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miércoles, 2 de octubre de 2013

Love under Will


“Gobierna oculta en cada uno de nosotros
una particular estrella anhelando reunirse.
En toda intención cabe así un mágico actuar.”
(Aleister Crowley, Liber Legis)

 


 
Pese a tratarse de campos semánticos infinitamente gastados y devastados hasta la extenuación, ni se debe confundir Voluntad con deseo ni tampoco Amor con sentimiento. Dos que voluntariamente se reúnen mediante el Amor, mueren en cuanto a dualidad separada, desaparecen así como dividualidades que son superadas en un destructor término unificador. Hay en este anhelo autolítico un algo de locura y sinrazón, al menos desde la egoica mirada convencional, que siempre busca preservarse, caiga quien caiga. Conocer la Voluntad, significa actuar desde el Amor con total prontitud y desapego. Sólo quien simula amar, alberga aun alguna duda. ¿Escogiste ya tu estrella? ¿Y a qué esperas entonces para liberarte?
 
 
 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Aflicción de Espíritu


“Aquello que fue, ya es;
y lo que ha de ser, fue ya;
restaura el Eterno lo transcurrido.”
(Eclesiastés 3,15)
 
“Quien añade ciencia, añade dolor.”
(Eclesiastés 1,18b)
 

 

En vano se afanan los distraídos. Alegrémonos. Empleemos la cuota de vida asignada en hacer el bien. Comamos, bebamos y gocemos del deber cumplido, toda vez que descubramos en el corazón, todo a su tiempo, el inconfundible sabor de la eternidad.


sábado, 17 de agosto de 2013

¿Enemigos del Islam?

“Escondidos tras los ecos de palabras vacías,
no sucumbáis a la fuerza de la costumbre.
Sed lámparas encendidas con aceite real.”
(Yekutiel ben Isaac)





Someterse a la verdad no significa confundir esta verdad con ninguna de la formas en las que dicha verdad se expresa y no digamos ya con ninguna de las interpretaciones que, de tales formas, pueda haber sido realizada en el pasado, en el presente ni en el futuro. Allí donde lo real se revela diverso, la rigidez y el monolitismo significan alejamiento. Es la diversidad una perenne invitación al encuentro desde la fraterna irrealidad que somos, desde nuestro reconocimiento como evanescentes reflejos, destellos que no se aferran ni tratan de permanecer en la mágica iridiscencia del aquella superficie espejada que les otorga pasajera forma.


Someterse a una verdad inasible es renunciar a dejar huella, llamar a todas las criaturas a despertar una conciencia de precaria vacuidad. Un despertar que involucra la simultaneidad de todos, de todo en el desvanecimiento ante lo real. Inútiles aquellas palabras que encienden el recuerdo de la ausencia, que impregnadas de su perfume, no hacen sino volver mucho más denso el innecesario velo. ¿Qué necesidad tiene de protección lo real? ¿Quién cree posible protegerse de lo real? ¿Quién se cree con derecho a acallar con palabras su silenciosa voz? ¿Quién se interpone? ¿Qué puede ser más necesario? ¿Quién osará negar que esto fue escrito y leído? ¿Quién recordará haberse distraído, haber olvidado, una vez más, someterse a lo real?



viernes, 5 de julio de 2013

Dioses en la balanza

“El divino ser humano era originalmente doble.
Perdió así su perfección al ser dividido por la mitad.”
(Aristófanes)

“Ianum dicunt quasi mundi vil caeli
vel mensuum ianuam.”
(Isidoro de Sevilla, Etimologías)




Los seres humanos, al igual que les ocurre a los dioses, al contradecirse se trascienden. ¿Puede haber algo aún más elevado que aquello capaz de trascenderse a sí mismo? Quizá por ello la fría castidad de Diana necesita de su furor cinegético, los excesos dionisiacos del reposo purificador, la mesura apolínea del fértil frenesí musical, el locuaz Hermes recomienda con total vehemencia el silencio, Minerva gusta defender la paz bajo su atuendo marcial, Marte babea dócil ante los encantos cordiales de Venus, la cual, a su vez, sólo se entrega paradójica a quien, en férrea lucha y con furor heroico, verdaderamente la merece…

La dinámica tiene lugar gracias al necesario contrapunto. El error de Paris fue dejarse deslumbrar por una belleza meramente sensorial, ignorando ponderar la infinita sutileza de la majestad y la sabiduría, que no admiten posible discordia. Es así la parcialidad sesgada la que, al tiempo que termina por extraviarnos, verdaderamente nos deshumaniza. Es la pereza de la mirada sensorial la que se abandona a la defensa de intereses espurios, ignorando que sólo en la totalidad tiene posibilidad de aunar discordancias la armonía. ¿Qué clase de misericordia es la que no ama a su enemigo y deja de lado al diablo? No, ciertamente, la de un Dios.




Así, el mismo Logos cortante, que diseña el espejismo de la creación con voz vibrante, reúne como Mitos lo ficticiamente separado en el más absoluto silencio. Sin espejo, no hay reflejo que valga. Revela menos Hermes por todo lo que cuenta, que la silente Atenea por lo que tan sabiamente calla. Allí donde lo ausente resulta lo esencial y lo marginal fundamental, la razón resulta una herramienta muy peligrosa y resbaladiza en extremo. Quizá por ello los manicomios pasados, presentes y futuros rebosan de exégetas que aún no se saben (reconocen) escindidos (esquizofrénicos). No se debe buscar en la periferia su centro. Quizá también por ello Heracles no dudo al resolver la ordalía laberíntica de elegir, entre Virtus y Voluptas, tertium datur, más allá de toda loa y reconocimiento, a las dos.


Lo dicho: los dioses, al igual que les sucede a los héroes, al complicarse la vida como sólo ellos saben hacerlo, la trascienden. Los tibios perecen.




jueves, 4 de julio de 2013

Consejo nocturno

“Inebriabuntur ab ubertate domus tuae
et torrente voluptatis tuae potabis eos.”
(Salmo XXXVI, 8)

“Porus cosillii filuis est.”
(Platón, Simposio 203b)





Sabemos por Orfeo que el Eterno buscó consejo en la Noche acerca de cómo habría de ser su creación. Ignoramos dónde y de quién obtuvo Orfeo esta información, e incluso quién habría de ser aún la fuente de la propia fuente. Estos datos permanecen ocultos y escondidos, como corresponden a los consejos y deliberaciones, necesitados por lo general del mayor secreto. Quizá debemos de atribuir a su falta de formación clásica, el imperdonable desliz de Snowden. No así este, que ahora discurre pertinentemente distractor bajo tus sedientos entretenidos ojos, conforme al nuevo orden secular que diseña hasta el menor matiz imaginable de estos agitados tiempos.



viernes, 31 de mayo de 2013

Necio temor

“Feliz quien comprende
la causa de todas las cosas.”
(Virgilio)

“No progresa sino quien regresa y comprende.”
(Durante Alighieri, Vita Nuova)




Quienes, llevados por un deseo de beneficiar a la humanidad o por simple infatuación, depositaron toda su fe en la ciencia moderna y sintieron como ésta vaciaba su anhelo de verdad, no debieran renunciar del todo a ella, sino resituarla, en su justa medida, dentro de las limitaciones pueriles de cualquier lenguaje. La ciencia tradicional, que nunca osó desdeñar la realidad autónoma de lo psíquico ni tampoco la fuerza transformadora del símbolo, reaparece ahora como una metodología superior por su carácter integrador, ya que se sabe una ciencia que surge y se reconoce en el alma. Nada más absurdo que partir de la hipótesis –hoy dogma casi inamovible- de que pueda llegar a darse un esfuerzo por conocer “incontaminado” por lo psíquico.

La ciencia moderna se encuentra hipnotizada en el espejismo tecnológico, incapaz de afrontar la sombra del saber tradicional, su contrasentido. La buena noticia radica sólo en la realidad del hecho relatado: “El Reino se encuentra verdaderamente dentro.” Quizá sea por eso que resulte un gran despropósito aspirar a una búsqueda solitaria, allí donde nunca estaremos más y mejor acompañados, lo que en modo alguno significa que todo el proceso resulte fácil ni agradable.



domingo, 23 de diciembre de 2012

No sabéis cuánto


“Goza del día misericordioso,
reflexiona en el adverso.
El Eterno opuso ambos, uno a otro,
para que nada se encontrara tras Él”
(Eclesiastés 7, 14)
 
“El ciego deambula
satisfecho de cuanto en su provecho hace.”
(Qurân 27, 4)

 

 
 
A los que sellaron su corazón a la verdad, prefiriendo lo superfluo a lo necesario. A cuantos, aferrados al cuerpo que habrían de abandonar, tiraron la toalla ante la mínima incomodidad. A los que olvidaron recordar y recordaron olvidar. A aquellos que se esclavizaron a llevar las riendas en lugar de liberarse de ellas, y a los que se ataron a los impulsos y a los sentidos. A todos los turistas de GPS, tan interesados en la cantidad como aburridos en la calidad. A los modernos ridículamente disfrazados de postmodernos y tan a la moda. Os amo a la antigua, no sabéis cuánto. Feliz buena noche y navideño amanecer.
 
 
 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Atrezo y tramoya espiritual


“¡Me encanta volver al pasado!.
Siempre es más tranquilo que al actual presente
y, sobre todo, mucho más seguro que el futuro.”
(Max Ophuls, La Ronda)

 

 

Apostar por una vida soñada no debe desasirnos de la que parece real, sobre todo cuando confundimos el Paraíso con hacer la voluntad del egregórico ego al que hemos dado vida. Ahora vivimos tiempos de añoranza de la vida frívola y despreocupada que dejamos atrás, con tal de evitar enfrentarnos a los rigores que sembramos desde la tozudez de resistirnos a cambiar y fluir con el cambio, a fluir con y desde lo real.

 
Decir adiós a lo más superfluo, a lo innecesario. Desprendernos del atrezo y la tramoya. Ser. Aunque no sepamos dónde estamos, dónde vamos ni mucho menos quiénes somos. La obra ya termina. El incierto desenlace enlazará con el instante cierto del que ahora partimos, ya sin ni siquiera movernos. Mantener el suspense, garantiza los aplausos. Parece ser.

 
Pequeña conciencia ensimismada en lo tuyo, insensata, ¿hasta cuándo vas a mantener tu órdago a la gran conciencia? Métete en papel de Dios, si quieres. Trata de ser convincente, de hacerlo muy bien, pero –por lo que más quieras (y aquí no hay peros que valgan)- no te lo creas. Que no valen señas ante el espejo. ¿Cuál es tu juego? ¿A qué demonios juegas?