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sábado, 5 de octubre de 2013

Staurodromi


“Triple protectora de caminos, umbrales y encrucijadas,
guardiana de los silentes inquietos que aún aguardan,
guía luminosa de los renacidos, ábrenos las puertas del sepulcro
y sé propicia a los que, en serena devoción, velan en tu Noche.”
(Hécate, Himno Órfico)
 
“Gemimos, gemimos…
…pero esperamos.”
(REAA, TF)

 





 

Este año Halloween ha madrugado más de lo debido, pero muy pocos, ya que la gran mayoría se encuentra aún férreamente atada a la arbitraria tiranía imperial del calendario solar, son los que parecen haberse percatado de ello. Así, según sea tu vibrar, esta noche hallarás tinieblas o luminosa oscuridad, de ti depende. No se puede osar atravesar el Olimpo sin el debido entrenamiento lunar, por más que les pese a los modernos perezosos esclavos de la urgente instantaneidad.


Atravesar la magia de la oscura encrucijada, el “orio” o prodigioso umbral que guardan las “oras”, para enfrentarnos cara a cara a aquellos misterios que nunca quisimos ver ni escuchar, por temor a que nos alumbrasen un indeseado camino. La portadora de llaves sólo hace su trabajo, ataviada de su azafranado peplo ritual. ¿Te atreves tú a asomarte tras la puerta? No te olvides la ofrenda de sangre y miel que requieren los ctonios. No te imaginas la prima de riesgo de un olvido semejante.
 
 
 

martes, 24 de septiembre de 2013

Levanah


“Oh Fortuna, cambiante Luna!
Siempre creces o menguas.
Odiosa vida, tan pronto dura
como luego favoreces al tahúr.
Pobreza y poder, todo fundes cual hielo.”
(Carmina Burana)
 
“Hasta el más puro de corazón
que en la noche susurra piadoso sus oraciones,
florecido el acónito, radiante la Luna,
puede tornarse destructor Lobo
de todo cuanto ama.”
(Tradicional gitano)

 


Cuando traspasamos nuestra zona de confort y nos adentramos en la de aprendizaje, nunca sabemos lo que vamos a encontrar. Nuestro propósito es deficiente; nuestra intención vaga, a la espera de ilusorias recompensas que nunca llegarán sin el pago de nuestro esfuerzo constante.


Aprendemos así, poco a poco, lentamente, a trompicones, cada vez un poco y otro poco más. Nunca es como al principio habíamos imaginado, por lo que sentimos un miedo tan real como indescriptible, en la certeza de que algo está muriendo –quizá de manera irreparable- en nosotros.

 
 
Cada progreso se transforma así en una trampa, un crucial atolladero, una batalla interminable dentro de nosotros que inmisericorde nos reclama: “Con lo bien que estabas, ¿quién te mandaría adentrarte en semejantes berenjenales? (Con lo bien que estabas)”.

 
El miedo, siempre el miedo, nos enreda el alma a cada paso, zancadillea cada latido, ensombrece cada esperanza. Nos desanima, nos paraliza, nos detiene. Nos asusta, nos derrota e incansable al desaliento termina por  vencernos. Al menos, eso es lo que busca, lo que da sentido a su afán.

 
Podemos estar bañados en el miedo, sin que por ello debamos en ningún caso de finalizar nuestro aprendizaje, aquel que nos conduce a la zona ignota que anhelamos, nos adentra en el misterio. Vencido el miedo nos atenaza aún un enemigo mayor, la ilusión de claridad, el espejismo de apresurarnos tras una certeza irreal. Quien venció su miedo debe ahora desafiar su prisa, esperar con paciencia y medir con discernimiento cada nuevo paso. Quien sabe que no sabe, todo lo puede a su antojo. Su deseo es ley.


Es el poder el mayor enemigo. Así, quien vence su miedo y comienza a dar pasos calculados, termina promulgando leyes. Alguien tan poderoso, que se ha rendido al poder, es más esclavo que dueño de su destino. Y aún queda un enemigo más, quizá el más cruel, ya que, invencible, sólo puede ser ahuyentado un instante: el tiempo.


Cuando ya no tienes miedo, tu claridad es paciente y ya todo tu poder se encuentra bajo control, sentirás deseos de descansar y tirar la toalla desde un alma envejecida. ¡Sacude tu cansancio y vive tu misión hasta el último de tus días, hasta el último aliento! Sólo entonces habrás honrado el don de conocer y habrás sabido merecerlo.
 
 
 

domingo, 22 de septiembre de 2013

El grito de Isfendiar

“Tus garras no pueden hacerme mal alguno,
Ghuleh, aunque amontonases montañas de hierro.
Vuelve a tu forma real y te hablaré con mi espada.”
(Firdusi, Sha Na Meh)

 




 
 
Muerto ya sobre su trono y apoyado aún sobre su cayado, los genios a los que esclavizó la magia de Salomón y que no fueron encerrados en vasijas lacradas con su sello, aunque presumían de conocer lo oculto, siguieron trabajando dóciles y atemorizados. Sólo cuando la carcoma deshizo el cetro real, fueron conscientes del macabro engaño.

La nobleza diabólica de estos príncipes, duques y reyes encadenados por el lazo invisible de su soberbia era, pues, de pacotilla. Qué fácilmente supo ver el Sabio que tras la aparente genialidad se escondía una debilidad cuyo potencial supo aprovechar en la construcción del reino. La fuerza del conjuro no era sino la de, ars goetia, conocer el nombre-lazo.

No importa la camaleónica forma que adopten, si tu oración no extravía su atención e intención. No te distraigas. Velar… velar lo es todo.

 

sábado, 6 de julio de 2013

Sueño letal

“En la Eternidad Todo es Visión.”
(William Blake, Ierusalem)




Debo a la razón serena el férreo rechazo de las trampas del racionalismo recalcitrante que, lejos de ser una inofensiva moda pasajera, se ha convertido en un letal lecho de Procusto, en el que ya no tienen cabida ni lo humano ni el alma. Reposo en una razón mucho más dulce, consciente de sus propios límites, enamorada de aquellos ámbitos ignotos más allá de sus fronteras. Defiendo una razón bien antigua, que sabe de las sutiles fibras que tejen el aparentemente sólido tapiz del mundo, que así conoce cómo el alma del observador construye el espejismo de lo real a su imagen y semejanza. ¿Qué importa que otros traten de destruir en vano aquello que su ceguera niega ver o que su soberbia ignorancia no entiende? Quien escruta el futuro, ha de ser necesariamente bueno. Allí donde la oración es escucha, el arte es alabanza. Siempre ha sido así. Alas que aquellos que envejecieron al ritmo de su ignorancia ni siquiera imaginan.




miércoles, 3 de julio de 2013

Nom de plume

“Aquello de lo que cabe desviarse
no es el verdadero Tao.”
(Ken Wilber)

“Aurum nostrum
non est aurum vulgi.”
(Tradicional alquímico)





Quien alguna vez ha sentido su plúmbeo cuerpo transmutado por la gracia del amor, sabe de lo que aquel es capaz. A través de su secreto, en permanente muerte y renovación, cualquiera puede así transformar su alma en un radiante sol, e iluminar con ella el mundo. 



domingo, 19 de mayo de 2013

El secreto de la filantropía


“Ahora sé cuánta nobleza
cabe en el dolor.”
(Charles Baudelaire, Flores tóxicas)




Lo único que aún podemos oponer a la perversa destrucción del ser humano es la construcción de un nuevo ser humano. Devolver miseria por miseria es haber extraviado el equilibrio, resistirse a devolver la incertidumbre de las cosas, trascendiendo la necesaria polaridad de las formas,  a su sitio y centro preciso, creación eterna para quien sabe renovar a cada instante la mirada, para quien guarda en su corazón los ecos de una belleza incomparable y cumple con su deber sagrado de preservar el infinito amor a esa Vida que aún lo vivifica.

Quién pudiera volver a sentir la belleza de la soledad, de la oscuridad y del amor imposible, con idéntico súbito temblor con que el que se quiebran los ingrávidos, dulcemente gentiles y tan amados mundos sutiles de aquel alma que, como la nuestra, como la de tantos y tantos otros, antes y después, regresa ligera de equipaje, como los hijos de la mar. Desnudar la pena, el rencor y el desconsuelo. Un conocimiento que no requiere ya ser difundido,  sino tan solo netamente saboreado.



sábado, 9 de marzo de 2013

Acomodarse a la Vida


“Nada incomoda más a los dioses
que se hable de ellos en su ausencia.”
(Iámblico de Calcis)

 
“Bien sea bajo la forma de ideas,
sentimientos o acciones,
llevamos a los dioses dentro”.
(Proclo de Constantinopla)
 

 

 
La conciencia de que algo irrenunciable está ocurriendo dentro de ti, posee la violencia de una revelación en la que no caben márgenes de maniobra, como la que llama a la vida a proteger y alimentar cuanto ha nacido de ella. Así, de este modo misterioso y maravilloso, poco a poco, nuestra consciencia, y con ella nuestra perspectiva del mundo, se ensancha.

 
Al compartir, con devota asiduidad, el silente secreto de la incubatio nocturna, ensimismados y purificados por la contemplación del fértil vacío consciente de nuestro oscuro abismo interior, verdadera naturaleza esencial, tan central como insondable, resulta posible así un recurrente morir y, por ende, un recurrente renacer, que acaba convirtiéndose en propio camino.

 
Arduo camino, que sólo resulta posible recorrer cada vez sin claudicar desde el misterio de nuestro mejor don. ¿Cuál es, desde el aparente aquí y ahora en el que te encuentras, el tuyo? ¿Quizá proteger empero, ante la contrariedad y la adversidad, una sonrisa escondida? ¿Quizá lograr mantenerte disponible a la experiencia? ¿Quizá elegir disfrutar del enigma de tu existencia, sucumbiendo docil ante el colosal tsunami de incertidumbre?



miércoles, 6 de marzo de 2013

Órfalis

“Vine para decir una palabra y la diré.
Más si la muerte se adelanta,
ella la dirá mañana.”
(Jalil Gibrán, Lágrima y sonrisa)

 

 

 

Cuando nos asomamos al interior de las cosas, de las personas, del mundo, nos asalta una sorprendente intensidad vital que no deja entrever el infinito decorado de su apariencia exterior, como le sucede al alba invisible que toda noche oculta en lo más íntimo.
 

Así, para borrar la cotidiana oscuridad que asola y enfría nuestra vida, basta una nueva mirada, un ejercicio de voluntad, de decisión súbita, un acto de conciencia será suficiente para que aquella quede abolida y resplandezca la luz del alba.
 

Convivimos con los oscuros rincones de nuestra alma, asumimos su tóxica familiaridad, hasta que un buen día, sin saber muy bien cómo ni por qué, recobramos el anhelo de soñar e iluminar de nuevo la trasparencia de nuestro pequeño mundo. Voluntad que aporta cuanto sabe y cuanto ignora.
 
 

 

Ese tránsito aciago por la oscuridad parece, a todas luces, algo imprescindible, necesario. ¿Qué sería de nuestra luz sin el recurso transgresor de la consigna de la sombra? ¿Qué simulada transformación cabe esperar sin su cuestionamiento? ¿Qué verdadero acto, si no nace del conocimiento indeleble al experimentar la propia victoria?

 
Para descubrir que Órfalis ya era el paraíso fue necesario volver hacia nosotros la propia mirada mil y una noches. Lento tapiz que teje en nosotros la humildad intelectual, la coherencia y la insobornabilidad de quién ya lo ha perdido todo y a nada externo obedece, pues descubrió la trampa antagonista que impregna cada renovado instante.



 

Esa fuerza imparable habrá de resurgir de nuestros escombros, con la tenacidad que cabe esperar a la promesa divina. Campo escalar oculto tras la penumbra de las luminosas sombras que nos revela que verdad y belleza no pueden ser cosas distintas, que, si no quieres perderte en la arrogante impostura, ha de ser honesto el modo en que te ganas la brevedad de tu vida.

 
En todo momento, pero sobre todo en las intensas horas felices de la fugaz existencia, han de ser incondicionales tu profética luz y tu aroma. Recuerda que el escenario es efímero, y sólo tu creador conoce la verdadera cifra de tu hora.



lunes, 25 de febrero de 2013

Primaveral distracción


“Cambiaremos así la noción autónoma de espíritu
por otra, algo más dócil, como la de fuerza.”
(Jeova Sanctus Unus, Index Chemicus)

 

 
 
Cuando una estrella colapsa, por acción masiva de la gravedad, implosiona a través de su propio agujero negro, surgiendo en el reverso de otro universo. Queda a la especulación dirimir si Romeo y Julieta, encontraron escenarios montesco-capuléticamente escindidos al otro lado, en los que medir la seriedad, fuerza y persistencia de su inmortal amor, Platón mediante.
 
 
 

domingo, 20 de enero de 2013

Bios eleutheria

"Shôji no naka no
yuki furishikiru."
(Santôka)






Más allá de las necesidades de nuestro soma hieron, tiene lugar una mirada curiosa e inquieta, que goza de llegar a la esencia de las cosas de una manera limpia y luminosamente, esto es, sin el artificio de las palabras.

Nuestro anhelo pretende desmontar suavemente los sólidos e intangibles muros con los que el ardid del lenguaje encarcela ahora sutilmente nuestra experiencia de lo sagrado, esto es, del mundo. Habremos de operar en esa delicada tarea lentamente, con suma atención y cuidado, para evitar así su posible colapso o ruina.

Paradógicamente, se requieren palabras para desvirtuar la perversidad que anida en la palabra vana, aquella que procura al alma, con el falso consuelo de miedos y esperanzas inalcanzables, el mortal olvido de sí. Un alma capaz de saborear la alegría y la tristeza, la serenidad y el dolor, la solidaridad y la dominación.

Modular nuestro aliento para sembrar y hacer crecer el horror, la mentira y la ignorancia sólo puede interesar a un mal demasiado frágil, toda vez que sabes (conoces en ti) su secreto. Para erradicar del alma el miedo a la Vida, para terminar con la resignación a deshumanizarse, para despertar en ella una libertad solidaria, tomo por última vez la palabra. 




lunes, 12 de noviembre de 2012

Cálida amargura


“Sólo merece Amor lo verdadero.
Todo lo demás, muere.”
(Virgilio a  Durante)

"Comenzar tu obra, sólo es la mitad.
Para terminar, vuelve a comenzarla."
(Jacinto Benavente)

 

 

 

Incapaces ya de acallar su agitada mente, de imitar siquiera al silencio, asisten incrédulos a la rehabilitación del mal sobre la tierra, a la persistente danza de la muerte que les crea y recrea tan locuaz desde dentro. Tan amarga como cálida, la cordura, que descubre lo absurdo que esconde el misterio, Dios mediante. Sólo se muere cuerdo, ya sin palabras ni miedo.
 
 
 

domingo, 28 de octubre de 2012

Perplejidad en lo eterno

“De la cósmica negritud brotan irisadas perlas,
más es en el confín del abismo interior
donde anida la luz que las procura”
(Ibn Arabi, Engarces de Sabiduría)

“Cuando la tierra sacudida por el terremoto
se desprende del lastre innecesario sobre ella,
nos preguntamos: ¿qué sucede?”
(Qurân 99, 1-3)




El fin del mundo será el fin de tu mundo, como consecuencia del propio despertar de tu alma y su progreso y evolución hacia el reencuentro con su fuente espiritual, allí donde todo lo que hasta entonces creías cierto y válido ante tus propios ojos quiebra y se desmorona. El fin del mundo será el fin de tu actual yo, su desvanecimiento. Una experiencia por la que muchos hombres y mujeres pasaron antes que tú. Y todavía siguen, a día de hoy, haciéndolo.

Interpretar tu propia existencia desde otra perspectiva radicalmente distinta, con otra mirada bien diferente, supone haber experimentado el encuentro con lo inefable, dada la brutal transformación. Estremece. Pone fin a tu cotidiano mundo. Cuando todo ese mundo acaba, lo que termina es, en realidad, tu propia inmersión en una ilusión. Traspasas el umbral de lo Real.

Bien mirado, no existe ninguna diferencia práctica entre el fin de tu mundo y el Fin del Mundo. Bien puede decirse que experimentas una suerte de muerte previa, donde la verdad que ocultaba tu corazón aflora y la máscara sucumbe. Perplejidad en lo eterno. No otra cosa es, para cualquiera, la unificadora muerte. Vívela. Vívela antes. Feliz nuevo fin del mundo. ¿Notas ya como te envuelven y arrastran sus aterradores estertores?



sábado, 27 de octubre de 2012

Los difuntos y los santos

“El drama de nuestro mundo
surge de nuestro Espíritu
y en él vuelve a hundirse.”
(Milarepa)

“No os entreguéis a vuestra imaginación.”
(Nagarjuna)


“Nuestras huellas llegaron hasta la misma orilla.
Más allá, desaparece todo rastro.”
(Rumi)



Por lo general, llamamos "vida" a la experiencia anímica (del alma) de regreso a su Fuente, a través de un vehículo corporal de obsolescencia programada, por expreso deseo de ésta. Lo eterno desea ser re-encontrado, la Realidad quiere ser conocida. Somos viajeros trasportados en un cuerpo mortal por una angosta senda repleta de claroscuros, cuya meta es la luz, una luz que nos atraviesa y que, extraviados tanto de nuestro destino como de nuestro origen, atravesamos casi sin darnos cuenta. Este grado de auto-conciencia anímica (del alma) es el que verdaderamente nos diferencia.

La calidad (auto-conciencia) del alma se mantiene a través de un denodado esfuerzo de vigilancia sostenida. Lo contrario es alienación, transitar sumido en la ilusoria burbuja de una pseudo-realidad tan distorsionada como aparente que atrapa al alma, cuando sólo el sueño nos permite sobrevolar y escapar de las garras distractoras del sueño. Poner cada cosa en su sitio, desde el centro anímico (del alma) nos torna amables. Amable es aquel que verdaderamente saborea el tránsito entre zombis –profana compaña- porque verdaderamente sabe. ¿Quiénes son, pues, los santos, entre tanto muerto ambulante?


miércoles, 24 de octubre de 2012

Venatores lapidum


“Cuando el lenguaje pretende sustituir a la vida,
lejos de conseguirlo, la arruina.”
(Carl G. Jung, Rotes Buch)

 
 

Siempre me ha llamado la atención que, cuando se considera la remota posibilidad de una conexión entre el mundo de los muertos y los vivos, nosotros tengamos la certeza de pertenecer al segundo y no al primero. Estar por encima de la lápida, solo es una posición relativa. Lo cierto es que sólo estamos al otro lado. Eso quizá explica el porqué Jung denominó a sus curiosas alocuciones gnósticas “Septem sermones ad mortuos”.

 

Vivo es aquello que anima a lo que tiene la capacidad de ser animado. Sin ánimo, somos meros cadáveres desanimados, inercia muerta que cae sobre el abismo gravitatorio por su propio peso. Toda vez que nos sentimos animados, quiere decir –mundus patet- que algo nos mueve desde quién sabe dónde. Las lápidas sólo evitan que lo descubramos demasiado pronto. Pocos conocen lo que se oculta tras la adorada piedra. La vida que guardan difuntos y santos es la que anima a quienes “viven de prestado” e ignoran que ya están muertos.
 
 
 

domingo, 26 de agosto de 2012

El Jardín de la Locura


“Non bene pro toto libertas venditur auro.”
(Miguel de Cervantes, DQDLM I. Prólogo)
 
“Y no digáis de ellos que están muertos,
sino que por primera vez viven.”
(Qurân)

 

 
 

A todo lector le cabe hacer juicio prudente de lo leído y hacer depósito de ello en los estantes de su memoria, para así reproducirlo luego a conveniencia o incluso recrearlo y enriquecerlo aún a riesgo de incrementar su grado de locura. Dicen que los locos gozan de mayor proximidad a la inocencia y en ello reside su irresistible peligro de contagio, la causa del temor y miedo que les tenemos. Nadie quiere recuperar su inocencia original y soportar con ello el peso de la acción, de la diferencia y –sobre todo- de la trascendencia que brinda la inocencia desprogramada. Nadie vuelve a ser la misma persona tras el prodigioso enclaustramiento en la cueva de Montesinos, como se deduce de el cambio observado en sus palabras y acciones. Cuando se descubre la fuente del rigor, uno se torna más clemente y misericordioso.

 

Próxima a la locura se encuentra la embriaguez espiritual. Ebriedad que deposita en el temor del recuerdo la llave de la sabiduría. No cabe una lucidez mayor que la de aquel que, permanentemente ebrio del recuerdo, temeroso, nunca olvida. Y así, en la soledad de los campos, se deja acompañar por la virtud trascendente que se intuye en los árboles y arroyos. Y libremente se deja llevar por ella, reencuentra -dentro de sí- al otro, en cada una de aquellas encrucijadas imaginales que pueblan y afirman la vida. Sólo así se entiende aquello de que, para quién se haya conectado a la sensibilidad de otro mundo, “obras SI son amores”.

 

La posesión del genio que inspira, que trae la locura, que exalta nuestra alegría, también nos permite florecer, fructificar y renacer de un modo distinto, a una perspectiva distinta, a una mirada renovada que se aventura a un nuevo mundo y lo transita desde el cíclico forcejeo del corazón, para así transcenderlo en su máximo apogeo y descubrir la Verdad. Locura pues, entreverada, plagada de lúcidos intervalos, allí donde cordura significa conciencia de lo Real. No cabe mayor locura que la que procura al molino gigante de cada ego el sagrado Viento. Esa que se ha ganado regresar de nuevo al jardín del que no debimos salir. Que, como dispuso el Eterno, cada quién sea libre de pensar, creer y establecer sus propias conclusiones, de acuerdo a su propio conocimiento y compresión en el provisional “huerto” de su Alma. Cualquiera es libre así de tener miedos y esperanzas infundadas o frustrarse en el vacío de tomar por real aquello que no lo es, prefiriendo construir molinos y adorar a otros dioses menores.



viernes, 17 de agosto de 2012

Huelga de hambre


“Quien duerma sobre una tumba…
despertará poeta ¡o loco!”
(Filidh, Tratado de Imbás Forosnai)

“En otro tiempo, los sabios se enterraban vivos
e incubaban en su ataúd silvestre, sellado desde dentro,
con la cabeza al este, una noche, dos días,
o todo el tiempo que necesitaran.”
(Juan Matus)







El ayuno previo es uno de los métodos más eficaces que tradicionalmente son utilizados para reacondicionar, purificar y curar el cuerpo, accediendo a traspasar el umbral de otros estados de conciencia –llamémosles- “no ordinarios”. La posterior ingesta de los huesos y la carne de los dioses, procura una asimilación que se entiende sagrada por tener lugar en un terreno más apropiado: el del des-ayuno. La espera de mortal inanición (prayopavesana hindú) prefigura así un re-nacimiento de lo más espectacular.






La céltica Ley de Brehon diferencia con claridad entre el ayuno "troscad", para lograr dañar a terceros y el "cealacha", mucho más de moda en ámbitos carcelarios, para conmover el favor de la ciega justicia por hambre, que se suele asociar al malogrado Mohandas Gandhi. El hambre del “Aíne Frithaire” chantajea y conmueve con eficacia a los dioses, los ata a nuestra voluntad. Igual que el arcoíris servía de “ancla” recordatorio al Eterno del pacto vinculante con los hombres, a través de la tormentosa gesta náutica de Noé, tras siete meses inolvidables.







Privar al estómago y a los sentidos de su habitual alimento, supone atravesar el contraparto, natural pero anticipado, del paso entre la vida y la muerte. La poción de muérdago e hidromiel posibilita, a posteriori, el tránsito -más arduo- que supone rítmico parto que lleva de la muerte prematura a la renovada vida, acompasado por el “llanto y latir de la tierra” que trota desde el “eje que une los mundos” y los encanta con su arrullo. Ayuno tras ayuno, parece que la única forma de elevarse sobre las tinieblas es aceptarlas. El regreso desde esa alcoba, ya no muestra un mundo hostil e imperfecto, sino pleno de oportunidades para amar y dejarse amar. Un verdadero don que transforma para siempre la mirada. Per aspera ad fontes.



viernes, 22 de junio de 2012

Del Alma y sus permanentes batallas


“Circuncidad, pues vuestro corazón, dejando paso al Eterno.
No endurezcáis ya durante más tiempo vuestra cerviz.”
(Deutenonomio 10, 16)

“Caminante, no hay camino.
Se hace camino al andar.”
(Antonio Machado)





El primer exilio no es sino el de llegar a la vida. Desde el mismo instante del nacimiento, libramos una batalla permanente contra todos nuestros malos instintos[1], que nunca terminan de ser completamente derrotados. Mientras dure nuestra vida, dura la batalla.  La mayor parte de los seres humanos viven engañados creyendo que su vida transcurre entre dos planos separados de realidad: la voluntad divina y la creación de ésta.

Mientras estas “dos realidades” permanecen divididas para nosotros, imaginariamente separadas, esa es la prueba de cómo actúa en también nosotros y se nutre el mal instinto. La madurez significa aceptar que un verdadero soldado está dispuesto a entregar la vida, proyecto de regreso. Decir orgullosos: “Aquí está mi alma, tan pura como cuando me enviaste. La protegí en cada batalla de la guerra. Ese es mi mérito.”

Pobres de aquellos que, quizá sobre emocionados por el saber espiritual, se olvidan de que las lágrimas no sustituyen en modo alguno a los pasos necesarios. No es un camino posible de degustar sin recorrer. Sólo entonces puede el anciano ver desde lejos, ya que fue al moverse físicamente desde el punto de partida como adquirió su Alma (hokma) sabiduría. Sólo así pudieron los oídos escuchar por primera vez, los ojos tener la capacidad de contemplar su rostro y un (único) corazón, ya circuncidado, para saber al fin de qué iba todo esto de morir y nacer.






[1] Yetsé yarrá

domingo, 3 de junio de 2012

Corax sable, corax gules

“En el brutal juego de la dominación mundial
no existe la posibilidad de alianzas definitivas,
no hay reglas ni normas de comportamiento válidas.
Sólo cabe disponer de métodos más inteligentes,
más sofisticados y eficaces, para subvertir,
sabotear y destruir totalmente al enemigo,
antes de que él haga con nosotros lo mismo.”
(James Doolittle, general U.S. Army)

“Hemos reaccionado demasiado tarde.
Ladrillo a ladrillo (BRICS) han levantado
un impenetrable muro económico (WALL)
que acabará de una vez por todas con la Ley Monroe.
Y esta vez no habrá barbitúricos que podamos colar.
(Jim O’Neil, Goldman Sachs)






Quiere la moderna estrategia militar dominar todos los terrenos posibles. Así, al tradicional tierra, mar, aire y subsuelo, se suman ahora  los tejidos neuronal y virtual (noosfera internaútica) de los dominados. Espartaco demostró a los sorprendidos estrategos de todas las eras pasadas y venideras, que no bastaba con encadenar el cuerpo para hacer lo mismo con la mente. Así nació la más potente arma que legaron los alemanes a la entera humanidad, superior en eficacia incluso al uranio enriquecido y los sincronizados detonadores de infrarrojos: la propaganda. 

Al TICS & BRICS del hegemónico G11 que en 2050 se disputará el 60% del PIB del planeta y, por ende, también la legitimidad de su soberanía, a día de hoy le toca preocuparse y planificar el modo más eficaz, que no siempre resulta –ni de lejos- el más barato posible, de restringir la libertad de movimiento, que no es sino la de pensamiento, y dejar así inoperante la capacidad de defensa de su adversario: Turquía, Indonesia y Corea del Sur de un lado. Brasil, Rusia, India,  China y Sudáfrica del otro. Y entre medias de ambos bloques, allá en su frente, &rán.



Atento a la jugada, Pedro “el romano” está impaciente. Por sus cuentas, lleva ya demasiado tiempo a la espera de ocupar el trono de su antecesor tocayo, y ser la piedra cúbica que goce de los honores de servir de broche al edificio que habrá de ser derrumbado.

Las fauces se aprestan a ejecutar eficaces la sagrada función para la que fueron diseñadas. El rojo vivo, que palpita más en las arterias que en las retinas, pronto ofrecerá el aspecto renegrido de la sangre reseca. Cibelina, como la tierra de Kemi ya sin Hussein Mu-Barack, generosa y fértil como la Nada primordial. Tambores de guerra, jinetes eficaces e incansables, siete trompetas asediando los agrietados muros de la Ciudad Lavada y New Jericó, la lava se desborda corrosiva en una danza de silenciosa parsimonia en los hornos high-tech de Kali, preludio certero de más apaciguadores “sables”.



Al áureo George Gänswein, ni su origen alemán, ni los 1.80 de su ario porte en oro y azur, le librarán de tener que pagar los platos rotos del Apartamento, conforme a los designios de un ajedrezado sobrehumano. Satán mueve. Cada aparente error, una jugada maestra hacia la “muerte del Jeque”. Buenas noches, Su Santidad…

Si John Dee levantara la cabeza, no le sorprendería ver el rostro sonriente del incontenible y paciente dragón confuciano. Una veraz sabiduría ancestral, única en su género, capaz de pastorear a lobos. Su selección pronto jugará un amistoso con la de Tarsis. Será un partido inolvidable. Los cuervos sobrevuelan sobre Babilonia la Grande, y no están de paso. Esta vez vienen, mi querido Mister Monroe, vienen definitivamente a quedarse. ¿Iris? ¡Non sine nascente solis!



martes, 22 de mayo de 2012

Eco despreciada

"La humanidad se extingue
en todos aquellos que guardan silencio
ante la tiranía"
(Éxodo 14, 13)


"Y cuando todo esto suceda,
erguíos y levantad la cabeza:
se acerca el Reino."
(Lucas 21, 28)






Cuando Hades secuestró a Perséfone en la pradera de Nisia, según nos cuenta la tradición, lo hizo utilizando un señuelo más que inapropiado, pero muy eficaz: la hermosa, aunque maloliente, flor del Narciso. Se aprecia así, cómo lo fingidamente semejante atrae con fuerza a lo semejante, como demuestra la ciencia del camuflaje.   

Desde que el egocéntrico Sigmund Freud cuestionara la adecuación a la normalidad del vulgar amor propio[1], ha llovido mucho. Sin duda ese debía ser un rasgo de personalidad que llamaba su atención en la medida en que el padre del psicoanálisis[2] se proyectaba en él, y, ejerciendo la noble tarea de fiscal-terapeuta, (¿Quién vigila a quien vigila al policía?), le cargaba el muerto sus clientes-pacientes.[3]

Conlleva implícito un proceso recursivo: se ama al que se ama a sí mismo. En otras palabras, Narciso no cayó en la trampa de enamorarse de su reflejo en el agua, sino del amor que vio reflejado en el espejo de sus ojos.





El concepto ha sido contaminado por la aristotélica noción de virtud, que entiende ésta como moderación entre excesos. El engaño reside en que quién decide los extremos lo hace bajo un criterio parcial, esto es, aquel que se establece en torno a ciertos intereses propios.

Una vez más, parece cierto el aserto de “quién hace la ley, hace la trampa”, o aquel otro que de igual manera sostiene que “quien parte y reparte, lleva la mejor parte”. Y no digamos, aquel otro de “el primero, capador”. La desconfianza paranoide de que hace gala del refranero popular, resulta proverbial.

Pongamos un ejemplo práctico: ¿Qué crees que iba a ocurrir si otorgamos a una persona muy envidiosa la responsabilidad de evaluar las habilidades de alguien? ¿Coincidiría su calificación con la misma que podría hacer de sí misma la persona interesada? ¿Quién puede juzgar a quién?

En el caso de que nuestro supuesto envidioso evaluador sentenciara: “el sujeto sobreestima sus habilidades y tiene una excesiva necesidad de admiración y afirmación”, ¿cómo podríamos estar seguros de que dicha sentencia está menos movida por su envidia que por su “juicio de objetividad”?



El dilema es irresoluble. Hace mucho tiempo que tomé clara consciencia de que el mejor modo de manipular a alguien consistía en ser el primero en decirle en tono suave pero firme y, lo más importante, ¡en público! la siguiente fórmula mágica: “Mira que eres manipulador”.

Si tenemos en cuenta el diagnóstico oficial, lo que único que separa a la persona narcisista de la psicopática es su carácter neurótico: Narciso sufre cuando los demás no atienden su agudo egoísmo, aunque, al igual que el psicópata, también dé sobradas muestras del desinterés que siente hacia las necesidades y sentimiento ajenos. Al menos el psicópata finge ser encantador con el prójimo, lo que le otorga una mejor consideración social inicial. No tiene la misma suerte, en cambio, la persona narcisista, en una sociedad en los libros de autoayuda han conseguido estafar al imaginario colectivo, consiguiendo que la “moderada autoestima” esté sobrevalorada.

En los agitados tiempos que corren, ¿cuánto narcisismo podría ser considerado como lícito o saludable?

Los antiguos tenían términos muy ricos en significado que no son contemplados desde la etiqueta oficial.[4] Así encontramos términos tan variados como soberbia, vanagloria, altivez, chulería, arrogancia, presunción, orgullo, vanidad, egoísmo, egocentrismo, dominación, beneficio, interés, derecho al abuso…, por lo que se refiere a la banda latina. Grecia, por su parte también nos obsequia con otros, quizá algo menos conocidos, al menos fuera de aquellos ámbitos que consideramos especializados: hybris/némesys, élite…

La sociedad de consumo, que sabe más psicología que muchos especialistas, nos refuerza centrífugos con eslóganes centrípetos: “lo que tú necesitas” (compra). La religión nos reclama antes centrípetos, para condicionar mejor de este modo el desenvolvimiento más benévolo de nuestra centrífuga ética: “ama a tu enemigo” (examina tu conciencia). Por eso la mónada simboliza de un modo certero el continuo vaivén en el que ha de transcurrir la dinámica de nuestra vida.



El devenir de los tiempos ha ido intencionalmente encaminado a potenciar nuestro individualismo hasta niveles que hace unas décadas hubieran escandalizado a nuestros padres. Desde las más variopintas áreas de investigación se ha recomendado a los gestores la necesidad de aislar al sujeto, no en orden a fomentar su autonomía, sino su dependencia y, con ello, su total sometimiento y docilidad.

Comenzaron suscitando la desconfianza por el grupo comunitario, luego el objetivo a batir fue la familia y por último, la pareja a sucumbido al embate. Ansioso, desasistido, solitario, el individuo busca compensar a toda costa su angustia vital y la pérdida de cualquier clase de lazo afectivos consumiendo. Aceptará las condiciones degradadoras más extremas, incluso la esclavitud laboral, con tal de tener acceso al consumo: Tanto tienes, tanto vales. El mercado no necesita ya seres humanos, en cuanto estos no supongan, de forma directa o indirecta, flujo económico. Hoy sólo hacen falta los clientes.

Cualquier umbral de narcisismo es admisible, en la medida en que te lo puedas costear. De lo contrario más vale que te  busques un terapeuta o psiquiatra que no sea muy caro. Nadie estará dispuesto a aguantar tu egoísmo gratis. Malos tiempos para la lírica.

Mandan los mercados. Proporciónate una apariencia adecuada, disfraza tu olor nauseabundo con un aroma de moda, construye tu autoestima a golpe de Visa. Eres el Narciso que estamos buscando. “¿Quería alguna cosa más? Tenemos en promoción…”




Podríamos seguir nuestra enumeración hablando, por ejemplo, de colectivos narcisistas, que exhiben sin pudor su orgullo, países narcisistas que sienten natural su derecho a colonizar a otros “inferiores”, especies narcisistas que confunden el término medioambiental con “a la medida de mis necesidades”, religiones que, en su narcisismo se sienten “elegidas” por el mismo Dios, razas narcisistas, etc., etc.

La postmodernidad tiene muy a gala el ser narcisista y proclama enardecida el “todo vale” en la medida en que rinda culto al “YO”. La hamartia de Narciso supone una salutífera y necesaria catarsis en el corazón de los más dóciles espectadores del mito. La lucidez, en cambio, habrá de conformarse con extinguirse poco a poco, en los abismos de la general sordera de los tiempos, casi imperceptible, condenada a la inútil reverberación del eco.  

Preguntado Tiresias sobre la esperanza de vida del fruto de la violación de Liriope por Céfiro, aquel ciego clarividente sentenció la clave del asunto: “Sí, siempre y cuando nunca se conozca a sí mismo”. Pocas veces se ha dejado algo de suma importancia tan claro: el módico precio del autoconocimiento es la propia muerte. ¿Te animas?




Extracto de nuestro libro: Cónócete. (Próxima aparición)





[1] Introducción al narcisismo (1914), WW 14,2, Amorrortu
[2] Técnica psicoterapéutica que basa parcialmente en la clásica incubatio, aunque su autor no reconoció esta deuda ni con el mundo clásico ni con la cábala. Iba de “inventor”.
[3] Un párrafo tan hostil ¿podría llegar a ser considerado Edipo profesional? Nunca se sabe.
[4] NPD, DSM IV