Mostrando entradas con la etiqueta egoísmo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta egoísmo. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de febrero de 2013

Simpática ascesis

"La calidad de la obra resulta proporcional
a la calidad (intrínseca y colaborativa)
de los obreros intervinientes."
(Aristóteles, Política)

"La excelencia (virtud) no es tanto 
fruto de un acto
como de un hábito."
(Aristóteles, Política)




Independientemente de su virulencia y cuantía, las manifestaciones populares que reivindican intereses particulares y prebendas sectoriales, sólo sirven al mejor reforzamiento y consolidación del actual sistema opresivo que, a tal fin, las controla, tolera (y en secreto promueve). Cualquier propuesta soberanista o emancipadora (auto-liberadora) que pretenda expresarse en público, sin ser inmediatamente desacreditada o ridiculizada, debe sustentarse en un sólido (aristotélico) entramado argumental, si pretende socavar el dogma actual del egocentrismo que promueve (impone) la autoridad del capital sobre el Estado.

La auto-liberación ha de establecerse así primero en lo intelectual (volitivo, ético y estético), en cuanto ascesis (esfuerzo), pero, sobre todo en lo convivencial (praxis de lo anterior), en cuanto a servicio desinteresado, esto es, interesado en el bien común: soberanía grupal (cáritas).





Lo que siempre ha permitido al sistema (injusto de dominación) prescindir de lo obsoleto (ideas, formas, instituciones, personas...) e incorporar aquello nuevo que le sea menester, para continuar mimetizándose conforme al signo de los tiempos y perpetuarse bajo el disfraz de un renovado (revolucionario, innovador, tecnológico) aggiornamento ha sido la gran calidad de los altos funcionarios que discretamente se agazapan en la sombra, trazando agendas y argumentarios con los que entontecer y apaciguar a la infantilizada plebe.

No resulta posible acabar con el enemigo sino mimetizándose en su propio terreno. La virtud heroica requiere de un intenso y prologado combate interior, donde la verdad que somos se defiende en tanto y cuanto se oculta bajo una máscara profana. Cualquier combate exterior (por pacífico y cívico que sea) es útil a la causa que se combate. La historia oficial y esotérica desborda en propedéuticos ejemplos que no conviene recordar, "hn to pan"...




martes, 2 de octubre de 2012

Dócil impostura

“Si no hay actos en la tierra,
no los escribirá el Eterno desde arriba.”
(Yamil Al-Mansur Haddad)
 
“Sin más, el Eterno anula o confirma
a Voluntad lo que quiere.”
(Qurân 13, 39)

 

 
Más allá de nuestras ínfulas, pretensiones y ridiculeces, la existencia simplemente ocurre. Nos ocurre. La disolución de la materia, su irrevocable muerte, sólo anuncia la enésima de sus transformaciones. Este devenir es utilizado como excusa para justificar la propia inmoralidad, la arrogancia y el fatalismo, ante tal ausencia de libertad. Sin embargo el ser humano no puede desligarse de su condición de constructor de su propio destino. Simplemente ocurre. Su acción representa su modo de estar en el mundo. Esconde así una voluntad más grande que su propia voluntad. ¿Cómo encontrarla, aquí y ahora?

 

Eliminar la hipocresía y el disimulo de forma completa, actuar con sinceridad y sin miedo a la verdad, no es algo que todos deseen llevar a cabo. Presos de las trampas del yo, atrapados en la auto indulgencia, en el calor de las propias concesiones, en los múltiples recovecos del irredento egoísmo, dejamos que nuestras vidas se malogren. Es nuestro actuar un activo dejar de actuar. Así tienen que ser las cosas. Así son, porque así tienen que ser. Hasta el hipócrita, sin saberlo, actúa de acuerdo con la realidad y la verdad. A un mismo tiempo, resulta posible esforzarse en aceptar y transformar lo real.
 
 
 
 

sábado, 29 de septiembre de 2012

Rumbo al horizonte

“Ofrecimos el compromiso de la razón y la volición
a los cielos, a la tierra y a las montañas:
pero rehusaron cargar con él por temor.
El hombre, en cambio, lo aceptó,
siempre propenso a ser sumamente malvado,
sumamente necio.”
(Qurân 33,72)
 
“Yo creo que los que callan, lo hacen por
el destacado papel que desempeñan junto al Sultán.
Lo mismo que los alfaquíes universitarios a sueldo
saben que, si hablaran libremente, sería así cesados.”
(Abû Sara a su maestro al-Balqini)
 
 
 
El límite del umbral diferencia dos ámbitos, al separarlos. Al mismo tiempo es el responsable de disolverla en su transparencia, mostrando así lo que no es sino una única realidad. Quizá por eso río y mar gozan de salazones distintas, siendo una misma agua.
 
La humana inmortalidad no pertenece al aspirante a ser humano por derecho propio, mero postulante cándido que habrá de ganársela mediante el concurso acertado de los propios pensamientos y acciones (palabra y gesto).
 
Al alma fortificada (aquella que ya no necesita la exigua protección un ego espacio-temporal que termina siendo cárcel) se le otorgará así la experiencia de la Unidad que está más allá de la muerte. Rumbo al horizonte, gozará su nihil obstat. Resucitar es disolver, no traspasar, el umbral. Joan Manuel Serrat, sabio maestro, se hizo eco de su “dificultad”.
 
 
 
 

viernes, 21 de septiembre de 2012

Comida magistral en el vegetariano


“Curiosa escalera esta,
en la que nadie sube peldaño
hasta que sitúa (ayuda ascender) a alguien
al mismo del que se partió.”
(Nasruddin)

 

 

 

Desde Juan el Sirio, célebre anacoreta al que interminables consultas de sus seguidores y discípulos no le consintieron vivir en plenitud su vocación de soledad, no resulta nada infrecuente identificar todo el itinerario espiritual por el que atraviesa un ser humano con una escalera, término que en griego se escribe curiosamente klimax. Quizá no existe una oposición más exigente e involuntaria que la que tiene por tribunal al Eterno, ni peor retribuida que la de la eternidad. No es de extrañar la exigua afluencia de candidatos y aspirantes a tan ingrata plaza: la de ser humano.

 

Ser humano parece un asunto fácil, y hasta automático. Nada más alejado de la cruda realidad. La gran mayoría de los aspirante a serlo, mueren –morimos- en el intento, somos tan sólo una posibilidad malograda: algo que pudo haber sido, y no fue. Aquello que prefirió la cómoda certeza de la iniquidad frente a la ardua promesa de nobleza que -la verdadera, la que en modo alguno se otorga por un mero nacimiento en el sitio adecuado- aún se ha de conquistar.
 
 
 
 
 
Parece como si lo humano, lejos de ser cromosómico, fuera así meramente epigenético, esto es, opcional. Y cada vez son menos los que, conformes con su mediocre situación, optan a completarse en lo humano y asumen la necesidad de ausentarse de lo creado en la contemplación de la Verdad de su origen y regresar así a lo fenoménico desde la perspectiva que se adquiere en el Principio mismo. Consideran así que no merece la pena el esfuerzo ni el trabajo personal para recoger al final del camino la quimera de tan incierto fruto. Bendita nos parece, por cómoda, la ausencia de altura, el horizonte asegurado que garantizan las mieles de la abyecta innobleza, amargas pero asequibles, en el anhelo de lo superfluo.
 
 
 
Ignorantes vocacionales como somos, preferimos, a ojos cerrados, el inmediato pan de la vergüenza a tener que esperar los dones que se obtienen del esfuerzo de labrar nuestra generosa tierra. Animados a conformarse con ser animales, incapaces de elevarse siquiera un paso, no vaya a ser que en ese fatídico gesto el Eterno descienda corriendo a nuestro encuentro y se nos complique la cosa.
 
 
Deja, deja. Mejor quedarse así, como estamos, de maestros consumados. Que nosotros ya "cumplimos". Quien venga detrás, que arreé...



jueves, 6 de septiembre de 2012

Yihad y botín cuántico


“Pese a lo que muchos creen,
es la conciencia escalar “quién” crea la materia
y la reduce a cuántos, y no a la inversa.”
(Amit Goswami)
 
“Por sí misma, la liberación espiritual
es completamente insuficiente.”
(Jonathan Talat Phillips)

 



 

Los seres humanos actuales, degradados como están en la confianza tecnológica, se encuentran atrapados entre la perversa herencia de un pasado manipulado y la clara incertidumbre de un futuro que no lo espera ser menos. De alguna forma, que algunos entienden lógica, ha abandonado las mieles de su frugal libertad por una absurda y ensoberbecida dependencia tecnológica que se auto refuerza: ha caído en una sutil y poderosa trampa, sólo que él la llama  “su evolución”. A su manera, progresa de modo adecuado. Se siente orgulloso de haber elegido “no elegir” y abandonarse dócil al signo inequívoco de los tiempos.
 
Este “estado de cosas” es patrocinado y enaltecido por una brutal cohorte de agentes políticos e ideológicos encargados de un cometido neo-sacerdotal: reforzar la inercia institucional e industrial de degeneración del factor humano hacia su total extinción. Las artificiales leyes de la selección “natural” dirán si la conciencia, base radical de la libertad humana, merecía ese destino o no. La elección que le cabe a cada “proyecto genómico de ser post-humano” será la de mantener "activo" el engrama de genes -aún- responsable de promover un cierto grado de conciencia sobre lo que sucede o, cómo no, abandonarse a una pronta (y cómoda, por tecnológica) extinción.  
 
En una suerte de absoluta y neutral justicia, todos y cada uno de nosotros y nosotras tendrá “su merecido”, que es la expresión que el ignorante pseudo-hombre moderno utiliza para referirse al hado, esto es, a su suerte. Bien mirado, no parece, después de todo, que estemos tan “abandonados”. Aquellos que se dobleguen a la ficción del ethos, caerán presas de su prestigio. Aquellos que prefieran la urdida armazón del logos, serán víctimas de su pragmatismo. Los más idiotas serán aquellos seducidos por la sensiblería incólume del pathos, enamorados del “chulo” tecnológico, cautivos de las fauces de Sobek.  Así están las cosas. Y es que la ceguera de Maat no precisa ver, para no “verse” obligada al amaño de mentir. Dichoso destino el de las diosas y dioses, tan distraídos en repartirse “el botín” con sus ficticios dilemas lógicos y entretenidos en el insulso fragor de sus teocráticas y aburridas guerras... entre la madre “espacio” y el padre “tiempo”.
 
 
 
 
 
 
 
 

jueves, 30 de agosto de 2012

Murmullo lejano


“Y verás las montañas,
que tan firmes parecen ahora,
pasar como pasan las nubes.”
(Qurân 27, 88)

 

 

 

La aflicción y desesperación que caracterizan al hombre del nuevo milenio ha venido como consecuencia de haber disfrazado bajo el espejismo tecnológico la realidad, y haberse olvidado del truco, para confundir así disfraz con piel. Su obstinada soberbia le ha hecho perder consciencia del ardid en el que su esencia tuvo origen: la ilusión de separación que facilitaría no sólo el deseo del reencuentro sino, también, su posibilidad, en el conocimiento de sí mismo.

 

Acabamos así confundiendo lo que es con lo que nos parece, incapaces de ir más allá de la burda estadística fenomenológica y otorgamos plenos poderes a lo que no es sino vano delirio. La ilusión de la realidad no destruye la realidad, aunque sí para nosotros. Nos creemos así destructores y constructores, destruidos y construidos por nuestra falsa percepción del mundo, nuestro autoengaño, nuestra autosugestión.

 

La humanidad adolece de ser forma sin contenido, rutina vacía, automatismo vital, desvarío colectivo sin rumbo, agitación sin causa ni fin alguno, infinita sucesión de tópicos y modas que se renuevan conforme se desgastan, como las sombras. Bien mirado, en el fondo, nadie es inocente de su propio desprestigio. Así, lo que un día fue llamado ser humano, ya sólo es un zombi tecnológico tan patético como desvirtuado, ajeno incluso a su propia muerte.




viernes, 24 de agosto de 2012

Hazlo sagrado


“El vuelo del ave, la sombra del árbol,
el lento brotar de la montaña,
alaban a su Creador.”
(Qurân)
 
"Sólo una correcta y perseverante ejercitación consciente
asentada sobre el verdadero conocimiento, logra cristalizar en Sabiduría.
El resto, raudo, se derrocha por el retrete del Alma."
(Tao Te-Ching)
 
 
 


 

Cualquier acto, por pequeño o insignificante que sea, inclusive el propio silencio, inclusive la propia inmovilidad, cuando aquel es realizado de una forma consciente, se convierte en gesto. Adquiere así un carácter atento, armónico, resonante, atronador, trascendente, ritual, pleno de “significado”, presente y conforme al orden cósmico, valga la redundancia.

 

Purificados por el agua del mikvé, wudú o baño lustral, se despierta en nosotros el recuerdo de nuestra verdadera naturaleza. Postrados desde el recogimiento mineral, vegetando sedentes, erguidos desde la alerta reptiliana, perseverantemente itinerantes atravesando el ciclo sacro de la senda mamífera, parlantes desde la invocación y la plegaria humanas, ígneos y alados cual el fénix que atraviesa el either de lo intangible, recreamos la plenitud sagrada del dinamismo orgánico, sin interferencias severas del ni vigílico ni onírico complejo cognoscitivo.

 
 
 

Acción desde la plena consciencia no mental en la fértil inmovilidad del cuerpo, que despierta el alma y la deja trabajar en nosotros. Torbellino espacio-temporal, apaciguado en la ubicua calma del instante que a cada instante se reconoce –se recuerda, se convierte en, se hace así- sagrado. Lejos de resultar disgregadora, la acción ritual adquiere así una función nuclear, centrípeta, desveladora de la centralidad substancial del alma. En la adoración, en la alabanza, en el recuerdo, regresamos al Ser: y, así, al fin somos por primera vez, esto es, In Principio.

 

El gesto real hace mucho más por desplegar el sutil y portentoso entramado de nuestra conciencia que los cientos de miles de millones de automatismos cotidianos, entre los que se incluyen –por qué no- el ser masón, presidente de gobierno, sumo pontífice o vegetariano. Nada sirve (tú no sirves) si no lo haces sagrado. Distracción es extravío. Atenta. Atento. Si tú estás allí, no hay atención que valga. Nadie asiste al rito. Carente de sujeto es la acción ritual. Estar "presente" es así estar ausente.



jueves, 28 de junio de 2012

Vasija ingrata


“Permanece a la puerta si anhelas la belleza.
Abandona el sueño, si quieres entrar.”
(Rumi, Masnawi)





Si alguna vez pudiera hablar con algún ser dotado de inteligencia (lenguaje) de otra cultura o sistema planetario, luego de poner en marcha mi agudo sentido de la oportunidad para identificar el momento apropiado, tacto y sutileza para exponer temas más delicados, saber escuchar y ser pacientes, avanzar en terreno común, tener una actitud abierta al cambio y la habilidad para enfrentarse a nuevos retos, me bastaría con saber la respuesta a estas cinco preguntas, para encontrar el modo de convivir con él, ella o ello.


1.- ¿Cómo entiendes la naturaleza de la voluntad que creó el universo?
2.- ¿Cómo reconocéis entre vosotros a los sabios?
3.- ¿Cómo reconocéis entre vosotros a los justos?
4.- ¿Cómo reconocéis entre vosotros a los valientes?
5.- ¿Cómo reconocéis entre vosotros a los creadores de belleza?
 

De su explicación, decidiría la conveniencia de mostrar desnuda mi Alma o si era más oportuno hacerla permanecer en un segundo discreto plano. Lo que sí sé es que una conversación así requeriría de mucho más que un café. Mi curiosidad innata me llevaría luego a continuar averiguando cómo disciernen calidades de seres, espacios y tiempos. Pero esa es otra historia. Ahora estoy tan ocupado con sobrevivir, que no me queda tiempo ni para preocuparme, no ya del dolor y el extravío de la entera humanidad, ni siquiera de qué equipo va a ganar la European Cup. Tengo prisa y el sentido de la vida bien puede esperar.




viernes, 22 de junio de 2012

Quid pro quo


“La bebida mitiga la sed,
la comida calma el hambre,
pero no existe oro suficiente
con que aplacar la avaricia.”
(Plutarco)

“Es la necesidad de muchos
lo que mueve la insaciable codicia
de unos pocos.”
(Eduardo Galeano)





Todo el mundo teme aquello que desconoce. Por eso, quienes adquieren poder sin legitimidad para ello, lo que más temen no son los riesgos que podrían correr los valientes por amor a la libertad, ni el ejemplo de los justos que podría arrastrar a las masas en su contra, sino la virtud de los sabios, que les recuerda lo que son, aunque no saben cómo.
La virtud recuerda a los tiranos de medio pelo, incluso a esos macro tiranos que ahora llamamos “mercados” por su capacidad para “comprar deuda” de países y continentes, por “interés” (la dichosa prima de riesgo) que compensa psicológicamente al prestamista de no recuperar nunca su “tesssoooro”, les recuerda digo, de dónde obtuvieron su “capacidad inversora previa” y el alto precio que tuvieron que pagar, ya que tuvo que salir fiduciaria su Alma.

Día tras día, operación tras operación, negocio tras negocio, tratan de borrar la huella de “su primer golpe”, el día que traspasaron la barrera inhumana y no pudieron ya regresar. El sabio les recuerda “su deuda” y actúa como incómodo testigo de un pasado que, al ser revisitado, incomoda sus “fastos inversores” y les resta algún brillo. Pocos griegos saben que el Euro, antes de ser monetario logo fue una letra mágica de su prodigioso alfabeto. Estas cosas siempre se van olvidando, con "el paso" del tiempo.





Todos sabemos que para adquirir una compra a menor precio del nominalmente previsto, resulta pero que muy conveniente desprestigiar el servicio que se espera disfrutar o el bien mueble o inmueble que se busca adquirir, en el turbio casino de la oferta u la demanda. Si no, que se lo digan al “huésped” que lleva suficientes milenios a sus “curiosas bajas espaldas” tratando de desprestigiar y minusvalorar, hasta la saciedad, la importancia de aquello con lo que trafica y es su vital sustento: el Alma humana.

Ha tenido tanto éxito en su intensa campaña de desprestigio, que las actuales generaciones ya la regalan, pues ni siquiera creen que algo así exista. Al ser formados en su mayoría en escuelas laicas, saben por los grandes divulgadores de la ciencia de vanguardia, que si, tras el ominoso pacto, aún conservas el cerebro en su sitio, no has perdido nada de importancia. Los de escuelas aún religiosas, necesitan mejores ofertas. Al ser mucho más astutos, piensan: ¡nadie da “algo” por nada! Mi padre (q.e.p.d) sostenía con convicción aquella máxima popular que afirma que "para follar, con putas; para beber, borrachos". No se debe escatimar nunca la calidad de los buenos profesionales.


Como sostenía Homero, por boca de dos ancianos asomados a la muralla, "una mujer como esa (Helena de Troya) bien vale una guerra." Y añadió raudo Goethe por boca de su Fausto: "Y un buen pacto, un buen pacto". Cosas del quid pro quo y la deuda soberana. ¿Qué sabe la prima de riesgo de "ofensas" y padresnuestros? A ella solo le "interesan" los pactos, las deudas... No nos dejes caer en la tentación, et libera nos ab malo. AMEN.




miércoles, 20 de junio de 2012

A coger el "trébole"...

"Durante su peculiar periplo terrestre,
el destino superior del Alma es Conocer:
descubrir en sí la inmortal llama
de la Esencia Divina."
(Pitágoras de Samos) 






Sólo los necios, quizá por miedo a perder su espejismo de control o tal vez por simple y llana pereza, confinan el Alma a los límites espacio-temporales, renegándose a aceptar tantas evidencias contrarias, por entender que toda “señal” que no esté bajo su total dominio (esto es, amañada) atenta directa o indirectamente contra sus intereses particulares o, lo que es peor, alimenta de alguna manera los del contrario. ¿Cómo si no cabe interpretarse la irreverente micción de un perro?

Siendo foráneo a Esparta, no te fíes ni un pelo de los espartanos, ni aún si se diera el caso (sobre todo si se diera) de que te recomendasen que desconfíes de ellos. Estos griegos, hasta cuando descansan del vicio de conspirar contra Persia, es que algo traman. A ver si se les ha pasado por la cabeza hacer caso al inquieto de Ulises, maestro de los mil ardides, y van a introducir un gusano-troyano en los ordenadores del Nagual. ¡Tendría gracia la “llama”!

En tiempos de irremediable recortes como los que sobrevivimos, a fuer de lograr al menos por una vez un “sin-cero balance”, no compensa ni sale a cuenta el malgastar nuestra valiosa segunda atención, que ha de estar centrada en más jugosas y rentables “mesas financieras”. Y, no digamos, la tercera, ahora que se aprestan a proliferar los fuegos de don Juan.

No te rindas, ni te apartes a un lado, por difícil que se te ponga el camino que te eligió. El viento en contra viene cargado de ceniza, para avivar así la llama indestructible de tu corazón: ¡Mira cómo arde!



martes, 12 de junio de 2012

Flame


“Hoy en día la  política sigue siendo el arte
de generar situaciones violentas de abuso contra el pueblo
que hagan necesario el uso de los medios de la guerra.”
(Renè Girad, Clausewich en los extremos, 2010)


"El mejor modo de encubrir intervenciones estratégicas
es bajo el paraguas internacional de humanitarismo:
nada tan conmovedor como la tragedia humana.
La defensa de nuestros intereses estratégicos
frente las amenazas de terceros puede llegar a exigirnos,
aunque siempre de un modo encubierto,
el necesario deber de provocarla."
(Enrique A. Besante, Los escollos de Siria, 2012)




Vivimos tiempos de extrema violencia, mitigada por la necesaria distracción que ejercen los medios de comunicación, encargados de mostrar "la realidad" que conviene a los intereses económicos que los sostienen y respaldan, para mejor manipulación y control de la "opinión" y -sobre todo- la "insumisión" popular. El fluido social ha de ser convenientemente canalizado para que sea útil y no se desborde. A no ser que convenga lo contrario, claro.


Carl von Clausewich, estratega clásico de la confrontación moderna, sostenía que la guerra era cualquier acto de fuerza para doblegar la voluntad de nuestro adversario en prevalecimiento de la nuestra. En ella, decía, se ponen en juego tres factores esenciales:


1. El egoismo mezquino de los intereses oligárquicos que sostienen el gobierno.
2. La racionalidad militar para estimar la probabilidad de tomar las mejores decisiones que alteren a conveniencia el cálculo del equilibrio de fuerzas.
3. El odio irracional de los pueblos, que ha de ser potenciado y alimentado hasta alcanzar umbrales de violencia animal.


No hace falta grandes dotes intelectuales para saber cuál de estos tres factores es el más frágil y complicado de manejar, hasta el punto de que se vuelva contra los otros dos. Estamos ante una de esas ocasiones en que la sobre-extensión de la tragedia humana parece conveniente a los intereses de unos pocos, de ahí que resulte, de todo punto, imprescindible, necesaria. ¿Vamos a consentirlo dóciles? El egoismo alimenta el odio y lo gestiona con el cálculo. Comienza el juego. La suerte está echada.






martes, 22 de mayo de 2012

Eco despreciada

"La humanidad se extingue
en todos aquellos que guardan silencio
ante la tiranía"
(Éxodo 14, 13)


"Y cuando todo esto suceda,
erguíos y levantad la cabeza:
se acerca el Reino."
(Lucas 21, 28)






Cuando Hades secuestró a Perséfone en la pradera de Nisia, según nos cuenta la tradición, lo hizo utilizando un señuelo más que inapropiado, pero muy eficaz: la hermosa, aunque maloliente, flor del Narciso. Se aprecia así, cómo lo fingidamente semejante atrae con fuerza a lo semejante, como demuestra la ciencia del camuflaje.   

Desde que el egocéntrico Sigmund Freud cuestionara la adecuación a la normalidad del vulgar amor propio[1], ha llovido mucho. Sin duda ese debía ser un rasgo de personalidad que llamaba su atención en la medida en que el padre del psicoanálisis[2] se proyectaba en él, y, ejerciendo la noble tarea de fiscal-terapeuta, (¿Quién vigila a quien vigila al policía?), le cargaba el muerto sus clientes-pacientes.[3]

Conlleva implícito un proceso recursivo: se ama al que se ama a sí mismo. En otras palabras, Narciso no cayó en la trampa de enamorarse de su reflejo en el agua, sino del amor que vio reflejado en el espejo de sus ojos.





El concepto ha sido contaminado por la aristotélica noción de virtud, que entiende ésta como moderación entre excesos. El engaño reside en que quién decide los extremos lo hace bajo un criterio parcial, esto es, aquel que se establece en torno a ciertos intereses propios.

Una vez más, parece cierto el aserto de “quién hace la ley, hace la trampa”, o aquel otro que de igual manera sostiene que “quien parte y reparte, lleva la mejor parte”. Y no digamos, aquel otro de “el primero, capador”. La desconfianza paranoide de que hace gala del refranero popular, resulta proverbial.

Pongamos un ejemplo práctico: ¿Qué crees que iba a ocurrir si otorgamos a una persona muy envidiosa la responsabilidad de evaluar las habilidades de alguien? ¿Coincidiría su calificación con la misma que podría hacer de sí misma la persona interesada? ¿Quién puede juzgar a quién?

En el caso de que nuestro supuesto envidioso evaluador sentenciara: “el sujeto sobreestima sus habilidades y tiene una excesiva necesidad de admiración y afirmación”, ¿cómo podríamos estar seguros de que dicha sentencia está menos movida por su envidia que por su “juicio de objetividad”?



El dilema es irresoluble. Hace mucho tiempo que tomé clara consciencia de que el mejor modo de manipular a alguien consistía en ser el primero en decirle en tono suave pero firme y, lo más importante, ¡en público! la siguiente fórmula mágica: “Mira que eres manipulador”.

Si tenemos en cuenta el diagnóstico oficial, lo que único que separa a la persona narcisista de la psicopática es su carácter neurótico: Narciso sufre cuando los demás no atienden su agudo egoísmo, aunque, al igual que el psicópata, también dé sobradas muestras del desinterés que siente hacia las necesidades y sentimiento ajenos. Al menos el psicópata finge ser encantador con el prójimo, lo que le otorga una mejor consideración social inicial. No tiene la misma suerte, en cambio, la persona narcisista, en una sociedad en los libros de autoayuda han conseguido estafar al imaginario colectivo, consiguiendo que la “moderada autoestima” esté sobrevalorada.

En los agitados tiempos que corren, ¿cuánto narcisismo podría ser considerado como lícito o saludable?

Los antiguos tenían términos muy ricos en significado que no son contemplados desde la etiqueta oficial.[4] Así encontramos términos tan variados como soberbia, vanagloria, altivez, chulería, arrogancia, presunción, orgullo, vanidad, egoísmo, egocentrismo, dominación, beneficio, interés, derecho al abuso…, por lo que se refiere a la banda latina. Grecia, por su parte también nos obsequia con otros, quizá algo menos conocidos, al menos fuera de aquellos ámbitos que consideramos especializados: hybris/némesys, élite…

La sociedad de consumo, que sabe más psicología que muchos especialistas, nos refuerza centrífugos con eslóganes centrípetos: “lo que tú necesitas” (compra). La religión nos reclama antes centrípetos, para condicionar mejor de este modo el desenvolvimiento más benévolo de nuestra centrífuga ética: “ama a tu enemigo” (examina tu conciencia). Por eso la mónada simboliza de un modo certero el continuo vaivén en el que ha de transcurrir la dinámica de nuestra vida.



El devenir de los tiempos ha ido intencionalmente encaminado a potenciar nuestro individualismo hasta niveles que hace unas décadas hubieran escandalizado a nuestros padres. Desde las más variopintas áreas de investigación se ha recomendado a los gestores la necesidad de aislar al sujeto, no en orden a fomentar su autonomía, sino su dependencia y, con ello, su total sometimiento y docilidad.

Comenzaron suscitando la desconfianza por el grupo comunitario, luego el objetivo a batir fue la familia y por último, la pareja a sucumbido al embate. Ansioso, desasistido, solitario, el individuo busca compensar a toda costa su angustia vital y la pérdida de cualquier clase de lazo afectivos consumiendo. Aceptará las condiciones degradadoras más extremas, incluso la esclavitud laboral, con tal de tener acceso al consumo: Tanto tienes, tanto vales. El mercado no necesita ya seres humanos, en cuanto estos no supongan, de forma directa o indirecta, flujo económico. Hoy sólo hacen falta los clientes.

Cualquier umbral de narcisismo es admisible, en la medida en que te lo puedas costear. De lo contrario más vale que te  busques un terapeuta o psiquiatra que no sea muy caro. Nadie estará dispuesto a aguantar tu egoísmo gratis. Malos tiempos para la lírica.

Mandan los mercados. Proporciónate una apariencia adecuada, disfraza tu olor nauseabundo con un aroma de moda, construye tu autoestima a golpe de Visa. Eres el Narciso que estamos buscando. “¿Quería alguna cosa más? Tenemos en promoción…”




Podríamos seguir nuestra enumeración hablando, por ejemplo, de colectivos narcisistas, que exhiben sin pudor su orgullo, países narcisistas que sienten natural su derecho a colonizar a otros “inferiores”, especies narcisistas que confunden el término medioambiental con “a la medida de mis necesidades”, religiones que, en su narcisismo se sienten “elegidas” por el mismo Dios, razas narcisistas, etc., etc.

La postmodernidad tiene muy a gala el ser narcisista y proclama enardecida el “todo vale” en la medida en que rinda culto al “YO”. La hamartia de Narciso supone una salutífera y necesaria catarsis en el corazón de los más dóciles espectadores del mito. La lucidez, en cambio, habrá de conformarse con extinguirse poco a poco, en los abismos de la general sordera de los tiempos, casi imperceptible, condenada a la inútil reverberación del eco.  

Preguntado Tiresias sobre la esperanza de vida del fruto de la violación de Liriope por Céfiro, aquel ciego clarividente sentenció la clave del asunto: “Sí, siempre y cuando nunca se conozca a sí mismo”. Pocas veces se ha dejado algo de suma importancia tan claro: el módico precio del autoconocimiento es la propia muerte. ¿Te animas?




Extracto de nuestro libro: Cónócete. (Próxima aparición)





[1] Introducción al narcisismo (1914), WW 14,2, Amorrortu
[2] Técnica psicoterapéutica que basa parcialmente en la clásica incubatio, aunque su autor no reconoció esta deuda ni con el mundo clásico ni con la cábala. Iba de “inventor”.
[3] Un párrafo tan hostil ¿podría llegar a ser considerado Edipo profesional? Nunca se sabe.
[4] NPD, DSM IV