Mostrando entradas con la etiqueta nacimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nacimiento. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de agosto de 2012

Huelga de hambre


“Quien duerma sobre una tumba…
despertará poeta ¡o loco!”
(Filidh, Tratado de Imbás Forosnai)

“En otro tiempo, los sabios se enterraban vivos
e incubaban en su ataúd silvestre, sellado desde dentro,
con la cabeza al este, una noche, dos días,
o todo el tiempo que necesitaran.”
(Juan Matus)







El ayuno previo es uno de los métodos más eficaces que tradicionalmente son utilizados para reacondicionar, purificar y curar el cuerpo, accediendo a traspasar el umbral de otros estados de conciencia –llamémosles- “no ordinarios”. La posterior ingesta de los huesos y la carne de los dioses, procura una asimilación que se entiende sagrada por tener lugar en un terreno más apropiado: el del des-ayuno. La espera de mortal inanición (prayopavesana hindú) prefigura así un re-nacimiento de lo más espectacular.






La céltica Ley de Brehon diferencia con claridad entre el ayuno "troscad", para lograr dañar a terceros y el "cealacha", mucho más de moda en ámbitos carcelarios, para conmover el favor de la ciega justicia por hambre, que se suele asociar al malogrado Mohandas Gandhi. El hambre del “Aíne Frithaire” chantajea y conmueve con eficacia a los dioses, los ata a nuestra voluntad. Igual que el arcoíris servía de “ancla” recordatorio al Eterno del pacto vinculante con los hombres, a través de la tormentosa gesta náutica de Noé, tras siete meses inolvidables.







Privar al estómago y a los sentidos de su habitual alimento, supone atravesar el contraparto, natural pero anticipado, del paso entre la vida y la muerte. La poción de muérdago e hidromiel posibilita, a posteriori, el tránsito -más arduo- que supone rítmico parto que lleva de la muerte prematura a la renovada vida, acompasado por el “llanto y latir de la tierra” que trota desde el “eje que une los mundos” y los encanta con su arrullo. Ayuno tras ayuno, parece que la única forma de elevarse sobre las tinieblas es aceptarlas. El regreso desde esa alcoba, ya no muestra un mundo hostil e imperfecto, sino pleno de oportunidades para amar y dejarse amar. Un verdadero don que transforma para siempre la mirada. Per aspera ad fontes.



Tarbh Feis


“En ese día, parecerá evidente que la verdadera soberanía
pertenece al Más Misericordioso.”
(Qurân 25, 25)

“Quién anhela el verdadero conocimiento,
ya está ubicado en la senda intangible que conduce al Paraíso.
Sólo le resta Caminar. Caminar. Caminar.”
(Abu Hurayra)





La familiaridad con el pozo de la propia tiniebla interior que trae el cotidiano meditar, nos permite vislumbrar la irrealidad del mundo, su inconsistencia, su inhóspito reflejo. Comienza así la necesaria locura y desvarío, las ambiguas tinieblas de la ignorancia, la vivencia del exilio, el abismo que se oculta tras las ruinas del espejismo, allí donde fructifican, cobran forma y color imaginales, por primera vez, las temibles sombras.

Aquellos oscuros impulsos que antaño nos trajeron la compulsión al olvido y la inconsciente negrura son entonces compañeros y testigos en nuestro solitario camino hacia la cifra de nuestro destino, al fin, revelada. Surge así un espacio interior, pleno de belleza y colorido, capaz de fascinar al alma, en el que aparearse con atenta intención de unidad, como pertinente dote y testigo. Fertilidad creadora, equilibrio de contrarios. Cuando se entiende bien, nada tan cosmológico como lo sexual. Por desgracia, para la gran mayoría, la memorización, el estudio, la lectura, la escritura, la reflexión, la comprensión y la contemplación, son previos al ansiado coito sagrado.




viernes, 22 de junio de 2012

Del Alma y sus permanentes batallas


“Circuncidad, pues vuestro corazón, dejando paso al Eterno.
No endurezcáis ya durante más tiempo vuestra cerviz.”
(Deutenonomio 10, 16)

“Caminante, no hay camino.
Se hace camino al andar.”
(Antonio Machado)





El primer exilio no es sino el de llegar a la vida. Desde el mismo instante del nacimiento, libramos una batalla permanente contra todos nuestros malos instintos[1], que nunca terminan de ser completamente derrotados. Mientras dure nuestra vida, dura la batalla.  La mayor parte de los seres humanos viven engañados creyendo que su vida transcurre entre dos planos separados de realidad: la voluntad divina y la creación de ésta.

Mientras estas “dos realidades” permanecen divididas para nosotros, imaginariamente separadas, esa es la prueba de cómo actúa en también nosotros y se nutre el mal instinto. La madurez significa aceptar que un verdadero soldado está dispuesto a entregar la vida, proyecto de regreso. Decir orgullosos: “Aquí está mi alma, tan pura como cuando me enviaste. La protegí en cada batalla de la guerra. Ese es mi mérito.”

Pobres de aquellos que, quizá sobre emocionados por el saber espiritual, se olvidan de que las lágrimas no sustituyen en modo alguno a los pasos necesarios. No es un camino posible de degustar sin recorrer. Sólo entonces puede el anciano ver desde lejos, ya que fue al moverse físicamente desde el punto de partida como adquirió su Alma (hokma) sabiduría. Sólo así pudieron los oídos escuchar por primera vez, los ojos tener la capacidad de contemplar su rostro y un (único) corazón, ya circuncidado, para saber al fin de qué iba todo esto de morir y nacer.






[1] Yetsé yarrá