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sábado, 23 de febrero de 2013

Corazón aprendiz


“Lo que está aquí, está en otra parte.
Lo que no está aquí,
no está en parte alguna.”
(Visvarâra-Tantra)
 
“No existe nombre o forma
capaz de poner coto
a la perfecta Bienaventuranza.”
(Muhammad Dara Shikoh, Risala-i-haq-numa)

 

 
 

Reducir lo espiritual a lo fisiológico (y no digamos ya a lo físico), más que un error, es una traición tan peligrosa como tratar de reducir la consciencia a los límites del encéfalo. Decía mi maestro y padrino que día si, día también, podemos tropezarnos por la calle con algún aspirante sincero a la Suprema Sabiduría que, bien quizá como mendigo o funcionario, quizá como banquero o político, académico o indignado, quedó atrapado en las trampas psíquicas de la escala. Por lo general, la gente necesita varias vidas para conseguir lo que a los mejores les lleva años y, sólo en casos muy excepcionales, meses.

 
También por lo general (aunque no siempre) las cosas se disuelven en la fuente en la cual se originan y a tal fin disolutorio obedecen. El mantenimiento ha de entenderse, pues, como un proceso meramente transitorio, en el que afincarse resulta perverso, satánico o, si se prefiere, anti natural. Ello es válido para personas, corporaciones, imperios, dioses e incluso ¿por qué no? también para universos. Tránsito real de la forma tras la consciente posibilidad.
 

Que no hay poder sin dueño, ni dueño sin poder, ¿verdad, padrino?



lunes, 4 de febrero de 2013

Calor eléctrico, frío magnético

“El miedo es como una tormenta,
deja que pase a través de ti
y no desdeñes la valiosa lección
que se oculta en los desperfectos.”
(Frank Patrick Herbert)

 

 

 
Creamos todo aquello que creemos o no. La creencia e increencia son así las claves de nuestra capacidad creadora/destructora, como sabe bien quien se gana los cotidianos garbanzos en la magistratura. El agua “obedece” así a la forma del embase. ¿Y la forma? La forma obedece al creador. ¿Y el creador? El creador obedece a la creencia. ¿Y la creencia a quién obedece a su vez? La creencia es autónoma, lo que no significa siempre “rígida”, ya que, muy al contrario, siempre (forzosamente e independiente del nombre que quiera dársele) fluye. No hay pues, pese a quién le pese, acción irreversible. El reflujo solo es el mismo fluir en sentido inverso. El orden radica en la necesidad de fluir. El sentido, mal llamado “orden”, es algo totalmente arbitrario. Quienes conocen el camino más corto, no ridiculizan los dogmas que obligan a Dios a fluir ni equiparan piel con costra, ni proceso con estado, ni experiencia con palabras. Precisamente quienes conocen.
 
 
 
 

lunes, 20 de agosto de 2012

Entresijos del campo escalar.


“No vemos aquella luz
que nos hace ver.”
(Rabí Iosef Albo)





Así como la denostada alma permea el cuerpo entero y lo sostiene, ve sin ser vista, mora sola y pura en los resquicios más íntimos (sin lugar), no come ni bebe… así, decimos, para calmar al oído, que también permea todo el universo un único campo escalar. A diferencia del alma, el campo escalar puede llegar a conmover (materializar) todo, precisamente porque, en sí mismo, es algo que posee una naturaleza totalmente inconmovible (inmaterial). Nuestra alma, en cambio, fuente misteriosa de nuestro cuerpo, aunque no se mezcla nunca con él, sí se conmueve. El campo escalar, mal que les pese a los ciegos empíricos, retiene “a voluntad” la masa y la luz.

¿Cómo consigue una fuente de masa y luz ser, sin embargo, intangible e invisible? Muy sencillo: con inteligencia. ¿Y qué es la inteligencia? Muy sencillo también: lo que no cambia, pero genera la posibilidad espacio-temporal en la que son posible los cambios. La imposibilidad adimensional que hace posible el encadenamiento interdimensional, es decir, el oculto sendero entre dimensiones, cuya indiferencia hace posible cualquier diferencia. Unidad que, sin dejar de ser una -o precisamente por el mero hecho de serlo-, consigue aparecer múltiple. Inteligentes entresijos del campo escalar. Ahora ya “sabemos” al fin de qué esta lleno el vacío, para poder ser así llenado. Lo que no sabíamos es que el “campo escalar” ya estaba inventado, sólo que con otro nombre técnico un poco más antiguo: Ein Sof.




Sinestesia metafísica

“Quién quiera lograr todos sus deseos en este mundo,
sólo tiene que comprender qué significan nombres como
Elijé, Ia, YHVH, Adonai, Él, Elahá, Elohím, Shadai y Tzebaot.”
(José Chiquitilla, Puertas de Luz)



Resulta bien divertida la posibilidad que conservan ciertas personas (ya que todos nacemos con dicha capacidad) de ver sonidos o saborear imágenes. También resulta divertido jugar a pensar que el universo puede llegar a ver, a través de nuestros ojos, oír, por nuestros oídos, palpar a través de nuestras manos o, aún mejor, ser consciente gracias a nuestra consciencia. Funciones y sentidos se intercambian en una amalgama tan fructífera como desconcertante.

Siempre me resultó inquietante el empleo de los tres verbos “divinos” en hicieron posible (y aún hoy hacen) el comienzo (bereshit) del universo del que actualmente formamos parte: Principiar, decir y ver “con bondad”. Antes que cualquier otra función se da un intención creadora, una expresión verbal de dicha intención, cerrando todo el proceso con una mirada que verifica el ajuste entre la intención creadora y lo verbalmente creado. De alguna “forma”, parece como si todo pre-existe en el modelo de esa intención, y es creado a partir de la idea (imagen previa) de dicho modelo. Lo interesante llega cuando te das cuenta que términos como “forma”, “idea”, etc. tienen también su pre-existente. Surgen de una “nada” intencional que primero habla y luego mira lo “formado” tras la palabra.

La palabra tiene un poder evocador. El nombre de la persona que amamos (que no se parece en nada –mera onda sonora o contraste visual- a dicha persona) posee un mágico lazo que nos la trae: evoca su presencia, arrastra con él nuestros actuales sentimientos hacia esa persona, e incluso otros más remotos. Todo cuanto nos podemos representar “tiene nombre” aunque este nombre no siempre está formado por sonidos o palabras. Puede tratarse de un sabor, un aroma, un sentimiento, un cromático atardecer de plenitud… o una delicada amalgama de indescriptibles matices y sensaciones que son el “nombre” de aquel momento que nos ocurrió porque asistimos como sus “benévolos” testigos. De algún curioso modo, parece que se creara para nosotros.



sábado, 14 de julio de 2012

El orgullo de Akasha


“Un elemento primordial en forma de calor,
sutil espíritu ígneo presente en todo el universo,
dotándolo de movimiento, capaz de unir y desunir al instante
todas y cada una de sus mínimas partes.”
(Hugo de Santallana, De secretis naturae)






Gracias a Empédocles de Agrigento (y al rescate de Peter Kingsley) sabemos que las cuatro raíces elementales, mezcladas por el amor, habrán de retornar así a su estado original en el reposo del Aither, el quinto elemento, por el odio. Lo lineal, retorna a lo circular. Hoy, nuestros físicos han reconocido al fin y bautizado su quantum mínimo: el tan célebre como incomprendido Bosón de Higgs. La Alquimia se exhibe impúdica en los escenarios de la ciencia oficial, como si tal cosa.



Las economías del gran mundo han unificado ingentes cantidades de recursos económicos y humanos para conseguir radiografiar su esencia. Akasha nos muestra al fin su alma, antaño esquiva y ensoberbecida, hoy, milagros de la divina misericordia, apaciguado mar de espaciosa y fecunda calma prodigiosa. Energía de Punto Cero. Potencia pura, QED. ¿Cómo explicar ahora el tsunami de ajustes y recortes? Ahí está el verdadero peligro: ¡no pueden! ¿Cómo encontrar una maniobra suficientemente distractora? ¿Una guerra termonuclear? ¿Una pandemia de Ébola? ¿Un nuevo rebrote de Al-Queda en las Olimpiadas de Londres?



Ahora queda por dilucidar si las posibilidades del Aurum potable y de la Piedra filosofal serán puestos al servicio de la entera humanidad o de los pocos de siempre. Al fin “sabemos” que toda la energía –contra lo que nos habían acostumbrado los monopolios energéticos- se crea de forma infinita. ¿Tendrán aún el valor (el morro) de seguir cobrándola (esclavizándonos). No lo creo. Akasha ha dado su brazo a torcer y nos ha mostrado el rostro. La variopinta trama ha desvelado al fin la urdimbre única. Dios no se muda. Que se preparen los idólatras oficiales. Con la máscara, también se les ha caído todo el tinglado. La verdad resplandece. Tesla –y tantos otros antes que él- ha sido vengado. Y, aunque la distraída turba ignorantes no entienda cómo, gracias a Dios, la humanidad está al fin salvada (de la ciencia y de la religión).




domingo, 8 de julio de 2012

El hombre imperfecto


“No vivimos sino en un mundo imaginario,
que transcurre dentro de Su imaginación.
Sólo el Ser que imagina imaginar es Real.”
(Abdel Karim Al-Gili)




El hombre dormido, aquel que se sueña despierto, no desea despertar en modo alguno despertar de su sueño, desdeñando aquellos umbrales oníricos que le invitan, a través del símbolo, a despertar a lo Real: el velo, el reflejo de la alberca, el permanente juego de luces y sombras tras la celosía del alma. Distintos órdenes imaginarios que se suceden unos dentro de otros y conviven en simultaneidad, ya que el tiempo no es sino transcurrencia ilusoria.

El encuentro entre lo imaginado (nosotros) y Quien imagina, únicamente tiene lugar en la posibilidad que antecede al instante. En ese encuentro, que no es sino autoconciencia, reflejo, suceden todos los universos. Todo cabe.

Dios se sabe así, Imaginador Imaginado, por primera vez, cada vez que ello ocurre. Y es en aquel entonces soñado donde aquel hombre dormido, sueña que despierta. Y se sabe al fin sueño soñado. Y todo, por vez primera, una y otra vez comienza. Perfecto. Exacto. Simbólico. Como en un sueño.



miércoles, 4 de julio de 2012

Mira quién manda


"Eso es to, eso es to, eso es todo amigos"
(Porky)


"The pleasure was mine"
(Abraham González Lara)




El relato de la depredación humana siempre lo escribió el grupo superviviente, sabedor de que una fuerza sobrehumana habría consentido tal predestinación. La máxima de que es la adaptación (supervivencia) la fuerza máxima, determina la desaparición física y de la memoria de los extintos, para dejar paso a la Historia de la Victoria, encargada de hallar el conjunto de eufemismos para dulcificar el horror a los herederos del genocidio.


Nosotros somos los descendientes de los genes supervivientes, dispuestos a volver a competir por los recursos de un territorio que se nos ha vuelto a quedar pequeño. La guerra es inevitable. Y que Dios –una vez más- reparta suerte. Los que queden vivos, ya se encargarán de inventar los matices de una historia que siempre es la misma: Fuimos el pueblo elegido para sobrevivir, en el Principio.


Herederos de los originarios depredadores supervivientes, quién esté libre de pecado, que lance el primer misil intercontinental. Comienza la cuenta atrás. Esta vez, vamos a necesitar algo más que goles. No bastará con estar del lado de Dios, para quedar a salvo.


Eso no será suficiente esta vez. Rien ne va plus…



viernes, 22 de junio de 2012

Del Alma y sus permanentes batallas


“Circuncidad, pues vuestro corazón, dejando paso al Eterno.
No endurezcáis ya durante más tiempo vuestra cerviz.”
(Deutenonomio 10, 16)

“Caminante, no hay camino.
Se hace camino al andar.”
(Antonio Machado)





El primer exilio no es sino el de llegar a la vida. Desde el mismo instante del nacimiento, libramos una batalla permanente contra todos nuestros malos instintos[1], que nunca terminan de ser completamente derrotados. Mientras dure nuestra vida, dura la batalla.  La mayor parte de los seres humanos viven engañados creyendo que su vida transcurre entre dos planos separados de realidad: la voluntad divina y la creación de ésta.

Mientras estas “dos realidades” permanecen divididas para nosotros, imaginariamente separadas, esa es la prueba de cómo actúa en también nosotros y se nutre el mal instinto. La madurez significa aceptar que un verdadero soldado está dispuesto a entregar la vida, proyecto de regreso. Decir orgullosos: “Aquí está mi alma, tan pura como cuando me enviaste. La protegí en cada batalla de la guerra. Ese es mi mérito.”

Pobres de aquellos que, quizá sobre emocionados por el saber espiritual, se olvidan de que las lágrimas no sustituyen en modo alguno a los pasos necesarios. No es un camino posible de degustar sin recorrer. Sólo entonces puede el anciano ver desde lejos, ya que fue al moverse físicamente desde el punto de partida como adquirió su Alma (hokma) sabiduría. Sólo así pudieron los oídos escuchar por primera vez, los ojos tener la capacidad de contemplar su rostro y un (único) corazón, ya circuncidado, para saber al fin de qué iba todo esto de morir y nacer.






[1] Yetsé yarrá

domingo, 10 de junio de 2012

Las llaves del Tiempo


“No hay peor horror que aquel
del que ya nadie se horroriza.”
(George Orwell, Rebelión en la granja)
 
“Mañana me pongo en marcha.
Mañana empiezo.
Y por la calle del mañana, se llega
a la plaza del nunca.”
(Antonio Machado)

“Sin más deseos e intereses que los de su indolencia,
presumen de sumergirse el los océanos del amor sin mojarse,
antes de partir ya están cansados,
incapaces de afrontar sus obras
prefirieron la ceguera a ser guiados,
la envidia les apartó de toda enseñanza.”
(Al Farabí, Camino de felicidad)





El principio de superposición cuántico, permite a un mismo átomo estar en más de un lugar a la vez. El de entrelazamiento comunica partículas infinitamente alejadas. El hecho de observar un fenómeno cuántico o no, puede modificarlo radicalmente. El universo es pues, antes que nada, memoria, conciencia, probabilidad, información.


Las gratas enseñanzas de Sócrates fueron premiadas con su ejecución. El violento Trasímaco que supo excitar o calmar las bajas ambiciones, manipulando las opiniones y pasiones que se incubaban en calles y plazas, se salió con la suya.


Determinismo e incertidumbre se solapan inextricablemente. En el guión de la información cuántica, cualquier final es posible, incluso la ausencia de final. Todo está abierto. Toma sólo lo que necesites y no te distraigas de lo esencial. No pierdas tiempo adornándote con lo pasajero del mundo. Entrega toda tu vida a tomar conciencia de la Unidad de lo real, piérdete así en su presencia y ya no habrá nada, morada o ruina, que te detenga. Pasado y futuro se abrirán ante ti. Tendrás las llaves del tiempo.



martes, 5 de junio de 2012

Asesino inmortal

"Cuatro maestros entraron en el Jardín:
Al salir, Bez Azay murió;
Ben Zomar se volvió loco;
a Ajer le cortaron la raíz.
Sólo rabí Akiba fue y volvió."
(Toseftta ki-fshutá, Hagiga 2)

"El dragón es como un rey en su trono,
la esfera como un rey que viaja por su país,
y el corazón como el rey de la guerra"
(Rabbi Aryeh Kaplan, Sépher Yetzsiráh)



Así como el espíritu vivificador resucita a la letra, la presencia en el corazón iniciado renueva de manera continua su alma, para que no tenga historia, para que se asuma a sí misma instante, en una poética del espacio y la vida, tan perpetuamente actual, que deviene irreprimible e inmenso poder transformador.

Los custodios de la axiología, paralelos al devenir del humano medio, siempre han procurado con esmero y tesón que el contenido de la verdadera experiencia iniciática no fuera divulgado.

A tal fin –preservar el secreto del sacro- elaboraron y transmitieron en círculos herméticamente sellados, una suerte de jerga que ya no significa nada. Términos como “carroza”, “palacios”, “trono” resultan inofensivos de todo punto. E incluso un tanto anacrónicos. Ahora que la monarquía está de “capa caída”, nos resultan extraño encontrarlos tras el “Erase una vez” de los mágicos cuentos de hadas. Dónde esté una buena Wii o una Xbox de última generación…



Ezequiel e Isaías son apenas carne de cita apocalíptica trasnochada. Ya nadie acude a ellos como fidedigna fuente, como antaño. Reposan plácidos en nuestra dócil wikipedia, a merced de los nuevos aspirantes Hasidim de Asquenaz. Nombres míticos como los de Abraham, Henoc, Moisés ya casi no se utilizan para designar los ocultos operativos. Hoy en día, nadie quiere prescindir del copyright de su profética visión, y figurar, aunque sólo sea un instante, a la cabeza del ranking de best sellers o superar en Google las preciadas ocho cifras de resultados.

Si todavía queda alguien sentado a la orilla del Quebar, mucho me temo que no le preocupe demasiado si fueron sus aguas precreadas o no. La magia es la que se adquiere con la entrada de los parques temáticos (y, sobre todo, la que los hace rentablemente viables) y en las salas de proyección IMAX y 3D. Bueno. Es lo que hay. Así están las cosas. Desilusionados con la realidad, habrá que contentarse con la espectacularidad del veterano sensurround de los 70 y los efectos especiales en Maya de “Light&Magic”: Aleph, para el universo; mem, para el hombre; shin para el tiempo; y una bella corona –gracias a su meticuloso orfebre- siempre verde y resplandeciente, que obedientes transportan siete maestros.


lunes, 4 de junio de 2012

Kanphots ha'arets



”La aurora sujeta la tierra desde su polos
y sacude de ella a los malvados”
(Job 38, 12)
 
“Congregará a sus elegidos dispersos,
desde los confines del orbe”
(Isaías 11, 12)






Quien  aparenta ir por libre, siempre resulta -a ojos de los demás- singular y heterodoxo, y ello pese a que dicha posición es metafísicamente imposible. Cualquier fuerza en el universo está firmemente sometida a un orden intrínseco que la hace prevalecer. Podría decirse que el cosmos visible e invisible, la materia y la energía tanto luminosa como oscura, posee un devenir propio del sometimiento musulmán.

¿Y la libertad? La libertad solo es una posibilidad a la que estamos condenados, una suerte de capacidad de giro necesario, un limitado umbral de necesidad. Nadie es libre de no serlo: ese es el fundamento de la teshubá.

Quienes –de algún modo- sintonizan con el orden que subyace bajo el aparente caos de la existencia, reciben una información supraesencial que no se deja engañar por la dinámica fluctuación de los sentidos. Tienen un acceso privilegiado no al guión, sino a cada posible fotograma de la a película, desechado o no del montaje final. Pueden llegar a anticipar el más leve modificación de cada pixel de la realidad.  Precisamente de ellos nos habla la Cábala.



¿Cómo diferenciar este estado de recepción gratuita del delirio constructivo que caracteriza la mayor parte de las “canalizaciones” actuales. Muy sencillo: su poder predictor. Aquellos sujetos que ocupan los principales quehaceres del cabalista tendrían serios problemas ante la dirección de un casino de juegos, toda vez que hicieran repetidos alardes de su don. Esos sujetos son la prueba, el anhelo largamente perseguido por los afanes de la ciencia y el complejo industrial-militar, valga la redundancia. Son el más codiciado científico perfecto. El objetivo a ordeñar o exterminar.[1] O una quizá una quimera que, por la cuenta que le trae, se niega a existir y prefiere permanecer oculta tras el mundo. Un fiel modelo a imagen y semejanza de lo real, que desea –lejos del hostigamiento y la persecución- permanecer al margen, pero en estrecho contacto con el lenguaje sagrado, la palabra divina, el verbo creador que crea y recrea el universo y cada instante, a cada instante. También ahora, ahora, ahora…

Esta idea del mundo como fractal autoconsciente no es en modo alguno nueva. La compartieron los grandes sabios de la antigüedad, aquellos que se encontraban en el secreto cálculo del mundo: la gnosis. Una vez que participas de dicho cálculo, comprendes como actúa la teúrgia divina, la verdadera Obra de Dios.

Tu vida adquiere así una perspectiva quizá de lo más interesante, o tal vez muy tediosa y aburrida. No sé. ¿Se imaginan lo que tiene que ser la cosa? ¿Se aburre Dios? Va a ser cuestión de preguntárselo a Michel de Notredame.




[1] De ellos y de su peculiar problemática se ocupó la película “Corazones en Atlántida”, basada en la novela de Stephen King (1999) y también la película “P”, basada en el guión de Darren Aronofsky y Sean Gullette, proyectada un año antes.

domingo, 22 de abril de 2012

Sólo un mago es creador

“No soy más que otra boca sucia
hablando en medio de un pueblo sucio.
(Isaías)


“Ay de aquellos que hacen de la Sabiduría
su medio de vida, su negocio.”
(Rabí Moisés el Egipcio, hijo de Maimón)




El mundo sensorial, entendiendo por éste aquel que podemos llegar a percibir por cualquiera de nuestro indeterminado número de sinsentidos, únicamente supone un 3% del total. La realidad es, en su mayor parte, metafísica.
Una gran parte de la población, la gran mayoría, está muy satisfecha de desenvolverse ajena a tales niveles de incertidumbre, bajo lo que considera el control de su propia vida desde los designios de un yo autónomo.
El camino iniciático aspira a encontrar alguna forma de acceso a toda esa realidad trascendente, tan oculta como activa, tras lograr desembarazarse, durante la iniciación, de gran parte de aquellas estrecheces perceptivas con las que el “fantasma del ego” tiene brutalmente poseido al humano medio.
Haber accedido a la atmosfera angustiosa y onírica del Templo supone haber dado un paso transformador y transfigurador hacia el escurridizo ámbito de lo real.


Ahora que estamos siendo cocinados a fuego lento como la rana del cuento, y entre recorte y recorte, estamos inmersos en una nueva guerra mundial sin casi darnos cuenta, parece oportuno proponer a quién esto lee que se distraiga de sus distracciones y encare con valentía y rigor su lugar en el mundo.
La huella del origen de la vida que parece perderse en su evolución, queda impresa no obstante en el decidido movimiento de aquella hacia la conciencia de sí, su verdadero destino.
En ese devenir el ser humano deviene mago, síntesis transmisora del impulso creador que anida en él en forma de anhelo tan intenso como indeterminado. Una sola respiración, un paso consciente basta para devolvernos al Reino, a la Tierra de la Conciencia Pura, para traernos de vuelta a casa.
Descubro así Qué soy, Quién se asoma a través de mis ojos, alienta mis emociones, enternece mi corazón y le devuelve la paz al Alma.
Nuestras cualidades o defectos sólo hablan de la mera fase circunstancial, ocultando lo esencial del proceso que cada uno de nosotros está llamado a vivir y materializar. La falta de conciencia en nada enturbia la buena marcha de las cosas. Sólo logrará alcanzar la meta del gnóscete ipsum quién esté llamado o llamada a hacerlo. Eso es lo que a ella o a él le toca. Los demás continuarán con su digno papel de bastidor o decorado.
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Si lo esencial del ser humano es la naturaleza amorosa que logra cohesionarlo, su inteligencia indagadora, su conocimiento auto reflexivo, su necesaria inclinación a lo trascendente, su dirección irreversible hacia mayores cuotas de consciencia, cualesquiera que sean las formas que adopte en su andar, parece claro que, pese a su fenotipo,  no todos están genéticamente llamados a ser humanos. A algunos les toca trancurrir y suceder en la penumbra.
La conciencia humana influye  en la composición de la realidad. Los seres humanos actuamos sobre el mundo en la medida que lo observamos. Aunque en nuestra vida cotidiana las cosas parecen existir independientes sin que pongamos nada de nuestra parte, nada ocurre como parece. Lo que no dejó de traer fuertes dolores de cabeza, acidez de estómago y notables crisis de angustia a pensadores materialistas de la talla de Albert Einstein, o Max Plank.
El hecho de que no hay realidad sin conciencia no planteó tantos problemas a físicos como Wolfgang Pauli o Neils Bohr ni a matemáticos como Hermann Weyl  con su modelo de “campo”, ni tampoco a otros como Werner Heisenberg, Erwin Schrödinger, Fritjof Capra, Gary Zukav, John Wheeler o el malogrado biólogo Rupert Sheldrake, mucho más abiertos a la posibilidad de la indestructibilidad de la Mente por el Tiempo. Tiempo que ahora que se acelera, nos hace caer en la hinosis de que todo este esfuerzo parece haber quedado atrás en el sutil holograma de lo real. Parece. Sólo parece.
Nacemos llenos de potencialidades pero frágiles y necesitados, condenados a ser forma o fondo, al amor o la resiliencia que aparecen de forma impredecible en el tapiz de la existencia. Buenos y malos se suceden y relevan, haciendo -lo mejor que saben y pueden- cada uno su trabajo. Conscientes o no de su poder creador, todos igualmente condenados a ser libres, forzados al unísono a ser –lo quieran o no- responsables.

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Traspasa así el lector un umbral capaz de devorar el tiempo y devolver a su identidad todo el abanico completo de oscuras irisaciones que pueblan nuestros sueños más secretos, espejo crucial en el que al fin podemos llegar a conocernos y reconocernos.
Nuestras tan brutalmente aterrorizadas angustia y desesperación actuales, son eficazmente disipadas en los momentos de mayor oscuridad por los fragmentos contrapuestos que contienen una clara y luminosa enseñanza de alta sabiduría. En esos momentos, no es el ser dormido quien habla, sino el que se mantiene en vela, el que está despierto se haya dentro.
Se avecina el nacimiento de un “tiempo nuevo” en el que la humanidad sufrirá las convulsiones de un parto. El sendero que conduce a la vida eterna es delgado como el filo de un cuchillo, pero puede recorrerse a condición de no mirar a otros sino de mirar dentro de uno mismo. Es quien mira a los demás, quien termina perdiendo el equilibrio y cae. La serpiente cambia de piel. Espíritu invisible que vive eternamente y, en unión con todo, todo lo hechiza.
Lo masculino y lo femenino no estarán solamente en relación de polaridad, pautas genitales y emocionales insuficientes para aproximar a ambas partes a la trascendencia como lo logra una tensión espiritual y un antagonismo reales. Como bien saben cuantos han despertado y velan, controlando el destino de la humanidad, es absolutamente necesario morir y resurgir completamente del reino del espíritu en cada orgasmo.
Ardua y fértil es la tarea del autoconocimiento. Ella es la que hace de cada uno de nosotros un verdadero mago, creadores a imagen y semejanza del Creador.
Un nuevo libro, una nueva arma de destrucción masiva mientras la censura lo consienta. Queda bien advertido quien se acerque a esta obra sin la magnanimidad suficiente de que se haya expuesto a cometer una suerte de suicidio intelectual sobre sí mismo y el confortable nido de certezas que le rodean.

 Y dado que no hay mal que por bien no valga, podrá así el lector que se aventure a digerir estas tóxicas páginas darse la ocasión de comenzar quizá una nueva vida, lejos de la realidad consuetudinaria y bien a salvo de su formidable patraña.

(Prólogo del próximo libro: Conócete a ti mismo)