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sábado, 17 de agosto de 2013

¿Enemigos del Islam?

“Escondidos tras los ecos de palabras vacías,
no sucumbáis a la fuerza de la costumbre.
Sed lámparas encendidas con aceite real.”
(Yekutiel ben Isaac)





Someterse a la verdad no significa confundir esta verdad con ninguna de la formas en las que dicha verdad se expresa y no digamos ya con ninguna de las interpretaciones que, de tales formas, pueda haber sido realizada en el pasado, en el presente ni en el futuro. Allí donde lo real se revela diverso, la rigidez y el monolitismo significan alejamiento. Es la diversidad una perenne invitación al encuentro desde la fraterna irrealidad que somos, desde nuestro reconocimiento como evanescentes reflejos, destellos que no se aferran ni tratan de permanecer en la mágica iridiscencia del aquella superficie espejada que les otorga pasajera forma.


Someterse a una verdad inasible es renunciar a dejar huella, llamar a todas las criaturas a despertar una conciencia de precaria vacuidad. Un despertar que involucra la simultaneidad de todos, de todo en el desvanecimiento ante lo real. Inútiles aquellas palabras que encienden el recuerdo de la ausencia, que impregnadas de su perfume, no hacen sino volver mucho más denso el innecesario velo. ¿Qué necesidad tiene de protección lo real? ¿Quién cree posible protegerse de lo real? ¿Quién se cree con derecho a acallar con palabras su silenciosa voz? ¿Quién se interpone? ¿Qué puede ser más necesario? ¿Quién osará negar que esto fue escrito y leído? ¿Quién recordará haberse distraído, haber olvidado, una vez más, someterse a lo real?



miércoles, 14 de agosto de 2013

Amoroso sufrir

"Amor es hijo de Poros y Penia."
(Aristocles de Atenas)

“A través de la expresión emocional del arte,
en la sed del anhelo experimentamos
la gratificadora catarsis.”
(Aristóteles de Atenas)





A través del amor a la herida, secretamos un antídoto reparador que nos sana. Restringir la conciencia del dolor nos anestesia pero también nos robotiza. En necesario ampliar la mirada, aunque duela, y hacer de nuestro dolor perla, sin miedo. Piensa siempre en proporcionar al otro aquello que desearías que el otro pensara para ti. La benevolencia logrará transformar tu ordinario sufrir en una forma de sufrir extraordinaria.

Tras tomar un vaso de agua, justo antes de adentrarse en el periodo de sueño, explicamos con gran detalle en dónde nos encontramos y adónde es que pretendemos llegar, e incluso algo mejor, siempre para bien de todas las partes implicadas, en un estado pleno de benevolencia, para así erradicar aquellas interferencias parásitas de nuestra intuición y recibir así, condensada tras la cuarentena, la información seminal del mejor potencial posible.





martes, 11 de junio de 2013

¿Qué sabes de ti?

"Conócete a ti mismo."
(Delfos)

"Quise mostrar (reflejarme como espejo) mi tesoro escondido."
(Basora)




El mundo es sólo la sombra (proyección), una actualización posible del Eterno. Todo aquello que nos resistimos a reconocer en el espejo de nuestra conciencia, lo proyectamos en el espejo del mundo: Visita interiorem terrae, rectificando (12 trabajos) invenies ocultam lapidam, vera salutem. El camino heroico es aquel que conduce a cada ser humano a vencer sus propias sombras, reconociéndolas, rectificando y así trasmutándolas, aquel en el que se va produciendo esa codiciada alquimia interior que inunda paulatinamente su alma de resplandeciente luz.

Para que lo cultivado humano sea elevado a lo divino, se requiere un permanente “hacer sagrado”, siempre reconociendo y rectificando, en virtud de una alquimia interior progresiva y transmutatoria, todo aquello que nos aleja de lo celeste (inteligencias planetarias interpuestas) iluminando aquellas instancias que aún no reconocemos como propias. La Obra redunda así de un continuo esfuerzo de autoconocimiento, espejos que reflejan -en orden decreciente- y recrean –en orden ascendente- otros espejos saturnales, joviales, marciales, solares, venusinos, mercuriales, lunares y, finalmente, terrestres, allí donde la tierra no es sino reflejo consecutivo (resultante) de los sucesivos cielos.


Cada nuevo grado de conocimiento es tal únicamente por que, al reflexionar cada vez más y más profundamente, nos eleva, limpiando así nuestra conciencia (que se expande). Es así como se proyecta fuera el oro, allí donde –disipadas las tinieblas interiores y desenmascarados los seductores carismas- en la intimidad más intima se descubre escondido (oculto). El espejo “reconoce” Lo que (antes sólo) refleja. Leer y releer incansables los pormenores de la sombra, hasta descifrar, más allá de la pericia del sabio, la indiferenciada niebla primigenia. Del granado que florece en septiembre, pocos frutos resisten en sus ramas en diciembre.



sábado, 15 de septiembre de 2012

Espejo olvidado

“Nuestro ser más íntimo aspira elevarse a lo universal,
obtener la gracia espiritual de la iluminación interior,
actuar así bajo su encantamiento.”
(Rene Guenon, Apreciaciones sobre la iniciación )

“...perch’io la veggio nel verace speglio
che fa di sé pareglio all’altre cose,
e nulla face lui di sé pareglio.”
(Durante, Paraíso XXVI, 106)

 

 


 

El ser humano contemporáneo rehúsa quedarse a solas, ya que tiene la incómoda certeza de que en ese estado de total aislamiento, está de todas las formas posibles ¡menos sólo!. Busca así, de manera compulsiva, lograr huir de la sobrecogedora presencia que presiente en soledad, buscando en vano refugio en el mundo efímero y evanescente de las apariencias, distraído, entretenido, disperso, extraviado, en olvido. Dando la espalda –como si fuera siquiera posible- a lo Eterno. Tememos el retiro que propicia el necesario encuentro más que a la muerte. Nada nos aterra más que la certeza de sabernos -a solas y oscuras- luminoso y concurrido espejo.
 
 
Un acceso –quizá accidental- al ámbito supra-racional de las ideas no-cautivas genera ya una huella indeleble de anhelo espiritual que ya nunca –por más que se intente- seremos capaces de olvidar. Quién saborea así tal grado de libertad está irremediablemente perdido, aprisionado en el psiquismo convencional. Descubre en la razón la más ensoberbecida forma de la locura. Su conciencia ordinaria se ha convulsionado, como la tierra por el rayo, por el irrefrenable estertor de quien acaricia siquiera la arquetípica piel del símbolo.
 
 
Nada vuelve a ser lo que era. O, mejor aún, todo comienza a cobrar su ser por primera vez, en la medida en que por vez primera se imagina sin impurezas ni herrumbre. El corazón envenado por las aguas del Leteo, deja dócil actuar el antídoto que le devuelve la mirada y, con ella, el recuerdo. ¿Qué importa que –debidamente pulido- permanezca escondido el espejo? El reflejo limpio devuelve fiel –ego, corazón y espíritu- cada cosa a su sitio. La luz a su origen. No se queda con nada. Quién ve lo reflejado, permanece ajeno al espejo.
 
 
Y Dios es el espejo en el que nos sabemos espejos. Encuentro.