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martes, 8 de octubre de 2013

Disfraz


“El ser humano sólo es dueño de sí mismo
en la medida en que ya no se pertenece.”
(Moisés de León)
 
“Sólo podemos encontrar palabras para verter aquello
que ya está muerto en nuestros corazones.”
(Harold Bloom)

 

 
 
Quiere el diseño de la civilización que los más se distraigan dedicando sus esfuerzos a aliviar sus sufrimientos y evitar el dolor, mientras los menos se procuran placer, generándolos. Para ello es necesario mantener el desprestigio más absoluto sobre las vías de conocimiento y acceso directo a la fuente de este poder, y conseguir así ocultarlas a la curiosidad del grueso desfavorecido. Astrología, Geometría, Numerología y Música son las ciencias sagradas que, debidamente utilizadas, consiguen canalizar tan desigual reparto de fuerzas, solve inferius et coagula superius, impidiendo así materializar cualquier esfuerzo de crear un acceso profano “desde abajo”, Torre de Babel truncada por el rayo, que consiga abrir las puertas del Templo, establezca y una, de forma mucho más equitativa, el umbral común entre ambos mundos.
 

Son tan escasos los descubrimientos que terminan por ser significativas e indelebles certezas que uno siempre duda de si compensa el notable esfuerzo de escrutinio vital realizado entre azarosos libros, relaciones y vivencias. Son preciosas aquellas ocasiones en que encontramos aquellas palabras dirigidas especialmente a nosotros, en el momento particular vital que nos toque atravesar, que nos confrontan, nos retan y nos conmueven el alma. Y no digamos ya toparse con un corazón gemelo o una súbita inspiración crucial, de modo imprevisto e insospechado. Cuando eso sucede, no solemos hablar de ello, y cubrimos los límites de esa región íntima mediante un cerco sagrado de elocuente silencio. ¿Para qué rebuscar palabras, molestarse en fingir, simular, engañar y ocultar… cuando es suficiente con callarse? ¿Por qué conformarse con agrietados crisoles, con atanores alquilados y alquímicos sucedáneos? ¿Cómo salirse del cerco distractor trazado y seguir aún con vida? Tras el mejor disfraz.
 


viernes, 6 de septiembre de 2013

Aflicción de Espíritu


“Aquello que fue, ya es;
y lo que ha de ser, fue ya;
restaura el Eterno lo transcurrido.”
(Eclesiastés 3,15)
 
“Quien añade ciencia, añade dolor.”
(Eclesiastés 1,18b)
 

 

En vano se afanan los distraídos. Alegrémonos. Empleemos la cuota de vida asignada en hacer el bien. Comamos, bebamos y gocemos del deber cumplido, toda vez que descubramos en el corazón, todo a su tiempo, el inconfundible sabor de la eternidad.


sábado, 17 de agosto de 2013

¿Enemigos del Islam?

“Escondidos tras los ecos de palabras vacías,
no sucumbáis a la fuerza de la costumbre.
Sed lámparas encendidas con aceite real.”
(Yekutiel ben Isaac)





Someterse a la verdad no significa confundir esta verdad con ninguna de la formas en las que dicha verdad se expresa y no digamos ya con ninguna de las interpretaciones que, de tales formas, pueda haber sido realizada en el pasado, en el presente ni en el futuro. Allí donde lo real se revela diverso, la rigidez y el monolitismo significan alejamiento. Es la diversidad una perenne invitación al encuentro desde la fraterna irrealidad que somos, desde nuestro reconocimiento como evanescentes reflejos, destellos que no se aferran ni tratan de permanecer en la mágica iridiscencia del aquella superficie espejada que les otorga pasajera forma.


Someterse a una verdad inasible es renunciar a dejar huella, llamar a todas las criaturas a despertar una conciencia de precaria vacuidad. Un despertar que involucra la simultaneidad de todos, de todo en el desvanecimiento ante lo real. Inútiles aquellas palabras que encienden el recuerdo de la ausencia, que impregnadas de su perfume, no hacen sino volver mucho más denso el innecesario velo. ¿Qué necesidad tiene de protección lo real? ¿Quién cree posible protegerse de lo real? ¿Quién se cree con derecho a acallar con palabras su silenciosa voz? ¿Quién se interpone? ¿Qué puede ser más necesario? ¿Quién osará negar que esto fue escrito y leído? ¿Quién recordará haberse distraído, haber olvidado, una vez más, someterse a lo real?



jueves, 4 de julio de 2013

Consejo nocturno

“Inebriabuntur ab ubertate domus tuae
et torrente voluptatis tuae potabis eos.”
(Salmo XXXVI, 8)

“Porus cosillii filuis est.”
(Platón, Simposio 203b)





Sabemos por Orfeo que el Eterno buscó consejo en la Noche acerca de cómo habría de ser su creación. Ignoramos dónde y de quién obtuvo Orfeo esta información, e incluso quién habría de ser aún la fuente de la propia fuente. Estos datos permanecen ocultos y escondidos, como corresponden a los consejos y deliberaciones, necesitados por lo general del mayor secreto. Quizá debemos de atribuir a su falta de formación clásica, el imperdonable desliz de Snowden. No así este, que ahora discurre pertinentemente distractor bajo tus sedientos entretenidos ojos, conforme al nuevo orden secular que diseña hasta el menor matiz imaginable de estos agitados tiempos.



viernes, 31 de mayo de 2013

Necio temor

“Feliz quien comprende
la causa de todas las cosas.”
(Virgilio)

“No progresa sino quien regresa y comprende.”
(Durante Alighieri, Vita Nuova)




Quienes, llevados por un deseo de beneficiar a la humanidad o por simple infatuación, depositaron toda su fe en la ciencia moderna y sintieron como ésta vaciaba su anhelo de verdad, no debieran renunciar del todo a ella, sino resituarla, en su justa medida, dentro de las limitaciones pueriles de cualquier lenguaje. La ciencia tradicional, que nunca osó desdeñar la realidad autónoma de lo psíquico ni tampoco la fuerza transformadora del símbolo, reaparece ahora como una metodología superior por su carácter integrador, ya que se sabe una ciencia que surge y se reconoce en el alma. Nada más absurdo que partir de la hipótesis –hoy dogma casi inamovible- de que pueda llegar a darse un esfuerzo por conocer “incontaminado” por lo psíquico.

La ciencia moderna se encuentra hipnotizada en el espejismo tecnológico, incapaz de afrontar la sombra del saber tradicional, su contrasentido. La buena noticia radica sólo en la realidad del hecho relatado: “El Reino se encuentra verdaderamente dentro.” Quizá sea por eso que resulte un gran despropósito aspirar a una búsqueda solitaria, allí donde nunca estaremos más y mejor acompañados, lo que en modo alguno significa que todo el proceso resulte fácil ni agradable.



martes, 21 de mayo de 2013

Símbolos del instinto


“Para lograr suplantar aquel Dios,
creado a nuestra inflada imagen y semejanza,
hubimos previamente de matarlo en nosotros.”
(Carl Gustav Jung)




En estos tiempos, en los que aceleración y enajenación tecnológica van a la par, resulta muy complicado asumir de manera consciente que el mal que presumimos objetivo -cuando en realidad es proyectado- en los demás, radica en el fondo arcaico e ignoto de nuestra propia alma. Son muy pocos los que se atreven a descender al oscuro ámbito de su fondo primitivo, asumir las propias tinieblas y vivir el temor primordial, con la exigua esperanza de alcanzar siquiera una tenue y promisoria luz.

Nuestra alma parece constituida por una delicada urdimbre de fuerzas y potencias lo suficientemente poderosas, y tan peligrosas o útiles para ser tenidas en respetuosa consideración, lo suficientemente grandes, bellas y razonables para contemplarlas y amarlas. Quien renuncia a enfrentar su propia responsabilidad y desoye su propia voz interior, resuelve ser así disuelto y arrastrado en el magma impersonal y doctrinal del egrégor colectivo.

Lo social entonces sólo podrá ser así sanado mediante una radical acción terapéutica sobre nosotros mismos. No somos meros pacientes de la época. El monstruo se gesta, eón tras eón, desde cada uno de nosotros. Cabe luego al poder político y mediático lo de transformar la inconsciencia del propio mal en devastadora epidemia. No vemos fuera sino la proyección de cuando gestamos dentro. Nuestra inconsciencia fue y sigue siendo la raíz que nutre y da forma al mal.



domingo, 23 de diciembre de 2012

No sabéis cuánto


“Goza del día misericordioso,
reflexiona en el adverso.
El Eterno opuso ambos, uno a otro,
para que nada se encontrara tras Él”
(Eclesiastés 7, 14)
 
“El ciego deambula
satisfecho de cuanto en su provecho hace.”
(Qurân 27, 4)

 

 
 
A los que sellaron su corazón a la verdad, prefiriendo lo superfluo a lo necesario. A cuantos, aferrados al cuerpo que habrían de abandonar, tiraron la toalla ante la mínima incomodidad. A los que olvidaron recordar y recordaron olvidar. A aquellos que se esclavizaron a llevar las riendas en lugar de liberarse de ellas, y a los que se ataron a los impulsos y a los sentidos. A todos los turistas de GPS, tan interesados en la cantidad como aburridos en la calidad. A los modernos ridículamente disfrazados de postmodernos y tan a la moda. Os amo a la antigua, no sabéis cuánto. Feliz buena noche y navideño amanecer.
 
 
 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Atrezo y tramoya espiritual


“¡Me encanta volver al pasado!.
Siempre es más tranquilo que al actual presente
y, sobre todo, mucho más seguro que el futuro.”
(Max Ophuls, La Ronda)

 

 

Apostar por una vida soñada no debe desasirnos de la que parece real, sobre todo cuando confundimos el Paraíso con hacer la voluntad del egregórico ego al que hemos dado vida. Ahora vivimos tiempos de añoranza de la vida frívola y despreocupada que dejamos atrás, con tal de evitar enfrentarnos a los rigores que sembramos desde la tozudez de resistirnos a cambiar y fluir con el cambio, a fluir con y desde lo real.

 
Decir adiós a lo más superfluo, a lo innecesario. Desprendernos del atrezo y la tramoya. Ser. Aunque no sepamos dónde estamos, dónde vamos ni mucho menos quiénes somos. La obra ya termina. El incierto desenlace enlazará con el instante cierto del que ahora partimos, ya sin ni siquiera movernos. Mantener el suspense, garantiza los aplausos. Parece ser.

 
Pequeña conciencia ensimismada en lo tuyo, insensata, ¿hasta cuándo vas a mantener tu órdago a la gran conciencia? Métete en papel de Dios, si quieres. Trata de ser convincente, de hacerlo muy bien, pero –por lo que más quieras (y aquí no hay peros que valgan)- no te lo creas. Que no valen señas ante el espejo. ¿Cuál es tu juego? ¿A qué demonios juegas?