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viernes, 6 de septiembre de 2013

Aflicción de Espíritu


“Aquello que fue, ya es;
y lo que ha de ser, fue ya;
restaura el Eterno lo transcurrido.”
(Eclesiastés 3,15)
 
“Quien añade ciencia, añade dolor.”
(Eclesiastés 1,18b)
 

 

En vano se afanan los distraídos. Alegrémonos. Empleemos la cuota de vida asignada en hacer el bien. Comamos, bebamos y gocemos del deber cumplido, toda vez que descubramos en el corazón, todo a su tiempo, el inconfundible sabor de la eternidad.


viernes, 24 de agosto de 2012

Desde donde el mundo es templo


“Siendo pobre en la posibilidad de mi riqueza
¿cómo no habría de serlo en mi actual pobreza?
Ignorante en la posibilidad de mi sabiduría,
¿cómo no habría de serlo en mi actual ignorancia?”
(Ibn Ata-Illah)
 
“Salvo quienes obren y caminen desde la certeza,
salvo quienes se recomienden entre sí verdad y paciencia.
Los demás… perdidos.”
(Qurân 103)

   

 

 

Lo que no parecen sino hechos inconexos, azares fortuitos, plural absurdo de la irredenta multiplicidad, fatalidades que se agotan y encuentran su límite en los respectivos egos infinitos, todo aquello que no parece sino caos, digo, conforma una coherencia tan sutil como la que se aprecia al atravesar el umbral de todo recinto sagrado. Cada cosa está dispuesta en función de un único propósito: nuestra total desaparición. Al igual que durante el periodo comercial de rebajas, se aspira a una liquidación total del stock egoico, así disuelto en la parsimonia coagulante de la unidad.

 

El gesto natural de quién se da cuenta de ello es la de volverse al humus, la de recogerse humilde en la prosternación, la de saberse “polvo y ceniza”, la de reconocerse evanescente reflejo en el espejo del mundo a merced de Su mirada. Dicha humillación es la “experiencia”. Incompatible con las infinitas formas de orgullo espiritual que pueblan logias, sinagogas, basílicas, mezquitas, resorts new age, dojos y ashrams.

 

Por más que estén de moda, no hay eco ni en el simulacro de amor, ni en la espiritualidad impostada, ni en la mal disimulada soberbia. Se requiere el saldo, se hace necesaria la propia rebaja, el total obsequio desinteresado. Es precisa aquí la liquidación total. Quién verdaderamente Te conoce, ni reposa en tu gracia ni desespera de Ti en la adversidad. Ardua es ciencia de la paz. Pero donoso su escrutinio. El aquí y ahora hechos templo, dicen que saborea el que sabe.



jueves, 26 de julio de 2012

Enrocada indolencia



"Los dioses nos utilizan de un modo
que a nosotros nos ha de resultar,
esencial y visceralmente, inaprehensible.
Ningún nutriente es consciente de su papel crucial
ni se le deja elegir cuándo y cómo
habrá de ser cocinado y devorado."
(Juan A. García Atienza, La Gran Manipulación Cósmica)



"Citius! Altius! Fortius!"
(Lema latino (¿a quién se le ocurre?) de los JJ.OO. modernos)





Es sólo una cuestión de fría estrategia, del más aséptico cálculo. Cuando verdaderamente se quiere ganar siempre, resulta esencial, indispensable, mantener permanentemente adormilado al enemigo en la apariencia, desarticular su capacidad de reacción,  anestesiado en el sopor de sus certezas, que es como él suele referirse a su falsa memoria, distraído de lo que se le viene encima. El futuro nunca se deja ver. Siempre llega por la espalda.

Todo debe aparentar seguir así como siempre, dejar que un día suceda a otro, sin mayores ni menores sobresaltos, garantizar el marasmo, la inabarcable atonía, el tedio, apaciguando la punzada del saco estomacal y el furor de las gónadas, que bien podrían llevar el operativo al traste: mejor dejarlos saciados, cansados, anestesiados de hastío, esto es "al dente."


No habrá así ni la más mínima ocasión de rebelión, nadie se planteará ni siquiera la posibilidad de plantar batalla. El demiurgo no deja nada al azar, no apuesta, sólo juega con sus propias cartas marcadas. Tras la promesa de luz y redención, se esconde el tráfico de carne y sangre. El negocio de la muerte. Y es que los verdaderos Olímpicos, los impunes interdimensionales metahumanos, tienen un hambre insaciable. El menú se sirve en los pódium londinenses… Con la comida no se “juega”: Inspire a generation and Enjoy your meal!





viernes, 22 de junio de 2012

Coaching espiritual


“El sabio prefiere siempre la alternativa bella
a la meramente placentera.”
(Jenofonte, Hiêron)

“No es bueno para nadie pensar en su actividad
en los términos más odiosos.”
(Leo Strauss, Filosofía Política)






Siempre he preferido realizar la labor del “coach espiritual” frente a la de la “maestría”. En la segunda tienes que timar al neófito que suele partir de cero en las lides de la estafa espiritual, mientras que en la primera trabajas ya con “timados ya consumados como timadores” a los que tratas de ayudar a “distinguir entre calidades y quilates”.



¿Cómo se llega a ser un buen “coach espiritual”? Fundamentalmente se trabaja en dos vías. La primera, más extendida, a través de los profesionales de la espiritualidad, previo pago de los derechos de franquicia y protección de la “marca espiritual”, certificando la adscripción al gremio correspondiente, silsila, cadena iniciática, obediencia, linajes, etc. reconocida en el competitivo sector de la finanza espiritual “ortodoxa”.  La segunda, requiere de virtud, y es la que elige el sabio, que aprende por sí sólo, observando a los “profesionales”, a través del esfuerzo reflexivo (luego tampoco es gratis). No requiere de enseñanza, sino celo honesto y perseverancia en el auto aprendizaje.






Sostener un orden espiritual defectuoso es una cuestión muy delicada, sobre todo para quién se encuentra a la cabeza del tinglado. Soy consciente de que la mayor parte de mis escritos adolecen de un enfoque patológico que privilegia el diagnóstico, en detrimento de uno más terapéutico, orientado a mitigar las deficiencias. Lamento señalar que esta nueva obra no será una excepción. No soy de los que gustan cerrar heridas en falso, para mejor disfrute de la siesta. Rehúso intencionadamente recurrir a la claridad de tratado, consciente de que la claridad, más que beneficiarle, narcotiza al lector, creándole una ilusión de comprensión que, como aprendí de mi padrino, resulta mucho más perjudicial que dejar la herida espiritual abierta. Es, por tanto, mucho más conveniente que sea el lector quien, enfrentado a la oscura confusión del texto, añada y sustraiga lo que debe. Habrá así, dentro de su incertidumbre, mucha más certeza espiritual, toda vez que demuestre mucha más atención a los generosos guiños que a su egocéntrico arbitrio. Es pues éste todo un ejercicio espiritual práctico, sobre la marcha.



En cualquier caso, una conexión perfecta entre fondo y forma, entre significado y significante, entre doctrina y contingencia resulta un anhelo imposible. Como saben por propia experiencia el moderno dramaturgo y el escritor contemporáneo de diálogos (precursores de bestsellers adaptables al cine o televisión por un ejército disciplinado de guionistas) tras su empeño solo se esconde cobardía o mero interés pecuniario. Nadie quiere arriesgarse a exponer algún tipo de pensamiento que incomode a (atente contra el interés de) los amos, y el diálogo se presta como ningún otro género para lograr dispersar entre varios personajes (algunos incluso locos) las incómodas responsabilidades. Aristocles de Atenas, el de las anchas espaldas, fue uno de los más renombrados entre los cobardes clásicos. No seré quien censure la sabia prudencia, si además con ella, uno se garantiza los garbanzos.




Yo, que también tengo a gala ser cobarde, acostumbro a encabezar mis muchos despropósitos prestigiándolos con citas ajenas a pleine conneisansse de cause, a modo de escudo humano que me facilite el arduo trabajo de atrapar la voluble atención del disputado lector, en un medio tan plagado de entretenimientos como distractor. Como apunta mi ahijada (y también le reconozco), son sin duda lo mejor de cuanto escribo (tecleo). Sea como fuere y para que el coaching espiritual surta el mágico efecto de transformar desengaño en cuotas crecientes de vera espiritualidad, como en todo diálogo bien urdido, el sabio ha de tener siempre la última palabra.






Quid pro quo


“La bebida mitiga la sed,
la comida calma el hambre,
pero no existe oro suficiente
con que aplacar la avaricia.”
(Plutarco)

“Es la necesidad de muchos
lo que mueve la insaciable codicia
de unos pocos.”
(Eduardo Galeano)





Todo el mundo teme aquello que desconoce. Por eso, quienes adquieren poder sin legitimidad para ello, lo que más temen no son los riesgos que podrían correr los valientes por amor a la libertad, ni el ejemplo de los justos que podría arrastrar a las masas en su contra, sino la virtud de los sabios, que les recuerda lo que son, aunque no saben cómo.
La virtud recuerda a los tiranos de medio pelo, incluso a esos macro tiranos que ahora llamamos “mercados” por su capacidad para “comprar deuda” de países y continentes, por “interés” (la dichosa prima de riesgo) que compensa psicológicamente al prestamista de no recuperar nunca su “tesssoooro”, les recuerda digo, de dónde obtuvieron su “capacidad inversora previa” y el alto precio que tuvieron que pagar, ya que tuvo que salir fiduciaria su Alma.

Día tras día, operación tras operación, negocio tras negocio, tratan de borrar la huella de “su primer golpe”, el día que traspasaron la barrera inhumana y no pudieron ya regresar. El sabio les recuerda “su deuda” y actúa como incómodo testigo de un pasado que, al ser revisitado, incomoda sus “fastos inversores” y les resta algún brillo. Pocos griegos saben que el Euro, antes de ser monetario logo fue una letra mágica de su prodigioso alfabeto. Estas cosas siempre se van olvidando, con "el paso" del tiempo.





Todos sabemos que para adquirir una compra a menor precio del nominalmente previsto, resulta pero que muy conveniente desprestigiar el servicio que se espera disfrutar o el bien mueble o inmueble que se busca adquirir, en el turbio casino de la oferta u la demanda. Si no, que se lo digan al “huésped” que lleva suficientes milenios a sus “curiosas bajas espaldas” tratando de desprestigiar y minusvalorar, hasta la saciedad, la importancia de aquello con lo que trafica y es su vital sustento: el Alma humana.

Ha tenido tanto éxito en su intensa campaña de desprestigio, que las actuales generaciones ya la regalan, pues ni siquiera creen que algo así exista. Al ser formados en su mayoría en escuelas laicas, saben por los grandes divulgadores de la ciencia de vanguardia, que si, tras el ominoso pacto, aún conservas el cerebro en su sitio, no has perdido nada de importancia. Los de escuelas aún religiosas, necesitan mejores ofertas. Al ser mucho más astutos, piensan: ¡nadie da “algo” por nada! Mi padre (q.e.p.d) sostenía con convicción aquella máxima popular que afirma que "para follar, con putas; para beber, borrachos". No se debe escatimar nunca la calidad de los buenos profesionales.


Como sostenía Homero, por boca de dos ancianos asomados a la muralla, "una mujer como esa (Helena de Troya) bien vale una guerra." Y añadió raudo Goethe por boca de su Fausto: "Y un buen pacto, un buen pacto". Cosas del quid pro quo y la deuda soberana. ¿Qué sabe la prima de riesgo de "ofensas" y padresnuestros? A ella solo le "interesan" los pactos, las deudas... No nos dejes caer en la tentación, et libera nos ab malo. AMEN.




sábado, 9 de junio de 2012

Bulabar R-30

"No sé como será la tercera guerra mundial,
pero seguro que la cuarta es con piedras y palos."
(Albert Einstein)

"1) Empatiza con tu enemigo;
2) La racionalidad no va a salvarnos;
3) Hay algo más allá de uno mismo;
4) Maximiza la eficiencia;
5) La proporcionalidad debe ser una directriz en la guerra:
6) Obtén el dato;
7) Lo que ves y lo que crees con frecuencia están errados;
8) Debes estar preparado para reexaminar tus razonamientos;
9) Para hacer el bien, puedes tener que involucrarte en el mal;
10) Nunca digas nunca;
11) No puedes cambiar la naturaleza humana."
(Robert S. McNamara, Eleven Life Lessons)




Anteayer, día 7/6/2012 se volvió a ver la estrella de Belén, no sólo en Palestina, sino también en Jordania, Líbano, Siria, Turquía, Armenia y Chipre. La RSVN hizo despliegue de dos ICBM, tipo TOPOL de nueva generación (6 ojivas de 550 kilotones). Los rusos también quieren jugar.

El presupuesto de defensa (bunkers spa resort y escudos antimisiles) y el de ofensa (misiles crucero, antenas HAARP…) está siendo recipiendario del resto de recortes (a algún sitio tiene que haber emigrado la pasta). La acidificación sanguínea  nos tiene a todos un poco revueltos, que ya no sabemos si defender la propia soberanía o violar la de nuestros semejantes. Algo habrá que hacer con los excedentes del negocio, una especie de feria del stock armamentístico o similar, que se nos pasan los tirachinas galácticos y los aceleradores de partículas de moda.

La mayor parte de los euros se nos va en captación, flujo y consumo de energía, para mantener al ralentí el motor de la insostenible civilización. La mitad de esa pasta, se va luego en la sofisticación tecnológica destinada a la defensa y ofensa. Y un 10% de esta última partida, a tapar las desvergüenzas del subdesarrollo.  Nuestra "austeridad" va in crescendo, conforme se requieran fondos para cuestiones más humanitarias. La mejor prueba de la indudable existencia de inteligencia extraterrestre es que “no” han venido todavía a visitarnos: ¡vaya si conocen el paño!





 

martes, 5 de junio de 2012

Narcosis de rebaño


“La inteligencia del egrégor
no se sitúa en la media comunitaria general
sino en la de sus más bajos integrantes.”
(Gustav Le Bon, Psicología de Masas, 1896)

“Si la razón es el punto medio…
¿entre qué dos extremos?”
(Aristóteles de Atenas, Lógica)
 
“Para mantener la frágil estabilidad social todo lo posible
en la convergencia de catástrofes de las próximas décadas,
será esencial una cuidad gestión del entertaintment.”
 (Zbigniew Brzezinsky, La Era Tecnotrónica, 1973)





Ya no quedan Miguel Ángeles preparados para deteriorar bloques de mármol, Diegos capaces de manchar así una tela, Migueles emborronando folios ni Juan Sebastianes interrumpiendo al silencio. Qué lejos están ya aquellos días en los que el ser humano se sentía creador de su destino y que las ideas, previamente trasformadas en pasión, movían el mundo y lo hacían progresar. Aquel error colectivo ya no tiene fuerza de verdad. Hoy sabemos que la ciencia –como hizo Morfeo en Matrix- nunca prometió la paz o la felicidad, sólo la verdad, la exactitud, el dato. Que las ideas envejecen más pronto que un trend topic. ¿Sabemos? ¿Qué sabemos del Narcan®?

Con las neuronas convertidas en teflón, la vida del infra ser humano actual trascurre entretenida, entre digestión y digestión, ajena a la oscura miseria que le rodea, a la corrupción generalizada y jerarquizada de los “electos” que fingen gobernarle cuando sólo le vampirizan, alimentando de continuo y estratégicamente sus sueños de filias y fobias, pero mesándose los cabellos y rasgándose las vestiduras cuando, bajando la necesaria guardia –como recién le ha ocurrido a la Casa Real y la suprema cabeza de nuestra insigne y sacra Judicatura- se le ven las descaradas mañas (y el culo, de paso). Nada tan valioso como distraer la atención del rebaño, antes de cada “operativo”.

Fascinados por el prefabricado diseño del ensueño, nuestras vidas reales transcurren -y finiquitan- en un segundo plano, ajenas al hediondo proceso de la putrefactio. Y nadie quiere verlo. ¿Quién soy yo, auto proclamado agorero vigía de las postrimerías, apologista ciego, detractor sistemático, para reprochar a nadie su búsqueda desesperanzada de una nueva dosis de su analgésico favorito, en un intento vano por periclitar el sinsentido del dolor, la nausea?

Sin tiempo ya para la liturgia de rasgar el opecarpo, bendito sea el método Gregory. La prisa nos robó el dulce éxtasis de la magia de su flor blanca, violeta o fucsia de tornasolados pétalos. No queda paciencia con que aguardar la alquimia de la pegajosa resina marrón que ofrecía a su curso el exudado blanco y lechoso de su divino latex.

Aquietado así el virus de la mente moderna, verdadero activo tóxico de nuestro siglo, prosigue lento el rito, se restablece el juicio, allí donde es la naturaleza divina quien ostenta la corona y manda. Tiránica serenidad sin nubes. Alzado el telón, se trasparenta al fin el decorado y surge prodigiosa la Conciencia. Exquisita parsimonia. Todo está bien. Conforme a lo legislado, todo en orden. No moverse. No pensar. Suspendidos en "twilight zone", mundo intermedio entre el sueño y la vigilia. Así pasan la mayor parte de los borregos la anécdota de sus miserables vidas, aguardando el sacrificio, listos para el holocausto final. Dichosas las cabras, que aún pueden tirarse al monte...



 

martes, 14 de febrero de 2012

Maestría "operativa"

“Hay una economía en la que mandan los hombres
y que alquila dinero para beneficiar a otros hombres.
Hay otra economía en la que manda el dinero
y que alquila hombres para ganar más dinero.”
(José María Aritzmendiarrieta, 1973) 

“El despliegue de nuestra potencialidad humana
se está realizando pese al Estado y pese al Capital
a los que ha pillado a contramano y sin preparar.”
(Fereidoun M. Esfandiary, Upwingers, 1973)

 “Piensa por ti mismo y cuestiona a la autoridad”
(Timothy Leary, Exo-psychology, 1977)




 ¿Cuál sería el máximo grado de realización humana? Y toda vez que lleguemos a un acuerdo consensuado en esta tan difícil cuestión ¿por qué procedimientos y mediante qué dinamismos ésta se consigue?

Todo va a depender de la elección de los ejemplos.

Pongamos, por caso, un murciano cualquiera, al que se le supone un cierto nivel intelectual, tanto en su tiempo como en el nuestro[1]: Ibn Arabí.

Cuando estudiamos la cosmovisión de este autor, nos damos cuenta de que no percibía el mundo del mismo modo que lo hacemos nosotros. Para él la realidad es un signo de Dios. Una afirmación como esa, escuchada desde nuestro esceptico 2012, sería convenientemente triturada por los adalides del pensamiento crítico actual, pero no puede ser atribuida ni a herencias del pasado, ni a dogmatismos ni a planteamientos de tipo irracional. Su testimonio nace del centro nuclear de una experiencia netamente humana. De un estado quizá especial de percepción, del que sólo cabe opinar cuando se experimenta.

¿Posee alguna utilidad real para el hombre moderno reflexionar sobre el alcance de tal afirmación? Quizá no. Hagamos pues algo inútil.

¿Qué necesidad tiene Dios de crear? ¿Para qué otorga Dios la capacidad de entender el sentido de su creación actual a ciertos sujetos? ¿Por qué Dios rehusa ser más explicito? ¿No será que no hay ninguna voluntad tras el acontecer “casual” de los acontecimientos que pueda recibir un nombre cualquiera? O cómo discurrió el optimista de Gottfried Leibniz ¿por qué hay algo en lugar de nada? ¿Tiene sentido pensar que vivimos en el mejor de los mundos? ¿Es así como le gusta a Dios que vayan las cosas? ¿Está satisfecho el Eterno de cómo administran hoy el mundo sus profetas y pastores, de cómo interpretan su voluntad y la transmiten su mensajeros? Y, en caso contrario, ¿por qué no hace nada al respecto?

Han transcurrido ya 300 años[2] desde que el bueno del Dr. Pangloss se hiciera estas y otras preguntas, que a día de hoy, nadie ha sabido aún dar cumplida respuesta y siguen, gracias a Dios, aún abiertas.



No todo el mundo piensa que la perfección humana va de la mano de la proximidad a lo divino. Prefieren, en su caso, entender tal proceso de realización como la construcción de un edificio, por la acumulación gradual de una estructura que se eleva sobre los fundamentos de una buena cimentación. Este planteamiento es el que entendemos más próximo a la cosmovisión atea del ciudadano medio actual.

La mayoría de los seres humanos que abandonan este plano de existencia, lo hacen habiendo experimentado de primera mano únicamente cuatro o cinco estados de conciencia, aunque si les preguntas creen que sólo uno de ellos es el que puede llamarse normal:

·       Vigilia apacible
·       Vigilia irritada
·       Adormecimiento
·       Sueño
      ·       Pérdida de conciencia



Son muchos menos los que, bien por sufrir algún tipo de trastorno, bien por haberse aventurado a explorar las múltiples posibilidades neuroquímicas de la ingesta o introducción de ciertos compuestos en la dinámica fisiológica de nuestro organismo, los que pueden dar un testimonio más ámplio de los estados de conciencia que se pueden llegar a experimentar. Este criterio estadístico justifica en parte el que sean considerados anormales, si es que lo estadístico puede ser aceptado como criterio de normalidad: “El tuerto es el rey, en el país de los discapacitados visuales…”



Nadie diría, a simple vista, al examinar de forma aseptica nuestro desarrollo embrionario, que un cigoto pueda llegar a dar lugar a algo tan complejo como la cognición humana de la realidad. Algunos autores han llegado a afirmar que poseemos tres cerebros, en lugar de uno:

·       Cerebro reptiliano: ligado a la discriminación del potencial hostil/gratificatorio de cada estímulo, ligado a la defensa de la territorialidad.

·       Cerebro mamífero: ligado al etiquetamiento más coloridamente emocional de la experiencia.

·       Cerebro procesador: ligado a procesos implicados en la elaboración de la información, comparación, almacenamiento y recuperación.

Cada uno de ellos forma parte necesaria de la completa estructura del cerebro humano, pero entendemos que es el último el que sería más característico y distintivo de nuestra especie. Sin la alerta reptiliana y nuestros sentimientos mamíferos, no seríamos 100% humanos, sino sólo robots. Pero sin el cerebro procesador, ¿sería correcto decir que hemos superado la animalidad? Más difícil todavía ¿sólo tenemos tres cerebros?

Debemos a Howard Gadner[3] la constatación de que nuestro complejo órgano “tricerebrado”, puede llegar a desplegar hasta ocho modalidades de inteligencia resolutiva de problemas en ámbitos específicos tan diferenciados como el lingüístico, lógico-matemático, espacial, musical, corporal-cinestésico, intra-personal, inter-personal y naturalista.

Una de dos, o Howard Gadner no se atreve a hacer de Dios un problema o, al igual que Ibn Arabí, entiende que estos ocho ámbitos de lo humano son signos de Dios. También puede darse el caso de que el padre de las múltiples inteligencias considere que creer en un concepto vacío de contenido denota una gran falta de inteligencia. O tal vez piense que, por irracional, la dimensión espiritual de la experiencia humana no requiere de ella más que para descartarla.

Sea como fuere, nos encontramos al término de esta obra, en el capítulo ocho, repasando así mismo las ocho inteligencias de Gadner. ¿Quién habría de extrañarse de que diéramos un nuevo giro al ocho?



El primero en dar importancia al ocho, fuera de nuestro ámbito cultural –o eso creemos- pero dentro del ámbito de esa experiencia humana que hemos dado en considerar excelsa o realizada, al comienzo de esta última reflexión capitular fue el hijo de un rey. Hace la friolera de 25 siglos, esto es, unos 2500 años.

Su nombre ha llegado a nuestros días como fiel exponente del ser humano que ha alcanzado su máxima expresión, no a fuerza de estudiar modelos o aprender teorías, no mediante títulos u honores, no por haber pertenecido a una organización de reconocido prestigio, sino poniendo la experiencia propia como verdad irrefutable por encima de todo y ambicionando conocer hasta dónde puede llegar a desarrollar su plenitud un hombre de carne y hueso, que él llegó a alcanzar, gracias a su perseverancia y esfuerzo, a la edad de 35 años: Siddharta Gautama.

No pretendemos hacer aquí un análisis exhaustivo de su testimonio, que hoy es enseñanza para los que se reconocen sus seguidores, inmersos en los albores este siglo oscuro. No tenemos esa capacidad.

Solo nos atreveremos a cotejar las etapas de maestría operativa que en buena síntesis hoy conocemos con la denominación de “Octuple sendero[4], cometiendo la travesura intelectual de asociarlas, de un modo tan absurdo como arbitrario con la síntesis de Patañjali[5], el Evangelio de San Juan[6], la demografía humana[7] y nuestro particular diccionario delirante.

Allá vamos.

Descripción de Natanael. 1, 47
         Visión o comprensión correcta
         Prototipo de la normalidad “humana”

 Convertir agua en vino. 2, 7-8
           Pensamiento, determinación o intención correcta
           Yama – No dependencia de la marea social – C4c

 Curación de un hijo de un oficial real. 4, 50
            Hablar correcto
            Niyama – Autocontrol – C4b

 Curación de un paralítico. 5, 8
            Actuar correcto
            Asana -Postura inmóvil – Calma la ansiedad física – C1

 Caminar sobre las aguas. 6, 19
            Atención Presente o Consciencia del momento correcta
            Pranayama – Respiración - Aquietar y suavizar las emociones      (aguas) – C2

 Curación de un ciego de nacimiento. 9, 6-7
            Esfuerzo correcto prevenir y erradicar lo malo, promover y cultivar lo bueno
            Dharana / mantra – Concentración en un sonido o imagen – C3

 Muerte y despertar de Lázaro. 11, 35-43
            Concentración, absorción o Meditación correcta
            Dhyana – Incubatio – Conciencia No dual (Marta y María)

 Multiplicacion de panes y peces. 6, 11
            Medio de vida correcto
             Samadhi – Vida comunitaria – Agape eucarístico
             Prototipo de la sociedad futura: Una tierra nueva por que ha reencontrado la conexión perdida con el Cielo.




Vivimos en un planeta dominado a partes iguales por el miedo territorial y la culpabilidad emocional, aunque nos guste presumir luego de seres racionales. Cada día mueren en el mundo miles de personas asesinadas por personas estúpidas que actúan solas o en grupo, por razones estúpidas y en todos los ámbitos, incluido el político y el científico, que habrían de dar ejemplo justo de lo contrario.

La estupidez humana gobierna el mundo desde hace cientos de siglos. Si sumáramos esfuerzos y recursos, el mundo y la sociedad actual sería muy distinto del cocktail de intereses, ideologías, fanatismos, censura, violencia, terror que asolan nuestras calles.

Aunque sean muchos los que ahora se benefician oportunísticamente de su existencia (servicios de inteligencia, publicistas, tiranos, líderes de masas…) serán muchos más los que se beneficiarán de su total erradicación. He aquí los resultados de nuestras muy concienzudas investigaciones demográficas. A los que les guste el márketing o tengan interés en rentabilizar sus inversiones, escojan con discernimiento su nicho de mercado:



GRUPO 1. Más del 50% de la humanidad, 3.500 millones de personas, transcurren su existencia humana entre C1 y C2. Son capaces de intercambiar señales y manejar artefactos, pero todavía operan desde la posesividad y la territorialidad.

GRUPO 2. Un 20% han tenido oportunidad de desarrollar su C3 pero pasan gran parte de su tiempo preocupados por las reacciones imprevisibles del Grupo 1 y por una sociedad dominada por valores absurdos, inmorales y peligrosos. 1.400 millones de personas. Catastrofistas.

GRUPO 3. Un 20% ha dado el salto hacia la humanidad y trata de infundir “buen rollo” en el resto sin llamar mucho la atención, sin darse a notar y tratando de mantenerse al margen. Otros 1.400 millones de adeptos a la Galaxia New Age y sus múltiples ramas planetarias. C3 “espiritualizado”. Adventistas del Cristo Extraterrestre.

GRUPO 4. Un 5% de personas que han decidido tomarse en serio su paso por esta vida y descubrir su verdadero sentido dentro de ella. 350 millones de seres humanos, que son la esperanza de nuestro planeta. C4 embrionario.

GRUPO 5. Un círculo al que Gurdjieff denominaba el círculo consciente de la humanidad, formado por sólo un 3% del género humano. Mujeres y hombres que alcanzan a ver donde otros sólo encuentran niebla. 210 millones de ciudadanos, la mayor parte, integrando los oficiales de los ejércitos del planeta. C4 compañeril.



GRUPO 6.  El 2% restante, 140 millones, trabajan como “maestros”, coordinando entre bambalinas el grueso de las maniobras. Y podemos estar tranquilos, porque hablamos de seres verdaderamente iluminados. C4 inchado y ahuecado.

GRUPO 7. Ya no queda nadie más. ¡Que Dios nos coja confesados! ¿Alguna sugerencia?

 
 


[1] Creemos que el mejor estudio pormenorizado de su vida, obra y pensamiento fue el realizado por Claude Addas, En busca del azufre rojo, Ed. Reg. de Murcia (1996)
[2] Esta obra comenzó a ser tecleada en el domicilio familiar del autor el 5 de febrero de 2012, aunque se incorporan algunos capítulos redactados con anterioridad.
[3] Inteligencias Múltiples, Paidós, 1988
[4] Siglo IV a. C.
[5] Siglo III a. C.
[6] Siglo I d. C.
[7] Que como todos los demógrafos modernos conocen, debemos a esfuerzo de Ibn Jaldún (1332-1406). Ver pág. ¡88!