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jueves, 17 de marzo de 2016

¿Respiras? Claves para modular la consciencia


Quizá -también tú, que renunciaste a la Costumbre-, tras naufragar en las dudas, tuviste que hacer de tripas corazón y, teniendo a gala desplegar una serena fuerza contenida, aún conseguiste deleitarte en el légamo de la impotencia o el amargo fracaso.

Sin necesidad de mistagogos, renacer de tus cenizas habrá de ser ahora el único rito. Su cotidiana práctica, tornada instinto, centro ubicuo en torno al que deambular, a despecho de aquellas interminables guerras, éxodos y vicisitudes que aún afligen al orbe, habrá de garantizar quizá tu prevalecer eterno.

(Disfrútalo, si quieres, completamente gratis)


martes, 8 de octubre de 2013

Disfraz


“El ser humano sólo es dueño de sí mismo
en la medida en que ya no se pertenece.”
(Moisés de León)
 
“Sólo podemos encontrar palabras para verter aquello
que ya está muerto en nuestros corazones.”
(Harold Bloom)

 

 
 
Quiere el diseño de la civilización que los más se distraigan dedicando sus esfuerzos a aliviar sus sufrimientos y evitar el dolor, mientras los menos se procuran placer, generándolos. Para ello es necesario mantener el desprestigio más absoluto sobre las vías de conocimiento y acceso directo a la fuente de este poder, y conseguir así ocultarlas a la curiosidad del grueso desfavorecido. Astrología, Geometría, Numerología y Música son las ciencias sagradas que, debidamente utilizadas, consiguen canalizar tan desigual reparto de fuerzas, solve inferius et coagula superius, impidiendo así materializar cualquier esfuerzo de crear un acceso profano “desde abajo”, Torre de Babel truncada por el rayo, que consiga abrir las puertas del Templo, establezca y una, de forma mucho más equitativa, el umbral común entre ambos mundos.
 

Son tan escasos los descubrimientos que terminan por ser significativas e indelebles certezas que uno siempre duda de si compensa el notable esfuerzo de escrutinio vital realizado entre azarosos libros, relaciones y vivencias. Son preciosas aquellas ocasiones en que encontramos aquellas palabras dirigidas especialmente a nosotros, en el momento particular vital que nos toque atravesar, que nos confrontan, nos retan y nos conmueven el alma. Y no digamos ya toparse con un corazón gemelo o una súbita inspiración crucial, de modo imprevisto e insospechado. Cuando eso sucede, no solemos hablar de ello, y cubrimos los límites de esa región íntima mediante un cerco sagrado de elocuente silencio. ¿Para qué rebuscar palabras, molestarse en fingir, simular, engañar y ocultar… cuando es suficiente con callarse? ¿Por qué conformarse con agrietados crisoles, con atanores alquilados y alquímicos sucedáneos? ¿Cómo salirse del cerco distractor trazado y seguir aún con vida? Tras el mejor disfraz.
 


domingo, 8 de septiembre de 2013

¿Te acuerdas?


“El mirto y el acanto me engañaron,
me engañó el corazón de la granada.”
(Antonio Gala, Soneto de la Zubia)
 
“Quien no pagó el precio de su felicidad
así se condenó a ser y morir infeliz.”
(Yevgeny Yevtushenko, Mentiras)

 




 
El precio de todo suele ser su contrario: trae vida la muerte, sinsentido la normalidad consentida, amor el aciago desamor. La urdimbre lunar que teje el tapiz del otoño sobre la predecible trama solar, nos dibuja ya el ala diestra de Miguel, aquella que sombría se cierne sobre su amenazadora espada, tal y como suele hacerlo siempre el macrocosmos sobre el microcosmos.

Nuestra soberbia que suele admirarse con la parte, desprecia la paciencia que sabe aguardar al todo, espejo mágico en el que se refleja y renueva, holón anidado y anidador, el instante de cada universo. La paciencia que sabe quitarse de en medio, para no estorbar ni interferir la fidelidad del trabajo especular. Todo lo creado parece un todo, si se mira desde dentro, pero, ya desde fuera de sí, se reconoce parte de un todo mayor. Ambos (el todo ascendente y sus descendientes partes a imagen y semejanza) trabajan como unidad. La más insignificante de las partes tiene una esencial tarea que realizar, quizá la más decisiva y fundamental para contribuir al éxito del soberano conjunto. No puede haber ningún fallo. El campo escalar garantiza que no haya partícula que se salga del guión, ni siquiera aquellas destinadas a improvisar.

Nuestro corazón se asoma asombrado a esta prodigiosa danza siempre en permanente y meticulosa transformación, fuego incombustible, conciencia, certeza del efímero crepitar que exhausto se extingue tan pronto como surge. Y ese asombro, al saberse tránsito, purifica de manera extraordinaria en cada renacer la precaria mirada.


 

lunes, 1 de julio de 2013

Silencio del corazón

“Con cantos y danzas
se adelanta Zaratrustra.”
(Fiedrich Nietzsche)

“¡Qué maravilla!
El puente avanza sobre el torrente-“
(Tradicional Zen)





Aquella imagen que nos parece inmóvil, transcurre como una maravillosa danza en el fluyente tapiz de luz que discurre nuestra retina, danza de la que, tal y como sucede con el resto de los procesos sensoriales que transcurren simultáneos a ese dinámico acontecer visionario, nosotros somos totalmente inconscientes. Por extraño que resulte, somos ciegos al proceso que genera y prefigura cada una de nuestras miradas. De este modo, tantas cosas ocurren ahora mismo a nuestro lado e incluso en nosotros mismos, y nos constituyen esencialmente, de las que apenas sabemos ni sabremos nada. Danzamos con el universo. A nada que prestemos algo de atención, nos daremos cuenta puntual de que somos parte observadora de su propia y permanente danza, pero esa parte “que danza dándose cuenta”, sólo es memoria, Gestalt impermanente, recuerdo de impresiones que yacen -y suceden a otras- muertas. Aquello que vemos, nuestra propia mirada, es tal porque, por mucho que nos cueste asumirlo, ya no existe. Apresado el instante, yace muerto, al igual que la verdad al contarla.



miércoles, 22 de mayo de 2013

Sacra disidencia

"Quien mira desde su interior
sabe que todo es nuevo."
(Paracelso)

“Llega un día, sin que haya marcha atrás posible,
en que descubrimos que (lo que creímos) 
nuestras mezquinas vidas subjetivas 
no pertenecen sino a una nueva actualización 
aquí y ahora de lo universal.”
(Carl Gustav Jung)




Intentar conocer el enigma de cualquier ser humano, no desde aquello que aparentemente está siendo, sino en función de lo que puede llegar a ser, constituye el reto que supone un acercamiento metapsíquico focalizado en los pormenores del devenir experiencial y ontológico de lo sagrado, allí donde la sospecha siempre rinde más réditos que la evidencia. Desde las instituciones religiosas y políticas se promueve una espiritualidad espuria y anquilosada, con el fin de evitar por cualquier medio que las personas experimenten –o promover activamente su total alejamiento de- lo verdaderamente sagrado.


Nadie ha de constatar en sus propias carnes, por el bien del orden constituido, que porta en si un poder creador autónomo del que no es consciente y cuyo contacto con él podría transformarlo y liberarlo. Nada más potencialmente peligroso para disolver las rígidas estructuras del stablishment social, más revolucionario y más efectivamente anti sistema que la “mirada interior”. Se ha de impedir a toda costa que aquello que duerme en nuestra inconsciencia, nuestro mito personal, tome la palabra y cobre vida, desenmascarando así el endeble delirio subjetivo cotidiano.


Toda vez que sintonizamos con lo sagrado inconsciente en nosotros, cobramos mayor consciencia del mundo, del prójimo y de la trascendencia de nuestra ocasión vital. Una vez que hemos descubierto que la nuestra es una aventura espiritual, tan ineludible como intransferible, todo adquiere, al fin, sentido. Nuestra vida se convierte así en una respuesta inequívoca a tan profunda llamada.




domingo, 19 de mayo de 2013

El secreto de la filantropía


“Ahora sé cuánta nobleza
cabe en el dolor.”
(Charles Baudelaire, Flores tóxicas)




Lo único que aún podemos oponer a la perversa destrucción del ser humano es la construcción de un nuevo ser humano. Devolver miseria por miseria es haber extraviado el equilibrio, resistirse a devolver la incertidumbre de las cosas, trascendiendo la necesaria polaridad de las formas,  a su sitio y centro preciso, creación eterna para quien sabe renovar a cada instante la mirada, para quien guarda en su corazón los ecos de una belleza incomparable y cumple con su deber sagrado de preservar el infinito amor a esa Vida que aún lo vivifica.

Quién pudiera volver a sentir la belleza de la soledad, de la oscuridad y del amor imposible, con idéntico súbito temblor con que el que se quiebran los ingrávidos, dulcemente gentiles y tan amados mundos sutiles de aquel alma que, como la nuestra, como la de tantos y tantos otros, antes y después, regresa ligera de equipaje, como los hijos de la mar. Desnudar la pena, el rencor y el desconsuelo. Un conocimiento que no requiere ya ser difundido,  sino tan solo netamente saboreado.



miércoles, 6 de marzo de 2013

Órfalis

“Vine para decir una palabra y la diré.
Más si la muerte se adelanta,
ella la dirá mañana.”
(Jalil Gibrán, Lágrima y sonrisa)

 

 

 

Cuando nos asomamos al interior de las cosas, de las personas, del mundo, nos asalta una sorprendente intensidad vital que no deja entrever el infinito decorado de su apariencia exterior, como le sucede al alba invisible que toda noche oculta en lo más íntimo.
 

Así, para borrar la cotidiana oscuridad que asola y enfría nuestra vida, basta una nueva mirada, un ejercicio de voluntad, de decisión súbita, un acto de conciencia será suficiente para que aquella quede abolida y resplandezca la luz del alba.
 

Convivimos con los oscuros rincones de nuestra alma, asumimos su tóxica familiaridad, hasta que un buen día, sin saber muy bien cómo ni por qué, recobramos el anhelo de soñar e iluminar de nuevo la trasparencia de nuestro pequeño mundo. Voluntad que aporta cuanto sabe y cuanto ignora.
 
 

 

Ese tránsito aciago por la oscuridad parece, a todas luces, algo imprescindible, necesario. ¿Qué sería de nuestra luz sin el recurso transgresor de la consigna de la sombra? ¿Qué simulada transformación cabe esperar sin su cuestionamiento? ¿Qué verdadero acto, si no nace del conocimiento indeleble al experimentar la propia victoria?

 
Para descubrir que Órfalis ya era el paraíso fue necesario volver hacia nosotros la propia mirada mil y una noches. Lento tapiz que teje en nosotros la humildad intelectual, la coherencia y la insobornabilidad de quién ya lo ha perdido todo y a nada externo obedece, pues descubrió la trampa antagonista que impregna cada renovado instante.



 

Esa fuerza imparable habrá de resurgir de nuestros escombros, con la tenacidad que cabe esperar a la promesa divina. Campo escalar oculto tras la penumbra de las luminosas sombras que nos revela que verdad y belleza no pueden ser cosas distintas, que, si no quieres perderte en la arrogante impostura, ha de ser honesto el modo en que te ganas la brevedad de tu vida.

 
En todo momento, pero sobre todo en las intensas horas felices de la fugaz existencia, han de ser incondicionales tu profética luz y tu aroma. Recuerda que el escenario es efímero, y sólo tu creador conoce la verdadera cifra de tu hora.



sábado, 1 de diciembre de 2012

#Anima desanimada


“Vino que alegra el corazón,
olíbano que ilumina el rostro
y el pan que nos da fuerzas.”
(Salmo 104, 14-15)

 

 

Recorro las calles oscuras, comprobando como se agotan los últimos resquicios del alma en las miradas asustadas. Tiene que ser así. El eco interminable de las redes sociales termina por agotarse buscando inútilmente su fuente, infinito es el poder de la dispersión. El mercado, en su brutal anestesia, ha terminado autofagocitándose sin darse cuenta.

 
Miedo. Todo testigo así se redime. Su mirada es siempre oración. Alejado de la ilusoria comodidad de la espiritualidad impostada, la verdad no admite regateos.


Sufrimiento sagrado, por mínimo que sea su agónico aliento, ahora que el pábilo humea. Silencio. Silentium. Muein.



domingo, 28 de octubre de 2012

Perplejidad en lo eterno

“De la cósmica negritud brotan irisadas perlas,
más es en el confín del abismo interior
donde anida la luz que las procura”
(Ibn Arabi, Engarces de Sabiduría)

“Cuando la tierra sacudida por el terremoto
se desprende del lastre innecesario sobre ella,
nos preguntamos: ¿qué sucede?”
(Qurân 99, 1-3)




El fin del mundo será el fin de tu mundo, como consecuencia del propio despertar de tu alma y su progreso y evolución hacia el reencuentro con su fuente espiritual, allí donde todo lo que hasta entonces creías cierto y válido ante tus propios ojos quiebra y se desmorona. El fin del mundo será el fin de tu actual yo, su desvanecimiento. Una experiencia por la que muchos hombres y mujeres pasaron antes que tú. Y todavía siguen, a día de hoy, haciéndolo.

Interpretar tu propia existencia desde otra perspectiva radicalmente distinta, con otra mirada bien diferente, supone haber experimentado el encuentro con lo inefable, dada la brutal transformación. Estremece. Pone fin a tu cotidiano mundo. Cuando todo ese mundo acaba, lo que termina es, en realidad, tu propia inmersión en una ilusión. Traspasas el umbral de lo Real.

Bien mirado, no existe ninguna diferencia práctica entre el fin de tu mundo y el Fin del Mundo. Bien puede decirse que experimentas una suerte de muerte previa, donde la verdad que ocultaba tu corazón aflora y la máscara sucumbe. Perplejidad en lo eterno. No otra cosa es, para cualquiera, la unificadora muerte. Vívela. Vívela antes. Feliz nuevo fin del mundo. ¿Notas ya como te envuelven y arrastran sus aterradores estertores?



sábado, 6 de octubre de 2012

Subjetividad usurpada


 
A Ramesh Balsekar, in memoriam.
 
Lo cotidiano, la humanidad, nuestra familia, nuestra memoria, la memoria de lo bello y de lo amargo que vivimos tienen un secreto sentido. Las cosas más simples, más sencillas obedecen a un plan fuera de escena, al que nada en la escena escapa. Nacer y morir, la ciencia y la tecnología, los pormenores del mapa universal –incluidos nosotros- obedecen una única voluntad. El bien y el mal se entrelazan en un sutil diseño, no evidente a la mirada perezosa, que permanece ajena a esa intimidad. Vivir no es ser actor, sino instrumento, límite en el que sucede una mirada que no nos pertenece, porque es única. Devenir eterno.

 
El principio básico de la ausencia de dualidad sostiene cada ser, proceso auto-generado que se manifiesta en nuestro universo aparente, simplemente ocurre. La intelección de nuestras sensaciones hacen de nosotros unos objetos animados peculiares. Ese mismo intelecto es capaz de crear la ilusión de separación y otorgarle visos de realidad. Es necesario por tanto crear en dicho intelecto una ilusión antagonista, la ilusión de liberación. El intelecto se focaliza en liberarse en aquello mismo que el ha creado y le hace sentirse atrapado en su propia ilusión. Todos somos objetos de un único sujeto.
 
 
Al creernos así sujetos separados, quizá estamos usurpando “ilusoriamente” aquella subjetividad de lo inmanifestado que nos creó. El dios extraviado en la identificación queda así liberado cuando, debidamente desidentificado, regresa a la conciencia impersonal. Ese proceso de desidentificación siempre es del todo algo impersonal. No puede ser realizado por ningún yo. Terminada la obra, desaparece con ella el actor. El ser inmanifestado es.Tú que crees que ahora lees ¿Qué buscas? ¿Encontraste al fin –fuera de ti- un espejo? ¿Halló la conciencia impersonal reposo? La mirada que se asomaba al ojo, desapareció. Un Amor sin nombre que no descansa propicia el descanso, preciso, ocurra lo que ocurra.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Amor y negocios

“Cuando tus palabras son amables crean confidencia.
Cuando tus pensamientos son amables crean altura.
Cuando tu dar es amable crea amor.”
(Lao Tsé)
 
“En efecto, se comienza por amar,
aunque el final del camino es invisible.
Dejas de pensar en el final,
toda vez que tuviste un inicio tan grato.”
(Faruq Farolzad)

 

 

 

Resulta imposible encontrar a Dios, si Él no te encuentra antes. Ceja en esforzarte en vano. Detente entre la danza de los mundos e irradia toda la belleza que encuentres a tu paso. No guardes ni retengas nada. La niebla otoñal saldrá a tu paso y te rodeará en un abrazo silente, mientras buscas donde podrán reposar tus huesos. Todas tus dudas y preguntas quedarán sin respuesta de un modo irremediable. Nada hay que puedas hacer o dejar de hacer. El Eterno ha tomado hace tiempo su imparable, irrevocable y definitiva resolución. Tiemblas escondido tras un ego incapaz de protegerte por más tiempo de la oscuridad. Tu vida es un permanente dar tumbos. Y lo sabes.

 

Da un paso más allá de ti. Basta un solo paso. Cuando uno lo ha aprendido todo –has leído bien, dice todo- y aún se siente insatisfecho, es hora de ponerse en el camino de un modo decidido  y echarse a andar. Al menos, esa es una forma de ver las cosas. Algo de cordura hay en esto de reconocerse irremediablemente loco. Desde luego, nadie duda de que el camino del amor es mucho más arduo e ingrato de recorrer que el de los negocios. En cualquier caso, eso no es culpa mía. No elegí ser traficante de palabras. Beber su vacío fue tu elección. Ahora estás perdido para siempre. Ya es algo definitivo. Te deseo, pues, buena suerte en tu mala suerte. ¡Se te acabaron las excusas! En este negocio, sobran todas las palabras.



sábado, 22 de septiembre de 2012

En perspectiva


“Entremos, pues, en materia.”
(Andrónico de Rodas, notas a las ponencias magistrales del Liceo)
 
“No le importa demasiado el cómo
a quien posee el tesoro del por qué.”
(Friedrich Nietzsche)

 

 

 

Somos el mundo, solo que desde otra perspectiva. Lo que parece haber ahí fuera no es sino otro de los múltiples y variopintos rostros que adopta nuestra mirada. Lo real es pues el “ángulo” adoptado por quién, en un preciso aquí y ahora, se siente preparado para ser observador “sin ser visto”. Lo que se esconde tras la experiencia de medida y observación que es de todo, menos imparcial o aséptica mirada. Es creación.
 
En todo acto creador –mirada- se precisa siempre el concurso de cuatro causas, aunque. de un tiempo a esta parte, andemos demasiado obsesionados por la menor de ellas, la causa material, menospreciando así el valor de la atención (causa formal), de la intención (causa final) y de la voluntad sostenida con esfuerzo (causa eficiente). La civilización occidental a elegido ser miserable en estas tres últimas, con tal de asegurarse así la primera. De ahí que ha hecho de su colapso destino, perseverancia ausente de vigilia.
 
Nuestro mundo actual, deslumbrado así por la inercia tecnológica, desconoce aún que ya está muerto y bien muerto. Occidente, máquina errante, Santa Compaña de estados en minúscula, ya sin rumbo que, aún no lo sabe, murió el mismo día en que perdió su por qué. Es lo que tienen los procesos que, aún ensoberbecidos y mal que les pese, son incapaces de prescindir de sus causas. Terminan así convertidos en zombis que, ya sin intestino ni estómago, acaban en TOC devorándose los unos a los otros. Un indigerible sinsentido ¡Qué falta de proto-kolon!
 
 
 
 

jueves, 30 de agosto de 2012

Damasco en llamas

“Gravisque principum amicitias!”
(Horacio a Asinio Polion)
 
“Detenidos en el detalle parcial de vuestra vicisitud,
cesáis así de abandonaros al todo.”
(Juan de la Cruz, Comentarios a la Subida)

 

 

 

Parece que en un mundo que ha perdido su centro y su sentido, una vez más, sea necesario despertar en nosotros la huella de la totalidad, la voluntad íntima de revivir en nuestro corazón la mirada que abraza la unidad del mundo, aquella que devuelve al género humano la huella de su integridad y radical belleza. Regresar así de la trampa de interés propio a la viva llama del amor que todo lo abrasa.
 
 

 

Igual que la belleza de Beatriz supo mostrar a Durante qué se ocultaba tras ella, así como la noche protege en su alma certera y oscura el secreto radiante de la luz, así el mundo esconde el cántico de alabanza a su Creador. Aquí y ahora, la creación es total agradecimiento de lo que se sabe creado por un entendimiento, una voluntad y una imaginación sin medida. Siempre nueva, renovada, permanente itinerario de regreso a Su Fuente. Deseo ardiente. Encuentro real por imaginado.
 
 

 

¿Por qué no el hombre? ¿Por qué no el hombre? Dime tú, si lo sabes, ¿por qué no también el hombre?


 
 
 

viernes, 24 de agosto de 2012

Desde donde el mundo es templo


“Siendo pobre en la posibilidad de mi riqueza
¿cómo no habría de serlo en mi actual pobreza?
Ignorante en la posibilidad de mi sabiduría,
¿cómo no habría de serlo en mi actual ignorancia?”
(Ibn Ata-Illah)
 
“Salvo quienes obren y caminen desde la certeza,
salvo quienes se recomienden entre sí verdad y paciencia.
Los demás… perdidos.”
(Qurân 103)

   

 

 

Lo que no parecen sino hechos inconexos, azares fortuitos, plural absurdo de la irredenta multiplicidad, fatalidades que se agotan y encuentran su límite en los respectivos egos infinitos, todo aquello que no parece sino caos, digo, conforma una coherencia tan sutil como la que se aprecia al atravesar el umbral de todo recinto sagrado. Cada cosa está dispuesta en función de un único propósito: nuestra total desaparición. Al igual que durante el periodo comercial de rebajas, se aspira a una liquidación total del stock egoico, así disuelto en la parsimonia coagulante de la unidad.

 

El gesto natural de quién se da cuenta de ello es la de volverse al humus, la de recogerse humilde en la prosternación, la de saberse “polvo y ceniza”, la de reconocerse evanescente reflejo en el espejo del mundo a merced de Su mirada. Dicha humillación es la “experiencia”. Incompatible con las infinitas formas de orgullo espiritual que pueblan logias, sinagogas, basílicas, mezquitas, resorts new age, dojos y ashrams.

 

Por más que estén de moda, no hay eco ni en el simulacro de amor, ni en la espiritualidad impostada, ni en la mal disimulada soberbia. Se requiere el saldo, se hace necesaria la propia rebaja, el total obsequio desinteresado. Es precisa aquí la liquidación total. Quién verdaderamente Te conoce, ni reposa en tu gracia ni desespera de Ti en la adversidad. Ardua es ciencia de la paz. Pero donoso su escrutinio. El aquí y ahora hechos templo, dicen que saborea el que sabe.



lunes, 20 de agosto de 2012

Severa conjuntivitis

 “Tú que ingenuamente pretendes
reducir al Eterno a tu entendimiento
¿con qué Lo piensas comparar?”
(Isaías 40, 18-25)




La realidad es fractal: unos órdenes se suceden a partir de otros previos, copiando la estructura y morfología de estos. ¿A qué modelo inicial entonces se corresponde el diseño y la estructura del fractal humano? ¿De dónde, a imagen y semejanza de qué ¡y por quién! fuimos copiados los seres humanos? Preguntas como estas, levantan un intenso dolor de cabeza a una especie tan antropocéntrica como la nuestra, acostumbrada a sentirse centro y medida de todas las cosas, cuando sólo es parámetro, referencia, de un modelo previo esencial. Sentirnos meras copias quizá hiere de un modo profundo nuestro orgullo, hasta tal punto que, en defensa de nuestra débil cordura, negamos dicha posibilidad. Preferimos sentirnos tan especiales como el que más. Nuestro narcisismo es tan frecuente que termina por abocarnos a la más irredenta vulgaridad. Y así, no conseguimos salirnos del bucle.

Uno de los problemas de la metáfora es la de atrapar la magia de aquello que pretende trascender, convirtiéndose en simple adjetivo calificativo, como ocurre con el protagonismo que adquiere el dedo que señala a luna, frente al astro señalado o como sucede con aquellos carteles al comienzo de una localidad, tan sobradamente distantes de nuestro lugar de destino. Demasiado a menudo, nuestra pereza nos lleva a identificar (confundir) medios y fin. Ya nos advertía (y parece que en vano) Alfred Korzibsky que el mapa NO ES el territorio.

Sea como fuere, la palabra y la idea sólo penetran en el sujeto cuando se adaptan a su nivel real de comprensión. El problema es cómo transformamos (adecuamos al nivel de entendimiento del sujeto) en ideas y palabras algunas realidades que son tan extremadamente remotas y complejas al mismo tiempo que sutiles, como el “inexistente” centro de una gruesa cebolla, que sigue oculto capa tras capa. Usemos, pues, el paso a paso de lo natural: para llegar el núcleo de ciertos frutos, habremos antes de hacer el esfuerzo de despojarlos de toda su resistente cáscara. Dicho de otro modo menos elegante, resulta complicado apreciar la belleza de un paisaje cuando no somos conscientes de las gruesas legañas que impiden llegar el reflejo de la luz a nuestros ojos.



viernes, 17 de agosto de 2012

Huelga de hambre


“Quien duerma sobre una tumba…
despertará poeta ¡o loco!”
(Filidh, Tratado de Imbás Forosnai)

“En otro tiempo, los sabios se enterraban vivos
e incubaban en su ataúd silvestre, sellado desde dentro,
con la cabeza al este, una noche, dos días,
o todo el tiempo que necesitaran.”
(Juan Matus)







El ayuno previo es uno de los métodos más eficaces que tradicionalmente son utilizados para reacondicionar, purificar y curar el cuerpo, accediendo a traspasar el umbral de otros estados de conciencia –llamémosles- “no ordinarios”. La posterior ingesta de los huesos y la carne de los dioses, procura una asimilación que se entiende sagrada por tener lugar en un terreno más apropiado: el del des-ayuno. La espera de mortal inanición (prayopavesana hindú) prefigura así un re-nacimiento de lo más espectacular.






La céltica Ley de Brehon diferencia con claridad entre el ayuno "troscad", para lograr dañar a terceros y el "cealacha", mucho más de moda en ámbitos carcelarios, para conmover el favor de la ciega justicia por hambre, que se suele asociar al malogrado Mohandas Gandhi. El hambre del “Aíne Frithaire” chantajea y conmueve con eficacia a los dioses, los ata a nuestra voluntad. Igual que el arcoíris servía de “ancla” recordatorio al Eterno del pacto vinculante con los hombres, a través de la tormentosa gesta náutica de Noé, tras siete meses inolvidables.







Privar al estómago y a los sentidos de su habitual alimento, supone atravesar el contraparto, natural pero anticipado, del paso entre la vida y la muerte. La poción de muérdago e hidromiel posibilita, a posteriori, el tránsito -más arduo- que supone rítmico parto que lleva de la muerte prematura a la renovada vida, acompasado por el “llanto y latir de la tierra” que trota desde el “eje que une los mundos” y los encanta con su arrullo. Ayuno tras ayuno, parece que la única forma de elevarse sobre las tinieblas es aceptarlas. El regreso desde esa alcoba, ya no muestra un mundo hostil e imperfecto, sino pleno de oportunidades para amar y dejarse amar. Un verdadero don que transforma para siempre la mirada. Per aspera ad fontes.



miércoles, 15 de agosto de 2012

Alacena del corazón

“Algunas almas se muestran cuál pura luz de luna.
Otras, más irisadas, ofrecen ofídicos rasguños pálidos.”
(Plutarco, De sera Numidis Vindicta, XXII)






La metafísica de la luz siempre distingue entre la mirada divina, la mirada sagrada y la ceguera. Así la luz y las tinieblas pueden ser consideradas bajo esta triple perspectiva tan ajena a convenciones y consensos, inmersa en la fértil elocuencia transformadora en la que se estructuran los distintos órdenes  simbólicos, la que garantiza la reflexión paradójica, aquella que resplandece luminosa para el alma.

De algún modo que aún no comprendemos bien, el alma sabe que toda luz proviene del interior. Sin esa luz, el mundo enmudece en la sombra, se torna huella. Desde ella, en cambio, la total oscuridad se revela fuente luminosa. Esa forma de estremecer el lenguaje y torcerlo más allá de toda posible polisemia fatiga y agota cualquier clase de lógica, sobre todo para quienes aún confunden alma y retina.

La mirada divina construye la necesidad. La mirada sagrada revela la arbitraria posibilidad del azar. La ignota ceguera nos oculta nuestra total falta de libertad y nos inventa responsables. ¡Como si fuera posible escoger la mirada o el alma de la música se agotase en la partitura! Sabiduría ensoberbecida que confunde cifra y descifra, hermenéutica con coleccionar diccionarios de símbolos, el 1,3 y el 1,6, palpando a tientas, tropezando con las sombras, sin ochema ni auge, incapaz de encontrar, caleidoscópica luz sobre luz, la alacena del corazón.





martes, 14 de agosto de 2012

Frustrada mirada


“Así, dame tu mirada una y otra vez,
para que regrese a ti deslumbrada,
humillada, vencida…”
(Qurân 67, 4)

“Gozos y sufrimientos de la luz,
los reflejos cromáticos nos muestran la escala
por la que se alcanza la Vida.”
(Goethe, Fausto)






Aunque el misterio del conocer se imbrica en los actos del sentir y del pensar, no se agota en ninguno de ellos. El desdeñado mapa del alma humana, toda vez que se resiste a ser cartografiado, delimitado o aprisionado por la forma o la palabra alguna, persiste como certeza inefable, capaz de abrasar el fénix de la imaginación creadora y darle renovada vida, latido luminoso y tornasolado, gozo coloreado y vibrante a lo que antaño fuera sombra gris, fáustica ceguera espiritual, recuerdo incomprensible, ceniza.

Recobrar la experiencia de lo sutil en la conciencia. Mirada interior que se sabe, porque se reconoce,  mirada. Instante elocuente en el que brotan y confluyen dos mares, la mirada y el sentido, percepción y significado. Pura apertura, vacía e insegura, que todo lo abarca y lo entiende, encuentro imposible entre los mundos tan distantes. Regreso. Ascenso que reúne. Aprender a rescatar la luz de la mirada, a mirar desde el reencuentro del alma, una vez, claro está, que ésta haya sido recordada, esto es, devuelta al corazón que sabe.

Luz sobre luz, que no necesita sombras, radiante aceite que no requiere llama, una mirada así, no se limita a ser testigo: requiere la luminosa caricia y sale a abrazarse a los colores, recuerda el compromiso, germina lo real. Cuando el alma se torna un mapa inútil ¿quién necesita razones a falta de memoria? ¿Quién le recuerda a la frustrada y estéril ceniza que un día fue resplandeciente gozo y sufrimiento, ardiente brasa? ¿Quién le devuelve la verdadera mirada? La que no se dobla. La que no da marcha atrás ni pasos en falso. La que no traiciona lo real. Aquella capaz de besar la luz que la besa.




sábado, 30 de junio de 2012

Estrella flamígera

“Y señalando el Maestro le dijo: Judas,
aquella que ves refulgir en el cielo,
también es tu estrella.”
(Evangelio de Judas)

“Tras oír hablar de él, quise ver aquel maravilloso laberinto
construido por Amenemhat III junto al lago de Osiris
con mis propios ojos. No recuerdo nada tan prodigioso.”
(Herodoto, Historia II, cap. CXLVIII)









El sol, la estrella eje del sistema planetario al que pertenecemos, oculta con su cegadora luz el verdadero rostro del cielo, un pergamino negro salpicado de estrellas distantes (no cegadoras) que configuran un mapa paraidólico que ha fascinado desde siempre a sus observadores. Todas las civilizaciones que se han ido sucediendo a lo largo del devenir de nuestra especie, han tratado de fijar, en vano, su temporal dominio hegemónico reproduciendo ese mapa estelar nocturno, atando, por así decirlo, la voluntad del cielo a la de la tierra, a través de toda una serie de construcciones que sobrevivieron a la decrepitud de sus constructores, para deleite y asombro de nuestra mirada incrédula. Pasaron los arquitectos y tronos, permaneció su obra, pétreo calco del cielo, sobre la tierra. Nosotros, pasajeros efímeros de este espurio afán de fijar el cielo verdadero (nocturno) sobre la tierra, así lo atestiguamos sobre los ceros y unos de este post, también en vano.



El cielo nocturno es inmenso, el número de las estrellas que sobre este oscuro tapiz refulgen también lo es. ¿Cómo entonces diseñar aquellas paraidolias que sobrevivan pues a la arbitraria elección de sus factores, permaneciendo como constelaciones en la memoria de los hombres que se sucedan guerra tras guerra? Así nacieron los mitos, así aún permanecen en nuestro imaginario colectivo, poblando más las “wikipedias” y las vanidades internaúticas, que nuestras perezosas y inutilizadas memorias. Pocos de cuantos sondean su destino inmediato en las columnas del horóscopo, tienen noticia de que este se haya muy desfasado. El cielo real no muestra la constelación bajo la que creen que nacieron. La cifra, una vez más, se desfasó con respecto a la circunvolución real de las “imaginarias agrupaciones de astros” a las que un día etiquetamos como constelaciones. Las estrellas siguen ahí, pero los hombres hemos (no sé si de manera "totalmente" voluntaria) olvidado ya el mapa.



Todo mapa pretende unir (al menos) dos puntos. El de partida (que permanece ignoto), pero al que podremos arribar (toda vez que contemos con los medios necesarios) yendo hacia atrás, y, claro está, el de llegada. Todos los indicios nos llevan a concluir que ¡nosotros fuimos un día los verdaderos extraterrestres! y, mal que bien, como pudimos y con ayuda de la pertinaz y sabia maniobra psico-genética, nos adaptamos al islote cósmico en el que nos hayamos. Así la tierra nos recuerda nuestra “tierra primigenia” y el sol prestado actual, “el verdadero sol de que provenimos”, el que aparece al otro extremo del mapa: el Origen.







Uno de los más, no sé si acertados pero cuánto menos, interesantes rastros de “ese Origen primordial” es el que ha encontrado Wayne Hershel en 2002, y lleva desarrollando desde hace ya diez años, rastreando los mapas “monumentales” que aparecen no sólo en nuestro planeta, sino en nuestro satélite e incluso en Marte. Sus “increíbles” evidencias de correlación pueden ser contrastadas por el lector en cuatro diferentes ámbitos:


1.- Agrupaciones arquitectónicas arqueológicas: Triangulación de los túmulos de Stonehenge, Winterbourne y Lake (Inglaterra); templos y pirámides (Egipto); túmulos de Maliik Sha (Persia); enterramientos de Xiaoling (China); Angkor (Camboya); complejo de Lalibela (Etiopía)

2.- Agrupaciones arquitectónicas modernas: Alineación Iglesia de San Pedro con el Castillo de Santángelo (Roma); alineación Casa Blanca con Obelisco (Washington)

3.- Símbolos y tradiciones: Trinidad, sello de Salomón, relieves sumerios, tumba Semnu y zodiaco de Déndera (Egipto), pinturas rupestres en Lascaux, grabados Cherokees, manuscrito Voinich, disco de Neba, tapices masónicos

4.- Exoplanetas: Área de Medina Sidonia (Marte)



La ruta visual desde la tierra (observatorio astronómico) a través del cielo nocturno sería una línea recta imaginaria que “une” Canis Mayor, Sirio, el triple cinturón de Orión (3), el Aldebarán de la quíntuple constelación Tauro (5) y esquina superior de las septenarias Pléyades (7), conocida por los egipcios como “Pierna de buey”. Desde esta esquina, aparece un triángulo mágico donde hay dos estrellas muy distantes (de nosotros y entre sí) que esconden sistemas planetarios interesante como hipótesis de nuestro origen. Los astrónomos las han etiquetado con los códigos HD283271 y HD282943, respectivamente. Sólo nos queda por desarrollar la tecnología de vuelo e hibernación necesarias, con que nos trajeron hasta aquí, y volver a ver qué ha sido de nuestros ancestros. ¿Cómo será eso de volver a casa? Se admiten hipótesis. Si no has oído hablar nunca de Wayne Herschel (hasta ahora), ¿tienes el valor de preguntarte por qué? Si tienes más curiosidad, aquí tienes su fascinante página. ¡No te la pierdas! Todo un cerebrín.