Mostrando entradas con la etiqueta mal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mal. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de agosto de 2013

Eugnosia

“Nuestra supervivencia depende de anticipar en nosotros
las acciones, emociones e intenciones de los demás
mediante la experiencia de la intersubjetividad”.
(Carl Gustav Jung, Símbolos del Inconsciente)
 
“Cualquier homínido podría alcanzar un cacahuete.
Más complicado resulta experimentar la autotrascendencia.”
(V.S. Ramanachandrian)





Por lo general, solemos considerar “malo” aquello que, ya sea de manera (bien o mal) intencionada o fortuita, atenta contra nuestros intereses, por variopintos que estos pudieran llegar a ser. Así, la incompetencia de otros es “mala” en cuanto nos perjudica o la sociedad es “mala” cuando es un obstáculo para nuestros objetivos personales. La inteligencia de otros también puede resultar “mala” cuando es usada para superarnos, derrotarnos, privándonos de un beneficio o causándonos un daño.


Son necesarias habilidades como la sintonía (en lo físico), la empatía (en lo emocional) y el diálogo (en lo racional) para alcanzar una completa comunión (espiritual) con el otro. Tras esa serie de habilidades modulares se encuentran las neuronas espejo, que nos permiten convivir e interactuar eficientemente con individuos de nuestra (u otra) especie. Lo cuál, muchas veces resulta perjudicial (malo) para aquellos y aquellas que se ganan la vida detentando posiciones de mando y autoridad en nuestra sociedad.



martes, 21 de mayo de 2013

Símbolos del instinto


“Para lograr suplantar aquel Dios,
creado a nuestra inflada imagen y semejanza,
hubimos previamente de matarlo en nosotros.”
(Carl Gustav Jung)




En estos tiempos, en los que aceleración y enajenación tecnológica van a la par, resulta muy complicado asumir de manera consciente que el mal que presumimos objetivo -cuando en realidad es proyectado- en los demás, radica en el fondo arcaico e ignoto de nuestra propia alma. Son muy pocos los que se atreven a descender al oscuro ámbito de su fondo primitivo, asumir las propias tinieblas y vivir el temor primordial, con la exigua esperanza de alcanzar siquiera una tenue y promisoria luz.

Nuestra alma parece constituida por una delicada urdimbre de fuerzas y potencias lo suficientemente poderosas, y tan peligrosas o útiles para ser tenidas en respetuosa consideración, lo suficientemente grandes, bellas y razonables para contemplarlas y amarlas. Quien renuncia a enfrentar su propia responsabilidad y desoye su propia voz interior, resuelve ser así disuelto y arrastrado en el magma impersonal y doctrinal del egrégor colectivo.

Lo social entonces sólo podrá ser así sanado mediante una radical acción terapéutica sobre nosotros mismos. No somos meros pacientes de la época. El monstruo se gesta, eón tras eón, desde cada uno de nosotros. Cabe luego al poder político y mediático lo de transformar la inconsciencia del propio mal en devastadora epidemia. No vemos fuera sino la proyección de cuando gestamos dentro. Nuestra inconsciencia fue y sigue siendo la raíz que nutre y da forma al mal.



jueves, 22 de noviembre de 2012

Esfuerzo obstructor


“Tesis. Antítesis. Síntesis.”
(Hegel)

"Tesis."
(Dios)



A fuer de intentar sobrevivir a cualquier precio, el mal[1] -sin serlo- se ha hecho necesario. Quizá en ello radique su mayor y más discreta perversidad. Mayor o menor, el mal ha interpuesto su tóxica vicaría entre la causa y efecto, desde el origen de los tiempos. Necesita, bien del litigio, bien de la mediación para subsistir: él, esencialmente contingente, es el más necesitado, por innecesario.

 
Causa y efecto, apurva “mediante”, se hayan siempre esencial e intrínsecamente unidas por una orgánica solución de continuidad. El émbolo obstructor obtiene su mayor rédito energético de la oposición al flujo natural (diábolon), un rédito algo menor –aunque suficiente si no se tiene demasiada avaricia- de la obstaculización del flujo en la dirección del mismo (sýmbolon). Si no está roto, no gasten esfuerzos en repararlo. Sobran.
 


[1] Interprete el lector dicho término a discreción, por su cuenta y riesgo.

jueves, 21 de junio de 2012

Tremor in statu nascendi


“Lo que otorga voraces alas y esparce el veneno del Mal
no es tanto la verborrea falaz y la acción perversa de sus fieles sicarios,
como la pasividad y silencio de los que quieren pasar por buenos
cuando no son más que una pandilla de amedrentados vagos.”
(La “verdadera” frase que inspiró a Gandhi)

“Pedro, el romano, le seguía de lejos,
presto a traicionarle tres veces,
antes del canto del gallo.”
(Lucas 22, 54-62)






¿Dónde situar ahora el listón de lo humano? Por mor de recortes y ajustes presupuestarios, ¿habremos de conformarnos con un bogavante o mero sucedáneo? ¿Quién puede arrogarse calidad suficiente para certificar en otros calidad humana? Ciertamente, me considero el menos indicado para juzgar si soy el indicado para juzgar. “Ignorado, desorientado, contaminado, aburrido, desconocido, poco atrevido como cualquiera”, también pude -más de una vez y más de dos, detener mis “pequeñas injusticias” hacia los semejantes y preferí salir impune e indemne (creerlo al menos) y no hacer nada, dejando el asunto en manos de otros más valientes, justos y sabios.


Muchas personas son las que han caído en el error de abandonarse al ritmo desolador y vertiginoso que exigen los agitados tempos seculares, desoyendo la pauta serena de su propio corazón. Únicamente el corazón proporciona el coraje, la intrepidez y el denuedo de seguir en el camino, desoyendo la racional cautela, incluso en las más difíciles circunstancias. Sólo el corazón nos da la fuerza necesaria para asumir que la gente no suele decirnos a la cara lo que verdaderamente piensa o teme de nosotros, se limita a impedir que nuestra vida progrese más allá de sus mezquinos intereses.



Labrar la propia vida sin transgredir la lealtad debida al Alma, incluso en circunstancias menos adversas que las actuales, siempre ha resultado un reto difícil. Quien ha vivido varias vidas lo sabe aún con mayor certeza. En la medida que tuve desarrollada mi atención primera, siempre puse la capacidad de sospecha y el recelo al servicio de la voluntad de no ser dominado por el permanente afán inquisitorial de los intereses ajenos que me salían al paso, tarea fácil, toda vez que éstos, sobresaltados el espejo de mi Alma, huían desenmascarados.


Ahora me contento con dar rienda suelta a mi vanidad a través de un blog e imaginar que alguien pierde su tiempo recalando en él, e incluso se toma la molestia de sopesar si cabe destilar alguna razón entre tanto desvarío. Reivindico mi pequeño espacio virtual y mi legítimo derecho a profesar el esperpento minoritario y la sutil rareza de lo tradicional en estos vacuos tiempos que me contagiaron. Mi derecho a la irreverente anormalidad. Convencido de los privilegios de transcurrir al margen, empeño mi energía en restituir verdad a la palabra, aunque no de forma totalmente desinteresada, como hipócrita presumo.





Distraído, entretenido en el vano esfuerzo de evitar ser neutralizado por cualquier forma de distracción o entretenimiento, paso mis fecundas noches y anodinos días, como cualquier otro subhumano del montón, y asumo mi vocacional pertenencia a la chusma agónica. Uno más para fijar rédito eficaz al Mal que asola el mundo, e instaurar su permanente Reino, desde el esfuerzo y servicio “desinteresado”. Me obstaculizo, impido, contengo y autocensuro como el que más. Usos y costumbres. Debe tratarse de esta gripe de desconfianza que ya resulta pandemia: “Tremor in statu nascendi”  la etiquetan los expertos. Y es que la sub-humanidad no tiene más vacuna que la propia autocura. La coartada del des-ánimo, además de sutilmente paralizante, desvela nuestra total carencia de Alma. Y así no hay libertad ni “liberación” ni “satori” ni “nirvana” que valga. Sólo una pose espiritual que no merece alabanza genuina.



Carente ya de proyectos, mi vida no resulta ya una amenaza. Reconfortado en el cálido exilio de quienes aún demuestran que les importa que me importen, entiendo que el ostracismo del mercado recompensa con creces las cuitas pasadas, actúa de bálsamo cicatrizante, serena y clarifica la mirada.  ¡Marca el paso, sigue latiendo, corazón! Una nueva muerte necesaria y certera te aguarda. No hay huida posible, ni dónde esconderse, ninguna hoguera calentará el frío que asedia tu alma…



Antes de iniciar el proceso sumario que terminaría con su crucifixión, en la sobremesa de la última cena, el Maestro, adecuado listón de lo humano, quiso darles los últimos consejos a su “desconcertada tropa”: “Habladles con parábolas. Creedme. En verdad, en verdad os digo, que nada trastorna el corazón mezquino y, resucitándolo, le devuelve a la vida como una buena historia”. Y ahí andamos, tratando de progresar adecuadamente en el Arte de des-helarte el Alma. Quizá en vano. Quizá en vano. Quizá.






domingo, 17 de junio de 2012

Sacrosanta celda


“La Naturaleza gusta ocultarse.”
(Heráclito de Éfeso, 123)
 
“Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor es Uno.
Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma y con todas tus fuerzas.”
(Deuteronomio 6, 4-9)









Los arduos caminos de experiencia, a través de un largo proceso de ensayo error, conducen a la maestría del viajero caminante, cambian su mirada, la abren a mundos que, hasta llegar a ser tanteados, explorados y conocidos, sólo parecían irreales a la aventura de la conciencia.

Los sistemas de creencias han de ser destruidos y reconstruidos sin tregua. Cada esquema que parece definitivo solo es aquel que tarda más en ser redefinido y replanteado. Cada verdad lo es en la medida que es provisional, transitoria aquella que una vez sentimos como certidumbre y hoy descubrimos certera contradicción. Tanta impermanencia resulta psico-depredatoria, no hay ego que se resista. Nos vuelve dóciles, indefensos, sumisos.






¿Dónde queda nuestra autonomía? ¿Dónde fue el pensamiento libre? ¿A quién o a qué extrañas fuerzas pertenece el diseño de nuestra actuales creencias, nuestra idea de lo que está bien o mal, de lo correcto o incorrecto, nuestros gustos y costumbres? ¿Quién o qué estableció nuestros sueños, nuestras expectativas, nuestras esperanzas, nuestro sentido del éxito o  fracaso? ¿Nuestra complacencia, nuestros deseos y miedos, nuestra cobardía, nuestra avaricia, nuestro “nuestro”?

Arcónticas sombras fugaces sobre el barro, intrusos que se adueñaron de nuestra voluntad para ser nuestra voluntad. Incapaces ya de reconocerlas, interceptado como está nuestro nous, cautivo y desvirtuado, nos consolamos, acostumbrados a su inflexible y vampírico mando, llamándolas “mi mente, nuestra mente”, sin percibir la invisible sintaxis de la colmena forastera que nos conforma. Ahora dicen que las pinturas de Altamira, fueron pintadas por chamanes neanderthales, en absoluto silencio, mucho antes de que llegara el Nuevo Orden Mundial: ¿Con qué intención? “¡O tempora, o mores!”





sábado, 9 de junio de 2012

Brick revenge

"¿Han dejado ya de chillar
los corderos, Clarice?"
(Hannibal Lecter, Silence of lambs)





El lobo ha llegado. Los pobres "cerdidos" no caben en su asombro. Ellos que se creían protegidos al fin por el labrillo, han sucumbido a su traición. El guionista del cuento, lo creamos o no, era el mismo lobo, el único superviviente para contar la historia a su manera, que es la ventaja que siempre les corresponde tener siempre a los "necesarios ganadores". South Europe is burning. Las crecientes llamas chamuscan a Italia. Huele a Euro quemado... 

A las finanzas anglosajonas siempre les ha gustado exprimir su talento creando toda una serie de acrónimos peyorativos para etiquetar las economias del sur de Europa. Como el de PIGS se les quedó corto, dado que el 28 de noviembre de 2010 hubo que intervenir también a Irlanda, y se necesita otra "i" para Italia, han realizado un mortal neuronal, y ahora trabajan con GIPSY.




La agenda va acelerada, conforme a lo acordado. A los del Bildelberg Club no les gustan las sorpresas ni dejar cabos sueltos. Por más que a Rajoy le pese liderar un país de 3ª regional, al final ha tenido que dar su brazo a torcer y reconocer que la piel de toro necesita ser rescatada. No lo vamos a notar en exceso ya que nuestro ínclito presidente "democráticamente" soberano, siempre fue muy bien mandao y le gustó toda la vida tener "bien hechos" los deberes. No se espera menos de quien aspire a llevar una vida de provecho. Ya que no le dejarán conducir este concurso amañado, por lo menos le queda la honrilla de seguir como leal figurante.

No se dejen engañar por el señuelo del vértigo económico. Los problemas tienen un calado mucho mayor que el financiero. La cosa está empezando. Prepárense los "gitanitos" para saber lo que le conviene al país, por su bien. Welcome, mister NWO, os recibimos con alegría. HiTechnocracy has come. Bye, bye, humanity. Once upon a time in Old-Spain...



Salió rana la rana. Pero no todo es malo. Arriba los corazones. ¡Por fin vamos a saber sin medias tintas y de primera mano, el plan previsto hace décadas por los lobos expertos para salvar a nuestro "manirroto" rebaño: "Si es que no se os puede dejar criar lana sólas." Me gustaría seguir escribiendo este post, pero he quedado con mi amigo Etienne Davignon, y la cena promete. No se si podré soportar el suspense de saber con que caldo acompañará esta noche al lechazo. Es tan previsible: ¡siempre me sorprende!

De algo sí estoy seguro, no habrá crema Chantilly. Hay un traidor en el Grupo.



viernes, 11 de mayo de 2012

Dios tahur

"Con aquellos que Lo conocen,
habrás de juntarte."
(Maimónides, Guía para perplejos VI, 2)

"¿Alguna vez me diras: -Ya basta. Si me amas, ya basta-...?
Ni en cien siglos."
(Thomas Harris, Hannibal)





Estoy sentado a última hora de la noche, arropado en la protectora quietud del salón familiar, rodeado de los libros que más amo y aún pude salvar del exilio, escritos por grandes maestros de la humanidad.

Todos los que tanto por nacimiento como por educación podemos llegar a ser considerados occidentales, por más que incursionemos en los más variopintos exotismos del afan reflexivo oriental, estamos condenados a permanecer de por vida en tal esquema de condicionamiento cultural, sin poder escapar de él. Somos y seremos para siempre occidentales.

Esta incapacidad para escapar de esta peculiar manera occidental de entender el mundo en modo alguno debe ser entendida como una prisión, sino, más bien, como el don de poseer ciertos talentos y capacidades que, al igual que los brazos y las piernas, la boca, los dientes y el cerebro humano, pueden ser utilizados -por extraño que parezca- de manera muy constructiva. Ello implica recuperar un occidente que hemos perdido hasta tal punto, que ahora nos parece irreconocible e, incluso, equivocadamente oriental. Hemos olvidado y, por ende perdido, nuestra identidad. Por muy increíble que resulte, nos hemos extraviado tan completamente de nosotros mismos, que hemos logrado identificar erróneamente términos tan contrapuestos como "moderno" y "occidental". Y para comprar semejante falacia semántica no nos ha quedado otro remedio que el de vendernos e hipotecar el Alma. Deuda ilegítima.





Occidente ha ido demasiado lejos. El sistema se hundirá por sí mismo. La única libertad que ofrece, ya casi de un modo prácticamente obligatorio, es la de perderte como ser humano. Hará todo lo posible para que seas incapaz de desarrollar tus propias ideas o siquiera volver a reconectar con lo mejor del pasado. Es una apisonadora deshumanizada que trata, con todos los ingentes medios a su alcance, de erradicar todo vestigio humano, allá donde lo encuentre, de modo que termine siendo –en cualquiera de las infinitas posibilidades que se te pasen por la cabeza- irrelevante. Todo lo humano debe ser arrojado al más absoluto obstracismo, esto es, debe ser descartado siquiera como posibilidad. Lo humano es lastre. Hemos creado un mundo donde volver a ser humanos resulte de todo punto algo imposible. No se puede luchar contra ello. Adaptarte significa “deshumanizarte” o, de lo contrario, la única opción es resignarte a desaparecer.


Cuando uno se adentra por las sinuosas, angostas y oscuras callejuelas del laberinto de cualquier medina (aún, exiguamente, todavía y a su pesar) oriental, como Fez, no es inmediatamente consciente de que dentro de ella se encuentra otra ciudad soñada, mucho más blanca y luminosa, cuyos umbrales no resultan nada fáciles de encontrar y, mucho menos, traspasar, ya que en modo alguno resultan evidentes. Así, para arribar al Cielo es necesario adentrarse en en el inframundo, “descender” y “explorar” el  interior.




Cuando se acaba por reconocer y asumir de manera existencial la polaridad de la vida, uno debe admitir la relatividad emocional de aquellos sentimientos que suscita en nosotros todas aquellas modalidades de mal que habitualmente vemos y siempre condenamos en los otros, al saber entenderlas y reconocerlas también como esencialmente nuestras.

La potencialidad al mal absoluto nos pertenece, reside agazapada en cada uno de nosotros. Lo oscuro forma parte esencial de nuestra verdadera naturaleza. Sólo la comprensión de este hecho será capaz de mitigar en nosotros el acto irracional, la admisión de cualquier nueva clase de chivo expiatorio, cabeza de turco o Guantanamo’s Torture Resort presente o futuro.

Es necesario que seamos capaces de admitir, aceptar y comprender el mal que reside en cada uno de nosotros, sin necesidad de verlo o considerarlo como un enemigo. También somos ese mal. Como bien nos enseñó a discernir el gran Carl Gustav Jung, la sombra constituye una parte inexpugnable de lo que verdaderamente somos. Una persona integra no es aquella que excluye de sí el sentimiento de culpa, la ansiedad, que no tiene miedo, sino la que de un modo real experimenta todas esas emociones sin llegar a recriminarse a sí mismo.



Bien mirado, el abono constituye el primer aroma de la más fragante de las rosas. Jung lo vio y lo aceptó:

“La gente olvida que incluso los más reputados entre los psicoterapeutas tienen ciertos escrúpulos morales, y que las confesiones de ciertos pacientes resultan muy duras y difíciles de aceptar. Pero no encontraremos ningún paciente que se sienta plénamente aceptado hasta que no se acepte lo peor que hay en él.”[1]

Es así como interpreto  -en cuanto aprendiz de psicólogo- el directo consejo que aparece en el evangelio de “No juzgueis”. Quien pretenda osar guiar a otro o simplemente acompañarle un paso en el camino habrá necesariamente de sintonizar con su Alma, y ello no será posible desde la falta de aceptación profunda, reflexiva y total que merece cada ser humano, de aquello que le hace sufrir, del enigma que guarda su vida.

Si hemos de atenernos a los hechos, tomaremos clara conciencia de que Dios consiente que tengan lugar toda clase de sucesos inconcebibles, y busca entrar en los corazones de sus creaturas para mirarse en ellos de las maneras más curiosas. Nuestra habilidad entonces consistirá en saber reconocer por doquier los signos inequívocos de la picardía de su invisible voluntad.





Poseídos –en modo algun poseedores- y arrebatados por lo real, nuestra vida es un vagar permanente, dejándonos sorprender por la novedades que se agazapan tras cada instante, sin garantía de avance, sin nada a lo que aferrarse más que a la impermanencia, el perpetuo cambio, la inagotable certidumbre de la incertidumbre, el desafío de la propia vida entendida como abismo personal e instransferible. Vivir es asomarse a lo que no tiene fondo, lo insondable, lo escurridizo, dejarse fascinar por magia de ser un mero y caduco existir.

Sin respuesta, sin consuelo, sin esperanza. Vivir es sobre todo vivirse, caminar a ciegas, tantear el oasis de lo real entre un interminable y frustrante desierto de infinitos sucedáneos. Descubrir al fin que lo que llamábamos “vida” sólo era espejismo. Sólo entonces desaparece toda forma –densa o sutil- de idolatría, sólo entonces cobra sentido “el total abandono” y, de alguna manera que no entiendes, comienzas a entenderlo todo. Un Dios taur, más misericordioso que inquietante, que simplemente ocurre.





[1] Conferencia en Lausana, 1913