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jueves, 16 de julio de 2015

Adivina, adivinanza...



"Gusta el verano de rodearse de cuentos, de misteriosas historias a la luz del sagrado fuego, entreveradas de la magia de la música suave, el arrullo de unas olas que tornan, el placer de los cuerpos desnudos prestos al dulzor de su acople imprevisto, el indecible anhelo de felicidad, la melancolía de una noche que se sabe más efímera, el tiempo que en vano se aferra a la nocturna brisa estival, la memoria de un sol que se aproxima de nuevo a su otoñal morir, sembrando nuestra senda de un manto amarillo que se apresura a borrar nuestro rastro, sin dejar huella.

Nada malo cabe esperar del sueño insomne de una estival noche de luna nueva…"

 ¿O quizá sí?


¿Quieres descubrir el enigma gratis?


sábado, 29 de junio de 2013

Pardesh

“No odiéis ni deseéis nada:
éste no es vuestro mundo, extranjeros.”
(Basilides)




La brutal maniobra distractora que asedia por doquier el corazón humano con un sinfín de aterradores miedos y la promesa de los más variopintos placeres, no ha sido capaz empero de lograr acallar, allende milenios y siglos, el estremecimiento metafísico que, de cuando en cuando, sacude misteriosa e ineludiblemente el alma de ciertos seres humanos. Allí donde y cuando el Espíritu sopla, caprichoso, nada ni nadie puede acallar su llamada, poderosa fuerza dinamizadora de aquello que es, por encima del afán de tronos, potestades y dominaciones, esencialmente humano: la fascinación de la carne y la sangre por lo sagrado.


Espíritu, siempre tan libre y liberador que, gracias a Dios, se resiste y resistirá a ser monopolizado por ninguna de las cientos de miles de religiones curiales u obediencias pasadas, presentes y aquellas otras que aún nos están por sobrevenir. Experiencia transhumana plena y gratuita que, venciendo cualquier tipo de abusos, cercos, límites, métodos, esquemas, banderas, barreras, leyes y fronteras neo-inquisitoriales, aún nos refina, cualifica y hermana en el más puro conocimiento de la verdad. Pese a quien pese (dioses), caiga quien caiga (tronos, torres y autoengaños), eterno paráclito y creador, ven (si quieres, claro) e infunde en nuestra alma permanente virtud.




lunes, 20 de agosto de 2012

Entresijos del campo escalar.


“No vemos aquella luz
que nos hace ver.”
(Rabí Iosef Albo)





Así como la denostada alma permea el cuerpo entero y lo sostiene, ve sin ser vista, mora sola y pura en los resquicios más íntimos (sin lugar), no come ni bebe… así, decimos, para calmar al oído, que también permea todo el universo un único campo escalar. A diferencia del alma, el campo escalar puede llegar a conmover (materializar) todo, precisamente porque, en sí mismo, es algo que posee una naturaleza totalmente inconmovible (inmaterial). Nuestra alma, en cambio, fuente misteriosa de nuestro cuerpo, aunque no se mezcla nunca con él, sí se conmueve. El campo escalar, mal que les pese a los ciegos empíricos, retiene “a voluntad” la masa y la luz.

¿Cómo consigue una fuente de masa y luz ser, sin embargo, intangible e invisible? Muy sencillo: con inteligencia. ¿Y qué es la inteligencia? Muy sencillo también: lo que no cambia, pero genera la posibilidad espacio-temporal en la que son posible los cambios. La imposibilidad adimensional que hace posible el encadenamiento interdimensional, es decir, el oculto sendero entre dimensiones, cuya indiferencia hace posible cualquier diferencia. Unidad que, sin dejar de ser una -o precisamente por el mero hecho de serlo-, consigue aparecer múltiple. Inteligentes entresijos del campo escalar. Ahora ya “sabemos” al fin de qué esta lleno el vacío, para poder ser así llenado. Lo que no sabíamos es que el “campo escalar” ya estaba inventado, sólo que con otro nombre técnico un poco más antiguo: Ein Sof.




martes, 5 de junio de 2012

La septima "jotarnot"

"Quizá no te de tiempo a ver el resultado.
Quizá esté más allá de lo que ahora eres capaz.
Lo que importa es la acción:
haz lo que debes."
(Mohandas Karamchard Gandhi)

"Hace días que no sé cuántos días hace.
Hace días que me digo... mañana
y espero."
(Joan Manuel Serrat, Helena)




A la mayor parte de los arquitectos de este mundo les desagrada que los forasteros entren, como Pedro, por su casa, sin pedir permiso. Así establecen numerosos cercos de seguridad, a distintos niveles. No cabe atribuir a la paranoia tal actitud de desconfianza. Antes bien, parece legítimo dicho deseo de preservar, junto con la del habitáculo, su intimidad.
El uso de Internet y de cajeros automáticos nos tiene bien acostumbrados al uso de claves y contraseñas. La criptografía actual es una disciplina emergente, no sólo al alcance de los servicios de inteligencia estatales o transnacionales. La seguridad nos parece a todos un asunto de lo más prioritario.



Como bien nos recuerda el Cantar de los Cantares, la inefable experiencia de entrar en los aposentos de palacio es un asunto reservado para pocas y, no digamos, pocos. Con lo fácil que resulta confundir el mármol con el agua, lo más probable es que muchos aventurados viajeros terminen su odisea con el culo al aire o, lo que no se sabe si es peor, consumidos por el purificador fuego.

Sin desdeñar la innegable utilidad de nombres, himnos, lemas, pases, contraseñas, passwords, keywods, logins, llaves, ganzúas, sigilos, consignas, marcas, oraciones, jaculatorias, sellos, salvoconductos, licencias, patentes, combinaciones y permutaciones imposibles, y demás santos y señas, la pureza de corazón es la clave maestra que otorga el valor necesario para afrontar con total éxito todas las pruebas, incluida la laberíntica escitala espartana de Ulam. Los demás habrán de contentarse con el resplandor del Rostro (Sar ha-anim), allí donde no valen tanques, misiles crucero ni palancas. Sólo quien regresó indemne y en paz lo sabe: "¡Ábrete, sésamo!"





miércoles, 16 de mayo de 2012

Alma, conócete a ti misma

"Si se debe, se puede"
(Celestino)


"Detrás de cualquier forma de violencia
está el Mal"
(Malcom X)





La vida correcta de cualquier ser humano puede resumirse en dos fases sencillas pero fundamentales. Descubre quién eres (propósito) y haz lo que debes (virtud). Cada una de ellas compromete un tiempo variable para cada trayecto vital, incluso puede llevarte más de una vida la primera de ellas, e incluso agotarlas todas sin haber descubierto tu esencia. En ese caso, como ocurrió tantas vidas anteriores a la tuya y ocurrirá a las que todavía quedar por atravesar el trámite de lo existencial, puede decirse que has vivido en vano.

Alquien puede llegar a pensar que la expresión "conócete a tí mismo", "conócete a ti misma" resulta reduntante. Hubierta bastado quizá un simple "conócete", ahorrándonos además los problemas relativos al género. Nada más equivocado. La clave de la expresión precísamente está en el "a tí mismo" o en el "a tí misma", indicando la responsabilidad ineludible de asumir el propio porceso de conocimiento. El conocerse no es algo que se pueda delegar en ningún otro ser humano (amante, gurú, psicoterapeuta, coaching espiritual), no es algo que pueda ser resuelto mediante un libro (sagrado, de autoayuda, diario personal) o buceando en Internet, ni nada que pueda ser adquirido previo pago en el abarrotado mercado espiritual. Mala suerte.




Es un trabajo que sólo tú puedes hacer. No es delegable, ni transferible, ni subcontratable. Como acertadamente señala el Génesis, texto original donde los haya, el pan del autoconocimiento sólo se alcanza con el sudor de la "propia" frente. Hasta que no tengas certeza de quién eres realmente, no tendrás la más mínima idea de qué "demonios" pintas aquí. La mentira de vida que has fabricado en torno a ti puede ser todo lo coherente que quieras, pero estará vacía. En el mejor de los casos la vida que otros te han consentido llevar, pero no tienes ninguna garantía, por placentera que sea, de que es aquella que a ti más te corresponde.

Bienvenido a la asignatura más importante de tu currículum vitae: tú. Pocos temas a los que dediques suficiente estudio y reflexión rendirán mayores créditos que éste. Además, si apruebas tu propio exámen con honestidad, sin hacer trampas (autoengaño) tendrás asegurado el mejor trabajo que uno puede desempeñar en su vida: cumplir con "su deber", el único dignamente retribuido y no sometido a "reformas salariales": la felicidad. Tienes ante ti el desafío más elevado que le cabe alcanzar a un ser humano. Algunos pueden pensar que se trata de otra cosa, cuando descubran -quizá desilusionados- que se trata de un verdadero -el más alto- ejercicio espiritual. ¿Por dónde empezar?