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jueves, 30 de agosto de 2012

Murmullo lejano


“Y verás las montañas,
que tan firmes parecen ahora,
pasar como pasan las nubes.”
(Qurân 27, 88)

 

 

 

La aflicción y desesperación que caracterizan al hombre del nuevo milenio ha venido como consecuencia de haber disfrazado bajo el espejismo tecnológico la realidad, y haberse olvidado del truco, para confundir así disfraz con piel. Su obstinada soberbia le ha hecho perder consciencia del ardid en el que su esencia tuvo origen: la ilusión de separación que facilitaría no sólo el deseo del reencuentro sino, también, su posibilidad, en el conocimiento de sí mismo.

 

Acabamos así confundiendo lo que es con lo que nos parece, incapaces de ir más allá de la burda estadística fenomenológica y otorgamos plenos poderes a lo que no es sino vano delirio. La ilusión de la realidad no destruye la realidad, aunque sí para nosotros. Nos creemos así destructores y constructores, destruidos y construidos por nuestra falsa percepción del mundo, nuestro autoengaño, nuestra autosugestión.

 

La humanidad adolece de ser forma sin contenido, rutina vacía, automatismo vital, desvarío colectivo sin rumbo, agitación sin causa ni fin alguno, infinita sucesión de tópicos y modas que se renuevan conforme se desgastan, como las sombras. Bien mirado, en el fondo, nadie es inocente de su propio desprestigio. Así, lo que un día fue llamado ser humano, ya sólo es un zombi tecnológico tan patético como desvirtuado, ajeno incluso a su propia muerte.




miércoles, 4 de julio de 2012

Mira quién manda


"Eso es to, eso es to, eso es todo amigos"
(Porky)


"The pleasure was mine"
(Abraham González Lara)




El relato de la depredación humana siempre lo escribió el grupo superviviente, sabedor de que una fuerza sobrehumana habría consentido tal predestinación. La máxima de que es la adaptación (supervivencia) la fuerza máxima, determina la desaparición física y de la memoria de los extintos, para dejar paso a la Historia de la Victoria, encargada de hallar el conjunto de eufemismos para dulcificar el horror a los herederos del genocidio.


Nosotros somos los descendientes de los genes supervivientes, dispuestos a volver a competir por los recursos de un territorio que se nos ha vuelto a quedar pequeño. La guerra es inevitable. Y que Dios –una vez más- reparta suerte. Los que queden vivos, ya se encargarán de inventar los matices de una historia que siempre es la misma: Fuimos el pueblo elegido para sobrevivir, en el Principio.


Herederos de los originarios depredadores supervivientes, quién esté libre de pecado, que lance el primer misil intercontinental. Comienza la cuenta atrás. Esta vez, vamos a necesitar algo más que goles. No bastará con estar del lado de Dios, para quedar a salvo.


Eso no será suficiente esta vez. Rien ne va plus…



martes, 12 de junio de 2012

Flame


“Hoy en día la  política sigue siendo el arte
de generar situaciones violentas de abuso contra el pueblo
que hagan necesario el uso de los medios de la guerra.”
(Renè Girad, Clausewich en los extremos, 2010)


"El mejor modo de encubrir intervenciones estratégicas
es bajo el paraguas internacional de humanitarismo:
nada tan conmovedor como la tragedia humana.
La defensa de nuestros intereses estratégicos
frente las amenazas de terceros puede llegar a exigirnos,
aunque siempre de un modo encubierto,
el necesario deber de provocarla."
(Enrique A. Besante, Los escollos de Siria, 2012)




Vivimos tiempos de extrema violencia, mitigada por la necesaria distracción que ejercen los medios de comunicación, encargados de mostrar "la realidad" que conviene a los intereses económicos que los sostienen y respaldan, para mejor manipulación y control de la "opinión" y -sobre todo- la "insumisión" popular. El fluido social ha de ser convenientemente canalizado para que sea útil y no se desborde. A no ser que convenga lo contrario, claro.


Carl von Clausewich, estratega clásico de la confrontación moderna, sostenía que la guerra era cualquier acto de fuerza para doblegar la voluntad de nuestro adversario en prevalecimiento de la nuestra. En ella, decía, se ponen en juego tres factores esenciales:


1. El egoismo mezquino de los intereses oligárquicos que sostienen el gobierno.
2. La racionalidad militar para estimar la probabilidad de tomar las mejores decisiones que alteren a conveniencia el cálculo del equilibrio de fuerzas.
3. El odio irracional de los pueblos, que ha de ser potenciado y alimentado hasta alcanzar umbrales de violencia animal.


No hace falta grandes dotes intelectuales para saber cuál de estos tres factores es el más frágil y complicado de manejar, hasta el punto de que se vuelva contra los otros dos. Estamos ante una de esas ocasiones en que la sobre-extensión de la tragedia humana parece conveniente a los intereses de unos pocos, de ahí que resulte, de todo punto, imprescindible, necesaria. ¿Vamos a consentirlo dóciles? El egoismo alimenta el odio y lo gestiona con el cálculo. Comienza el juego. La suerte está echada.






sábado, 9 de junio de 2012

Bulabar R-30

"No sé como será la tercera guerra mundial,
pero seguro que la cuarta es con piedras y palos."
(Albert Einstein)

"1) Empatiza con tu enemigo;
2) La racionalidad no va a salvarnos;
3) Hay algo más allá de uno mismo;
4) Maximiza la eficiencia;
5) La proporcionalidad debe ser una directriz en la guerra:
6) Obtén el dato;
7) Lo que ves y lo que crees con frecuencia están errados;
8) Debes estar preparado para reexaminar tus razonamientos;
9) Para hacer el bien, puedes tener que involucrarte en el mal;
10) Nunca digas nunca;
11) No puedes cambiar la naturaleza humana."
(Robert S. McNamara, Eleven Life Lessons)




Anteayer, día 7/6/2012 se volvió a ver la estrella de Belén, no sólo en Palestina, sino también en Jordania, Líbano, Siria, Turquía, Armenia y Chipre. La RSVN hizo despliegue de dos ICBM, tipo TOPOL de nueva generación (6 ojivas de 550 kilotones). Los rusos también quieren jugar.

El presupuesto de defensa (bunkers spa resort y escudos antimisiles) y el de ofensa (misiles crucero, antenas HAARP…) está siendo recipiendario del resto de recortes (a algún sitio tiene que haber emigrado la pasta). La acidificación sanguínea  nos tiene a todos un poco revueltos, que ya no sabemos si defender la propia soberanía o violar la de nuestros semejantes. Algo habrá que hacer con los excedentes del negocio, una especie de feria del stock armamentístico o similar, que se nos pasan los tirachinas galácticos y los aceleradores de partículas de moda.

La mayor parte de los euros se nos va en captación, flujo y consumo de energía, para mantener al ralentí el motor de la insostenible civilización. La mitad de esa pasta, se va luego en la sofisticación tecnológica destinada a la defensa y ofensa. Y un 10% de esta última partida, a tapar las desvergüenzas del subdesarrollo.  Nuestra "austeridad" va in crescendo, conforme se requieran fondos para cuestiones más humanitarias. La mejor prueba de la indudable existencia de inteligencia extraterrestre es que “no” han venido todavía a visitarnos: ¡vaya si conocen el paño!





 

martes, 5 de junio de 2012

Narcosis de rebaño


“La inteligencia del egrégor
no se sitúa en la media comunitaria general
sino en la de sus más bajos integrantes.”
(Gustav Le Bon, Psicología de Masas, 1896)

“Si la razón es el punto medio…
¿entre qué dos extremos?”
(Aristóteles de Atenas, Lógica)
 
“Para mantener la frágil estabilidad social todo lo posible
en la convergencia de catástrofes de las próximas décadas,
será esencial una cuidad gestión del entertaintment.”
 (Zbigniew Brzezinsky, La Era Tecnotrónica, 1973)





Ya no quedan Miguel Ángeles preparados para deteriorar bloques de mármol, Diegos capaces de manchar así una tela, Migueles emborronando folios ni Juan Sebastianes interrumpiendo al silencio. Qué lejos están ya aquellos días en los que el ser humano se sentía creador de su destino y que las ideas, previamente trasformadas en pasión, movían el mundo y lo hacían progresar. Aquel error colectivo ya no tiene fuerza de verdad. Hoy sabemos que la ciencia –como hizo Morfeo en Matrix- nunca prometió la paz o la felicidad, sólo la verdad, la exactitud, el dato. Que las ideas envejecen más pronto que un trend topic. ¿Sabemos? ¿Qué sabemos del Narcan®?

Con las neuronas convertidas en teflón, la vida del infra ser humano actual trascurre entretenida, entre digestión y digestión, ajena a la oscura miseria que le rodea, a la corrupción generalizada y jerarquizada de los “electos” que fingen gobernarle cuando sólo le vampirizan, alimentando de continuo y estratégicamente sus sueños de filias y fobias, pero mesándose los cabellos y rasgándose las vestiduras cuando, bajando la necesaria guardia –como recién le ha ocurrido a la Casa Real y la suprema cabeza de nuestra insigne y sacra Judicatura- se le ven las descaradas mañas (y el culo, de paso). Nada tan valioso como distraer la atención del rebaño, antes de cada “operativo”.

Fascinados por el prefabricado diseño del ensueño, nuestras vidas reales transcurren -y finiquitan- en un segundo plano, ajenas al hediondo proceso de la putrefactio. Y nadie quiere verlo. ¿Quién soy yo, auto proclamado agorero vigía de las postrimerías, apologista ciego, detractor sistemático, para reprochar a nadie su búsqueda desesperanzada de una nueva dosis de su analgésico favorito, en un intento vano por periclitar el sinsentido del dolor, la nausea?

Sin tiempo ya para la liturgia de rasgar el opecarpo, bendito sea el método Gregory. La prisa nos robó el dulce éxtasis de la magia de su flor blanca, violeta o fucsia de tornasolados pétalos. No queda paciencia con que aguardar la alquimia de la pegajosa resina marrón que ofrecía a su curso el exudado blanco y lechoso de su divino latex.

Aquietado así el virus de la mente moderna, verdadero activo tóxico de nuestro siglo, prosigue lento el rito, se restablece el juicio, allí donde es la naturaleza divina quien ostenta la corona y manda. Tiránica serenidad sin nubes. Alzado el telón, se trasparenta al fin el decorado y surge prodigiosa la Conciencia. Exquisita parsimonia. Todo está bien. Conforme a lo legislado, todo en orden. No moverse. No pensar. Suspendidos en "twilight zone", mundo intermedio entre el sueño y la vigilia. Así pasan la mayor parte de los borregos la anécdota de sus miserables vidas, aguardando el sacrificio, listos para el holocausto final. Dichosas las cabras, que aún pueden tirarse al monte...



 

martes, 14 de febrero de 2012

Maestría "operativa"

“Hay una economía en la que mandan los hombres
y que alquila dinero para beneficiar a otros hombres.
Hay otra economía en la que manda el dinero
y que alquila hombres para ganar más dinero.”
(José María Aritzmendiarrieta, 1973) 

“El despliegue de nuestra potencialidad humana
se está realizando pese al Estado y pese al Capital
a los que ha pillado a contramano y sin preparar.”
(Fereidoun M. Esfandiary, Upwingers, 1973)

 “Piensa por ti mismo y cuestiona a la autoridad”
(Timothy Leary, Exo-psychology, 1977)




 ¿Cuál sería el máximo grado de realización humana? Y toda vez que lleguemos a un acuerdo consensuado en esta tan difícil cuestión ¿por qué procedimientos y mediante qué dinamismos ésta se consigue?

Todo va a depender de la elección de los ejemplos.

Pongamos, por caso, un murciano cualquiera, al que se le supone un cierto nivel intelectual, tanto en su tiempo como en el nuestro[1]: Ibn Arabí.

Cuando estudiamos la cosmovisión de este autor, nos damos cuenta de que no percibía el mundo del mismo modo que lo hacemos nosotros. Para él la realidad es un signo de Dios. Una afirmación como esa, escuchada desde nuestro esceptico 2012, sería convenientemente triturada por los adalides del pensamiento crítico actual, pero no puede ser atribuida ni a herencias del pasado, ni a dogmatismos ni a planteamientos de tipo irracional. Su testimonio nace del centro nuclear de una experiencia netamente humana. De un estado quizá especial de percepción, del que sólo cabe opinar cuando se experimenta.

¿Posee alguna utilidad real para el hombre moderno reflexionar sobre el alcance de tal afirmación? Quizá no. Hagamos pues algo inútil.

¿Qué necesidad tiene Dios de crear? ¿Para qué otorga Dios la capacidad de entender el sentido de su creación actual a ciertos sujetos? ¿Por qué Dios rehusa ser más explicito? ¿No será que no hay ninguna voluntad tras el acontecer “casual” de los acontecimientos que pueda recibir un nombre cualquiera? O cómo discurrió el optimista de Gottfried Leibniz ¿por qué hay algo en lugar de nada? ¿Tiene sentido pensar que vivimos en el mejor de los mundos? ¿Es así como le gusta a Dios que vayan las cosas? ¿Está satisfecho el Eterno de cómo administran hoy el mundo sus profetas y pastores, de cómo interpretan su voluntad y la transmiten su mensajeros? Y, en caso contrario, ¿por qué no hace nada al respecto?

Han transcurrido ya 300 años[2] desde que el bueno del Dr. Pangloss se hiciera estas y otras preguntas, que a día de hoy, nadie ha sabido aún dar cumplida respuesta y siguen, gracias a Dios, aún abiertas.



No todo el mundo piensa que la perfección humana va de la mano de la proximidad a lo divino. Prefieren, en su caso, entender tal proceso de realización como la construcción de un edificio, por la acumulación gradual de una estructura que se eleva sobre los fundamentos de una buena cimentación. Este planteamiento es el que entendemos más próximo a la cosmovisión atea del ciudadano medio actual.

La mayoría de los seres humanos que abandonan este plano de existencia, lo hacen habiendo experimentado de primera mano únicamente cuatro o cinco estados de conciencia, aunque si les preguntas creen que sólo uno de ellos es el que puede llamarse normal:

·       Vigilia apacible
·       Vigilia irritada
·       Adormecimiento
·       Sueño
      ·       Pérdida de conciencia



Son muchos menos los que, bien por sufrir algún tipo de trastorno, bien por haberse aventurado a explorar las múltiples posibilidades neuroquímicas de la ingesta o introducción de ciertos compuestos en la dinámica fisiológica de nuestro organismo, los que pueden dar un testimonio más ámplio de los estados de conciencia que se pueden llegar a experimentar. Este criterio estadístico justifica en parte el que sean considerados anormales, si es que lo estadístico puede ser aceptado como criterio de normalidad: “El tuerto es el rey, en el país de los discapacitados visuales…”



Nadie diría, a simple vista, al examinar de forma aseptica nuestro desarrollo embrionario, que un cigoto pueda llegar a dar lugar a algo tan complejo como la cognición humana de la realidad. Algunos autores han llegado a afirmar que poseemos tres cerebros, en lugar de uno:

·       Cerebro reptiliano: ligado a la discriminación del potencial hostil/gratificatorio de cada estímulo, ligado a la defensa de la territorialidad.

·       Cerebro mamífero: ligado al etiquetamiento más coloridamente emocional de la experiencia.

·       Cerebro procesador: ligado a procesos implicados en la elaboración de la información, comparación, almacenamiento y recuperación.

Cada uno de ellos forma parte necesaria de la completa estructura del cerebro humano, pero entendemos que es el último el que sería más característico y distintivo de nuestra especie. Sin la alerta reptiliana y nuestros sentimientos mamíferos, no seríamos 100% humanos, sino sólo robots. Pero sin el cerebro procesador, ¿sería correcto decir que hemos superado la animalidad? Más difícil todavía ¿sólo tenemos tres cerebros?

Debemos a Howard Gadner[3] la constatación de que nuestro complejo órgano “tricerebrado”, puede llegar a desplegar hasta ocho modalidades de inteligencia resolutiva de problemas en ámbitos específicos tan diferenciados como el lingüístico, lógico-matemático, espacial, musical, corporal-cinestésico, intra-personal, inter-personal y naturalista.

Una de dos, o Howard Gadner no se atreve a hacer de Dios un problema o, al igual que Ibn Arabí, entiende que estos ocho ámbitos de lo humano son signos de Dios. También puede darse el caso de que el padre de las múltiples inteligencias considere que creer en un concepto vacío de contenido denota una gran falta de inteligencia. O tal vez piense que, por irracional, la dimensión espiritual de la experiencia humana no requiere de ella más que para descartarla.

Sea como fuere, nos encontramos al término de esta obra, en el capítulo ocho, repasando así mismo las ocho inteligencias de Gadner. ¿Quién habría de extrañarse de que diéramos un nuevo giro al ocho?



El primero en dar importancia al ocho, fuera de nuestro ámbito cultural –o eso creemos- pero dentro del ámbito de esa experiencia humana que hemos dado en considerar excelsa o realizada, al comienzo de esta última reflexión capitular fue el hijo de un rey. Hace la friolera de 25 siglos, esto es, unos 2500 años.

Su nombre ha llegado a nuestros días como fiel exponente del ser humano que ha alcanzado su máxima expresión, no a fuerza de estudiar modelos o aprender teorías, no mediante títulos u honores, no por haber pertenecido a una organización de reconocido prestigio, sino poniendo la experiencia propia como verdad irrefutable por encima de todo y ambicionando conocer hasta dónde puede llegar a desarrollar su plenitud un hombre de carne y hueso, que él llegó a alcanzar, gracias a su perseverancia y esfuerzo, a la edad de 35 años: Siddharta Gautama.

No pretendemos hacer aquí un análisis exhaustivo de su testimonio, que hoy es enseñanza para los que se reconocen sus seguidores, inmersos en los albores este siglo oscuro. No tenemos esa capacidad.

Solo nos atreveremos a cotejar las etapas de maestría operativa que en buena síntesis hoy conocemos con la denominación de “Octuple sendero[4], cometiendo la travesura intelectual de asociarlas, de un modo tan absurdo como arbitrario con la síntesis de Patañjali[5], el Evangelio de San Juan[6], la demografía humana[7] y nuestro particular diccionario delirante.

Allá vamos.

Descripción de Natanael. 1, 47
         Visión o comprensión correcta
         Prototipo de la normalidad “humana”

 Convertir agua en vino. 2, 7-8
           Pensamiento, determinación o intención correcta
           Yama – No dependencia de la marea social – C4c

 Curación de un hijo de un oficial real. 4, 50
            Hablar correcto
            Niyama – Autocontrol – C4b

 Curación de un paralítico. 5, 8
            Actuar correcto
            Asana -Postura inmóvil – Calma la ansiedad física – C1

 Caminar sobre las aguas. 6, 19
            Atención Presente o Consciencia del momento correcta
            Pranayama – Respiración - Aquietar y suavizar las emociones      (aguas) – C2

 Curación de un ciego de nacimiento. 9, 6-7
            Esfuerzo correcto prevenir y erradicar lo malo, promover y cultivar lo bueno
            Dharana / mantra – Concentración en un sonido o imagen – C3

 Muerte y despertar de Lázaro. 11, 35-43
            Concentración, absorción o Meditación correcta
            Dhyana – Incubatio – Conciencia No dual (Marta y María)

 Multiplicacion de panes y peces. 6, 11
            Medio de vida correcto
             Samadhi – Vida comunitaria – Agape eucarístico
             Prototipo de la sociedad futura: Una tierra nueva por que ha reencontrado la conexión perdida con el Cielo.




Vivimos en un planeta dominado a partes iguales por el miedo territorial y la culpabilidad emocional, aunque nos guste presumir luego de seres racionales. Cada día mueren en el mundo miles de personas asesinadas por personas estúpidas que actúan solas o en grupo, por razones estúpidas y en todos los ámbitos, incluido el político y el científico, que habrían de dar ejemplo justo de lo contrario.

La estupidez humana gobierna el mundo desde hace cientos de siglos. Si sumáramos esfuerzos y recursos, el mundo y la sociedad actual sería muy distinto del cocktail de intereses, ideologías, fanatismos, censura, violencia, terror que asolan nuestras calles.

Aunque sean muchos los que ahora se benefician oportunísticamente de su existencia (servicios de inteligencia, publicistas, tiranos, líderes de masas…) serán muchos más los que se beneficiarán de su total erradicación. He aquí los resultados de nuestras muy concienzudas investigaciones demográficas. A los que les guste el márketing o tengan interés en rentabilizar sus inversiones, escojan con discernimiento su nicho de mercado:



GRUPO 1. Más del 50% de la humanidad, 3.500 millones de personas, transcurren su existencia humana entre C1 y C2. Son capaces de intercambiar señales y manejar artefactos, pero todavía operan desde la posesividad y la territorialidad.

GRUPO 2. Un 20% han tenido oportunidad de desarrollar su C3 pero pasan gran parte de su tiempo preocupados por las reacciones imprevisibles del Grupo 1 y por una sociedad dominada por valores absurdos, inmorales y peligrosos. 1.400 millones de personas. Catastrofistas.

GRUPO 3. Un 20% ha dado el salto hacia la humanidad y trata de infundir “buen rollo” en el resto sin llamar mucho la atención, sin darse a notar y tratando de mantenerse al margen. Otros 1.400 millones de adeptos a la Galaxia New Age y sus múltiples ramas planetarias. C3 “espiritualizado”. Adventistas del Cristo Extraterrestre.

GRUPO 4. Un 5% de personas que han decidido tomarse en serio su paso por esta vida y descubrir su verdadero sentido dentro de ella. 350 millones de seres humanos, que son la esperanza de nuestro planeta. C4 embrionario.

GRUPO 5. Un círculo al que Gurdjieff denominaba el círculo consciente de la humanidad, formado por sólo un 3% del género humano. Mujeres y hombres que alcanzan a ver donde otros sólo encuentran niebla. 210 millones de ciudadanos, la mayor parte, integrando los oficiales de los ejércitos del planeta. C4 compañeril.



GRUPO 6.  El 2% restante, 140 millones, trabajan como “maestros”, coordinando entre bambalinas el grueso de las maniobras. Y podemos estar tranquilos, porque hablamos de seres verdaderamente iluminados. C4 inchado y ahuecado.

GRUPO 7. Ya no queda nadie más. ¡Que Dios nos coja confesados! ¿Alguna sugerencia?

 
 


[1] Creemos que el mejor estudio pormenorizado de su vida, obra y pensamiento fue el realizado por Claude Addas, En busca del azufre rojo, Ed. Reg. de Murcia (1996)
[2] Esta obra comenzó a ser tecleada en el domicilio familiar del autor el 5 de febrero de 2012, aunque se incorporan algunos capítulos redactados con anterioridad.
[3] Inteligencias Múltiples, Paidós, 1988
[4] Siglo IV a. C.
[5] Siglo III a. C.
[6] Siglo I d. C.
[7] Que como todos los demógrafos modernos conocen, debemos a esfuerzo de Ibn Jaldún (1332-1406). Ver pág. ¡88!