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martes, 9 de junio de 2015

Sangriento duelo interminable


¿No sabes qué leer este verano?


"Pobres esclavos que cubren, con sus cansados pasos, la trillada senda de quienes regresan a su hogar entre los muertos, acompañados, quizá, de la tristeza del amigo y del recelo enemigo, que tornan más penoso, monótono y largo, el viaje hacia una superflua epifanía.

Así apresados, desgastados en una lucha tan incómoda como interminable, en una suerte de ficción casuística, malviven sin astucia quienes desconocen el verdadero sentido de su vida. Cautivos en el mismo agotador torbellino de soberbia anidada en que incurre la luz, tratando de atrapar la sombra que genera tratando de atrapar su sombra.

Basta un instante para desmantelar lo obvio."



Léelo gratis


Nada como una buena lectura tras el chapuzón...


jueves, 4 de diciembre de 2014

Soledad Activa



Libro gratis


"Sabemos por Aristóteles que a la esperanza no le gusta entrar en escena, sin que antes no le haya preparado al público una buena dosis de peligro inminente. Así, todo aquello que previamente se nos había vendido como exigencia del guión -o del equilibrio presupuestario impuesto por la infame y villana Troika-, no busca sino obtener un oportuno, reparador y catastrófico golpe de efecto, valga la redundancia. Así también la vida de cada ser humano tramada como un aparente thriller no se resuelve, la mayoría de las veces, sino como divina comedia.
Pregunten si no al Guionista."


viernes, 5 de julio de 2013

Deus mutabile

“Contradictoria coincidunt in Natura.”
(Marsilio Ficino, Theologia platónica)

“Quis hunc nostrum
chamaleonta non admiretur?”
(Pico de la Mirandola, De hominis dignitate)




El séptimo signo de inmortalidad de los diecisiete que caracterizan al ser humano virtuoso que haya alcanzado la condición heroica, es la mutabilidad opcional, esto es, elegir el modo de cambiar a voluntad. Puede así permanecer sentado durante horas en absoluta inmovilidad, como un mineral respirante, vegetar frente al radiante sol televisivo, como una planta, airarse con la vehemencia del depredador enfurecido, danzar en torno al oscuro centro de su abismo interior, como un cúmulo de galaxias, interpretar los designios divinos con la fidelidad propia de un ángel e incluso sobrepasar toda la jerarquía que ordena y organiza la precedencia de los mundos, espejando todo el universo desde sí, como imaginario creador.


En nuestra azarosa búsqueda transformadora, recreamos el universo al tiempo que renacemos –somos renacidos- con él. Somos capaces de encontrar, vez tras vez, al oculto Pan en el siempre cambiante y escurridizo Proteo, prodigioso holograma donde cada minúscula parte se reconoce todo en el todo. Triada divina capaz de mostrar a un mismo tiempo sus antagónicos extremos, sin dejar por ello de mantenerlos unidos en su centro. Quizá esa fue la razón de que el mismo Hegel cayera fascinado por la dialéctica órfica reconciliada en el éxtasis, sintiéndose obligado a la vanidad de compartir su descubrimiento de la triádica manifestación del espíritu, tras la lectura de Proclo. Así, el mismo Dios, obligado a su divina coherencia, gusta siempre mostrarse por doquier tan contradictorio.



lunes, 1 de julio de 2013

Silencio del corazón

“Con cantos y danzas
se adelanta Zaratrustra.”
(Fiedrich Nietzsche)

“¡Qué maravilla!
El puente avanza sobre el torrente-“
(Tradicional Zen)





Aquella imagen que nos parece inmóvil, transcurre como una maravillosa danza en el fluyente tapiz de luz que discurre nuestra retina, danza de la que, tal y como sucede con el resto de los procesos sensoriales que transcurren simultáneos a ese dinámico acontecer visionario, nosotros somos totalmente inconscientes. Por extraño que resulte, somos ciegos al proceso que genera y prefigura cada una de nuestras miradas. De este modo, tantas cosas ocurren ahora mismo a nuestro lado e incluso en nosotros mismos, y nos constituyen esencialmente, de las que apenas sabemos ni sabremos nada. Danzamos con el universo. A nada que prestemos algo de atención, nos daremos cuenta puntual de que somos parte observadora de su propia y permanente danza, pero esa parte “que danza dándose cuenta”, sólo es memoria, Gestalt impermanente, recuerdo de impresiones que yacen -y suceden a otras- muertas. Aquello que vemos, nuestra propia mirada, es tal porque, por mucho que nos cueste asumirlo, ya no existe. Apresado el instante, yace muerto, al igual que la verdad al contarla.



domingo, 20 de enero de 2013

Todavía no

"¿Fui yo algo o en alguna parte?"
(San Agustín, Confesiones I, 6-9)






En y desde su misma esencia, todo proceso -también nuestro fluir vital- suele resultar efímero en cada uno de sus transformadores instantes. Cada suspiro, cada latido es a un tiempo irrecuperable y caduco: ser desde el no-ser.

Sin embargo, todo cuanto dejamos atrás, cuanto postergamos con la intención de ultimar, cuanto condenamos a ser un pasado rescatable dentro de un posible futuro, han sido realizadas ya, simultáneamente.

La pura conciencia de Penélope teje y desteje incansable el sudario de Laertes sabiendo que la memoria es génesis poético, placentera impermanencia, tan real como transitoria, discurso huero, palabra vana.

Recordar siempre es crear, desde el olvido de lo real.