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domingo, 6 de octubre de 2013

Ísola íntima


“¿To suffer the slings and arrows
of outrageous Fortune…
or to  take arms against a sea of troubles
and, by opposing, end them?”
(Hamlet III, 1)
 
“Si, en circunstancias normales,
 avanza usted con seguridad y confianza
en la dirección de sus sueños,
si intenta vivir aquella vida que ha imaginado,
siempre dará con un éxito inesperado.”
(Henry Thoreau, Walden)

 





 
La trascendencia comienza por descubrir al otro. Adab. Haz para el otro lo que, en el encuentro, hayas visto que es su vida. Cualquiera que empiece a andar por ese camino de hermandad, en la búsqueda de completarse en la unidad con el otro, se va a sentir tan pequeño y, al mismo tiempo tan acompañado, y sin saber cuándo va a llegar y si va a  llegar, pero con la satisfacción de no haberse equivocado de camino.

No hay mapa ni técnica para el encuentro. Mira dentro del cajón de sastre de tu vida y rebusca con denuedo lo que sabes que allí está. Y después sé, haz lo que sea que tengas que -o hayas venido a- hacer, en esta vida, siempre con delicadeza, con amabilidad, pacíficamente, fluyendo en la dicha y el gozo de vivir tu sueño, igual que hizo la lucidez de Francesco d’Assisi, tecnología punta espiritual del s. XII aún plenamente vigente, cuando tuvo la ocasión:

Haz de mi un instrumento de tu paz.
Que yo ponga amor allí donde encuentre odio.
Que yo ponga perdón allí donde obtenga daño.
Que cubra las dudas mi certeza,
la desesperación mi esperanza,
irradie la tristeza la fuente de mi alegría
y encuentre tu luz siempre presente
en mi oscuridad.
 
 
 

domingo, 4 de agosto de 2013

Eugnosia

“Nuestra supervivencia depende de anticipar en nosotros
las acciones, emociones e intenciones de los demás
mediante la experiencia de la intersubjetividad”.
(Carl Gustav Jung, Símbolos del Inconsciente)
 
“Cualquier homínido podría alcanzar un cacahuete.
Más complicado resulta experimentar la autotrascendencia.”
(V.S. Ramanachandrian)





Por lo general, solemos considerar “malo” aquello que, ya sea de manera (bien o mal) intencionada o fortuita, atenta contra nuestros intereses, por variopintos que estos pudieran llegar a ser. Así, la incompetencia de otros es “mala” en cuanto nos perjudica o la sociedad es “mala” cuando es un obstáculo para nuestros objetivos personales. La inteligencia de otros también puede resultar “mala” cuando es usada para superarnos, derrotarnos, privándonos de un beneficio o causándonos un daño.


Son necesarias habilidades como la sintonía (en lo físico), la empatía (en lo emocional) y el diálogo (en lo racional) para alcanzar una completa comunión (espiritual) con el otro. Tras esa serie de habilidades modulares se encuentran las neuronas espejo, que nos permiten convivir e interactuar eficientemente con individuos de nuestra (u otra) especie. Lo cuál, muchas veces resulta perjudicial (malo) para aquellos y aquellas que se ganan la vida detentando posiciones de mando y autoridad en nuestra sociedad.