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martes, 24 de septiembre de 2013

Levanah


“Oh Fortuna, cambiante Luna!
Siempre creces o menguas.
Odiosa vida, tan pronto dura
como luego favoreces al tahúr.
Pobreza y poder, todo fundes cual hielo.”
(Carmina Burana)
 
“Hasta el más puro de corazón
que en la noche susurra piadoso sus oraciones,
florecido el acónito, radiante la Luna,
puede tornarse destructor Lobo
de todo cuanto ama.”
(Tradicional gitano)

 


Cuando traspasamos nuestra zona de confort y nos adentramos en la de aprendizaje, nunca sabemos lo que vamos a encontrar. Nuestro propósito es deficiente; nuestra intención vaga, a la espera de ilusorias recompensas que nunca llegarán sin el pago de nuestro esfuerzo constante.


Aprendemos así, poco a poco, lentamente, a trompicones, cada vez un poco y otro poco más. Nunca es como al principio habíamos imaginado, por lo que sentimos un miedo tan real como indescriptible, en la certeza de que algo está muriendo –quizá de manera irreparable- en nosotros.

 
 
Cada progreso se transforma así en una trampa, un crucial atolladero, una batalla interminable dentro de nosotros que inmisericorde nos reclama: “Con lo bien que estabas, ¿quién te mandaría adentrarte en semejantes berenjenales? (Con lo bien que estabas)”.

 
El miedo, siempre el miedo, nos enreda el alma a cada paso, zancadillea cada latido, ensombrece cada esperanza. Nos desanima, nos paraliza, nos detiene. Nos asusta, nos derrota e incansable al desaliento termina por  vencernos. Al menos, eso es lo que busca, lo que da sentido a su afán.

 
Podemos estar bañados en el miedo, sin que por ello debamos en ningún caso de finalizar nuestro aprendizaje, aquel que nos conduce a la zona ignota que anhelamos, nos adentra en el misterio. Vencido el miedo nos atenaza aún un enemigo mayor, la ilusión de claridad, el espejismo de apresurarnos tras una certeza irreal. Quien venció su miedo debe ahora desafiar su prisa, esperar con paciencia y medir con discernimiento cada nuevo paso. Quien sabe que no sabe, todo lo puede a su antojo. Su deseo es ley.


Es el poder el mayor enemigo. Así, quien vence su miedo y comienza a dar pasos calculados, termina promulgando leyes. Alguien tan poderoso, que se ha rendido al poder, es más esclavo que dueño de su destino. Y aún queda un enemigo más, quizá el más cruel, ya que, invencible, sólo puede ser ahuyentado un instante: el tiempo.


Cuando ya no tienes miedo, tu claridad es paciente y ya todo tu poder se encuentra bajo control, sentirás deseos de descansar y tirar la toalla desde un alma envejecida. ¡Sacude tu cansancio y vive tu misión hasta el último de tus días, hasta el último aliento! Sólo entonces habrás honrado el don de conocer y habrás sabido merecerlo.
 
 
 

jueves, 5 de septiembre de 2013

Daat

“El Eterno me condujo a un valle rebosante de huesos resecos
y allí me preguntó: ¿Vivirán estos huesos?
¡Profetiza desde el Espíritu, hijo del hombre!”

(Ezequiel 37,  1)




Vivimos en un mundo lo suficientemente oscuro como para que nada resulte ser como aparenta ni nadie necesite ya ser coherente con lo que enseña. Nada de lo que creemos saber impregna nuestras vidas ni siquiera aspira a ser realmente vivido. Allí donde el sagrado fuego de la discrepancia nos permite advertir que todo es cuestión de perspectiva, la certeza de saber si nuestra mirada es la adecuada es lo que entrevera toda fe de sus necesarias dudas. Por eso, tras atravesar los umbrales de la vida, aún necesitamos seguir estudiando, esto es, seguir abiertos al aprendizaje que deja la escucha atenta. Ni el más excelso manual de sexología suple la experiencia del revolcón amatorio junto a alguien con suficiente pericia. Así, donde la mayoría opina, conoce sólo quien verdaderamente conoce.



sábado, 6 de julio de 2013

Abanico de cedros y azucenas

“Por imposible que éste resulte,
no hay mayor conocimiento que el de lo sublime.”
(Aristóteles)

“Alma que anda en amor,
ni cansa ni se cansa.”
(Juan de la Cruz)





La espera, que purifica la intención. Los preparativos, que anticipan el furtivo encuentro y lo recrean. El dulzor de la paciencia que se sabe desinteresada y total entrega. Doloroso placer y placentero dolor que nunca termina cuando termina. Renunciar a la voluntad de poseer y decidir en la noche fugaz. Ser regalo. Olvidar y olvidarse en el cuidado. Que un amor que es más que humano, no deja por ello de ser plenamente humano, si sabe guiarse con certeza de mapas invisibles.



miércoles, 12 de junio de 2013

Sufrimiento transformador

"Duhkha."
(Sidharta Gautama)




El gran viaje del alma, lo que busca todo buscador, consiste quizá en averiguar aquello que hay que conocer. Al igual que les ocurre a los insectos con el proceso de la metamorfosis, está en la estructura del ser humano atravesar un proceso transformador. Una vida sin un destino al que llegar, se antoja una vida desprovista de sentido. Estamos, lo queramos o no, llamados a florecer y fructificar, pese a que para ello tengamos que afrontar todo tipo de dificultades y aprender cosas que duelen. Y aquí estamos.


Puede nuestro crecimiento ser únicamente horizontal (más dinero, más poder, más bienes) o aspirar a introducirse en la dimensión vertical (de la que no cabe hablar, sino callar, esto es, hacer, experimentar). Nada tan contrario a la aventura como el confort, el bienestar adocenado, la ciega confianza los espejismos del progreso tecnológico. La idolatría religiosa ha terminado por secar el sentido espiritual de la vida, con una eficacia que resulta encomiable. Y, lo más triste de todo es que, avergonzados del propio naufragio, sufrimos intensamente, sin saberlo.




lunes, 6 de mayo de 2013

Yasîn


“Habéis reducido el hermoso espectáculo de la vida
en mero juego y distracción donde alimentar vuestras
insaciables belicosidad, vanidad y sed de codicia.”
(Qurân 57, 20)





La escisión dual de la conciencia, error cognitivo transformado en invisible dogma social, ha convertido a la occidental en una peligrosa contra-civilización  ciega. El ancestral viaje de la autoconsciencia, lejos de propiciarnos una visión trascendente, nos mantiene atados a la inconsciencia.

Incapaces de reconocer en los otros lo humano que nos constituye esencialmente, caemos en la trampa de la instrumentalización que, como una suerte de boomerang kármico, termina por deshumanizarnos y sumirnos en la trampa dicotómica de la percepción escindida, separada así de lo real.

Cualquier esfuerzo por resolver, superar, amortiguar, disolver, negar o trascender la angustia existencial que germina de nuestra disociación de la realidad resulta vano. La gracia y belleza reparadoras solo pueden provenir del tenue y dulce perfume de una conciencia unificada.



domingo, 27 de enero de 2013

Ruido

"Nun, o Unsterblichkeit, bist du ganz mein."
(Heinrich von Kleist)
 
"No consientas que la información
usurpe el conocimiento."
(Albert Einstein)

 
 
 
 
 
Insistir en lo ya repetido cientos de veces, logrando que lo que un día fueron fértiles pensamientos terminen en desecados tópicos sin substancia, en citas cuyo rimbombante eco, sacado de su contexto, esclerotiza el saber tradicional que atesoraban y agostan así su vitalidad; esterotipos inertes, slogans egoicos sobre vallas y camisetas, vacios de contenido; fórmulas inconsistentes, cáscaras que, en su soberbia, se niegan a permitir que brote y crezca la semilla que ocultan restándoles protagonismo,  evitando así que se remueva nuestra alma.
 
El gérmen de libertad que esconde el pensamiento tradicional sin adulterar es una radical propuesta para la vida. Aquello que no puede ser vivido en nuestro hoy no es sino falsificación. La fuerza que desborda en cada nuevo profeta es la que se requiere para transformar nuevamente el mundo.
 
Quizá sea por eso que todo lo que huela a Tradición despierte, en una época que se finge instalada en el progreso, tantos recelos, tergiversaciones y odios. Es la fértil vigencia revolucionaria y libertaria de la Tradición, la que la hace chivo expiatorio de un rechazo tan fuerte, de una hostilidad tan decidida, de una violencia inhumana que teme así su poder transformador y rehumanizante.
 
 
 
 
A cada nuevo instante, la Tradición resurge de unos instintos tan originarios que son capaces de comprometer la esencia de cada ser humano en cada época. De un modo tan sutil y poderoso como el que ata a cada número a su logaritmo, o la asíntota a la hipérbola, logrando así la euritmia aunsente en la torpeza del alma impostada, tan alejada ya, tras su expulsión del Paraiso, de su ingrávido centro de gravedad.
 
La inocencia virginal abandona a quien la simula, pendiente ya del espejo.  Es tan sólo cuando,  tras un segundo y valiente mordisco, llevamos a nuestro conocimiento a reencontrarse tras su extravío infinito, cuando rescatamos así, en el último capítulo de nuestra vida, la reparadora Gracia.
 
Frente a la avalancha de información espurea, blogs como este aún encuentran su tímido eco como testigos capaces de intentar dibujar un presente que ayude a conmover, despertar e involucrar a los nuevos profetas, aquellos que habrán de ser los verdaderos artífices mediadores del futuro.
 
La miseria intelectual de los actuales sistemas de dominación tecnológica, no cejan en su esfuerzo de distraer, desconcertar y estrechar la vida individual, en el espacio de una colectividad tan escindida como anestesiada y reaccionaria. Por eso nos gustaría que nuestras vanas reflexiones siguieran siendo, en el alma y el corazón de nuestros fieles lectores, un saludable estímulo para la defensa de la Vida, del gozo de existir, desde la serenidad y solidaridad de los que, más allá del ruido y el sucedáneo distractor, aspiran así a completar la árdua tarea de llegar a ser verdaderamente humanos.
 
 
 
 

jueves, 8 de noviembre de 2012

La princesa fenicia


“Se apagó la belleza en tu corazón,
corrompió tu sabiduría tanto esplendor,
con inmoral comercio profanaste tus santuarios,
devorado en tu propio fuego redujiste en ceniza.”
(Ezequiel 18, 16-17)

“…y en la tarde te amanecerá una luz de mediodía
que, lejos de causarte daño o consumirte,
cual stella matutina te hará renacer.”
(Job 11,17)

 

 
 

Hemos de ser muy prudentes a la hora de establecer certezas a partir de nuestros esquemas mentales previos, no vaya a ser que caigamos en la cegadora neblina del prejuicio, sin estar cualificados (no digo calificados) como jueces. No hay nada tan engañosamente complejo como la simplicidad.

Como saben demasiado bien los intoxicadores profesionales, no siempre guarda correspondencia el continente con el contenido. Los intoxicados lo descubren demasiado tarde. Tras el señuelo virgo se ocultaba, engañador engañado, un desesperado dragón de siete cabezas, bajo los efectos de su propio veneno.
 

 
 
Acallada la mortífera palabra, rasgado su envolvente velo, regresó salutífero el silencio. ¿Adónde podrá agarrarse el ego? ¿Dónde encontrará asidero sino en el amor? Reposan las miradas de los amantes en la belleza muda de su silencioso reflejo, sin necesidad ya de decir ni decirse nada. Nihil obstat.

Desligión. Secreto. Conocimiento.
 
 
 

sábado, 29 de septiembre de 2012

Ruido negro


“Aferrado al bastión de su seguridad y de su simplonería,
el ignorante es enemigo natural de cuanto desconoce.
La ignorancia está tan unida al odio al sabio,
como la sabiduría al amor incondicional al que odia.
Tiene que ser así."
(Yahia ibn Al-Andalusí)

 

 
 

“Nos mienten, nos roban, nos pegan, nos manipulan: no nos representan.” Rezaba una lúcida pancarta en las manifestaciones previas a S. Miguel Arcángel. Pero ya es tarde. Quien acepta ser representado, pone su destino en manos del representador, maniatando así su libertad. Ese representante ya institucionalizado será quién decida qué es el orden, y tendrá derecho a arrojar los sables sobre quién lo importune o altere. Las causas, no me canso de repetirlo, siempre tienen “sus” efectos. Nadie va a consentir que le quiten la posibilidad de ejercer la violencia de modo legítimo, esto es, impunemente. Violencia que también les autoriza a escribir a su medida la historia. A diseñar la verdad de de los hechos, como en la conocida distopía de Orwell. Algunos creen que su desfachatez para tergiversar y apropiarse del silencio ajeno, con tal de apuntalar sus bastardos intereses, quedará impune. No se imaginan como amo a esos ignorantes. No se imaginan cuánto. Precisamente por todo lo que nos mienten, nos roban nos pegan y, sobre todo, nos manipulan. No puede ser de otro modo.
 
 
 
 

domingo, 23 de septiembre de 2012

El gusano de la duda


“No dudes:
tan sólo por la senda de la Verdad
te encontrarás.”
(Javad Nurbakhsh)

 




La experiencia del Amor a la Verdad es inmediata, no pasa por la distorsión del filtro Intelectual. A diario, el ser humano se haya dominado por los miedos y deseos de su ego, impulsos que le mantienen aparentemente alejado de la Armonía Natural, ocasionando primero sufrimiento, luego enfermedad.

 

Este delirio de separación, este engaño auto-construido, le incapacita para percibir lo real. Sólo la transmutación de estos miedos y deseos egocéntricos, devolverán la mirada correcta, la que percibe sin distorsión la Armonía Natural que gobierna lo real. Allí donde hay un yo, no puede haber nada más. El trabajo, consiste en recordar de modo permanente nuestra inclinación al miedo y al deseo, esto es, al sabotaje del auto-engaño.

 

Alma de lo existente, de ti me llega el amor con el que amo todo cuanto existe. Una vez más, trataré –quizá- de recordar no volver a olvidarlo.
 
 
 
 
 

jueves, 6 de septiembre de 2012

Yihad y botín cuántico


“Pese a lo que muchos creen,
es la conciencia escalar “quién” crea la materia
y la reduce a cuántos, y no a la inversa.”
(Amit Goswami)
 
“Por sí misma, la liberación espiritual
es completamente insuficiente.”
(Jonathan Talat Phillips)

 



 

Los seres humanos actuales, degradados como están en la confianza tecnológica, se encuentran atrapados entre la perversa herencia de un pasado manipulado y la clara incertidumbre de un futuro que no lo espera ser menos. De alguna forma, que algunos entienden lógica, ha abandonado las mieles de su frugal libertad por una absurda y ensoberbecida dependencia tecnológica que se auto refuerza: ha caído en una sutil y poderosa trampa, sólo que él la llama  “su evolución”. A su manera, progresa de modo adecuado. Se siente orgulloso de haber elegido “no elegir” y abandonarse dócil al signo inequívoco de los tiempos.
 
Este “estado de cosas” es patrocinado y enaltecido por una brutal cohorte de agentes políticos e ideológicos encargados de un cometido neo-sacerdotal: reforzar la inercia institucional e industrial de degeneración del factor humano hacia su total extinción. Las artificiales leyes de la selección “natural” dirán si la conciencia, base radical de la libertad humana, merecía ese destino o no. La elección que le cabe a cada “proyecto genómico de ser post-humano” será la de mantener "activo" el engrama de genes -aún- responsable de promover un cierto grado de conciencia sobre lo que sucede o, cómo no, abandonarse a una pronta (y cómoda, por tecnológica) extinción.  
 
En una suerte de absoluta y neutral justicia, todos y cada uno de nosotros y nosotras tendrá “su merecido”, que es la expresión que el ignorante pseudo-hombre moderno utiliza para referirse al hado, esto es, a su suerte. Bien mirado, no parece, después de todo, que estemos tan “abandonados”. Aquellos que se dobleguen a la ficción del ethos, caerán presas de su prestigio. Aquellos que prefieran la urdida armazón del logos, serán víctimas de su pragmatismo. Los más idiotas serán aquellos seducidos por la sensiblería incólume del pathos, enamorados del “chulo” tecnológico, cautivos de las fauces de Sobek.  Así están las cosas. Y es que la ceguera de Maat no precisa ver, para no “verse” obligada al amaño de mentir. Dichoso destino el de las diosas y dioses, tan distraídos en repartirse “el botín” con sus ficticios dilemas lógicos y entretenidos en el insulso fragor de sus teocráticas y aburridas guerras... entre la madre “espacio” y el padre “tiempo”.
 
 
 
 
 
 
 
 

sábado, 18 de agosto de 2012

Lunáticos


“El rezo que espera al sol
es diferente cada mañana.”
(Néfesh Ha’jaim)

“Cuando me levanté para abrir al amado,
ya se había ido.”
(Shir Ha’shirim 5, 6)



Son muchos los que, al considerarla una entelequia, se resisten a creer que alma humana (su alma) cabalga sobre las onduladas olas del tiempo. Así, cuando ésta se halla en la cresta, besa y es besada por el cielo. Más adelante siente, en su descenso, el dolor de la pérdida de su amado. En la base, tocando tierra, sólo queda el consuelo del recuerdo y nostalgia, y un ardiente deseo de volver a remontar. Estos estados descendentes y ascendentes los experimenta el alma de manera recurrente a lo largo del año en momentos muy precisos, tan precisos que podría decirse que poseen una “exactitud lunar”.



Podría incluso establecerse una equiparación entre la “cresta” y el plenilunio, la “caída” y el cuarto menguante, la “nostalgia” y el periodo “sin luna” (luna nueva), y finalmente, entre el anhelo del reencuentro y la “creciente”. Esta montaña rusa anual presenta trece hitos que siempre comienzan en la “primera luna llena de primavera”. Somos, pues, almas lunáticas, atrapadas la cárcel de un trayecto solar. Cárcel que, una vez que se conoce bien, inmediatamente (ipso facto) deja de serlo.



Pese a lo que muchos piensan, el alma humana no es uniforme. Posee cualidades, matices diferenciados. Todos estos matices están sujetos a la triple recurrencia lunar. Es necesario pues un reseteo inicial de estos cuatro matices (en distintos momentos del año): fase mutable. Es necesario que aparezca una clara intencionalidad en cada uno de ellos (también en distintos momentos del año): fase cardinal. Y es necesario (una vez más, en momentos del año distintos) que se intensifique dicha intencionalidad de manera focalizada: fase fija. Sólo resta por desvelar cuáles son esos cuatro matices del alma humana: su bios terrestre, su pathos acuático, su thymos ígneo y su pneuma aéreo.



La clave está en hacer trabajar -a cada instante (ya que cada instante requiere su trabajo específico)- todos estos matices como una sola unidad, y luego juntarse (ser uno) con otros capaces de hacer lo mismo en un solo pulso. Las mismas palabras tendrán mañana un efecto completamente nuevo. El instante no es mero escenario pasivo sino, muy al contrario, nuestro más valioso capital; nuestra vida misma. Vamos, todo es cuestión de relajarse primero (agua lustral), y luego sólo poner un poquito de atención e intención perseverante. Si no eres alguien desalmado, no pierdas la oportunidad… ¿Hace falta decirte más?




jueves, 9 de agosto de 2012

Non serviam


“Escucha el verdadero anhelo que palpita en tu corazón,
desoye la seductora llamada de la copa somnífera
¡Y no te duermas!
El amor sólo encuentra a los que ardientes le velan.”
(Yalal ad-Din Muhammad Rumi)



“Si y no.
Entre el sí y el no
los espíritus vuelan más allá de la materia y
las cabezas se separan de los cuerpos.”
(Ibn Arabí responde a Ibn Rush)





Respirar no es sinónimo de saber respirar, aunque la mayor parte de los supervivientes no asfixiados se consideran expertos “prácticos” en el tema: “Aprendí a respirar sólo, sin ningún maestro, y hasta ahora.” ¡Qué pronto olvidaron el álgido estímulo sobre las nalgas que les otorgó la radical victoria! No es el buscador, sino el encuentro con lo buscado, lo que hace posible (y completa) toda búsqueda. Lo buscado nos encuentra.



La posibilidad de autoconocimiento esencial en el bajo mundo de la manifestación es tan improbable como el encuentro con un arcángel. De hecho son la misma cosa, en lo que respecta a su variación vibratoria. La silente quietud permite saborear el viento divino que lleva al corazón de manera algebraica al encuentro con lo insondable.




La compulsión espiritual deja de ser asombrosa, imposible o extraordinaria, para ser un modo de ser en el mundo (de hecho el único), en lugar de vegetar, conforme a la verdadera naturaleza de las cosas. Todo el “mérito” robótico es tratar de resistirse a su fuerza: en vano. “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra.”



Toda vida no es sino un viaje a trascender el límite, el límite de uno mismo, el límite de lo verdaderamente humano, el límite de lo sagrado ¿Cabe otra opción que la de renunciar de modo consciente a la ignorancia y peregrinar a la extinción? Allí dónde aún no existe un cosmos que pueda oír ni obedecer, el mandato divino, hábil tejedor de esparto, lo hace posible como si nada. Natural.




lunes, 6 de agosto de 2012

Sangre, atrabilis, bilis y pituita



“La mera existencia de un sólo gnóstico
desbarata más los satánicos designios del adversario
que el denodado esfuerzo de cien mil místicos."
(Muhammad)


"La opinión del hombre juicioso es acertada
como si las cosas ocultas le hablasen
a través de los signos que ve
gracias al poder del Creador que las creó.”
(Said Ibn Abd Rabbihi, Uryuza Fi-l tibb)











Desde el principio de los tiempos, el buscador honesto, aquel que ha logrado transmutar su sombra en luz a través del espejo del conocimiento de sí mismo, siempre ha tenido la necesidad de observar profundamente la verdadera naturaleza de las cosas, del hombre, del mundo y del universo, desdeñando así el reporte superficial de la aproximación ocular del perezoso, sin temor al esfuerzo y fatigas que prometen desentrañar su misterio, desvelar su secreto, alcanzar su ciencia.

Disponemos de testimonios irrefutables de que el exquisito perfume del conocimiento hermético, la codiciada ciencia de los antiguos, se viene cuidadosamente escanciando en terrirorio español desde principios del siglo IX, mucho antes de que los maestros vieran resplandecer la daga del fanatismo, amenazando la yugular de su alquímico Arte, con tal de mantener reforzados los anillos del poder esclavizador y (tratar de) destruir la memoria.

Por más que cause pesar a cuantos van de iniciados en los misterios, el verdadero filósofo no es sino aquel que es amado por la Sabiduría, hasta el punto de dejarse amar por él (o ella) y no a la inversa. Por el método personalizado de curar al enfermo, se reconoce al sanador real y la eficacia de su remedio. No por escasas, las huellas dejan de ser rastro, fiel vestigio de lo que un día fue transido sendero.

El que quiera tener la humildad de aprender a cerca de los igneos vientos y del pneumata, que "vaya a Salamanca". Como siempre, absténgase sopladores y todos cuantos, bien distraidos entre juegos y recortes, aún sigan afectos a las cosas criadas. Que no se hicieron los arabescos del sulfur, el mercurio y la sal para la boca del asno, ni se siente cómodo Hermes entre los eruditos labios del autoengaño. Bien sabe Narciso que las arrugas son inevitables, señal indeleble -botox mediante- del encuentro de todo ser humano con su destino.




viernes, 22 de junio de 2012

Coaching espiritual


“El sabio prefiere siempre la alternativa bella
a la meramente placentera.”
(Jenofonte, Hiêron)

“No es bueno para nadie pensar en su actividad
en los términos más odiosos.”
(Leo Strauss, Filosofía Política)






Siempre he preferido realizar la labor del “coach espiritual” frente a la de la “maestría”. En la segunda tienes que timar al neófito que suele partir de cero en las lides de la estafa espiritual, mientras que en la primera trabajas ya con “timados ya consumados como timadores” a los que tratas de ayudar a “distinguir entre calidades y quilates”.



¿Cómo se llega a ser un buen “coach espiritual”? Fundamentalmente se trabaja en dos vías. La primera, más extendida, a través de los profesionales de la espiritualidad, previo pago de los derechos de franquicia y protección de la “marca espiritual”, certificando la adscripción al gremio correspondiente, silsila, cadena iniciática, obediencia, linajes, etc. reconocida en el competitivo sector de la finanza espiritual “ortodoxa”.  La segunda, requiere de virtud, y es la que elige el sabio, que aprende por sí sólo, observando a los “profesionales”, a través del esfuerzo reflexivo (luego tampoco es gratis). No requiere de enseñanza, sino celo honesto y perseverancia en el auto aprendizaje.






Sostener un orden espiritual defectuoso es una cuestión muy delicada, sobre todo para quién se encuentra a la cabeza del tinglado. Soy consciente de que la mayor parte de mis escritos adolecen de un enfoque patológico que privilegia el diagnóstico, en detrimento de uno más terapéutico, orientado a mitigar las deficiencias. Lamento señalar que esta nueva obra no será una excepción. No soy de los que gustan cerrar heridas en falso, para mejor disfrute de la siesta. Rehúso intencionadamente recurrir a la claridad de tratado, consciente de que la claridad, más que beneficiarle, narcotiza al lector, creándole una ilusión de comprensión que, como aprendí de mi padrino, resulta mucho más perjudicial que dejar la herida espiritual abierta. Es, por tanto, mucho más conveniente que sea el lector quien, enfrentado a la oscura confusión del texto, añada y sustraiga lo que debe. Habrá así, dentro de su incertidumbre, mucha más certeza espiritual, toda vez que demuestre mucha más atención a los generosos guiños que a su egocéntrico arbitrio. Es pues éste todo un ejercicio espiritual práctico, sobre la marcha.



En cualquier caso, una conexión perfecta entre fondo y forma, entre significado y significante, entre doctrina y contingencia resulta un anhelo imposible. Como saben por propia experiencia el moderno dramaturgo y el escritor contemporáneo de diálogos (precursores de bestsellers adaptables al cine o televisión por un ejército disciplinado de guionistas) tras su empeño solo se esconde cobardía o mero interés pecuniario. Nadie quiere arriesgarse a exponer algún tipo de pensamiento que incomode a (atente contra el interés de) los amos, y el diálogo se presta como ningún otro género para lograr dispersar entre varios personajes (algunos incluso locos) las incómodas responsabilidades. Aristocles de Atenas, el de las anchas espaldas, fue uno de los más renombrados entre los cobardes clásicos. No seré quien censure la sabia prudencia, si además con ella, uno se garantiza los garbanzos.




Yo, que también tengo a gala ser cobarde, acostumbro a encabezar mis muchos despropósitos prestigiándolos con citas ajenas a pleine conneisansse de cause, a modo de escudo humano que me facilite el arduo trabajo de atrapar la voluble atención del disputado lector, en un medio tan plagado de entretenimientos como distractor. Como apunta mi ahijada (y también le reconozco), son sin duda lo mejor de cuanto escribo (tecleo). Sea como fuere y para que el coaching espiritual surta el mágico efecto de transformar desengaño en cuotas crecientes de vera espiritualidad, como en todo diálogo bien urdido, el sabio ha de tener siempre la última palabra.






Del Alma y sus permanentes batallas


“Circuncidad, pues vuestro corazón, dejando paso al Eterno.
No endurezcáis ya durante más tiempo vuestra cerviz.”
(Deutenonomio 10, 16)

“Caminante, no hay camino.
Se hace camino al andar.”
(Antonio Machado)





El primer exilio no es sino el de llegar a la vida. Desde el mismo instante del nacimiento, libramos una batalla permanente contra todos nuestros malos instintos[1], que nunca terminan de ser completamente derrotados. Mientras dure nuestra vida, dura la batalla.  La mayor parte de los seres humanos viven engañados creyendo que su vida transcurre entre dos planos separados de realidad: la voluntad divina y la creación de ésta.

Mientras estas “dos realidades” permanecen divididas para nosotros, imaginariamente separadas, esa es la prueba de cómo actúa en también nosotros y se nutre el mal instinto. La madurez significa aceptar que un verdadero soldado está dispuesto a entregar la vida, proyecto de regreso. Decir orgullosos: “Aquí está mi alma, tan pura como cuando me enviaste. La protegí en cada batalla de la guerra. Ese es mi mérito.”

Pobres de aquellos que, quizá sobre emocionados por el saber espiritual, se olvidan de que las lágrimas no sustituyen en modo alguno a los pasos necesarios. No es un camino posible de degustar sin recorrer. Sólo entonces puede el anciano ver desde lejos, ya que fue al moverse físicamente desde el punto de partida como adquirió su Alma (hokma) sabiduría. Sólo así pudieron los oídos escuchar por primera vez, los ojos tener la capacidad de contemplar su rostro y un (único) corazón, ya circuncidado, para saber al fin de qué iba todo esto de morir y nacer.






[1] Yetsé yarrá