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lunes, 12 de agosto de 2013

Día de mercado

“O jugamos todos
o se rompe la baraja.”
(Tradicional popular)

“Hace bien.”
(Muletilla de herborista)




No todos tienen el coraje, la fuerza o la sencillez de admitir haber sufrido, en alguna ocasión, la tentación de levantar el velo gris que separa nuestro instante del incierto venidero, conocer el pálpito futuro y traducir así su intención, iluminándola aquí y ahora, en el presente, viendo a través de la misma mirada divina, aquella únicamente capacitada para predecir el acontecer, con la misma precisión que la que el asesino, oráculo perverso, conoce la última hora de quien termina siendo su efectiva víctima, al actuar como letal e infalible genio de su destino. Cualquiera puede otorgar lengua a una vela, mas pocos saben descifrar su locuaz llama, capaz de disolver paredes y fronteras, de iluminar ojos y dientes.


Arrancar sus secretos al futuro puede tener un alto precio adivinatorio, insospechado para quien  se aventura sin el debido arte, por más provisto de “cauris” que marche o, incluso, si ha tenido la fortuna de tropezar con un nido de migalas. La ordalía siempre compromete a los antepasados, vivos o difuntos, como saben bien los discípulos de Heilliger y los que prosperan y viven del atemorizador negocio de la toga. La sentencia adivinatoria despierta curiosidad y suscita el interés no sólo de aquellos a quienes verdaderamente “interesa”. Algunos famélicos gallos y gruñientes lechones continúan aún vivos al no haber engordado lo suficiente. ¿Quién reparte? 



sábado, 15 de junio de 2013

Verbena de San Juan

“Quien coge verbena por San Juan,
ni ruina, ni pestes ni ningún otro mal.”
(Popular)

“Van de noche los mozos y mozas,
henchidos de fuego a coger las rosas.”
(Popular)




Desde tiempos ya inmemoriales, se conocen los efectos que la delicada flor rosada de la verbena, planta sagrada de primer orden, ejerce sobre la hembra humana, ligeramente sedante e hipnótica, al favorecer la producción de nutritiva leche y contraer grácilmente el útero. Quizá por ello, sirva aún hoy en día como socorrida etiqueta para designar los concilios rituales populares, que han sobrevivido (superstitio) al paso demoledor de la iluminada modernidad.


La presencia de sus pétalos en el agua lustral, otorga la disolución de sutiles principios muy activos, que garantizan el éxito de cualquier banquete digno de ese nombre. Las proliferación de hogueras con las que festejar la noche más breve (e intensa) del año, y celebrar con ello la cósmica estabilidad del orden solsticial, habrán relegado -en su mayoría- a la niebla del olvido tan necesario ingrediente, salvo aquellas encargadas de preservar y proteger, entre salto y salto, los ecos de la tradicional memoria.


Fuego que sobrecoge al alma que en él se reconoce. De todos los deseos que se formulen en una noche tan mágica como esta, habrá siempre uno que estará garantizado: ¿Adivinan cuál?



sábado, 1 de junio de 2013

Usos y costumbres

“Lo que vas a ser, ya lo eres.
Aquello que buscas, ya está en ti.
Alégrate de tus sufrimientos,
pues me encontraste gracias a ellos.”
(Alejandro Jodorowsky, La Danza de la Realidad)

“Aquella noche, cayó el color
sobre el espejo mágico.”
(Kennet Grant, La fuente de Hécate)




Siempre y cuando se acuda receptivo a la playa, desierto profano donde los haya, una de las primeras cosas que uno descubre, es la de encontrarse ante la presencia (radiación) de un organismo vivo, aquella que hace vibrar la luz y la atmósfera de un modo lo suficientemente peculiar como para expandir nuestra conciencia, fenómeno cuyos réditos la industria turística no duda en explotar y, no digamos ya, la sofisticada impostura de Silicon Valley. A día de hoy, la gente termina dándose codazos por lograr hacerse con una mejor porción de las tifónicas bendiciones del dragón, con su néctar de dopamina gratuita corriendo a raudales por todos los entresijos de nuestras adormiladas glándulas, selladas desde la pubertad. Pues, como bien dice la publicidad de no quiero recordar qué compañía de telefonía móvil: “Lo importante es estar conectados.” o, más recientemente y de una forma lo suficientemente explícita para el buen entendedor: “Power to you.”

Aún no lo suficientemente restablecidas de los primaverales ritos de Mayo, la pineal y la pituitaria al unísono recogen los escondidos frutos del árbol de las Hespérides, amalgamando las sutiles vibraciones dulces que provienen del alineamiento con/en el apurva, allí dónde la conciencia atenta puede al fin, en deliciosa sinfonía, saborearlas. En la proximidad del solsticio de verano, quizá valga la pena recordar que, pese a que ya sólo los publicistas creen en ella, la magia es real y tiene un precio. Cuando se trata de alcanzar objetivos, taumatúrgicos o de cualquier otra índole, es importante saber encontrar el camino de menor resistencia, saber diferenciar entre lo que uno desea y lo que uno realmente necesita. En una palabra, lo verdaderamente importante es saber. Y eso lleva su (tu) tiempo. La experiencia, como sabe bien el diablo, es el verdadero grado y fluye, manantial ambarino, como la devoción, por nuestra sangre. ¿Quién pudiera solazarse en la playa, sagradas arenas de San Pedro,  tras la nocturna busca y colecta, a lo alto, a lo bajo y a lo ligero, del trébole?. Como obligan los buenos usos y costumbres, los mis amores van.




miércoles, 20 de junio de 2012

A coger el "trébole"...

"Durante su peculiar periplo terrestre,
el destino superior del Alma es Conocer:
descubrir en sí la inmortal llama
de la Esencia Divina."
(Pitágoras de Samos) 






Sólo los necios, quizá por miedo a perder su espejismo de control o tal vez por simple y llana pereza, confinan el Alma a los límites espacio-temporales, renegándose a aceptar tantas evidencias contrarias, por entender que toda “señal” que no esté bajo su total dominio (esto es, amañada) atenta directa o indirectamente contra sus intereses particulares o, lo que es peor, alimenta de alguna manera los del contrario. ¿Cómo si no cabe interpretarse la irreverente micción de un perro?

Siendo foráneo a Esparta, no te fíes ni un pelo de los espartanos, ni aún si se diera el caso (sobre todo si se diera) de que te recomendasen que desconfíes de ellos. Estos griegos, hasta cuando descansan del vicio de conspirar contra Persia, es que algo traman. A ver si se les ha pasado por la cabeza hacer caso al inquieto de Ulises, maestro de los mil ardides, y van a introducir un gusano-troyano en los ordenadores del Nagual. ¡Tendría gracia la “llama”!

En tiempos de irremediable recortes como los que sobrevivimos, a fuer de lograr al menos por una vez un “sin-cero balance”, no compensa ni sale a cuenta el malgastar nuestra valiosa segunda atención, que ha de estar centrada en más jugosas y rentables “mesas financieras”. Y, no digamos, la tercera, ahora que se aprestan a proliferar los fuegos de don Juan.

No te rindas, ni te apartes a un lado, por difícil que se te ponga el camino que te eligió. El viento en contra viene cargado de ceniza, para avivar así la llama indestructible de tu corazón: ¡Mira cómo arde!



San Juan y la fogata del gatopardo


“Hasta los dioses se hayan atados a su divinidad.
Únicamente la Necesaria Virtud
permite entonces alcanzar la Verdad.”
(Sócrates de Atenas)

"Al final es un problema moral
que el ser humano aplique o no
aquello que ha aprendido. "
(Carl Gustav Jung, Sueños y memorias)








Nada en exceso. Si siquiera zafarse del exceso mismo, cuando éste sea impuesto por la Necesidad, instancia suma que doblega a la divinidad a los mismos dioses.

A quién es ducho en un arte, hasta el punto de haber alcanzado en él suficiente maestría ¿le cabe alguna posibilidad de hacer mal una obra?

Pudiera darse el caso de que, fingiendo torpeza, salvase con ello la vida de alguien (incluso la propia), toda vez que alguien, tan suficientemente rico como brutal y desaprensivo, hubiese puesto el suficiente precio a la cabeza de cualquier Maestro. Lo que no se puede fingir es la maestría, ni para salvar la vida. Sobre todo cuando ese Arte es la Ética.

Por el testimonio de Sócrates, en la apología que nos consta por Jenofonte, sabemos que pocas personas son más peligrosas que aquellas que, sin saber, se obstinan en el espejismo de saber, aduciendo cuantas “razones” creen suficientes, llegado el caso, incluso la más poderosa de ellas: la fuerza. “Su vanidad es más grande que su miseria.”
No parece muy conveniente (para el deudor) dejar dirimir los asuntos judiciales al acreedor, ni (para el adúltero), dejar sentenciar los asuntos amorosos al despechado. ¿Quién tiene en su mano el disparador de la próxima atrocidad de magnitud global? Confiemos que no sea un seguidor del Príncipe de Lampedusa, convencido de que hay que ponerlo todo patas arriba (teológica, política y geoestratégicamente hablando), para lograr que ¡nada cambie! Alguien se encargará de barrer los treinta años de cenizas. “Mientras hay muerte hay esperanza” y San Juan está a un paso, y Salomé anda cerca. Llámenme agorero, si quieren: rodarán cabezas...