la claridad de tratado, consciente de que la claridad, más que beneficiarle, narcotiza al lector, creándole una ilusión de comprensión que, como aprendí de mi padrino, resulta mucho más perjudicial que dejar la herida espiritual abierta. Es, por tanto, mucho más conveniente que sea el lector quien, enfrentado a la oscura confusión del texto, añada y sustraiga lo que debe. Habrá así, dentro de su incertidumbre, mucha más certeza espiritual, toda vez que demuestre mucha más atención a los generosos guiños que a su egocéntrico arbitrio. Es pues éste todo un ejercicio espiritual práctico, sobre la marcha.



En cualquier caso, una conexión perfecta entre fondo y forma, entre significado y significante, entre doctrina y contingencia resulta un anhelo imposible. Como saben por propia experiencia el moderno dramaturgo y el escritor contemporáneo de diálogos (precursores de bestsellers adaptables al cine o televisión por un ejército disciplinado de guionistas) tras su empeño solo se esconde cobardía o mero interés pecuniario. Nadie quiere arriesgarse a exponer algún tipo de pensamiento que incomode a (atente contra el interés de) los amos, y el diálogo se presta como ningún otro género para lograr dispersar entre varios personajes (algunos incluso locos) las incómodas responsabilidades. Aristocles de Atenas, el de las anchas espaldas, fue uno de los más renombrados entre los cobardes clásicos. No seré quien censure la sabia prudencia, si además con ella, uno se garantiza los garbanzos.




Yo, que también tengo a gala ser cobarde, acostumbro a encabezar mis muchos despropósitos prestigiándolos con citas ajenas a pleine conneisansse de cause, a modo de escudo humano que me facilite el arduo trabajo de atrapar la voluble atención del disputado lector, en un medio tan plagado de entretenimientos como distractor. Como apunta mi ahijada (y también le reconozco), son sin duda lo mejor de cuanto escribo (tecleo). Sea como fuere y para que el coaching espiritual surta el mágico efecto de transformar desengaño en cuotas crecientes de vera espiritualidad, como en todo diálogo bien urdido, el sabio ha de tener siempre la última palabra.






Del Alma y sus permanentes batallas


“Circuncidad, pues vuestro corazón, dejando paso al Eterno.
No endurezcáis ya durante más tiempo vuestra cerviz.”
(Deutenonomio 10, 16)

“Caminante, no hay camino.
Se hace camino al andar.”
(Antonio Machado)





El primer exilio no es sino el de llegar a la vida. Desde el mismo instante del nacimiento, libramos una batalla permanente contra todos nuestros malos instintos[1], que nunca terminan de ser completamente derrotados. Mientras dure nuestra vida, dura la batalla.  La mayor parte de los seres humanos viven engañados creyendo que su vida transcurre entre dos planos separados de realidad: la voluntad divina y la creación de ésta.

Mientras estas “dos realidades” permanecen divididas para nosotros, imaginariamente separadas, esa es la prueba de cómo actúa en también nosotros y se nutre el mal instinto. La madurez significa aceptar que un verdadero soldado está dispuesto a entregar la vida, proyecto de regreso. Decir orgullosos: “Aquí está mi alma, tan pura como cuando me enviaste. La protegí en cada batalla de la guerra. Ese es mi mérito.”

Pobres de aquellos que, quizá sobre emocionados por el saber espiritual, se olvidan de que las lágrimas no sustituyen en modo alguno a los pasos necesarios. No es un camino posible de degustar sin recorrer. Sólo entonces puede el anciano ver desde lejos, ya que fue al moverse físicamente desde el punto de partida como adquirió su Alma (hokma) sabiduría. Sólo así pudieron los oídos escuchar por primera vez, los ojos tener la capacidad de contemplar su rostro y un (único) corazón, ya circuncidado, para saber al fin de qué iba todo esto de morir y nacer.






[1] Yetsé yarrá

jueves, 21 de junio de 2012

Reiteración y Calidad Humana


“El asunto de rectificar las malas cualidades (midot raot)
es aún más grave que las mismas transgresiones de los preceptos.”
(Rab Jaim Vital, Shalei Kadusha 1, 2º portal)


“No se entiende (Binah) al maestro
sino hasta el cuadragésimo año.”
(Maimónides, Guía de Perplejos)









El talón es la zona más baja de nuestro cuerpo. Allí es donde se acumula, sin que nos demos casi cuenta, un alto porcentaje de piel muerta. Descuidados, de un modo autocomplaciente, solemos prestar casi ninguna atención primaria (sensorial) a nuestros usos y vicios cotidianos, minimizándoles, restándoles importancia. Asumimos como “natural” nuestra propia falta total de modales. Creemos que no cabe gravedad en nuestra facilidad de enojo, en nuestra recurrente insolencia, soberbia, altanería, envidia, maledicencia… Que no es para tanto. Vasijas resquebrajadas, devaluados en lo humano, hemos perdido toda sensibilidad, verdadero talón de Aquiles, a nuestras malas cualidades.  No damos el mínimo. Sordos para escuchar, ciegos para ver, paralíticos para actuar: muertos, sin calidad.


¿Qué necesidad existe de volver a repetir lo dicho? Los cuarenta años de travesía del desierto no fueron en vano. Fueron necesarios para preparar al pueblo para recibir ¡por primera vez! la enseñanza. La vasija necesita madurar, restaurar sus fisuras, vaciarse, para ser adecuada. Se riega un árbol con la toda la paciencia requerida, hasta que llega el ansiado día en que la fruta cae “a punto” y por su propio peso. Implorar en justicia, agotadas las fuerzas, cuando todo mérito está perdido, lo que no es sino gratuito.  Israel sediento, ¿cabe mayor recompensa? Ya ves que te traje el agua de la que te hablé. ¿Qué esperas tú para beber hoy? ¿No ves ahora mismo el Sinaí ardiendo?


Solsticio de Verano. Alza su inquieto vuelo la abubilla. Salomón, ¿acaso sabes tú si volverá? Disfruta hoy la bendición de cumplir la responsabilidad de vivir (cumplir) hoy tu propia vida, si no quieres ahogarte en la maldición de dilapidarla hoy en la ebriedad y el entusiasmo de vanos espejismos ajenos, encendiendo fuegos extraños. Eterno significa también ahora, ahora, ahora…





miércoles, 20 de junio de 2012

San Juan y la fogata del gatopardo


“Hasta los dioses se hayan atados a su divinidad.
Únicamente la Necesaria Virtud
permite entonces alcanzar la Verdad.”
(Sócrates de Atenas)

"Al final es un problema moral
que el ser humano aplique o no
aquello que ha aprendido. "
(Carl Gustav Jung, Sueños y memorias)








Nada en exceso. Si siquiera zafarse del exceso mismo, cuando éste sea impuesto por la Necesidad, instancia suma que doblega a la divinidad a los mismos dioses.

A quién es ducho en un arte, hasta el punto de haber alcanzado en él suficiente maestría ¿le cabe alguna posibilidad de hacer mal una obra?

Pudiera darse el caso de que, fingiendo torpeza, salvase con ello la vida de alguien (incluso la propia), toda vez que alguien, tan suficientemente rico como brutal y desaprensivo, hubiese puesto el suficiente precio a la cabeza de cualquier Maestro. Lo que no se puede fingir es la maestría, ni para salvar la vida. Sobre todo cuando ese Arte es la Ética.

Por el testimonio de Sócrates, en la apología que nos consta por Jenofonte, sabemos que pocas personas son más peligrosas que aquellas que, sin saber, se obstinan en el espejismo de saber, aduciendo cuantas “razones” creen suficientes, llegado el caso, incluso la más poderosa de ellas: la fuerza. “Su vanidad es más grande que su miseria.”
No parece muy conveniente (para el deudor) dejar dirimir los asuntos judiciales al acreedor, ni (para el adúltero), dejar sentenciar los asuntos amorosos al despechado. ¿Quién tiene en su mano el disparador de la próxima atrocidad de magnitud global? Confiemos que no sea un seguidor del Príncipe de Lampedusa, convencido de que hay que ponerlo todo patas arriba (teológica, política y geoestratégicamente hablando), para lograr que ¡nada cambie! Alguien se encargará de barrer los treinta años de cenizas. “Mientras hay muerte hay esperanza” y San Juan está a un paso, y Salomé anda cerca. Llámenme agorero, si quieren: rodarán cabezas...








¿Truco o trato?

"El lenguaje político está diseñado
para que las mentiras parezcan verdades,
el asesinato una acción noble
y el viento algo consistente"
(Eric Arthur Blair, 1945)

"En esta época de desasosiego y pobreza,
apostar por decir la verdad es el acto revolucionario
y querer ver lo que tenemos delante de los ojos
requiere de un esfuerzo de honestidad constante."
(Félix Rodrigo Mora, 2012)




Todas las sociedades, orientales u occidentales, saben que el único modo de poder sobrevivir es tener a sus respectivas poblaciones engañadas mediante un hábil truco: la hipnosis social[1]. A través de estructuras que se amparan en criterios arbitrarios de reparto de poder, pero se sustentan bajo el subterfugio de tan grandes como ficticios principios “éticos”, mantienen el orden, esto es, perpetúan cómodamente y a conveniencia los distintos sistemas de dominación.

La gran habilidad de las escuelas esotéricas siempre ha consistido en desvelar el “truco social” a ciertos sujetos y que estos mantuvieran –a cambio- el juego, como si nada hubiera ocurrido. Esto es, crear una legión de grandes sujetos éticos (ordenados) sin la necesidad de sostener ningún tipo de infierno, purgatorio, institución penitenciaria o subterfugio kármico: esos son los verdaderos "maestros a sueldo”.


Como señaló George Orwell[2], todos los sistemas necesitan de enemigos (amigos) que les ayuden a “recortar” el pastel poblacional cuando este adquiere un tamaño un tanto desmesurado: la guerra entonces, está servida a conveniencia de ambas partes, que alimentarán odios y miedos ancestrales al “enemigo” (amigo) para con ello ir tirando unas décadas más.


¿Pero quién está detrás de toda esta macro-operación? Existe alguna entidad pre-hipnotizadora escondida tras el hipnotizador social de cada macro-territorio, que perversamente disfruta de la “Alianza de Civilizaciones para mantener esas Guerras Periódicas mutuamente rentables” para ambas partes. ¿Quién se halla tras esta suerte de macro-timo cósmico?


Ha llegado la hora de disipar la niebla. Ese el objetivo que persigue esta obra. Desenmascarar al artífice de la upâya[3], de la estrategia general que mueve el mundo desde dentro de nosotros mismos, que dirige el guión de pastores, lobos y ovejas, que mantiene el artificio y el engaño, generación tras generación. Quién más se divierte con todo esto. Vamos a ponerle un nombre, aunque sea provisional. Vamos a referirnos a “ello”, ya que no es humano, aunque sí inteligente, con una etiqueta cortés, protocolaria, que lo traiga a la luz y lo otorgue existencia: “el huésped”.




[1] El término pertenece a Allan Watts, El Gran Juego, Kairós, 1993


[2] Pseudónimo del periodista Eric Arthur Blair, que escribió 1984 (en 1949) y Rebelión en la Granja (cuatro años antes).


[3] Término sánscrito que significa “treta”, “medio hábil” para conseguir un fin… como el “trick o treat” de Halloween para hacerse con un gran botín de dulces y golosinas.